Un ser perfecto
Mi padre es un tímido e introvertido de no muy buena apariencia, jocoso a montones cuando se obtiene confianza según palabras de mi madre, una rarita que, aunque muy inteligente, su torpeza deslumbra. De esta combinación de entes blasfemos nací yo, dios. Un ser hermoso, precioso y magnífico, irresistible para cualquiera, dotado de múltiples cualidades. Cuentan los códices escritos por mi tío, que mis padres realizaron un par de pruebas de paternidad para verificar si no fui cambiado por otro neonato al nacer.
Claro está que ser atractivo no es lo único en lo que destaco. Pues además de un atleta nato, mis habilidades sociales superan a las de cualquiera. Bueno en cualquier materia, deporte o área de conocimiento, he sido el favorito de todos, no podría estar más acostumbrado a esta vida que merezco.
Actualmente curso mi último año de colegio, antes de una carrera profesional. A veces me distraigo pensando cosas en mi butaca ¿Cómo pude ser tan perfecto? ¿Qué futuro tan prometedor me depara? ¿Tendré espacio suficiente para los tantos trofeos que ganaré? Y sin darme cuenta escribo mis notas de la clase con la mano izquierda mientras con la derecha hago un dibujo, obvio alguien como yo puede hacer más de dos cosas al mismo tiempo. Tampoco necesito tomar apuntes, lo aprendo todo al instante, solo que comúnmente me los piden prestados.
He dibujado de nuevo a Eliza, la chica más callada y reservada del salón, de la cual estoy enamorado. Me aborrezco un poco al recordar cómo sucedió. Al conocer su afonía y actitud tan sosiega, no puede evitar Imaginar esas típicas novelas en las que la chica, ya sea tímida, fea, nueva o insegura, logra enamorar al chico más popular y guapo de la escuela. Es evidente que cumplo con esas características irreales de tales personajes ficticios, por lo que no paraba de reír al discurrir escenas en las que yo caía a los pies de Eliza, quedándonos profundamente enamorados, cumpliendo su sueño de agarrar su torso y darle un beso francés. Raro sería que no me vieran con extrañeza al reírme a carcajadas de repente, después de pasar algo así por mis pensamientos. Por eso mismo considero aquel tiempo una total contumelia para Eliza, pobre chica, un sujeto para mis burlas y blanco de mofa interna. Me avergüenza. Entonces al dedicarle tantos pensamientos, le tenía siempre presente, y realmente Eliza es una persona atractiva, varias personas se le han acercado a hablarle, chicas y chicos interesados también en su actitud. A su sorpresa, fueron apartados por Eliza, es su decisión el estar sola. Incluso yo quedé impactado ante tales escenas, maravillado por su resplandor comencé a dibujarla día tras día. De hecho, aprendí a dibujar solo por dibujarle a ella. Pasando de simples garabatos, a bocetos más complejos, hasta retratos preciosos de su persona. Una prueba más de lo increíble que soy.
Es entonces que, al prestarle tanta atención a Eliza, inevitablemente, me enamoré.
Lo pienso muy seguido, “estoy enamorado de Eliza”. Qué tan estúpido y sin sentido fue haberme enamorado de alguien con la que apenas he cruzado palabras. Recuerdo que nuestra primera interacción fue en un trabajo en parejas, en la que el único intercambio de información fue un asentimiento con la cabeza por su parte al preguntar si ella quería hacer la primera mitad del trabajo.
Quizá el ser un amor irracional lo vuelve un amor sincero, uno verdadero. No me fijo solo en la belleza que encuentro en ella, admiro muchas otras más cosas sobre ella. Aunque claro, admirar es una palabra muy fuerte para quien es el admirado por todos, así que mejor diré que aprecio o me gusta.
En ocasiones al rondar por el colegio, me gusta cuando la encuentro sentada en algún rincón, leyendo un libro de filosofía o historia, me parece muy curioso cómo es capaz de leer aún con ese fleco que tapa la mitad de su cara. Me encanta cuando en medio de un examen, Eliza después de contestar tan ágil cada inciso, se topa con alguna pregunta que no es capaz de contestar, a lo que suelta un dulce y leve gruñido. Procuro sentarme cerca de ella para escucharlo lo más nítidamente posible. Aprecio como cada mes se corta el cabello, notándose como de un día para otro su cabello es recortado un centímetro y medio. En mi memoria yace aquella preciosa semana, en la que tal vez por error del peluquero, un día llegó con el fleco más recortado de lo normal, donde tuve la oportunidad de ver con claridad sus tan hermosos ojos. Se notaba algo irritada por su corte de cabello, aun así, aproveché para hacer todos los retratos que pude. Adoro su mochila y ropa que usa, su estética es muy sencilla empero preciosa, y los diminutos peluches que cuelgan de su mochila, son alarmas que prenden mi felicidad.
