Capítulo 1 "Linaje de gatos"
El reino entero estaba de celebración. La ceremonia, que se extendía por tres días, era una de las más esperadas del año, pues no solo se honraba a la familia real, sino que marcaba un evento trascendental: el príncipe heredero había alcanzado la mayoría de edad.
Ahora, ya no sería solo un heredero que recibía formación y cumplía con apariciones simbólicas. Con la adultez llegaban las verdaderas responsabilidades, deberes ineludibles y, por supuesto, las presiones matrimoniales.
Xavier lo sabía, siempre lo había sabido, pero eso no significaba que estuviera apresurado o que siquiera le agradara la idea. Menos aún cuando su propio padre había sido quien le presentó una lista de candidatas entre las que debía elegir.
Desde el amanecer, había estado rodeado de cortesanos, nobles y emisarios que no desperdiciaban la oportunidad de felicitarlo y recordarle lo maravillosas y virtuosas que eran algunas de las jóvenes seleccionadas. Su padre había aprobado la lista en la corte para que las muchachas tuvieran la oportunidad de compartir su vida con él.
Dos días de lo mismo. Dos días de sonrisas, reverencias y susurros disfrazados de consejos.
—Mi hija es una verdadera joya de la nobleza, virtuosa y con una educación impecable.—Sería un honor que tuviera a la hija del marqués en consideración.—Solo eche un vistazo, ¿acaso no es el epítome de la gracia?
Xavier había perdido la cuenta de cuántas veces asintió con cortesía o de cuántas manos había besado con la elegancia que se esperaba de él. La mayoría de las jóvenes se mostraban tímidas, como si el simple hecho de hablarle fuera una hazaña.
Para cuando el segundo día estaba por terminar, su paciencia estaba agotada. Aunque se había prometido permanecer en la velada hasta el final, la idea ya no le resultaba atractiva, así que decidió desaparecer un momento en el balcón. Para su suerte, permanecía a oscuras, por lo que los invitados no se atrevían a ir.
—Deberían darme un maldito premio por sobrevivir a esto... —susurró, caminando con una copa en la mano.
Se preguntó cuánto tiempo podría permanecer allí antes de que su padre lo encontrara y le insistiera en volver a la pista de baile. Pasó una mano por su cabello, despeinándose un poco, y suspiró.
No es que estuviera en contra del matrimonio. Simplemente no encontraba a alguien que le hiciera sentir que valía la pena todo eso.
Xavier apenas había logrado unos minutos de paz cuando escuchó pasos acercándose. Exhaló, preparándose para una conversación indeseada.
Y entonces la vio.
Cuando ella sostuvo su mirada en él, su cuerpo se tensó y se detuvo de golpe. Llevaba una copa de vino en la mano y los ojos ligeramente abiertos por la sorpresa, como si no hubiera esperado verlo allí.
Xavier también se tensó, esperando algún comentario ensayado, pero en su lugar la vio llevarse la copa a los labios y beber un trago sin moverse. Se obligó a ser cortés.
—¿Estás bien? —preguntó, midiendo su tono—. Pareces inquieta...
Ella pareció recomponerse de inmediato. Bajó la mirada con elegancia y le dedicó una reverencia medida, de esas que no eran demasiado profundas pero tampoco caían en la falta de respeto.
—Estoy bien, su majestad.
Su voz era suave, pero temblorosa. Dejó su copa sobre la barandilla y prendió una de las tres lámparas del balcón, dándole una tenue iluminación mientras le hablaba.
—Le felicito por su cumpleaños...
Xavier ladeó ligeramente la cabeza, siguiendo sus movimientos. Cuando ella volvió a mirarlo, sintió que aquella felicitación había sido la más sincera y sin apariencias que había recibido en toda la noche.
Eso le hizo reír.
—Gracias... —asintió con un gesto leve—. Puedes llamarme solo Xavier.
Ella le sonrió, pero él notó cómo sus dedos mostraban una ligera inquietud sobre la copa que sostenía.
—¿Estás segura de que estás bien? —insistió con cierto aire de curiosidad. Le resultaba extraño que alguien llegara a hablar con él sin entusiasmo por presumir su linaje—. No pareces cómoda...
Ella caminó hacia la baranda del balcón y miró hacia abajo. Estaba a solo una baranda de tocar el césped. Volvió a tomar un sorbo de su copa, dejando que el vino calmara un poco la tensión en su pecho.
—Perdóneme si parezco algo inquieta —dijo, dejando que la suavidad de su voz se filtrara entre las palabras—. Es solo que no puedo sentirme del todo cómoda cuando veo a mi padre charlando con tantos posibles pretendientes para mí...
Hizo una pausa, como si sopesara qué decir a continuación.
