Diferentes perspectivas del mundo y el origen del barco del carnicero
Hace veintinueve años, luego de que el desconocido fenómeno (cuyo nombre no recuerdo) fusionara aparentemente nuestro mundo con otros, hizo que las reglas de juego se tornaran en nuestra contra cuando recién empezaba como otros nuestro oficio como piratas; nuevos territorios, nuevas naciones, y nuevas bestias de las que preocuparse. La parte buena, era el obvio hecho de tener nuevas embarcaciones que saquear.
Conforme pasaron los años los habitantes de Sartosa se dieron cuenta de que no eran los únicos deambulando por los nuevos mares dado que tarde y temprano se descubriría una cadena de islas conocidas como Aguas Turbias, la cual no demoro en que miembros de ambas partes vieron a los otros como rivales (cosa que de por sí ya acontecía en Sartosa e incluso en Aguas Turbias por lo que tengo entendido) otras veces se vio el caso opuesto donde hubo una que otra colaboración entre “hermanos piratas”. Tales colaboraciones muchas veces fueron necesarias cuando se hacía más presente el resto de naciones que dominaban el mar como nosotros. Tal fue el caso de cuando la primera flota pirata que era originaria de Sartosa se topó con los dichosos cruceros de acero de la nombrada nación del fuego que resulto en una victoria aplastante para estos últimos cuando se dio la confrontación entre ambas fuerzas. Cosa similar ocurrió cuando se dio un encuentro entre una flota de la descubierta Noxus que acabo con una compañía de los nuestros.
Contrario a los habitantes de Aguas Turbias que ya parecieron conocer de antemano a los noxianos (ya fuese por temas comerciales u hostilidades) y a raíz de eso supieron adaptarse mejor cuando les tocó enfrentarse por primera vez a los de la nación del fuego.
Fue a raíz de la colaboración mutua entre ambas partes que se intercambió conocimiento de ambos para afrontar los peligros que uno ya conocía. Fue ahí que los habitantes de Sartosa pudieron disponer de la munición que usaba Aguas Turbias en sus cañones para enfrentarse a los acorazados noxianos y por ende a los de la nación del fuego que eran similares al ser ambos barcos no movidos por velas a través del viento, sino por la maquinaria interna que lo empujaba a cualquier dirección que desearan. Eso sin contar con el hecho de la presencia de nuevas criaturas marinas que hacia tener mayor precaución en navegar por el mar dado que incluso hubo ejemplares que eran desconocidos para ambas facciones.
Y así fue que en base a ello el tener que generar relaciones personales con gente de confianza. Una necesidad que con el pasar del tiempo agradecí tener dado a lo solitario que podría tonarse esta vida si no hay nadie en quien confiar.
Todo empezó en la temporada pasada. Éramos una compañía de cuatro barcos: el Kymera, nuestra escolta de el Demiurge, el Alastor, y el Diadem. Como siempre nos habíamos dedicado a asaltar y saquear cualquier embarcación que se pudiesemos encontrar y fuera una presa sencilla de abarcar o por lo menos de que los cuatro tuviéramos oportunidad de lidiar si nos sobrepasaba por separado. Fue una de esas ocasiones que yo aviste a un barco de tesoro tileano que suponía que regresaba de Arabia. Destaco el hecho de que esta iba a una velocidad anormal dándome cuenta la intensidad de la corriente de aire que no era la adecuada como para que mantuviera su movimiento fijo. Curiosidad que no se apagó y ordene a mi tripulación perseguirlo… fui un maldito necio.
Dentro del barco no encontramos a nadie tripulándolo, yaciendo como si de primeras nunca hubiera sido abordado, si no fuera por todos los víveres y lámparas que aun permanecieron encendidas y era claro que alguien debió de haberla encendido en primer lugar. Mientras mas permanecía en el sitio más ofuscados nos encontrábamos mi tripulación y yo, y sin duda teníamos una mala espina del sitio. Lo único que pareció rescatable de aquel sitio más allá de las baratijas que se pudo obtener y la exorbitante cantidad de oro ya fuera en forma de moneda o figuras. Fue ese sarcófago dorado que sin dudas suponía que debía de pertenecer a Arabia.
Trasladamos al sarcófago hacia el Kymera y lo colocamos a la bodega de popa. Tuve intención de ordenarle a mis hombres el reunirnos con nuestros compañeros que seguramente nos estarían esperando. Pero algo extraño ocurrió, en lugar de que mandara a retirarnos, extrañamente ordené partir hacia otra dirección que no era la deseada y pude notar en los ojos de mis hombres que definitivamente no era el único extrañado por seguir inconscientemente esos deseos.
