A Better Hwang | HYUNHO

Summary

Solo lean →Smut →Infidelidad →Leve SamHo →Hyunjin Top | Minho Bottom Créditos de la historia original a @hhyunjinsomnia en Wattpad

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Unique

Sam y Minho llevan siendo novios ya un tiempo, cinco meses.

Al principio, todo parecía ser un cuento de hadas para Minho. Sam era todo un caballero, era tierno, cariñoso y detallista, por lo menos los primeros dos meses de relación. Después, todo comenzó a ir en picada cuando Sam dejó ver su verdadero ser: alguien arrogante y egocéntrico, con muy poca responsabilidad afectiva.

Aún así, Minho decidió seguir su noviazgo, pues el amor que tenía por Sam era mayor que el propio. Comenzó a mendigar amor y atención.

En el único ámbito en el que Minho sentía un poco de química con su pareja era a la hora de tener sexo. Sam amaba cogerse a Minho hasta el cansancio y Minho estaba gustoso de tener un poco de la atención del rubio.

Justo como ahora, que se encuentran en la habitación del mayor besándose salvajemente, sin tacto. Sam tragándose los gemidos ajenos, toqueteando desesperado la tersa piel debajo de la camisa de Minho.

Paulatinamente abandona los rojizos labios de su pareja para descender sus besos a su cuello, donde se quedó un rato mordiendo y succionando buscando dejar marcas, una vez satisfecho con su trabajo, siguió bajando hasta el pecho plano para juguetear un poco con los pezones de Minho, sacándole gemidos. Y así continuó bajando hasta que tuvo su rostro frente a la bonita entrada ajena, la cual profanó con su lengua sin preguntar.

A Minho le incomodaba un poco cuando Sam le comía el culo, pero sabía que si decía algo él lo dejaría con enojo olvidado en la cama, así que solo callaba.

Sam jodió el agujero con el músculo varios minutos, hasta que sintió que estaba lo suficientemente resbaladizo para meter su miembro erecto sin ningún otro tipo de preparación además de su lengua. Minho tampoco se quejaba mucho, porque el rubio no era especialmente grande, simplemente promedio; aún así, el ardor era inevitable, sacándole un gemido quejumbroso al sentir al contrario adentrarse duramente en él.

Sin esperar mucho más, el mayor comenzó a moverse rápido y tosco, no realmente profundo ni llegando a tocar el punto mágico de Minho, pero de todas maneras sacándole gemidos obscenos que iban en armonía con sus jadeos y sus pieles chocando, el castañito masturbándose al ritmo de las estocadas de su pareja buscando una mayor estimulación.

Como siempre, Sam terminó primero, dejando su semilla dentro de Minho, llenándolo, para luego salir de él rápidamente e ir a bañarse, dejando a Minho aún con su erección. Pero él ya estaba acostumbrado, así que solo siguió tocándose hasta que terminó, aunque de manera insatisfactoria como cada vez.

Después de un rato, el alto salió del baño, totalmente limpio y arreglado para salir con sus amigos. Apenas miró a Minho al despedirse diciendo que tal vez no regresaría hasta mañana, pero que podía quedarse en el departamento si desea, que su hermano no haría problema. Minho solo suspiró y fue a bañarse él también.

Una vez limpio, agarró simplemente una camiseta de Sam y un interior que tenía en un cajón de su ropa. Fue a la pequeña sala del departamento, se acomodó en el sofá y prendió el televisor, empezando a buscar qué ver hasta que encontró un dorama que llamó su atención y lo empezó a ver.

Los protagonistas de la serie eran tan lindos, tenían citas románticas y se profesaban amor puro y eterno. Eran todo lo que Minho alguna vez soñó ser con Sam. Su mirada entristeció ante la comparación, sintiéndose un tonto cuando las lágrimas comenzaron a escapar de sus ojos silenciosamente. aún mirando las bonitas escenas, anhelando alguna vez poder vivir eso.

Salió de su trance avergonzado cuando escuchó la puerta del departamento abrirse, viendo a Hyunjin, el gemelo de Sam, entrar. Rápidamente Minho se limpió las lágrimas y siguió viendo el televisor como si nada.

