The Lightning: Un Nuevo Mundo

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Summary

Temporada 1: Una saga de poder, caos... y redención interdimensional. Cuando una batalla catastrófica deja a Johny, también conocido como The Lightning, atrapado en un universo desconocido, su lucha por regresar a casa se convierte en algo mucho más grande: la lucha por su propia identidad. En un mundo oscuro y controlado por un gobierno autoritario, donde la energía del caos ha empezado a mutar a la humanidad, Johny deberá enfrentarse a un nuevo orden, a criaturas deformadas por el poder, y a secretos que pondrán en duda todo lo que cree saber sobre el bien y el mal. Pero no está solo. Nuevos aliados, antiguos enemigos y una amenaza que se arrastra desde los mas profundo de esta nueva ciudad, las grietas del multiverso lo empujarán hacia un destino que jamás pidió... pero que quizás fue hecho para él. "The Lightning: Un nuevo mundo" es el inicio de una saga cargada de acción, emociones intensas, batallas cinematográficas y una mitología original que mezcla ciencia ficción, superpoderes y dilemas humanos.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capitulo 1: La Liga del Caos Ataca

Velthara, ciudad neurálgica del universo Atrax, latía con su pulso inconfundible de neón y energía. Torres de cristal cromado se alzaban hacia los cielos púrpura, enredadas por autopistas flotantes y cables de energía suspendidos como arterias. Drones publicitarios proyectaban hologramas vivos en los muros, y los mercados de las capas bajas bullían con el caos típico de una metrópolis donde la tecnología y el desorden convivían en una danza inestable.

Era de noche, y las luces de la ciudad lo sabían. La lluvia caía con precisión artificial, refrescando el aire denso con un zumbido eléctrico que impregnaba cada callejón. En las afueras, una serie de reportes intermitentes interrumpían la programación de las pantallas públicas: "APAGÓN EN FRANJA NORTE - RUIDOS EXTRAÑOS"

En el corazón de la ciudad, en la cima del Domo Central de Defensa, se celebraba algo más íntimo: el tercer aniversario de la fundación de The Force, el equipo de héroes que había salvado Velthara incontables veces desde la gran Tormenta Cósmica de cinco años atrás. Ellos son el escudo de la ciudad.

Dentro del domo, el ambiente era cálido, informal, relajado. Sin trajes. Sin protocolos. Sólo personas. Soryonitas que habían elegido proteger el mundo tras haber sido marcados con gemas en sus cuerpos, relictos de la energía caótica que había caído sobre Atrax como un diluvio de otra dimensión.

Johny Vexar, conocido por todos como The Lightning, levantaba una copa de cristal cargada con licor de color naranja fuerte. Su rostro al descubierto revelaba una sonrisa sincera. Aún con su usual seriedad, esta noche la dejaba a un lado. Observaba a sus compañeros con una mezcla de gratitud y orgullo. Las risas estallaron, las bromas siguieron. Bob (alias Blaze), Jamsta (alias D.J), Iris (alias Zapin), Simónla(alias Terra)... todos se dejaban llevar por una rara sensación de normalidad.

-¿Alguna vez pensaste que estaríamos vivos para esto? -preguntó Bob, con la actitud pesimista que lo caracteriza, sirviéndose otro vaso mientras su gema naranja pulsaba suavemente debajo su clavícula, escondida por su remera.

-¿Te das cuenta quienes somos?-dijo Johny después de tomar un sorbo.

-¿A qué te refieres rayito?-Con una mirada de confusión.

-Somos el escudo que protege a todos aquellos que no pueden hacerlo, que no tiene la forma. Por eso es nuestro deber por lo que somos... No, por lo que nos tuvimos que convertir, protectores de la paz y de los más débiles, solo podemos y debemos pensar en eso,

en vivir.

-Por eso eres nuestro líder rayito, se te dan bien los discursos, pero siempre me pregunté porque eres asi... tan, tan heroico-dijo Bob dirigiéndose a servir otro trago.

-Mi hermano me dijo una vez, cuando obtuve mis poderes, que si uno puede correr más rápido que los demás... tal vez es porque alguien te va a necesitar más pronto.

-¿Tu hermano te dijo eso? -pregunta Bob.

-Después de que murieron nuestros padres. Él me crió para que jamás deje a nadie atrás. Jamás... De ahí mi lema "Si yo no corro hacia el peligro... ¿quién lo hará?"

-Pensé que si moríamos, bueno en mi caso al menos lo haría con estilo-respondió Jamsta con una carcajada metiéndose en la conversación luego de escuchar todo, su peinado punk bañado en azul violeta reflejaba las luces de la sala.

-Tus ondas de sonido siguen siendo igual de insoportables y ruidosas, eso me matará a mi -añadió Iris, mientras sus alas de insecto se plegaban tras su espalda. Llevaba un vestido sencillo, pero el resplandor natural de su gema amarilla la convertía en una luminiscencia viva.

Simónla, se recostaba en un sillón, bebiendo despacio, solo agua.

Ella no hablaba mucho, pero cada mirada suya cargaba con historias de batallas pasadas, heridas abiertas que aún no sanan. Su mirada llena de una melancolía que solo ella conoce se clavaban, de tanto en tanto, en el mural donde antes colgaban las fotos de Serafín y Wild. En especial a Wild.

-¿Puedo sentarme?-pregunto Jamsta tocando el sillón mientras sostenía su trago con la otra mano.

-Claro Jamsta, ¿porque no podrías? mirándolo fijamente.

-Por nada, solo que desde que empezó la fiesta te he visto, no lo se ¿triste?-pregunto jamsta con preocupación en su cara -es por Wild, no?, ¿Aun lo extrañas?

-No quiero hablar de el, no creo aún estar preparada- contesto Simónla bajando su cabeza y mirando el piso.

-Lo entiendo, perdóname Simónla, sé que molesto mucho, pero vos sos como... la roca emocional del grupo. No me gusta verte así asi- mientras se aleja unos centímetros.

-No tienes por qué disculparte realmente aprecio mucho que te preocupes por mi, amigo-dijo Simónla agarrandole una mano a Jamsta.

-Bueno que haces tomando agua, vamos por unos tragos- Jamsta con la energía que lo caracteriza se levantó de un brinco del sillón e intenta levantar a simónla.

-No creo que puedo tomar alcohol... Sabes creo que, tengo que contarte algo Jamsta.

Bio, hermano de Johny, caminaba entre ellos con una tablet holográfica en la mano y una sonrisa medio forzada. A su lado, Lisa, compañera científica del laboratorio y novia de Jamsta lo ayudaba a sincronizar una serie de actualizaciónes para todos los trajes del grupo, en especial unos sensores para lo que parecia un rifle de pulsos.

-No deberías estar trabajando esta noche -dijo Lisa, dándole un golpecito en el brazo.

-No puedo evitarlo. Cada vez que nos relajamos, algo explota, nosotros no podemos tener un momento para relajarnos y menos yo -dijo Bio con una cara de frustración.

-Al decir eso, tu mismo te encierras y cargas con esa responsabilidad,¿cuándo vas a poder vivir y disfrutar la vida entonces?-exclamo Lisa poniéndo su mano en el hombro de bio.

-Cuando mi hermano pueda estar a salvo, cuando las personas de Velthara puedan descansar sin miedo a que nada les ocurra-dijo quitándole la mano de su hombro.

