Capitulo 1: "Entre el ruido y los sueños"
El ruido de la ciudad era parte de la rutina de Sara.
Autos que no paraban, bocinas que se mezclaban con el canto lejano de algún vendedor ambulante, y el aroma a pan recién hecho que escapaba del café donde trabajaba desde hacía casi un año.
Era una chica sencilla, de sonrisa cálida y ojos color miel que reflejaban una dulzura que muchos habían olvidado que existía. A sus 19 años, la vida le había enseñado que no todos los sueños se cumplen fácilmente… pero ella no se rendía.
—¡Sara! —gritó Rebeca, su mejor amiga, desde el mostrador—. ¡Apúrate, que el jefe está mirando!
Sara rió con un poco de nerviosismo y dejó la bandeja sobre la mesa del rincón.
—Ya voy, ya voy —respondió mientras se limpiaba las manos en el delantal.
El café estaba lleno, como casi siempre los viernes por la tarde. Entre los clientes, un grupo de jóvenes reía fuerte en una mesa del fondo. Pero había uno, uno solo, que no reía.
Estaba mirando por la ventana, distraído, con una expresión que mezclaba tristeza y cansancio. Vestía elegante, demasiado para ese lugar. Su reloj brillaba con solo mover la mano, y el teléfono sobre la mesa era de los que Sara solo veía en anuncios.
Ella no sabía quién era.
Él tampoco tenía idea de quién sería esa chica que lo observaba con curiosidad mientras le llevaba el pedido.
—Aquí tiene su café… —dijo con una sonrisa suave.
El joven levantó la vista. Y en ese segundo, algo cambió.
Sus miradas se cruzaron como si el tiempo se hubiera detenido, como si todo el ruido de la ciudad se desvaneciera.
—Gracias —respondió él, con una voz grave y amable.
Sara sintió un ligero escalofrío, aunque intentó disimularlo.
—¿Desea algo más? —preguntó.
—Solo… tu nombre. —La pregunta fue tan directa que la dejó sin palabras.
Sara rió, nerviosa.
—Sara —dijo finalmente.
—Bonito nombre —contestó el chico, dibujando una sonrisa encantadora—. Yo soy Max.
Ese nombre quedó flotando en el aire, grabado en la mente de Sara.
“Max…” repitió en silencio, sin imaginar que ese encuentro, tan simple y casual, estaba a punto de cambiar su destino para siempre.
Rebeca observaba todo desde el mostrador, sonriendo.
—Ay, Sara… ese chico no es cualquier cliente —murmuró.
Y tenía razón.
Max no era un chico cualquiera. Era el hijo del empresario más poderoso de la ciudad, el heredero de una fortuna que todos envidiaban.
Un joven acostumbrado a tenerlo todo… excepto paz.
Sara, sin saberlo, acababa de entrar en el mundo de Max, un mundo lleno de lujos, mentiras y reglas donde ella no pertenecía.
Y él, sin quererlo, acababa de enamorarse de lo único que el dinero no podía comprar: una chica auténtica.