el mensaje extraño
Nunca me consideré una persona especial.
Trabajo, café, casa, y repetir. Mi vida estaba llena de rutinas que se encajaban unas en otras como piezas de un rompecabezas aburrido. Tenía amigos, aunque últimamente apenas hablábamos; familia, aunque ya no los visitaba tanto. Todo parecía tan… correcto, tan controlado. Y, sin embargo, desde hace semanas, algo me hacía sentir observado.
No era miedo —al menos no al principio—, sino una sensación vaga, como cuando creés escuchar tu nombre en medio del ruido y girás, pero no hay nadie.
Empezó con mensajes que llegaban a horas extrañas, notificaciones que desaparecían antes de poder leerlas, y esa idea tonta de que el mundo digital no olvida nada.
Me llamo Elián Ward, y hasta hace poco pensaba que las historias sobre desapariciones misteriosas eran solo eso: historias. Pero esa noche, cuando sonó mi teléfono y vi aquel nombre desconocido, mi vida dejó de ser predecible.
No imaginaba que con solo abrir ese mensaje, me estaba metiendo en algo que no tenía vuelta atrás.
Nunca pensé que un simple sonido de notificación podría cambiar tanto. Era apenas un viernes cualquiera, y mi teléfono vibró con un mensaje de un número que no reconocía. Lo abrí, medio dormido, esperando algún spam molesto.
> “No confíes en nadie. Empieza por el bosque.”
El mensaje no tenía remitente, ni nombre, ni firma. Solo esas cinco palabras que me hicieron erizar la piel. El bosque… eso estaba a las afueras de la ciudad, un lugar del que todos hablaban con cierto miedo. Yo, sin embargo, nunca le había prestado atención. Hasta ahora.
El corazón me latía con fuerza mientras miraba mi reflejo en la pantalla. ¿Quién podría saber que yo estaba despierto a estas horas? ¿Y cómo sabían que me interesaban las desapariciones recientes en la ciudad? Hannah… aún recordaba su rostro en las noticias locales, la joven que se esfumó sin dejar rastro.
Otro mensaje llegó segundos después:
> “Si quieres respuestas, ven solo. Mira bien a tu alrededor.”
La habitación parecía encogerse a mi alrededor. Las sombras de la luz de la lámpara bailaban sobre las paredes. Por un instante, pensé en ignorarlo, en bloquear el número y fingir que nunca había pasado. Pero algo dentro de mí—una curiosidad que siempre me ha metido en problemas—me impulsó a mirar más de cerca.
Abrí la cámara del teléfono y tomé una foto de la notificación. Nada extraño, solo el texto sobre un fondo negro. Pero al revisarla, noté algo inquietante: un reflejo en la pantalla de mi teléfono que no era mío. Un destello, apenas visible, de alguien parado detrás de mí. Me giré de golpe. La habitación estaba vacía.
Respiré hondo y traté de calmarme. Seguramente era mi imaginación, o la luz jugando trucos. Pero no pude evitar sentir que alguien—o algo—me estaba observando.
Decidí salir a dar una vuelta. La noche estaba fría, y el viento movía las ramas del árbol frente a mi casa, creando sombras que parecían seguirme. Cada paso que daba hacia la oscuridad del bosque me acercaba a algo que no entendía… algo que no sabía si quería descubrir.
Y entonces, mientras avanzaba entre los árboles, mi teléfono vibró de nuevo:
> “Ya estás aquí. No mires atrás.”
Un escalofrío me recorrió de pies a cabeza. Y, sin darme cuenta, había cruzado la primera línea de un misterio que no tendría vuelta atrás.
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