-Me asusta, me mata de miedo pensar que Jamsta... que todos, algun día no puedan regresar- dijo Lisa mientras tomaba sus dos manos.

-Pero por eso nuestro trabajo es cuidarlos desde acá, aunque yo también me muera de miedo debo hacerlo-dijo Bio mientras apagaba una luz roja que se había encendido en el tablero.

De repente la música bajó de volumen cuando Bob golpeó su vaso con una cuchara improvisada.

-¡Ey, ey! ¡Silencio! Nuestro querido rayo quiere decir unas palabras. ¡A ver si pueden apagar la música y no la ciudad por una vez!

Las risas estallaron.

Johny se puso de pie con su copa brillante en alto. La luz de la gema amarilla en su pecho reflejaba destellos eléctricos contra el techo del domo.

Todos lo observaban. Iris le sonreía desde una esquina, con sus alas dobladas como abanicos. Bob lo miraba con los brazos cruzados, escéptico, pero atento. Simónla, desde el sillón, lo observaba en silencio. Jamsta hacía un gesto exagerado de reverencia.

Johny carraspeó, algo incómodo.

-No soy de hablar mucho, pero... esta noche se siente distinta. No porque cumplamos otro año como equipo. Sino porque, por un rato... estamos vivos. Juntos. Sin explosiones, sin alarmas, sin caos.

La copa bajó un poco, como si sus palabras pesaran más que el cristal.

-Cada uno de ustedes... -miró a cada uno, con sinceridad-. Ha cargado con más de lo que cualquier ser debería. Y aún así, están acá. Y no solo como héroes. Están acá como mi familia. Y eso vale más que cualquier victoria.

Alzó nuevamente su copa.

-Por lo que fuimos. Por lo que somos. Y por lo que aún no sabemos que seremos. Brindo por ustedes... y por todos los que aún no podemos proteger.

-¡SALUD! -gritaron todos, chocando vasos y carcajeando.

El "¡Salud!" resonó como un trueno cálido en el Domo, un coro de voces unidas que por un momento ahogó el zumbido constante de Velthara. Las copas chocaron, el licor naranja brilló bajo las luces, y por unos segundos perfectos, fueron solo personas.

Las luces se volvieron un poco más cálidas. El ambiente se relajó. Música suave volvió a sonar.

Johny se permitió sonreír...la sonrisa que había estado conteniendo floreciera por completo en su rostro, sintiendo el peso de su copa no como una carga, sino como un ancla a este raro momento de paz.

Dio un sorbo y volvió a su asiento. Pero justo antes de apoyar la copa, algo le cruzó el pecho como una descarga leve. Un cosquilleo en la nuca. Como una corriente anticipada. Sus sentidos, tan acostumbrados a detectar peligro, le susurraron una advertencia.

Frunció levemente el ceño, buscando con la mirada. Pero todo seguía igual.

-¿Todo bien, rayo? -preguntó Iris desde su lugar.

-Sí... solo una vibración. Tal vez fue el piso -respondió, forzando una sonrisa. Tomó otro sorbo.

La música suave volvió a fluir, tejiendo una banda sonora para la camaradería. Fue entonces cuando Jamsta, con la energía eléctrica que lo caracterizaba, saltó del sillón donde momentos antes había estado reconfortando a Simónla. Tomó su mano y la levantó con suavidad, pero con determinación, llevándola a dónde todos estaban para hacer un gran anuncio.

-¡Chicos!, Simónla tiene un gran notición que dar -anunció, su voz un altavoz natural que cortó la melodía. con una felicidad reconocible en su rostro con Simónla a su lado. Todos giraron.

Una curiosidad expectante llenó la sala. Iris inclinó la cabeza, sonriendo. Bob arqueó una ceja, intrigado a pesar de su escepticismo habitual. Hasta Bio bajó por un segundo su tablet holográfica. Simónla, con las mejillas ligeramente sonrojadas, abrió la boca para hablar. Las palabras parecían danzar en el aire, a punto de ser liberadas, de cambiar la dinámica del grupo para siempre.

Pero el universo, caprichoso y cruel, tenía otros planes Y como una broma cronometrada, el sistema del domo vibró. Luces rojas comenzaron a parpadear en las paredes.

No fue un estruendo. No al principio.

Fue un susurro. Un único y sutil parpadeo en las luces ambientales del Domo, tan rápido que cualquiera podría haberlo atribuido a una fluctuación de energía. Pero no cualquiera. Johny lo sintió otra vez, no con los ojos, sino con la esencia de su ser. Un cosquilleo eléctrico, el mismo de antes, pero ahora intensificado, le recorrió la nuca como la advertencia de una serpiente a punto de atacar. Su sonrisa se congeló y luego se desvaneció.

Antes de que pudiera articular una pregunta, un segundo parpadeo, más prolongado esta vez, tiñó la sala de un tono enfermizo. La música tartamudeó.

"¿Bio?", preguntó Johny, su voz baja pero cargada de una autoridad que hizo que todos se tensaran.

Bio ya estaba en acción, sus dedos volando sobre la pantalla. "No lo sé, es... una interferencia masiva en la red principal. No es local."

El notición de Simónla quedó suspendido, un secreto a medio formar en sus labios, ahora eclipsado por una amenaza invisible.

Luego, las luces parpadearon por tercera vez, y esta vez se quedaron encendidas en un rojo de emergencia, bañando a todos en un color de sangre y alarma. Un zumbido agudo y penetrante, el tono de alerta máxima del Domo, cortó el aire como un cuchillo.

¡ALERTA DE SEGURIDAD!

-¡Alerta de seguridad! -exclamó una voz automatizada, fría e impersonal, era un jarro de agua helada sobre el calor de la celebración.

-Actividad hostil en la Franja Norte. Nivel de amenaza: alto. Todos se congelaron. El festejo murió en un segundo. En los rostros de todos se podía leer el mismo proceso: la confusión se transformó en comprensión, y la comprensión, en una resignación profesional y sombría. Eran héroes. Esto era lo suyo.

-¿Qué está pasando?-preguntó Iris, mirando hacia el techo.

Las pantallas principales del domo se encendieron con una advertencia visual en rojo parpadeante. De inmediato, las ventanas translúcidas del domo mostraron vistas holográficas de la zona afectada: explosiones, columnas de humo, luces parpadeantes. Se veían edificios colapsando, obreros corriendo en pánico, y señales de comunicación interrumpidas.

-¡Se cayeron las comunicaciones de emergencia! -gritó Bio, mirando su tablet-¡Están bloqueando las frecuencias!

-¿Eso fue una explosión en una planta energética? -dijo Lisa, pálida.

-Sí -respondió Bio-Esto no es un ataque común. Es algo mucho más organizado.

Las gemas de sus cuerpos comenzaron a brillar, reaccionando al peligro. Johny ya estaba de pie. Su copa, olvidada en la mesa, parecía un artefacto de una era pasada. Su mirada barrió la sala, y ya no era la del hermano y amigo, sino la de un general.

-Bio, Lisa, al laboratorio. Mantengan los canales abiertos. Rastreen cualquier fluctuación energética.

Bio asintió, su frustración de antes ahora canalizada en una concentración feroz. Agarró del brazo a Lisa, cuyos ojos estaban llenos de un miedo palpable, y se dirigieron hacia la salida a toda prisa.