¿Un acosador? Dudo mucho sonar como uno, mucho menos parecer. Lo más cercano a la perfección como lo soy yo no haría cosa parecida como lo es acosar. Tengo muchas pretendientes que aguardan estar a mí lado, es decisión mía el tenerles apartadas. Mi corazón le pertenece a Eliza, obvio no dejaré a sueltos detalles tan importantes, detalles que cualquiera notaría. Pero sí lo pienso, un poco. Pensar tanto en ella no es acosar, tal vez le busco con la mirada, así como un fanático de las aves busca a su pájaro favorito en su entorno natural, a sabiendas de que por ahí estará, no está de más buscar por el alrededor aquello que tanto te gusta.
He buscado en la biblioteca libros que ella ha leído, para intentar conversar. Es decir, no intentar, conversar simplemente. No tengo problemas para conversar con nadie, tampoco es que me ponga nervioso cuando intento acercarme a ella, y mucho menos es que no entienda los libros tan complejos que ella acostumbra leer. Digo yo que no habría pareja mejor, que la de un par de intelectuales como lo somos Eliza y yo. Anhelo tener esas conversaciones tan profundas y cultas, de esas conversaciones con las que solo podría tener con alguien como Eliza. Efectivamente, las leyes de la naturaleza responden a la actitud dirigida por la razón del ser humano, centrándose en su propia supervivencia, enfrentándose a adversidades con otros seres guiados a crear un pacto y contrato social, concluyendo con el alza de una república para la conservación de sus bienes. No me imagino teniendo una conversación así con otra persona que no sea Eliza. Tal vez incluso, podría ella explicarme cosas que no entienda.
Cuando llego a casa después de clases, mi padre tiene “lista” la cena. La realidad es que lo que ha hecho es sacar todos los víveres e instrumentos necesarios para que pueda yo preparar la cena. Mi mamá es muy torpe como para intentar cocinar, y aunque mi padre sabe, resulta muy insípida la comida. Por eso su hijo perfecto se tiene que encargar de tal tarea. Mientras comemos acostumbro platicar sobre mi día, evitando decir muchas cosas como a Eliza, pero siempre menciono a mis dos mejores amigos, tengo muchos otros, pero la verdad solo son fanáticos. “el día estuvo muy bien, comimos en la cafetería después de natación y ganamos un partido de voleibol, obvio gracias a mí” dije a mis padres, les encanta escucharme, no podrían estar más orgullosos de mí. Les entiendo, su hijo soy yo. Casi al finalizar la cena mi madre suelta una pregunta al aire “¿Cuándo nos presentarás a tu novia?” Admito que me quedé un poco paralizado, inferí que decir que no tenía los decepcionaría, por lo que solo dije: “algún día”.
Acostado en mi cama me plantee aquella escena. No tengo novia, muchas pretendientes sí, pero no es lo que quiero. ¿Cómo podría ser pareja de quien solo ve en mi admiración y fanatismo? Soy más que solo perfección pura y magnífica, seguramente quien me ame pueda ver más que solo eso… ¿Verdad? Soy perfecto sí… ¿Qué otra cosa hay en mi sino? No hay defecto alguno en mi persona, sería yo un maravilloso novio ¿Amor incondicional? Si no fuera perfecto ¿Entonces que sería yo? ¿nada? Siendo yo nada ¿Podría yo ser amado? Si tuviera un defecto ¿Podría alguien amar ese defecto? No puedo dejar de pensarlo. En ocasiones trato el tema como si fuera cosa baladí, si de una obviedad se tratase que todos me aman. Claro que lo es puesto que soy… perfecto, siendo perfecto nunca he entablado una conversación con Eliza. Definitivamente tengo que actuar y hablarle. Tal vez le diría lo que siento, algo cómo… Me encanta este retrato que hice sobre ti, Eliza, tienes todo lo que anhelo. Me pregunto ¿Podría yo, ser suficiente para ti, Eliza?
De nuevo en el colegio, hay veces en las que me gusta separarme de mis amigos e ir a la biblioteca. Leo esos libros tan curiosos que lee Eliza, justo este que tengo en mis manos ya lo he leído, muy raro que no lo entendí del todo. Sus palabras tan entreveradas y en desuso me confunden. Tal vez solo estaba distraído pensando en Eliza, no es la gran cosa este libro. Un par de repasos y quedará plasmada la información en mi mente como caramelo en…
—Disculpa ¿Te llevarás ese libro a casa?