—Hola, ¿y Sam? —preguntó Hyunjin, sentándose al lado del castaño en el sofá, con un poco de distancia para no incomodarlo.

—Hola... salió hace un rato, pero dijo que me podía quedar, ¿o te molesta? —respondió bajito, tímido y algo avergonzado evitando la mirada contraria para que no vea sus pestañas aún húmedas.

—No, tranquilo, puedes quedarte. Iré a darme una ducha. —le sonrió suave al menor aún si este no lo veía directamente, parándose para dirigirse a su habitación y poder bañarse.

Minho, un poco cabizbajo, asintió apenas y siguió mirando la pantalla del televisor cuando Hyunjin se fue.

No conocía mucho a Hyunjin, nomás de lejos, pues compartía el departamento con su gemelo y Minho pasaba bastante tiempo ahí, se saludaban y a veces charlaban un poco del día, pero no eran realmente cercanos. Aún así, Hyunjin le parecía un chico dulce y amable. Nunca lo trató mal y siempre le daba pequeñas sonrisas. A veces hasta lo ponía un poco nervioso porque era bonito.

Físicamente, Hyunjin y Sam eran iguales, pero era fácil diferenciarlos porque Sam tenía el cabello teñido de rubio y lo traía largo, en cambio Hyunjin lo tenía corto y de color negro. Además, sus estilos también eran distintos, mientras Sam vestía colores pasteles o neutros, Hyunjin vestía en su mayoría ropas oscuras y holgadas. La apariencia del pelinegro era más ruda que la de Sam, pero su forma de ser era amable y educada.

A veces quisiera que Sam fuera más así, que lo hiciera sentir bien y le regalara sonrisas.

Inevitablemente las lágrimas que apenas pudo contener volvieron a brotar de sus ojos. Subió un poco más el volumen y trato de ahogar los hipidos para no llamar la atención del mayor en la casa.

Hyunjin había olvidado su celular en la entrada, por lo que bajó rápidamente antes de entrar a la ducha, su camisa ya sin cubrirlo. Lo que no esperó ver al bajar fue a Minho hecho bolita en el sofá, llorando silenciosamente mientras veía el dorama en la pantalla del televisor.

Preocupado, sin pensarlo mucho, se acercó a él, alarmando un poco a Minho cuando lo notó a su lado.

—¿Estás bien? —preguntó Hyunjin encorvandose un poco a la altura del menor, quien asintió limpiándose bruscamente sus lágrimas.

—Sí, hyung. tranquilo, solo es la serie. —Minho trató de sonreír, aunque su voz sonó rota.

—Minho, también te vi al entrar... —el tono de preocupación en su voz era notable y el castaño no sabía dónde esconderse —No quiero ser entrometido ni incomodarte, pero si algún rato lo necesitas puedes contar conmigo, ¿si?

Minho por fin conectó sus ojos con los contrarios y se sintió tan vulnerable ante esa mirada tan transparente; sentía que veía a través de él, y se sentía apenado, pero también era un poco reconfortante. Asintió apenas.

—Es... es algo tonto la verdad, no quisiera molestarte. —estaba pensando seriamente si abrirse sobre su relación ante Hyunjin, pues no se lo había contado ni siquiera a su mejor amigo. El pelinegro negó con la cabeza y, despacio, acarició una mano del menor, buscando transmitirle confianza, cosa que pudo lograr, pues el castaño siguió —Bueno, es sobre mi relación con Sam... —comenzó suave, aunque fue interrumpido por un pequeño bufido del mayor.

—¿Y ahora qué hizo ese imbécil? —el rostro de Hyunjin se endureció y Minho estaba algo sorprendido, porque nunca había visto que los gemelos se llevaran mal, aunque tampoco eran demasiado unidos.

—Verás, al principio nuestra relación era muy bonita; él era detallista y cariñoso, me sentía muy feliz. —empezó su historia, contando esa parte con destellos de melancolía en sus ojos y una pequeña sonrisa —pero ya no es lo mismo desde hace un tiempo... —su sonrisa se desvaneció y su mirada se apagó —comenzó a ignorar mis mensajes y llamadas, dejó de ser cariñoso y de darme besos, los pequeños regalos y detalles se esfumaron. Incluso a la hora de tener relaciones ya no es lo mismo, el único que satisface sus necesidades es él. —se sonrojó un poco contando la última parte, y apartó la mirada, se sentía un poco ridículo.