Johny giró hacia el resto de su equipo. Los vio no como estaban ahora, en ropa de civil, con las cicatrices emocionales al descubierto, sino como lo que debían volver a ser en cuestión de segundos: el escudo de Velthara.

"El resto..." dijo, y una chispa eléctrica crepitó alrededor de su puño cerrado. Su gema amarilla comenzó a pulsar, respondiendo al llamado del deber. "...es hora de ponerse los trajes."

No hubo necesidad de más palabras.

Lo que siguió fue una coreografía perfecta, un ballet de guerra ensayado en innumerables crisis anteriores. La transición fue un espectáculo de poder latente liberado.

En cuestión de minutos, The Force abandonó su fachada de civil y se vistió de guerra, con sus ropajes de lucha, con sus verdaderas caras que escondían con ropa de personas normales.

Johny "The Lightning" Vexar, cerró los ojos por un instante. Cuando los abrió, fue envuelto por su traje amarillo, la tela negra con detalles dorados y el amarillo reluciente se materializaron sobre su piel. su gema centelleaba en el pecho. Un visor azul descendió sobre sus ojos, con un click casi silencioso, ocultando al hombre y revelando al héroe. Su cuerpo era ahora un conductor vivo que zumbaba de energía contenida, rayos danzando alrededor de sus brazos y torso.

Jamsta "D.J.", con una mirada de disculpa hacia Simónla, se golpeó el pecho con los puños. Su traje púrpura brotó de unos delgados brazaletes en sus muñecas, expandiéndose como una segunda piel tecnológica. Se colocó sus audífonos especializados y su visor, los cañones sónicos de sus brazos se activaron. La energía sónica, visible como una distorsión púrpura en el aire, emanaba de él. Entonces, lisa apareció detrás de el y lo abrazó, apoyando el mentón en su hombro. Lisa lo miró directo a los ojos y dijo, -prométeme que estarás bien.

Jamsta le acarició la mejilla con suavidad -Si muero hoy, que sea con una buena canción en los oídos. Pero no pienso morirme, hermosa.

Bob "Blaze", con un gruñido que sonaba casi a alivio por poder liberar su furia contenida, apretó los puños. Su gema naranja estalló en un fulgor cegador, y llamas controladas estallaron desde sus puntos de energía, envolviéndolo en un torbellino de fuego. Cuando las llamas se disiparon, su traje naranja reforzado,del mismo color que su gema, lo cubría por completo. El aire a su alrededor ondeaba con el calor intenso, y sus ojos brillaban con la misma ferocidad de las llamas que controlaba.

Simónla "Terra" se puso de pie. No hubo un gesto dramático, solo una determinación tranquila y devastadora. vistió su armadura pesada de placas móviles que canalizaban vibraciones, acomodo los taladros de sus antebrazos que giraron una vez, emitiendo un retumbar bajo que hizo temblar el cristal de las mesas. Su mirada, antes melancólica, era ahora tan firme e inmutable como la roca. Su traje de color marrón al igual que su gema.

Iris "Zapin" dio un paso al frente y desplegó los hombros. Sus alas de insecto, que antes estaban plegadas con delicadeza, se abrieron con un sonido de seda rasgada y energía pura, revelando su estructura membranosa y brillante. Su traje dorado, del mismo color que su gema,se activó, ajustándose a su cuerpo como una luz solidificada. Pequeños destellos de energía solar crepitaban en sus yemas de los dedos. Era la luz lista para enfrentar la oscuridad que se cernía sobre su ciudad.

En cuestión de minutos, la gente que habían sido se disipó, reemplazada por los dioses de la guerra que Velthara necesitaba que fueran. Eran The Force.

Se miraron, un mosaico de poder listo para la batalla. Johny asintió, una única

Sin otra palabra, se giraron hacia la plataforma de lanzamiento. Las puertas del Domo Central se abrieron de par en par, revelando el cielo nocturno de Velthara, ahora manchado por el resplandor de incendios distantes en la Franja Norte.

La ciudad rugía bajo ellos cuando salieron del domo. Los ciudadanos los veían y solo podían observar dioses, algunos gritaban el nombre que quiénes eran su héroe favorito, y otros gritaban ¡THE FORCE! mostrando que amaban a todo el equipo por igual.

The Lightning descendió como un meteorito eléctrico, surcando el cielo con una estela amarilla. A su lado, D.j se impulsaba con con potentes ondas de sonido que sacudían el aire, dejando detrás de él vibraciones que rompían cristales. Su traje púrpura zumbaba al ritmo del bajo, generando estallidos sónicos, Blaze emergía como una bengala de furia con sus llamaradas de fuego que despedían calor abrasador a metros de distancia.

Mientras Terra abría grietas en el pavimento, cada golpe de sus taladros desprendía esquirlas ígneas del subsuelo. El eco de sus temblores era profundo, como el rugido de la propia tierra, que la catapultaban a mayor velocidad. Zapin volaba alto, escaneando el área. sus destellos de luz servían como bengalas cegadoras, guiando a su equipo.

La transición estaba completa. La fiesta era un eco lejano. Ahora, solo existía la batalla.

El punto caliente ardía con un caos metódico, una coreografía de destrucción que iba más allá del mero vandalismo... La Franja Norte, una zona industrial con fábricas de procesamiento de energía limpias era ahora un paisaje dantesco. estaban en llamas, torres colapsadas, y estructuras deformadas por explosiones recientes. Algunos puentes de energía habían caído, generando descargas en cascada. Drones de seguridad flotaban por encima, transmitiendo en vivo para las redes de Velthara, El humo espeso y acre se enroscaba hacia el cielo teñido de rojo por los sistemas de emergencia.

Pero lo más estremecedor no era el fuego ni los escombros, sino el silencio interrumpido por crujidos estructurales y el eco lejano de alarmas. Y los cuerpos, decenas de cuerpos de trabajadores yacían esparcidos por doquier, mutilados, despedazados con una violencia que hablaba de furia pura, de un disfrute sádico en la carnicería. Algunos aún tenían expresiones de terror congeladas en sus rostros. sangre en las paredes, estructuras desplomadas.

Los drones de Bio mostraban grabaciones de unas cámaras de vigilancia captaban en bucle la última imagen de un trabajador corriendo antes de ser alcanzado por una ráfaga de hielo.

-Santo cielo... -murmuró Zapin, descendiendo hasta posarse sobre una grúa volcada. Su luz dorada parecía diminuta e insignificante contra la inmensidad de la devastación.

-Fue él... Fue Punch -gruñó Blaze, con los puños ya encendidos haciendo hervir la lluvia a su alrededor. Las llamas danzaban reflejando la ira en sus ojos. Esa maldita bestia lo disfrutó. después dicen que los monstruos no existen, Mirá esto. Esto no es una pelea. Esto es una masacre.

Su gema naranja parpadeaba de forma convulsa, como si el mismo fuego que lo alimentaba se indignara.

Zapin, sintiendo una opresión en el pecho, susurró para sí misma: "No soy la más fuerte... ni la más rápida. Pero si puedo alumbrar un poco esta oscuridad, eso es suficiente."

Fue entonces cuando la oscuridad respondió.

No con un grito, sino con una presencia.

El aire se espesó, cargándose de una energía opresiva que erizó la piel de todos los presentes. No era el calor de Blaze o la electricidad de Lightning. Era algo más antiguo, más frío. Una gravedad alterada que hizo que los escombros más pequeños comenzaran a levitar.