Luego de nuestra partida, las pesadillas comenzaron a ocurrir, voces en una lengua que desconocíamos: oía una salmodia lejana, un canto apenas perceptible que resonaba en el aire. Un aroma a almizcle y especias, el lento pasar de barcas funerarias por un río tranquilo. Sacerdotes y bueyes, flautas, pesados tambores, el olor de tumbas de basalto recién hechas, abiertas por última vez. El sol poniente. Las estrellas que aparecían en el cielo. Una pirámide enorme que se alzaba por encima del meandro del río. Un millar de voces. El seco raspar de la arena que se apilaba. Sentía sed. Estaba reseco. Y sangre.
Luego lo comprendí. Esto sin duda pertenecía a las arenas de Khemri, mucho más antiguo que la ciudad en la que yo o alguno de mis asociados nació, saqueada de una polvorienta tumba. Era el auténtico tesoro maldito de un antiguo señor en su tumba real que fue perturbado su sueño por el atrevimiento de quienes nos precedieron a esta maldición. Su magia impía impregnada en nosotros como a la propia nave. El ser que habitaría en ese sarcófago tenía sed de sangre. Ésa era la maldición que le había impuesto al Kymera: matar, y matar, y volver a matar a todo lo ancho de las aguas del mar para encontrar sangre suficiente con la que saciar su sed eterna. Y hacerlo vivir una vez más.
Trate por todas mis fuerzas el deshacerme del sarcófago, implore incluso a mis hombres afectados en su voluntad que dieran todo de sí para poder deshacernos de eso tirándolo al mar abierto. No dio caso cuando ninguno tuvo la voluntad suficiente de sobreponerse a los designios del ahora sospechado rey no muerto que se había apoderado del barco.
No falto mucho para que mis hombres, obligados por una voluntad ajena a la suya, se comenzasen a matar entre sí para saciar la sed del nuevo ocupante. Luego, levantarse como no muertos a su completa merced.
No sé qué pensaría el rey muerte o mannan de mi destino y el de mi tripulación. Pero se de todas formas que mi destino será terrible.
Algunos de mis amigos, conocidos, rivales u enemigos me conocerán como Henri el Breton, o como Henri el rojo de Bretonia.
Si alguien lee esto es porque he conseguido transmitir los últimos pensamientos de lo que me queda de cordura, voluntad y vida. Que sea una declaración de lo que me ocurrió a mí y a mi tripulación con la maldición que yo impregne sin querer en la propia Kymera.
Para mis más cercanos: Luka Silvaro, Jeremiah Colmillo, y Reyno Mechón de Sangre. Perdónenme, les pido de antemano que me perdonen si consiguen leer esta carta. Pues dejare de ser yo mismo…
El capitán Fang se encontraba cerca del timón del crucero de gran tamaño contemplando la vista desde la ventana delantera. Como siempre, los altos mandos ordenaban a capitanes como él inspeccionar la frontera de su alcance en el mar en caso de que algún indeseado se atreviese a allanar las islas que conformaban a la nación del fuego.

Desde hace veintinueve años, las cosas para la nación del fuego se habían tornado casi en su contra. No supieron el nombre del fenómeno que junto el mundo que conocían con otros, ni que fue lo que lo provocó, pero lo que si supieron fue que la nación del fuego dejo de ser la única potencia cuando se toparon con otras naciones ajenos a lo que conocían.
Nadie sabe que ocurrió cuando la luz blanca envolvió todo a la vista, diseminándose del mismo modo en que apareció de manera repentina. Uno de los primeros indicios de que algo anduvo mal fue reaparición de los nómadas del aire que se supo días después, extraño de por si al saberse que estos debieron de encontrarse extintos para tiempos actuales luego de su histórico y “justificado” genocidio sesenta y nueve años atrás. Tal parecía que estos estuvieron tan desconcertados del mismo modo que los habitantes de la nación del fuego. Incluso sin conocer su destino los testigos aseguraron que los nómadas del aire avistados les preguntaron de porque todo se veía distinto a como era ase unos segundos en los que estuvieron explorando antes de que la luz blanca apareciera. No falto mucho para que estos fueron notificados a las autoridades correspondientes y la nación del fuego como en décadas pasadas persiguiera a estos “nuevos nómadas del aire”.