—No, solo le estoy dando un repaso…
¿Qué? ¿Eliza me está hablando? ¿Tan de repente? En esta situación no puedo mantenerme sosegado ante su presencia.
—Bien, también quiero darle un repaso, pero no hay otros disponibles. ¿Me lo puedes dar cuando termines?
—Claro, Eliza. Se lo llevo en cuanto vea estas dos páginas.
No puedo creer que mi voz esté tan temblorosa.
—¿Sabes mi nombre? Lo siento, no sé el tuyo, pero gracias.
Antes de poder decirle algo más, se retiró a dos mesas hacia el costado con lo que parecía un diccionario. Pocas veces he tenido la oportunidad de oír su voz de forma tan nítida y clara. Una lágrima brotó de mis ojos, al caer en cuenta de lo que dijo “no sé tu nombre” ¿en serio no me conoce? ¿Cómo puedo tan siquiera hablar con ella si no me conoce? Está decidido, iré a su mesa a hablarle.
—Holi de nuevo, Eliza ¿Qué opina de la virtud de Séneca? Curiosa a mi parecer.
—El libro no es de Séneca.
—Lo sé, pero imaginé que tendrías algo bueno que aportar sobre el tema.
—Estoy de acuerdo en respecto a cómo manejar el ocio. Buscar la sabiduría y alejarse de placeres inmediatos es lo mejor que podrías hacer con tu tiempo libre.
—Comprendo ¿Por eso lees tanto?
—Sí, lo disfruto bastante.
—También me gusta leer, pero no baso todo mi ocio en la lectura. El deporte también aporta buenos beneficios.
—Hago deporte, no en la escuela, solo en casa.
—¿En serio? ¿Qué practicas?
—Creí que estabas preguntando por Séneca.
—Bueno, en realidad también me gustaría saber sobre ti.
No sé si lo que acabo de decir sea extraño, no quiero arruinar una de las pocas oportunidades que he tenido para hablar con Eliza. Nunca había tenido problemas para pensar en que decir, tengo que hablar más seguido con ella para acostumbrarme. Un corazón inquieto, altera a una mente prodigiosa.
—Es mejor hablar de Séneca que sobre mí. Además ¿ya vas a entregarme el libro?
—Disculpa, sí. Aquí tiene un libro complejo para alguien intelectual.
—¿Intelectual? Solo podría llamarme así si fuera la mejor de la escuela, pero siempre estás por delante de mí.
Diantres, me da la impresión de que se muestra algo enfadada.
—Pero eso no significa que usted no sea intelectual, estudias mucho, te va muy bien en los exámenes y tu promedio roza la excelencia. Diría que tus conocimientos van más allá de los que se necesita en la escuela.
—¿Y qué? Por más que me esfuerce estaría a la sombra de tus resultados, una simple rarita.
—No creo que seas una rarita, llamas bastante la atención, con tus libros y reconocible calma. Además, brillas con tu silencio.
—¡¿Verdad que sí?! ¿Verdad que parezco misteriosa y cool, y no autista y lesbiana? Yo sabía que sí soy misteriosa.
—Síííí, no había conocido a una persona tan misteriosa antes ¿Cómo alguien puede generar tanta intriga?
Me extrañan sus tan repentinos cambios de actitud, pero estoy disfrutando la conversación. Quiero platicar más.
—Ojalá mi hermana te escuchará, es extenuante decirle tantas veces que sí me veo cool. Mantener este fleco no es sencillo, tengo que acomodarlo cada tanto, si se empalman dos mechones dejo de ver.
—Vale la pena, es muy lindo.
—Sí. Creo que podemos seguir hablando de Séneca, es cómodo cuando alguien sí aprecia y entiende la buena moda…
Me resultó muy extraña esta interacción, el primer encuentro significativo que tengo con Eliza. Empezó muy tosca y Parsimoniosa, en un instante escaló a un punto desconcertadamente afable y satisfactoria. Lo que eran unas pocas palabras, casi un cuestionario, se convirtió en una conversación plena y de interés mutuo.
Hablamos unas cuantas horas, ambos nos fuimos casi al cierre del colegio, mucho después de nuestras horas habituales de salida, al perder la noción del tiempo no nos percatamos de cuánto tiempo platicamos.
Intercambiamos contactos, y a mi pesar no le he enviado mensaje alguno más que el sticker de patito para confirmar los números. Por algún motivo codicio escribirle, pero no sé qué me detiene, pienso ¿Será molestia para Eliza hablarle en este momento? nuestra conversación fue grata, pero es la primera que tenemos ¿Sería raro escribirle entonces? no hay conexión, razón o causa mas que el del capricho, para hablarle. Tal vez deba resignarme a falta de una verdadera iniciativa, a solo repetir la conversación en mi mente.