Y Serafín descendió.

No cayó. No voló. Descendió, como si el aire se solidificara en escaleras invisibles bajo sus pies. Su traje era de un blanco tan inmaculado que resultaba obsceno contra el paisaje carbonizado. Su pelo, blanco como la nieve, enmarcaba un rostro de una serenidad aterradora, tallado en mármol y desdén. Sus alas, vastas y plumadas, se desplegaron con una majestuosidad que parecía robarle el aire al mundo. En su pecho, la gema blanca no brillaba; palpitaba, irradiando una luz fría que oscilaba con un timbre etéreo, y a su alrededor, el aire se curvaba visiblemente, como si su mera presencia alterara las leyes de la física. Su llegada no fue anunciada por un trueno, sino por un silencio aún más profundo, un vacío sonoro que absorbía hasta el más mínimo rumor de la ciudad herida.

"¿Vinieron a llorar por los obreros?", escupió una voz retorcida desde las sombras, áspera como piedras rompiéndose.

Un rugido, un grito gutural que más que una persona sonaba como al de una bestia, respondió como si hubiese escuchado: De entre los escombros, como surgiendo de las mismas entrañas de la destrucción, emergió Punch, No era un hombre; era un torrente de pura furia contenida en forma humanoide y asquerosamente musculoso. Su traje era del color de la sangre seca, y su pelo carmesí parecía teñido con la misma esencia.

Su gema roja, incrustada en su puño, latía al ritmo de su respiración agitada. Cada uno de sus pasos era una declaración de intenciones, un crujido que agrietaba el asfalto bajo sus pies. No llevaba armas. Sus puños, manchados de rojo y con los nudillos magullados y sangrantes, eran sus únicas y terribles herramientas. Una sonrisa demoníaca, desprovista de cualquier rastro de humanidad, se estiraba en su rostro. Él no era un luchador; era un terremoto con conciencia propia.

—Vinimos a detenerlos—, declaró Johny, su voz firme, un faro de determinación en la oscuridad que se cernía.

Serafín sonrió. Era una sonrisa pequeña, fría, que no llegaba a sus ojos. "¿Detenernos?", preguntó, su voz un susurro melodioso que, sin embargo, cortaba más que el grito de Punch. "Pero si recién acabamos de volver a casa. ¿No nos darán una bienvenida?"

Johny dio un paso al frente, sus propios rayos crepitando en respuesta a la energía distorsionada de Serafín. "Nadie los echó. Ustedes eligieron mal. Decidieron destruir todo lo que habíamos construido juntos.

Un rugido, esta vez no de furia, sino de dolorosa convicción, estalló desde detrás de Punch. "¡Porque el sistema que defiendes es ciego!" Bramó Wild, emergiendo de una maraña de raíces carbonizadas que parecían retorcerse y regenerarse a su paso. Su cuerpo estaba cubierto de un traje verde y enredaderas vivas que se movían con lentitud serpentina. Su pelo y su gema eran de un verde profundo, el color de un bosque primitivo. A cada paso que daba, brotes de pasto y pequeñas flores de un vibrante color púrpura surgían entre la sangre y las cenizas, un acto de creación obscenamente hermoso en medio de tanta muerte. Su mirada, sin embargo, no estaba puesta en Johny, sino en Terra, y en ella ardía un fuego de traición y anhelo. "¡Velthara dejó de ser nuestra ciudad, nuestro hogar, cuando ustedes comenzaron a decidir quién merecía poder y quién no!"

—¿De qué sistema hablas?—, replicó Johny, sin ceder terreno. —¿Que dejemos que los que tengan poderes puedan usarlos para sí mismos y para sacar beneficios egoístas?

—Tú no, nosotros no éramos nadie para decidir eso—, replicó Wild, y en su voz se mezclaban el desprecio y una profunda tristeza. Terra, a lo lejos, lo miraba con un dolor que era casi físico.

Antes de que la tensión pudiera escalar más, la temperatura descendió drásticamente. El vapor de la lluvia y los incendios se congeló en el aire, formando una niebla cristalina. Ice caminó hacia adelante sin prisa, con una calma glacial que era más amenazante que cualquier muestra de violencia. Su traje era del azul más pálido, del color del corazón de un iceberg. Su gema, del mismo tono, brillaba con una luz gélida en su pecho. Cada una de sus pisadas generaba una plataforma de hielo perfecto y transparente que se extendía varios metros a su alrededor, crepitando con un sonido que helaba la sangre. Su aliento era visible, una nube de escarcha, y su mirada, cuando se posó en Blaze, era tan fría y penetrante que parecía capaz de congelar el alma. No dijo una palabra. No hacía falta.

Y entonces, la realidad misma comenzó a tambalearse.

Magic apareció sin que nadie lo viera llegar. Simplemente estaba allí, levitando suavemente a un palmo del suelo, envuelto en una capa azul noche que flotaba alrededor de él como si estuviera sumergido en agua. Su aura mental era visible, susurrando pensamientos que hacían presión en la mente de todos. La atmósfera vibraba con cada uno de sus casi imperceptibles movimientos. En el centro de su frente, una gema violeta pulsaba con una luz hipnótica y perturbadora. Sus ojos, color ámbar vacíos y llenos al mismo tiempo de un conocimiento, escudriñaron a The Force no como adversarios, sino como piezas en un tablero que solo él podía ver.

Pero el elenco no estaba completo.

Una risa suave, un sonido felino y burlón, surgió de entre las sombras de un contenedor destrozado. Sylvy se deslizó hacia la luz, o más bien, la luz pareció retroceder a su paso. Su traje era una segunda piel de negro ébano y violeta profundo, y sus labios estaban pintados del mismo color venenoso. Su gema verde, en su clavícula, brillaba con una luz fosforescente y enfermiza. Su forma no era estable; oscilaba sutilmente entre la de una mujer y la de una gran felina a la espera, con destellos de escamas reptilianas y plumas de ave oscura. Sus ojos, de un verde veneno, se fijaron en Zapin con un hambre depredadora. Un solo colmillo asomaba sobre su labio inferior en su sonrisa burlona.

-Tener el regalo que nosotros tenemos es una responsabilidad con la que debemos vivir, se nos otorgaron para un bien mayor, no usarlos para trivialidades- dijo Johny con una mirada decidida.

-Este no eres tu hablando, el que habla es tu hermano y sus estúpidas ideas heroicas, de que todo poder tiene una responsabilidad...dime Jonhy ¿apenas obtuviste tus poderes, el ser héroe es lo primero que se te paso por la cabeza?— dijo Wild.

Johny solo se quedo callado con una mirada que parecida más confirmar lo que wild decía que otra cosa.

-Sabes que tengo razón, solo eres un héroe porque así es como te crío tu hermano...ni siquiera sabes que quieres ser.

-No vinimos a hablar, Wild... Johny...— dijo serafin con una voz profunda —Tu sentimentalismo es lo que nos hace débiles, Johny— dijo Serafín, su voz recuperando el centro de atención. Su misión era clara. Yo tengo una que cumplir aquí, y si tengo que acabarlos en el proceso... Que así sea entonces.