Pero sintió un suave toque en su mentón, pues la mano de Hyunjin lo sostuvo con delicadeza e hizo que sus miradas vuelvan a conectar. El pelinegro se veía enfadado pero también se veía triste.

—No mereces ese trato, Minho. ¿por qué sigues con él? —en su voz pudo notar la amargura, aunque siguió siendo suave.

—Porque quise aferrarme a lo que alguna vez fuimos, porque lo amaba... pero ya no sé, estoy cansado. —las lágrimas se volvieron a acumular en sus ojos y un par se le escaparon.

El alto se acercó con cuidado, agachándose un poco más, y limpió aquellas lágrimas rebeldes con sus labios, dando pequeños besos. Minho sintió una corriente atravesar su espina dorsal.

—Yo puedo darte todo lo que Sam no te dio. —el corazón del castaño se detuvo unos instantes al escuchar la voz de Hyunjin siendo más gruesa y su aliento chocar contra sus temblorosos labios.

No sabía cuándo el mayor se había acercado así, pero no se quejaba en absoluto. Simplemente soltó un jadeo tembloroso, viendo directamente a los gruesos labios ajenos.

Hyunjin se acercó más, rozando sus belfos con los contrarios, pidiendo permiso para el siguiente movimiento. Aún así, fue Minho quien rompió la inexistente distancia para por fin unir sus labios, ahogando un pequeño jadeo en la cavidad contraria.

Era un beso lento, lleno de emociones mezcladas; había un poco de culpa y amargura, pero la pasión y excitación dominaban por mucho sus movimientos. Habían formado una danza acalorada que tentaba en convertirse en su nueva droga.

Sin despegarse ni un milímetro se acomodaron mejor en el sofá, con Minho acostado con Hyunjin entre sus piernas encima suyo, quien se sostenía de sus codos colocados a los lados de la cabeza del castaño.

La temperatura en el ambiente se elevaba gradualmente por el calor que emanaban ambos cuerpos que deseaban más. Las manos de Minho fueron dejando la timidez y empezaron a recorrer al mayor, sus hombros y ancha espalda, sus gruesos brazos, su pecho firme, su cuello y terminando en su nuca, enredando sus dedos en la corta cabellera negra de Hwang.

Hyunjin, tratando de acomodarse mejor, rozó su erecto miembro con el del contrario, sacándole a ambos un gemido ahogado en su insaciable beso. Fue un pequeño movimiento que hizo perder la locura de los dos chicos, ahora Hyunjin empezaba un vaivén creando fricción, simulando duras embestidas que estaban enloqueciendo al menor. Minho, por instinto, abrió más sus piernas para facilitar los roces, sumándole al hecho de que solo traía el interior de Sam que ahora estaba mojado de su pre-semen, creaban una sensación intensa que enloquecía a ambos.

El aliento empezaba a faltarles, así que se separaron con fastidio, sus respiraciones pesadas y agitadas intentando regularse un poco en vano.

El pelinegro se enderezó para tener una mejor vista de Minho, quedando maravillado con la obra de arte que empezaba a crear. Los pomposos labios ajenos estaban rojos e hinchados, un poco entreabiertos tratando de recuperar aire, su cabellera castaña desordenada con algunos mechones pegados a su frente con el sudor que adornaba su sonrojado rostro, sus ojos brillantes con las pestañas húmedas. Era tan malditamente hermoso, sentía que iba a perder la cabeza.

El único defecto que tenía eran las recientes marcas que su gemelo había dejado en el cuello de Minho, pero Hyunjin se encargaría de borrarlas con sus labios y crear unas nuevas encima de ellas.

Se lanzó directamente al cuello maltratado para repartir besos húmedos que provocaban cosquillas en el menor. Lamió y succionó suave para evitar que le duela tanto. Minho gemía y chillaba del placentero dolor.