Ahora que lo razono ¿Acaso Eliza sí me conocía? dijo que mi nombre no lo sabía, pero mostró cierta inconformidad al mencionar que está ella a mi sombra, pudo no haber mentido, conoce mi reputación, pero no mi nombre, encuentro coherencia a esto, pero ¿Por qué pensaría ella algo como eso? de ninguna forma creería que Eliza se haya a mí sombra, ni siquiera a la par, es más, ella es superior a mí. Que tenga suerte en mi trayecto académico a diferencia de Eliza, no significa que le aventaje ¿cómo podría decírselo? Eliza, escuche, Usted se ubica en un nivel excelso al mío, perplejo ante su presencia me arrodillo, cuán grande es su esplendor que deslumbra en el proceso, e inquieta mi corazón con tremendo brillo.
Tal vez suena más a una declaración de amor que a otra cosa, aun así, si lo dijese ¿Qué me respondería? más allá de su respuesta ¿tan siquiera merezco pensar en un futuro a su lado? se siente un poco como si al terminar nuestra larga plática, le quedará yo algo a deber, como si ella entregase o aportase más que yo, más de lo que sería capaz de dar. Ansió volver a hablarle, a encontrarnos, entregarme y conocer si para ella valgo la pena. Si mis esfuerzos son vanos, caeré derrotado en pos de mi mediocridad.
He llegado algo temprano a clases, a la entrada del salón me crucé con Eliza y a pesar de la distancia, no me saludó y pasó de largo. Dichosa mi fortuna, que un ahogado alarido fue desapercibido entre la bulla, no pude evitarlo, creí en ese instante que había sido ignorado por Eliza. Me calmé, la razón es lo mío, no debo precipitarme llegando a conclusiones subjetivas, quizá ella no estaba prestando atención a su entorno, y con ese fleco es más probable pasar las cosas por alto.
Ahora, más tarde, como ya han terminado mis clases regulares, tengo la libertad de hacer lo que yo guste, por lo que, dejando de lado a mis amigos, de nuevo, iré a la biblioteca para ver si de casualidad me encuentro de frente a Eliza. Separarme de mis amigos ¿Es malo? en otra situación creería que lo es, solo que ellos, son pareja. Así que no es algo que me preocupe, apreciarán el tiempo que les dejé a solas, lo disfrutarán, de hecho.
Ya llevo tiempo en la biblioteca y no encuentro a Eliza en ningún piso. No quiero irme tan tarde como ayer, entonces al no toparme con ella creo que en esta ocasión sí me animaré a enviarle algún mensaje. Me parece graciosa la salida de la biblioteca, hay unos cuantos sensores para evitar robar libros, incluso yo suelo ponerme nervioso al pasar por si estos se llegasen a activar, nunca robaría ni en lo más mínimo, pero asusta. Directo a mi hogar, meditaré profundo en cuanto pueda, solucionaré mis nervios como caramelo en…
—¡Halloo!
¿Eliza? Ahora mismo no puedo evitar soltar un gritito en mi interior.
—¡Hola, Eliza!
—Hasta que te encuentro, no te vi en todo el día ¿ya te vas?
—Ah… sí, ya me estaba yendo. Me es repentino el encontrarnos.
—Me veo en la misma situación. Jocoso que estando en el mismo grupo, toparnos conlleva cierta complejidad.
—Lo es ¿usted también ya se va?
—Sí, pero tengo pensado ir primero a comprar alimento para mi perrito.
Me da la impresión de que está más jovial de lo habitual.
—Desconocía que tienes mascota ¿Cómo se llama?
—Le he nombrado Bobibu, es un perrito pequeño.
—¿Bobibu? ¿Por qué se llama así? Suena gracioso.
—Es una nemotecnia para el tiempo de infectum del modo indicativo en futuro imperfecto de la primera y segunda conjugación verbal del latín. Bobibu ¿Un nombre genial verdad?
Por alguna razón me está interesando aprender latín.
—Sííí, bastante. Es muy original.
—Aunque mi madre suele llamarle Bobi, según ella el “bu” está de más. Pero dime ¿tienes algún pendiente?
—Nada de importancia relevante, solo llegar a mí hogar. Tampoco tengo nada planeado para cuando lo consiga.
—¿Está bien si te pido que me acompañes? la lejanía del establecimiento comercial no dista tanto de aquí.
—Realmente me sería irrelevante la lejanía del lugar, me encantaría acompañarle aún si fuera en otra república.
La pequeña risita que exclamó Eliza me ha fascinado, intentaré decir más cosas así.
—Magnifico, entonces vayamos a un lugar más distante que conozco, para dedicar más tiempo al asunto…