La Liga del Caos no era solo un grupo de villanos. Era una declaración. La filosofía fría y superior de Serafín, la furia primaria de Punch, la naturaleza reclamadora de Wild, el absoluto cero de Ice, la mente maquiavélica de Magic y el instinto depredador de Sylvy. Juntos, no eran solo una amenaza para la ciudad. Eran una amenaza para el mismo orden natural que The Force había jurado proteger.

Johny sintió el peso de esa verdad sobre sus hombros. No se enfrentaban a criminales. Se enfrentaban a una ideología encarnada en poder puro.

"Equipo...", gritó, y su voz retumbó con la fuerza de un trueno que se avecina. Su gema amarilla estalló en un fulgor cegador. "... ¡formación de ataque!"

El mundo estalló en caos.

¡Zapin elevate y lanza tu destello!-grito Johny empezando el combate.

Zapin lanzó el primer destello, cegando brevemente a Sylvy y Magic. D.J. se lanzó hacia adelante, y apunto con sus cañones y descargo una onda sónica explosiva que desintegró un contenedor y desestabilizó a Ice. Blaze lo siguió, arrojando una columna de fuego que obligó a Wild a retroceder creando un muro de raíces que terminaron carbonizadas. Pero el impulso casi incendia una torre cercana. El sistema de seguridad se activó para apagar las llamas. El calor de sus llamaradas hizo colapsar parte del techo.

Punch cargó como un tren sin freno. Su puño impactó con brutalidad, Ella, tambaleante retrocedio y hundió un taladro en el suelo y desató un temblor que lo lanzó hacia atrás. Punch rugió y saltó sobre ella, pero fue detenido por una bola de luz de Zapin.

Blaze e Ice eran un espectáculo.

Fuego y hielo estallaban en columnas opuestas. Ice creó un cañón congelado y disparó púas hacia Blaze, que respondió incinerándolas en el aire y disparando bolas de fuego en ráfagas. El calor y el frío formaban un vórtice en el centro del campo de batalla.

-Blaze... -dijo Ice con su voz grave y tranquila, que sonaba como un cristal rajado-. Sabía que vendrías. Siempre te gustó jugar con fuego.

Blaze apretó los puños. La temperatura subió en un instante. El concreto bajo sus pies comenzó a derretirse.

-Y vos siempre tan frío, pero igual de insoportable -replicó Blaze, su traje brillaba como una fragua encendida-. Esto no es un juego. No después de lo que hiciste.

-Ellos, yo no tuve nada que ver con los trabajadores, no estoy de acuerdo con lo que les hicieron, no debían morir, solo fueron daños colaterales que se podría haber evitado.

-¡Cerrá la boca!...porque si lo que dices es cierto, bajarias tus brazos y no lucharias conmigo, dirigirias tu hielo hacia los responsables.

-Sabes que no puedo hacer eso... Formo parte de este equipo, el unico lugar donde senti el cobijo...y por ello ayudaré a cumplir la vision que este tiene- dijo Ice.

Blaze rugió como un volcán, y una ráfaga de fuego salió disparada de sus brazos, trazando una espiral ardiente hacia Ice.

Ice alzó una mano. Con un simple movimiento, levantó un muro de hielo translúcido, que resistió el impacto como una barrera ancestral. El fuego se evaporó en una nube de vapor que llenó el campo.

-Te falta control, como siempre.

Ice avanzó. Con un gesto, congeló el aire mismo delante de él, lanzando espadas cristalinas que se dispararon como proyectiles hacia Blaze.

Blaze se deslizó, encendiendo su espalda como un propulsor. Las estacas se derretían antes de tocarlo, pero una lo rozó, cortando su hombro.

-¡Maldito! -gruñó, sacudiendo la sangre ardiente.

La batalla se elevó. Blaze se impulsó con llamaradas, ganando altura y lanzando una tormenta de bolas de fuego. Ice respondió generando una columna de hielo en espiral, que lo catapultó hacia el cielo.

Se encontraron en el aire.

-¡Esto no termina hasta que uno de los dos caiga! -gritó Blaze, estallando sus puños contra el pecho de Ice.

-Entonces, preparate para congelarte en el intento.

Los dos chocaron. Una explosión térmica sacudió la zona. Los drones de vigilancia volaron como hojas.

Desde abajo, se podía ver una esfera de fuego y hielo en el cielo, rotando violentamente, cada elemento intentando devorar al otro.

Ice creó una lanza de hielo macizo y la lanzó a corta distancia. Blaze apenas la desvió con un chorro de fuego concentrado.

-¡TE VOY A DERRETIR! -gritó Blaze, rodeado de fuego como una estrella viva.

-Intentálo -respondió Ice con frialdad.

Blaze descendió en picado como un meteorito envuelto en llamas, directo hacia Ice. Pero Ice golpeó el suelo primero, creando un cráter de hielo que cubrió toda la zona.

Cuando Blaze aterrizó, el frío lo atrapó hasta las rodillas.

-¡NO! -gritó Blaze, intentando liberar sus piernas.

Ice se acercó, con el brazo extendido, en el que había creado un hacha de hielo, y la apoyó sobre el cuello de Blaze.

-Soy alguien que piensa que matar debe solo ser la última opción en cualquier caso, pero hoy te mostraré lo que pasa cuando el fuego se extingue.

Pero justo antes de cortar el cuello de Blaze, este se incendió por completo, liberando una onda expansiva ardiente.

-¡NO ME APAGÁS NI MUERTO!

La explosión hizo trizas la trampa de hielo y lanzó a Ice varios metros hacia atrás, impactando contra una torre derrumbada. El metal crujió. El hielo se resquebrajó.

Blaze cayó de rodillas, jadeando, humo saliendo de su espalda. Su traje estaba chamuscado. Sangre caliente bajaba por su ceja.

A lo lejos, Ice se levantaba entre ruinas, con la mitad del cuerpo cubierto de escarcha rota.

Ambos se miraron, exhaustos. La pelea estaba lejos de terminar.

En otro lado de la batalla;

En el suelo, Terra se reincorpora a la batalla, mientras wild se acerca. Se empiezan a enfrentar brutalmente. Ella abría grietas, él las sellaba con raíces. Ella derribaba estructuras, él hacía crecer árboles entre los escombros.En medio del duelo, flashes de memoria golpearon a Simónla. Se detuvieron un instante, respirando agitados.

-No tenías que venir -dijo Wild, su voz rasposa, cargada de historia.

-Y vos no tenías que convertirte en esto -respondió Terra, activando sus taladros vibratorios con un estallido seco.

Un silencio tenso. Luego, la tierra rugió.

Simónla clavó sus puños al suelo. Un terremoto súbito sacudió la calle. El asfalto se partió como una cáscara, levantando un muro de piedra y polvo hacia Wild.

Pero él respondió con un giro de muñeca. De su espalda brotaron enredaderas gruesas, que se enterraron bajo tierra y detuvieron el temblor con raíces que abrazaban el concreto roto.

-Simónla...-dijo Wild-no quiero matarte.

-Entonces detente... porque yo no pienso parar.

Volvió a golpear el suelo. Esta vez, el temblor fue tan potente que partió una torre a la mitad, haciendo que se derrumbara hacia Wild.

Él alzaba un escudo de raíces justo a tiempo, bloqueando los escombros... pero no del todo. Una losa de concreto le dio en la pierna, haciéndolo tambalear.

-Todavia te amo simónla, asique por favor te pido que te rindas.

Podemos reconstruir algo mejor.