Muchos de los nómadas del aire consiguieron escapar del ojo de las autoridades, otros en cambio tras un gran esfuerzo por parte de varios miembros del ejército en el que decenas sino cientos resultaron heridos y en ocasiones bajas fatales en casos aislados, consiguieron capturarles. Tras los interrogatorios, descubrieron para su desconcierto que al parecer estos nómadas del aire eran gente que pertenecía a la fecha antes del genocidio por descabellado que sonara, o al menos eran lo que proclamaban cuando se le notificaba que se suponía que habían sido exterminados.
Otra de las cosas que acontecieron y que generaron consternación en la nación del fuego fue en la perdida de comunicación de las colonias de la nación del fuego y de los barcos que se encontraban cerca de su territorio marítimo. Tras mandar una expedición mandada por el ese entonces gobierno de Azulon fue que flotas de decenas de naves fueron mandadas para ver que era lo que estaba ocurriendo. De forma poco natural su demora en cruzar el océano fue notoria cuando no debieron de demorar tanto en llegar a la posición de las colonias o la flota que debieron de haberse encontrado de antemano. En cambio, se toparon con una serie de tormentas que les freno el paso a la flota expedicionaria que los obligo a retirarse notando que sería demasiado arriesgado seguir el rumbo.
De ahí pasaron los años en los que la nación del fuego pudo saber más de su nuevo entorno que había cambiado sin saberlo. Por dos décadas apenas se pudo averiguar las colonias perdidas de la nación del fuego que, para sorpresa de la propia nación, estas se independizaron dado la falta de comunicación que había entre ambas partes, actuando por su cuenta cuando lidiaban con los constantes ataques del ahora libre reino tierra que trataban de retomar los territorios perdidos.
Fang no sabía cuál era el nombre que adoptaron los de las colonias cuando le dieron la espalda a la nación del fuego. Pensaría que muchos nombres se les podía barrajar: reino de la lava, la república de la flama, la nación del magma, nación del fénix o del dragón del fuego, la nueva nación del fuego o el reino del fuego. Todos eran nombres que al azar que cruzaban por su mente. Lo que si sabía era que Azulon evidentemente no había tomado muy bien esta traición pese a que en cierto modo era justificable la independencia de las colonias a la falta de apoyo por tanto tiempo que anduvieron por su cuenta. Incluso cuando Azulon falleció, el actual líder e hijo de Azulon; Ozai, juro que algún día de estos retomaría las colonias que les pertenecían a la nación y que castigaría severamente a los desertores y su descendencia.
Y estaba claro que eso estaba lejos de suceder sin que tengan que lidiar con las crecientes amenazas que la nación del fuego enfrentaba actualmente. Entre ellos el imperio de Noxus (ubicado al oeste) represento una amenaza creciente a su vez como el rival directo de la nación del fuego entre todos sus antiguos como nuevos enemigos.
—¡Barco a la vista! —alzo a llamar la persona que tomaba el timón del crucero.
El Capitán Fang desenfundo su catalejo para mirar que a algunos kilómetros efectivamente se pudo apreciar la silueta de un barco. Había un grandioso buque rojo: Medía doscientos veinte pasos de eslora y llevaba cuarenta cañones. De él parecía manar una niebla calinosa, misteriosa.

Tan repentinamente como se avisto al barco, el cielo antes soleado de un momento a otro se puso negro. Con un fuerte viento que fue notado por el capitán y las personas cerca de el desde la vista hacia la cubierta donde sus hombres trataban de mantenerse en pie. La luz se puso de color marrón por las nubes mientras el aire cargado causaba cosquilleo debido a la electricidad estática. En la misma cubierta cayeron las primeras gotas de lo que se suponía debía de ser agua, oscuras como la sangre. Relámpagos cayeron desde detrás de su posición, y el mar comenzó a cubrirse de crestas blancas. Los rayos destellaban en la tormenta creciente. Destellos de luz blanca candente a lo largo de las orillas del crucero.
Todos aquellos fenómenos le produjeron una mala sensación al Capitán Fang y sus tripulantes. El saber que lo que en las supersticiones de antaño, la magia era una de ellos cuando se confundía con el control elemental y las cosas relacionadas a los espíritus que conocían en concepto. Ahora tras ese fenómeno y años que la nación del fuego tuvo sus encuentros con otras potencias. Finalmente, la magia había dejado de ser un mito a ser algo que era de temer.