—No creo que sea apropiado que busque con tanta insistencia en una fiesta que no tiene ese objetivo.
Xavier la observó en silencio por un momento, fijando sus ojos en ella. Algo en su tono le resultaba familiar.
Estaba experimentando lo mismo en ese momento. La presión constante, las miradas inquietas.
—Te entiendo... —susurró—. A veces los padres se ponen ansiosos por ver a sus hijos casarse. Veo que el tuyo no esperó a la temporada...
Ella suspiró y mordió su labio. Xavier la observó atentamente, notando cómo sus hombros se relajaban un poco, como si escuchar que alguien más la comprendía la hiciera sentir menos sola.
—A veces, lo que esperan de nosotros no coincide con lo que realmente queremos.
La joven asintió sin decir palabra. El silencio los envolvió por unos minutos.
—Es lamentable, ¿no? —dijo ella, con una ligera sonrisa en los labios—. Para mi padre, lo peor que podría pasar es que termine soltera, criando gatos...
Xavier parpadeó, desconcertado. Por un instante, pensó que iba a decir algo serio, pero en lugar de eso frunció el ceño, fingiendo indignación.
—Vaya desgracia —dijo, llevándose una mano a la frente—. Una dama noble... rodeada de criaturas peludas y altivas. Terrible.
Ella soltó una risa, divertida por su tono exagerado.
—Lo peor de todo es que me encantan los gatos —admitió con un brillo en los ojos—. Si mi destino es ese, bienvenido sea.
Xavier la vio alzar su copa y beber lo último que le quedaba de vino.
—Veo que los gatos te harían más feliz que un matrimonio.
Ella encogió los hombros con una expresión divertida.
—¿Qué le puedo decir? Al menos ellos son honestos...
Xavier se echó a reír ante su sinceridad.
—No te lo puedo negar. Creo que a tu padre le debe preocupar más tu preferencia por los gatos que elegir un buen prospecto para bendecir su familia.
Ella dejó escapar una risa nerviosa sin perder la compostura.
—Al menos a mis gatos no los obligaría a aparearse para conservar el linaje.
La broma salió con una ligereza que la sorprendió a ella misma.
Xavier no pudo evitar reír más fuerte, más de lo que hubiera querido. La imagen se formó en su mente: gatos nobles, linajes siendo ignorados... Le pareció absurdamente divertido.
—Perdón... Creo que fui algo imprudente —la escuchó decir. Vio cómo su mirada se desviaba y se notaba incómoda—. No es mi intención sonar inapropiada...
Xavier, aún sonriendo, levantó una mano en señal de calma.
—No te preocupes —respondió con suavidad—. La verdad es que prefiero una conversación ligera como la tuya a todas las que he tenido esta tarde.
Ella lo miró sorprendida y algo aliviada; una sonrisa se asomó en sus labios.
—Entonces, si alguna vez decides criar gatos, asegúrate de que sean de una buena familia —dijo él—. Quién sabe, quizá pueda unirlos con los míos si sigo tu camino...
Ella soltó una risa tímida; la tensión se disipó, dejando risas flotando como luciérnagas.
Esta vez, de forma más segura, le sonrió y dijo:
—Realmente me disculpo si he sido imprudente... Así lidio con cosas que se escapan de mi control.
Xavier le sonrió.
—Lo digo en serio, no me molesta. Tienes una visión particular de la vida noble... Eres una compañía agradable.
—En ese caso, me podría convertir en su bufón si quiere —dijo la chica con una sonrisa y susurró por lo bajo—. Hasta ese destino sería más honorable para mi padre que la posibilidad de que solo críe gatos...
Xavier alzó una ceja, divertido por la idea. Se llevó una mano a la barbilla y la miró con complicidad.
—¿Un bufón, dices? Eso suena intrigante. Me imagino que traes un arsenal de bromas y comentarios sarcásticos, ¿no es así?
La chica le sonrió y, desviando la mirada, respondió:
—La verdad es que no, solo improviso.
Luego, devolvió la mirada hacia él y le guiñó un ojo.
—Así que, si no logro hacerle reír, al menos se podrá emocionar mandándome a cortar la cabeza...
La risa de Xavier se hizo profunda. No esperaba que también tuviera un humor negro.
—No te preocupes, tu cabeza continuará intacta...
Ella tocó su cuello con un dedo, haciendo una ligera presión mientras sonreía.
—Me alegro, me gusta mi cabeza —lo miró y, con algo de ironía, susurró—. Aunque no sea tan atractiva como las pretendientes que lo rodean, su majestad.
Xavier la observó por un momento. Su tono sonaba honesto, como si realmente creyera que no era atractiva. Se mordió el labio. No quería sonar imprudente, porque la veía y no entendía quién le había mentido así como para hacerle creer eso de sí misma.