-decidiste no amarme cuando nos traicionaste, cuando me traicionaste. Éramos tu familia. Dijo simónla mientras lágrimas caen de sus ojos.

Ambos corrieron al mismo tiempo. Ella con los puños vibrando, él con lianas brotando de sus brazos.

El choque fue brutal. Un puño de piedra contra una pared viva. Cada golpe hacía crujir el suelo. Las raíces crecían como serpientes, las grietas se expandían como telarañas.

Hasta que se detuvieron, cara a cara, respirando fuerte. Tierra contra naturaleza. Pasado contra presente.

-Conoces mis razones, sabes que el sistema está mal, ven conmigo, únete a mi, hagamos que la visión de una nueva Velthara que tiene Serafín se pueda realizar, dijo wild dirigiéndose hacía ella.

-Sabes muy bien que eso nunca va a pasar, y menos en este momento de mi vida. Replico terra levantando los puños y adoptando una pose de

combate.

-¿Por qué estás así? ¿Qué más tenés para decirme?-

Terra bajó sus puños temblando.

-Estoy embarazada. Se que es tuyo estoy segura...después de ti no estuve con nadie más.

Wild se paralizó. Por un segundo, el caos se detuvo para él. Pero una explosión cercana lo despertó. No dijo nada.

Jamsta se encontraba luchando con Magic, este último gracias a su habilidad telekinetica le lanzaba objetos sin parar, pedazos de escombros, pedazos metálicos de las estructuras derrumbadas, pero jamsta las lograba desviar con sus ondas sónicas.

-¡Hora de romper el silencio, cerebrito! -gritó Jamsta, cayendo desde una torre con sus cañones sónicos encendidos.

Una onda de sonido estalló desde sus manos, como una ola púrpura que partió el aire en dos, lanzando una vibración tan fuerte que los cristales de los edificios estallaron a su paso.

Magic apenas alzó una ceja. Extendió una mano y detuvo la onda con un campo telekinético, el sonido se dispersó en espirales deformadas.

-Tu ruido es molesto. Nada más -dijo fríamente.

-¿Molesto? Nah. Esto es ARTE -soltó Jamsta, dando una voltereta y lanzando un ritmo aún más denso.

BOOOOOM.

El suelo se agrietó con cada pulso de los altavoces integrados en sus brazos. Cañonazo tras cañonazo, Jamsta disparaba ondas que rebotaban en las paredes, creando un eco ensordecedor que distorsionaba la percepción.

Magic movía las manos con fluidez. Escombros flotantes volaban como cuchillas, girando en perfecta sincronía hacia su rival.

-¿Eso es todo? ¿Un recital de rocas? -dijo Jamsta, girando sobre sí mismo y soltando una onda de repulsión que desvió los proyectiles justo antes de impactarlo.

Saltó sobre un contenedor. -¡Dedicado para vos, maestro del suspenso!

CARGA SÓNICA. Disparó directo al pecho de Magic.

La explosión lanzó al villano hacia atrás, rompiendo una columna. Pero antes de chocar, Magic se detuvo en el aire flotando, su expresión serena, su cuerpo envuelto en una aura morada que palpitaba.

-Te estás divirtiendo... y eso es tu debilidad -susurró Magic.

De un gesto, atrapó a Jamsta en el aire con una jaula telekinética invisible. El cuerpo de D.J. quedó suspendido, apretado como en un campo de fuerza.

-Ay... esto no es nada elegante -dijo Jamsta entre risas tensas.

Magic alzó una mano.

-Adiós.

Pero antes de que pudiera cerrarla... una vibración levemente grave comenzó a resonar en la jaula.

-¿Escuchás eso? -dijo Jamsta, sonriendo-. Es el drop.

¡BOOOOOM!

Una explosión sónica desde adentro rompió la prisión. Jamsta cayó al suelo rodando, sacudido pero sonriendo. Magic retrocedió un paso.

-Pensé que los cerebritos leían más las notas al pie -bromeó Jamsta, encendiendo otra onda.

En los cielos, Zapin se enfrentaba a Sylvy y Punch. Golpeaba con sus alas y destellos. Sylvy intentaba tocarla con su sombría energía negra la cual estaba impregnada de un potente veneno paralizante, pero era imposible Zapin lograba esquivarla con éxito.

-Tan brillante... Qué molesta sos -dijo Sylvy con una sonrisa torcida.

Zapin descendió en picada, desplegando sus alas como cuchillas de cristal, y disparó una bala de luz que explotó cerca de Sylvy. La villana se deshizo en humo, reapareciendo detrás de ella en forma felina. Un zarpazo.

¡FZZZZT!

-Zapin giró en pleno vuelo y alzó un campo de fuerza brillante, bloqueando el golpe oscuro con un estallido eléctrico.

-¡No soy tan fácil, maquillaje negro! -gritó ella, lanzando una serie de destellos cegadores como estrellas fugaces. Uno tras otro.

Sylvy su cuerpo oscilando entre forma humana, felina, reptil y de ave.

Extendió las manos y una ráfaga de energía negra salió disparada como un tentáculo, buscando a Zapin.

La luz de Zapin parpadeó. El campo de fuerza resistió el primer impacto, pero una chispa oscura logró atravesarlo y rozó su pierna.

Zzzzzrk! Un espasmo eléctrico. Su pierna se comenzó a paralizar.

-¡Aghh! -gritó Zapin cayendo brevemente, pero se estabilizó a pocos metros del suelo.

-Estás más lenta... ya empieza a surtir efecto... -dijo Sylvy con una mirada reptil.

-No... no pienso caer todavía -respondió Zapin, con los dientes apretados.

Concentró toda su energía en un puño de luz pura. Voló como una lanza hacia Sylvy y golpeó directo en su pecho, atravesando su sombra con una explosión solar. Sylvy gritó fue enviada unos metros atrás.

Zapin, jadeando, subió nuevamente a lo alto de un edificio dañado. Se apoyó en una viga rota, una mano sobre la pierna entumecida, su pierna derecha chispeando levemente. Sangraba.

-Solo... necesito un segundo...

CRACK.

Una sombra saltó desde abajo.

PUNCH.

Un muro reventó, ladrillos volando como metralla. El monstruo carmesí aterrizó sobre el techo como un meteorito, con una sonrisa sedienta de violencia.

-Mirá lo que tenemos acá.

¿Descansando? -gruñó, su voz como piedra rompiéndose.

-No... te dejaré... avanzar -dijo ella, encendiendo otra esfera de luz entre sus palmas.

-Muy tarde.

¡SMASH!

De un salto monstruoso, Punch llegó hasta ella. Su puño chocó con su campo de fuerza, pero lo atravesó con la fuerza de un tren desbocado. La energía estalló como cristal rompiéndose. Zapin apenas pudo alzar vuelo.

Pero Punch ya estaba encima. Con una mano la tomo del cuello.

-¡NO, SUÉLTAME! -gritó ella.

GRRRRRSHK!

Y con su otra mano, Punch la agarró del ala derecha, y con un grito de furia y fuerza bruta la arrancó de su espalda de un tirón desgarrador.

Hueso. Carne. Músculo desgarrado.

Zapin chilló de dolor, su grito se mezcló con la luz que explotó desde su herida. Sangre cayó al vacío. Su cuerpo se arqueó de espasmo.

-¡AAAAAGHHHHHH! -fue todo lo que pudo decir.