Ante la aparente amenaza, el Capitán Fang no perdió el tiempo y mando a preparar las catapultas. Las ordenes de ataque fueron dadas y los encargados de la artillería se posicionaron para preparar la munición. El poco tiempo las cadenas fueron movidas y de un galón, el proyectil que era una bola de metal con pinchos envuelto en llamas fue arrojado a gran altura como a una velocidad impresionante comparado a otras catapultas que serían incapaces de llegar a eso.
Tomo segundos para que el proyectil de gran tamaño impactara de lleno con el galeón. Cualquier barco hubiera resultado perjudicado ante tal proyectil además del hecho de estar envuelto en fuego que hubiera encendido las velas o incluso la madera del propio barco. No resulto ser ese el caso cuando la bola metálica exploto de lleno y no dio indicio de perjudicar al buque, permaneciendo intacto al impacto como al fuego resultante que se disipaba.
El buque luego giro en su ángulo hacia su derecha para poder tener rango de tiro una vez desplego los cañones a su costado. El barco disparo, haciendo que le silbido venido luego de las detonaciones de los cañones zumbara para el desconcierto de la tripulación en la cubierta que trataba de devolver el fuego por más que con cada intento resultase en lo mismo.
Las bolas de hierro negras con púas que funcionaban como las balas de cañón (similares a las de la nación del fuego) impactaron sobre el casco del crucero. Cabía señalar que ya la flota naval de la nación del fuego estaba a acostumbrada a lidiar con aquellas armas que en un inicio resultaron ineficaces en los primeros enfrentamientos que se tuvo en alta mar. Solo fue con el pasar de los años que sus diversos enemigos consiguieron emplear munición que conseguía penetrar sus barcos y otros en forma de explosivos que sin duda hizo que se convirtiera en uno de los factores por los que el dominio del mar que tenía la nación del fuego se quebrace.
Tras el impacto, estas lograron traspasar el casco, dando posteriormente un incendio de fuego rojo que envolvía el metal y comenzaba a expandirse por poco creíble que fuera sobre el interior del crucero. A los desafortunados que se encontraron cerca del impacto las llamas los consumieron, siendo atendidos por muchos de sus compañeros que usaron su agua de reserva en caso de accidentes con el motor de vapor o por incendios en general para apagar el fuego. No obstante, el agua no surtía efecto en poder apagar las llamas antinaturales que consumían los cuerpos de los tripulantes afectados, ni siquiera los golpes parecieron surtir efecto alguno. Parte de los afectados optaron por lanzarse al agua del mar abierto, solo para descubrir que ni así las llamas se apaciguaban.
Las bolas de cañón que permanecieron todavía en el interior del crucero se aferraron a la superficie metálica con las púas siendo la principal causante de su agarre firme que nadie se atrevía a tocas por la forma en que las púas parecieran cambiar de longitud a voluntad con cada persona que se acercaba a ellas.
Sin ver otra forma de deshacerse del fuego. Los que se encontraron en la cubierta aprovecharon que el fuego rojo se extendía a su alcance para poder emplearlo y hacer los movimientos requeridos como cualquier maestro fuego para arrojarlos devuelta hacia el buque misterioso.
El fuego rojo impacto contra el objetivo, y esta vez pareció haber un estruendo atronador similar a un rugido que se escuchó cuando fue visible ver que las llamas perjudicaron al navío por sus recientes quemaduras. Fue entonces que los que habitaron la cubierta no tardaron en dar a conocer el detalle y los maestros fuego propusieron a los artilleros el emplear el fuego sobrenatural para usarlo contra el buque del que provenía. No obstante, eso solo avivo al buque a arremeter con más salvas que perjudicaron el estado del crucero. Dos de las balas de cañón alcanzando el motor de vapor que en consecuencia exploto.
Una onda expansiva se produjo ante los tripulantes en los breves segundos que tuvieron antes de partir de este mundo. Muchos fueron los cuerpos que fueron despedazados u quemados por la explosión. Ya fueran soldados o ingenieros, ninguno pudo salvarse.
Una última salva del buque maldito no tardo en destrozar lo que quedase del crucero junto a sus tripulantes. Con su primera víctima en el mar, fue a partir de entonces que aquel buque anteriormente llamado como el Kymera, pasaría ser conocido como el barco del carnicero frente a la reputación que conseguiría a futuro por su indiscriminada matanza.



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