—Yo creo que eres... encantadora —respondió con una sonrisa—. Y creo que esa cabeza tuya tiene más carácter que muchas de las que he visto hoy...
Ella se detuvo un momento, sorprendida por la respuesta. No era lo que esperaba, pero no podía evitar sentirse aliviada de que alguien, aunque fuera alguien que apenas la conocía, pensara de esa manera.
Soltó un respiro.
—Gracias...
Un pequeño silencio fue apagado por su risa, como si se hubiera acordado de algo particularmente gracioso.
—Ojalá mi padre pensara como tú —dijo con un suspiro teatral—. Así no estaría buscando un pretendiente con edad para ser abuelo...
Con sutileza, señaló hacia su padre, quien conversaba animadamente con un grupo de hombres de cabellos grises y espaldas encorvadas por los años.
—Vaya... —murmuró Xavier, arqueando una ceja sorprendido, pero su voz cambió a un tono divertido—. Tal vez deberías decirle a tu padre que te interesan personas que no doblen o tripliquen tu edad...
Se giró para mirarla.
—Apuesto a que si se lo dijeras, pegaría un grito en el cielo.
Ella no tardó en soltar una carcajada, y él no tardó en seguirla.
—La verdad es que no tiene tanta fe en mí como para creer que un joven con buen título quiera cortejarme, su majestad.
La chica, con dramatismo, comenzó a abanicar un poco de viento con su mano. Volvió su vista a él y le guiñó un ojo.
—Aunque me asusta más que mi futuro esposo sufra un infarto porque se me ocurrió contarle algo gracioso o imprudente...
Xavier la miró fascinado. Había algo en la forma en que hablaban, sin reservas, sin rigidez como lo hacía la mayoría de las personas a su alrededor, que lo hacía sentir cómodo. No se esforzaba por quedar bien o medir sus palabras.
—No digas eso... —dijo con un tono más serio, mirándola de reojo—. Hay personas a las que les gustan mucho las mujeres con sentido del humor. Además, si tu futuro marido muere por unas cuantas risas, entonces no es apto para ti. Necesitas a alguien con más vigor, ¿no crees?
La chica le ofreció una sonrisa. No sabía cómo sentirse después de que aquellas cosas que él veía como positivas solían traerle problemas.
—Me alegra saber que usted tiene una mente más abierta. Quien sea su esposa tendrá un gran hombre a su lado.
Él sonrió, sintiendo aquellas palabras como un genuino halago.
—Aunque es una lástima que no tenga la oportunidad de morirme de la risa.
La chica parpadeó, sorprendida por el comentario. Pero él soltó una pequeña risa que la distrajo.
—La vida dentro de la corona no es precisamente divertida —dijo con un tono más bajo—. No le digas a nadie, pero a veces se me hace muy aburrida...
Ella estuvo a punto de tocar su hombro, pero se detuvo cuando sus dedos rozaron la tela de su traje.
—Eso suena triste... —murmuró—. Es una lástima, espero que se case con alguien hilarante...
—¿Alguien como tú? —le preguntó, mirándola con una sonrisa.
Ella sonrió y negó con la cabeza.
—Dudo que alguna de las jóvenes nobles que postulan para ser su esposa se atreva a faltarle tanto el respeto como lo he hecho yo en este rato...
Xavier dejó escapar una carcajada.
—Bueno, es entendible que no lo hagan —respondió con tono despreocupado—. Muchas veces son tímidas, no se arriesgan a perder su reputación solo por intentar hacerme reír.
Pero, de pronto, la expresión de Xavier cambió. Levantó una ceja y su mirada adquirió un matiz afilado, casi malicioso. Se inclinó hacia ella despacio, con un aire diferente al usual.
—Además... —continuó con voz baja, como si estuviera compartiendo un secreto—. Quizás algunas se preocupan por lo que pasaría si se vuelven demasiado cercanas al príncipe heredero.
La sonrisa se esbozó en sus labios. No era cortés, realmente estaba disfrutando ver su reacción.
Ella entrecerró los ojos, dándose cuenta del sutil cambio en la conversación—. Por supuesto —respondió con una sonrisa enigmática—, es natural que valoren su reputación...
Pero, en el fondo, lo que realmente pasaba por su mente era otra cosa.
Él la estaba probando.
Y si creía que ella se dejaría intimidar, estaba equivocado.
—Eso es correcto —respondió él con una sonrisa tranquila—, pero veo que no tienes ese problema.
La chica levantó una ceja, entretenida con la dirección que tomaba su conversación. Para él, había algo en su actitud que lo mantenía atrapado: aquel aire despreocupado y audaz que contrastaba con la delicadeza de la nobleza.