Punch sonrió. Sostenía el ala como un trofeo, goteando, Pero repente de un modisco se come el pedazo de ala.

Zapin sufriendo del dolor, solo puede observarlo mientras un inmenso sentimiento de terror la hace hundirse en el piso, casi olvidándose que es uns heroína.

-Sos ligera... como un papelito.

¡PUM!

Una patada brutal al estómago la lanzó por el aire.

Cayó del edificio como una cometa rota, golpeando estructura tras estructura. hasta estrellarse contra una plataforma metálica. Su cuerpo quedó tendido, temblando, su traje desgarrado y su luz apenas pulsando.

Silencio.

Pero a lo lejos alguien que parece haberse olvidado de su propia pelea grita.

-¡IRIIIIISSSS! -gritó Jamsta, corriendo hacia ella entre explosiones y fuego.

La levanta y la toma en sus brazos está recobra la consciencia, y como pocas fuerzas dice;

-No quería que me vieran caer...

-Ey, estás viva. Eso es lo único que importa -dice él mientras mira como Punch lo observa riéndose desde lo alto del edificio.

-¡Tranquila, Iris... ya está, ya está! -susurró, su voz quebrada. La apretaba contra su pecho, como si al hacerlo pudiera volver a unirla.

El calor del fuego de Blaze y el hielo quebrándose más allá apenas eran ruido. Todo se desvanecía salvo ellos dos.

Pero la sombra no perdona.

Sylvy, transformada en una bestia felina de músculos tensos, pelaje oscuro como humo y ojos verde venenoso, se deslizaba por los escombros.

Silenciosa.

Letal.

Un gruñido sordo fue la única advertencia.

¡ZASSSSH!

Un zarpazo certero.

La garra de Sylvy surcó el rostro de Jamsta, dejando tres cortes profundos desde la ceja hasta la mandíbula.

¡AAAGHHH! -gritó, girando apenas a tiempo para proteger a Iris con su cuerpo.

La sangre le cayó por la cara como pintura roja sobre su piel pálida.

Sylvy sonrió desde la penumbra.

-es exquisito ver cómo esa sangre se escurre por tu rostro.

Jamsta se tambaleó, pero aún de pie.

-Sí... pero todavía te escucho, gata molesta -dijo, alzando un brazo tembloroso y activando un bajo sónico que retumbó como una onda expansiva.

Sylvy salió despedida, golpeando una viga y desvaneciéndose por un instante entre polvo y humo.

En otra parte fuera de todo este infierno...a lo lejos en la ciudad. La batalla era observada a traves de pantallas.

En el laboratorio subterráneo del Domo, las luces parpadeaban con una mezcla de rojo alarma y blanco estéril. Rodeados de pantallas, Bio y Lisa apenas respiraban. Un dron de reconocimiento proyectaba en una de las paredes una imagen inestable, vibrante, la batalla en la Franja Norte.

Explosiones. Rayos. Gritos.

En la imagen, Jamsta sangraba, sosteniendo a Zapin sin un ala. Blaze incendiaba un puente colapsado. Terra y Wild destrozaban el suelo en una guerra personal. El cielo era un caos.

Lisa se llevó las manos a la boca, conteniendo un sollozo.

-¡Dios mío... Jamsta...! -murmuró mientras lágrimas salían de sus ojos.

Bio apretó los puños. Sus ojos no se despegaban del visor. Analizaba todo: niveles de energía, signos vitales, trayectorias de ataque.

-Esto no es un ataque. Es una declaración de guerra... -susurró, helado.

Lisa lo miró. -Tenemos que hacer algo, ¡no pueden solos!¡Mi Jamsta... Puede morir...por favor!

-Lisa, ¿ves eso? Cada uno de ellos allá afuera... es mi error si algo les pasa.

-No digas eso.

-Yo no salvé el mundo, Lisa. Solo salvé a mi hermano... y lo arrojé a una vida que no pidió. Pero cuando termino de decir esto, una lectura extraña apareció en uno de sus monitores;

"Extraña energia detectada"

- ¿Que mierda...es esto?- es lo unico que Bio alacanzo a decir.

En otra parte de esta zona de guerra;

El cielo de Velthara rugía. Rayos, humo y estructuras quebradas eran el telón de fondo de una batalla destinada a ocurrir.

En lo alto de una torre colapsada, Johny "The Lightning" se elevaba entre corrientes de electricidad pura. Su gema amarilla latía como un corazón furioso en su pecho. El visor azul reflejaba las llamas y las sombras de la ciudad.

descendiendo como un dios antiguo desde un cielo roto, estaba Serafín. Su traje blanco resplandeciente, alas extendidas, gema blanca brillante irradiando autoridad. Su rostro era sereno, arrogante. Una sonrisa torcida en los labios.

Abajo, subiendo lentamente por una columna de acero retorcido, Johny ascendía rodeado de descargas eléctricas. Su traje negro con detalles dorados chispeaba con energía contenida. Su gema amarilla vibraba como una advertencia.

Cuando ambos estuvieron a la misma altura, separados solo por el aire cargado de tensión, el mundo pareció callarse.

-Mirá lo que hicieron con la ciudad que prometimos proteger... -dijo Serafín, con voz grave-. ¿Eso defendés, Johny? ¿Este caos... esta mentira de igualdad?

-Lo que defiendo es la libertad de la gente -respondió Johny con los puños cerrados-. Vos ya no protegés nada. Te creés un dios, pero no sos más que un traidor.

Un trueno respondió desde las alturas.

-Nunca imagine que llegaríamos a esto -dijo Johny, firme-. Vos eras nuestro líder. Eras el mejor de nosotros-dijo Johny mirándolo con una mezcla de enojo y decepción.

-Lo sigo siendo -respondió Serafín con voz profunda y arrogante-. El error fue creer que la igualdad era justicia. Los Soryonitas con poder somos seres superiores. La Tormenta Cósmica nos eligió... y yo no voy a ignorar eso.

-Nadie nos eligió, Darius -le espetó Johny-. Nos tocó por azar. ¡Eso no nos da derecho a ponernos por encima de nadie!

-La igualdad es una ilusión-sentenció Serafín-Los Soryonitas con gemas son el siguiente paso en la evolución. Velthara debería ser gobernada por nosotros... no protegida de nosotros.

El silencio volvió, interrumpido por un lejano trueno. Serafín alzó una mano. Un rayo azul descendió del cielo, envolviendo su brazo.

-Tu sentimentalismo es lo que nos hace débiles, Johny.

-Mi compasión es lo que nos hace personas-replicó él.

Y así comenzó la batalla.

El primer impacto sacudió la torre. Johny se movía como un relámpago, teleportándose con destellos eléctricos, atacando desde múltiples ángulos. Serafín lo detenía con campos de luz, lanzando lanzas de rayos azules con precisión quirúrgica.

-¡Sos rápido! -dijo Serafín, esquivando otro golpe-. Pero no podés escapar de tu lugar en este mundo. Estás debajo mío.

-¡Jamás estuve debajo tuyo! -gritó Johny, y saltó al vacío, girando en el aire como una tormenta.

Desde abajo, se impulsó en un muro vertical y volvió hacia él a la velocidad del rayo. Lo impactó en el pecho con un puñetazo cargado de electricidad, que lo lanzó hacia una antena de comunicaciones, destruyéndola.

Pero Serafín no cayó.

Serafín contraatacó. Rayos azules como lanzas celestiales salieron de sus manos, arrasando edificios a su paso. Johny corrió por las paredes verticales, dejando una estela amarilla. El cielo se volvía un tablero de ajedrez eléctrico.

Choque. Se cruzaron en el aire. Puño contra puño. Gema contra gema. La onda expansiva rompió cristales a kilómetros.

Lightning redobló sus ataques. Serafín le lanzó un rayo directo, pero Johny lo esquivó, corrió sobre las paredes, usó un impulso para llegar a él...pero serafín lo esquivo y de un golpe lo hizo retroceder.

Con una furia serena, abrió las alas y voló directo hacia Johny, tomándolo por el cuello. Lo elevó hasta el cielo, sobrepasando las nubes bajas de la ciudad. Allá arriba, solo estaban ellos, el silencio y las estrellas.

-Mirá lo que construimos... y lo que destruiste. Eras mi legado. Vos eras mi futuro. ¡Y lo arruinaste con tu patética moral!

-No soy tuyo... ¡soy de mi hermano, de mi equipo, de Velthara! -Johny lo fulminó con un rayo concentrado directo al rostro.

Serafín cayó algunos metros, aturdido. Johny aprovechó, corriendo en espiral alrededor de él. Creó un torbellino de rayos, encerrándolo en una tormenta. Cada zancada cargaba más energía. Una tormenta viva.

-¡Esto no es por poder! -gritó Johny-. ¡Es por los que no tienen forma de pelear, por los inocentes, por los que perdieron todo... como yo!

El huracán de rayos estalló en un relámpago cegador.

Boom.

Pero cuando el resplandor se desvaneció, Serafín aún estaba ahí. Quemado. Furioso. Su ala derecha temblaba. La armadura estaba agrietada. Y su rostro... ya no mostraba superioridad. Sino rabia asesina.

Serafín a gran velocidad agarra a Johny y lo elevó con una mano cargada de energía. Lo empujó contra un generador suspendido. Explosión.

Johny cayó entre escombros, pero antes de tocar el suelo, reapareció como un relámpago, corriendo por las paredes, escalando con velocidad imposible.

El huracán de rayos comenzó.

Johny giró a velocidad sobrehumana en torno a Serafín, formando un vórtice amarillo de relámpagos que lo atrapaba como una tormenta viva.

-¡Basta de discursos! -rugió Johny.

-¡BASTA DE LIMITACIONES! -contestó Serafín, liberando un estallido de energía celestial que lo catapultó hacia afuera del vórtice.

Serafín bajó en picada y golpeó a Johny con brutalidad, atravesando con él tres estructuras suspendidas. Lo estrelló contra una antena, y luego lo dejó caer. Johny apenas pudo estabilizarse con una descarga a los pies que lo reimpulsó.

Ambos sangraban. El aire era irrespirable por tanto poder liberado.

Ambos se miraron desde extremos opuestos del cielo.

Y cargaron.

Un choque final. Como si la ciudad contuviera el aliento.

Los dos volaron uno contra el otro, rodeados de un aura de poder. La atmósfera crepitaba. Cada segundo era eterno.

Impactaron. Un estallido blanco y amarillo iluminó el cielo como una segunda tormenta cósmica.

Serafín retrocedió por fin. Su armadura agrietada. Y su gema que lanzaba chispas.

Johny respiraba con dificultad, arrodillado, con el traje humeando.

-No me importa si tengo que hacerlo solo... pero jamás voy a dejar que vos gobiernes este mundo -dijo, mirándolo a los ojos-. Porque aunque te creas un dios... no eres más que otro soryonita igual que todos.

Un silencio denso. Serafín lo observó. Su mirada ya no tenía burla... sino rabia, asqueado con la idea de no ser un soryonita superior.

-Entonces morirás no estarás vivo para ver el imperio para nuestra gente que planeo construir-Dijo Serafín mirándolo fíjamente mientras invocaba un rayo.

-porfin podré hacerlo... matarte,a fin y al cabo el estará contento también.

Y entonces en esos segundos decisivos el suelo comenzó a temblar. Terra apareció desde abajo del suelo. Con su taladro girando, logró clavarlo en una de las alas de Serafín. Esta se desgarró parcialmente.

-¡AHHH! -rugió el líder caído, y de un golpe brutal mandó a Terra a volar contra una chimenea colapsada. Cayó y quedó inconsciente.

Wild fuera de sí, tomó a terra con raíces y la recostó en un lugar fuera de peligro. consecuente a esto invocó un enjambre de raíces que envolvieron a Serafín.

-¡QUE ESTAS HACIENDO WILD!, grito serafin.

-¡ELLA ESTA EMBARAZADA!, exclamó wild lleno de ira mientras lo sostenía con las raíces.

Todo the force, se quedó congelado e impactado con la noticia. Sus miradas lo decían todo. La guerra se habia detenido por unos minutos.

Desde el laboratorio, la voz de Bio se coló en el auricular de Johny:

-hermano, algo raro está ocurriendo, estoy monitoreando el campo de batalla, y una energía extraña se está manifestándo--era el transmisor de Johny en su oreja interrumpiendo.

- Bio, ¿de que hablas?, respondió Johny.

-¡Una anomalía se está abriendo! La gravedad fluctúa, el tiempo se dobla...

Una grieta en el aire, negra, temblorosa, con bordes de energía distorsionada, se abrió como si Atrax mismo estuviera desgarrándose.

En el cielo, un portal se abrió. Negro, tembloroso, lleno de voces sin forma. Trozos del entorno levitaban, el aire era irrespirable.

Bio gritaba desde el laboratorio, -¡Johnny! ¡Esa cosa responde a la velocidad! ¡Te está buscando!-

Serafín sonrió.

-Parece que el universo decidió por vos. El héroe perfecto... atrapado por su propia luz.

-No... -susurró Johny, retrocediendo. La energía del portal lo atraía. Su gema brillaba como nunca antes.

-Bio, ¿qué es esto? -preguntó por el comunicador.

-¡No sé! Pero responde a tus impulsos eléctricos... ¡Es como si buscara tu energía! ¡No te acerques!

Pero ya era tarde.

Serafín lanzó un último rayo. Johny lo esquivó, pero en su impulso, el portal lo absorbió por completo.

Desapareció en un instante.

Desde adentro, todo era oscuridad líquida. Los sentidos se distorsionaban. Voces conocidas, figuras del pasado, fragmentos de su infancia. De su hermano. De The Force, recuerdos de cosas que no vivió, imágenes de una Velthara en llamas y una visión de una ciudad desconocida para el.

"¿Estoy muerto?"

"No... estás cambiando."

"Tu historia no termina. Solo se fragmenta." Mientras ve a otros iguales a el.

Y desapareció.

Silencio.

No quedó ni un solo rayo. Solo el humo. Solo el dolor.

Zapin lloraba, sosteniendo el muñón de su ala. Jamsta tenía el rostro cubierto de sangre, golpeaba el suelo. Blaze miraba al cielo, sin entender. Terra apenas podía respirar. Wild se arrodilló, sosteniendo en brazos a su amada.

Desde el laboratorio, Bio dijo en voz baja:

-Ya no esta...

En el Domo de defensa vacío, la copa de Johny cae del borde de la mesa y se rompe en el suelo.

Silencio.

Solo el eco de las voces que ya no están.