Después de un rato, contento con sus resultados, Hyunjin subió su rostro para devorar los labios de Lee, ahora en un beso más salvaje, con sus lenguas enredándose y sus dientes chocando. Llevó sus manos a las expuestas piernas ajenas, acariciando los lechosos muslos de Minho con deseo, cada tanto dándole pequeños apretones que provocaban gemidos en el castaño.

Una vez más rompieron el beso, esta vez Hyunjin despojó desesperado a Minho de las únicas dos prendas que lo cubrían, tirándolas en alguna parte que no importaba; luego él se quító sus propias ropas terminando con el mismo destino que las contraria. Ahora ambos estaban completamente desnudos, sus pieles ardiendo y anhelando nuevamente el toque foráneo.

Hyunjin se tomó su tiempo y empezó a acariciar la piel de porcelana de Minho, dejando pequeños besos sobre ella. Sus grandes manos envolviendo su fina cintura, luego paseando por sus definidos abdominales hasta que sus dedos llegaron a los erectos pezones ajenos, los cuales comenzó a pellizcar y frotar, sacándole gemidos agudos. Minho se retorcía ante el toque, encorvando su espalda y sus manos aferrándose al sofá.

El pelinegro inició otro osculo, aunque no duró mucho, pues sus labios hicieron un sendero de besos hasta llegar a la entrepierna ajena, rozando sus labios por toda la longitud un par de veces. Dio varios besos en la punta del bonito pene erecto y bajó otro poco, dobló las carnosas piernas hasta que sus rodillas toparon la barbilla del menor y se terminó de posicionar frente a la entrada ajena, su nariz rozando el palpitante anillo.

Minho entendió las intenciones ajenas y se removió un poco, inseguro, pues cuando Sam lo hacía no le gustaba. Hyunjin lo notó, así que conectó sus ojos con los del castaño sin alejarse de su entrada.

—¿Puedo? —preguntó Hwang suave, el aire golpeando los testículos y el anillo de Lee, enviándole corrientes eléctricas.

Aún con algo de incertidumbre, Minho asiente despacio, confiando en Hyunjin, dándole la oportunidad de seguir con su plan. El alto le sonrió con ternura y, lentamente, fue insertando su lengua en la cavidad del menor.

Minho abrió la boca pero ningún sonido salió, los gemidos se le quedaron atorados en sus cuerdas vocales, sus manos se sujetaron de los cortos cabellos negros del mayor y su espalda se arqueó. La sensación de la experta lengua de Hyunjin penetrando y saboreando su entrada era algo que nunca había experimentado con Sam ni con nadie.

Nunca creyó que alguna vez en su vida disfrutaría algo así, pero ahí estaba, meneando sus caderas tratando de hundir lo más que pueda la lengua ajena en su interior, sintiendo la nariz respirar sus pequeños bellos púbicos.

Cuando Hyunjin ingresó dos de sus largos dedos en su entrada sin dejar su lengua quieta, Minho comenzó a sentir las lágrimas nublarle la vista. El estímulo del músculo penetrando a la par de las falanges de Hwang lo estaban volviendo loco.

Después de unos minutos más así, Hyunjin sintió que fue suficiente, así que, con algo de lástima y lentamente, sacó sus dedos y su lengua del interior de Minho, dejando un pequeño hilo de saliva que se cortó rápidamente cuando Hwang se enderezó.

—Ahora lo meteré. avísame si te estoy lastimando o quieras que me detenga, ¿sí? —preguntó el alto con suavidad, viendo como el menor asentía despacio, algo tímido. Tierno.

Dicho y hecho, Hyunjin agarró con una mano su falo para alinearlo a la entrada y la otra la usó para aferrarse al tembloroso muslo ajeno y mantenerlo en una posición que sea accesible. Lentamente empezó a ingresar en el menor, pausando cada tanto y agachándose para repartir pequeños besos en el rostro del castaño, buscando que se le quite la tensión y no se enfoque en el dolor.

Una vez Hyunjin estuvo completamente dentro, Minho creía que se partiría en dos, pues el miembro del mayor era grande en todo el sentido de la palabra: lo suficientemente grueso e increíblemente largo, simplemente perfecto, sintiendo las venas palpitar en su estrecho interior. el castaño se sentía lleno, cosa que con Sam nunca pudo vivir.

Se quedaron un par de minutos quietos, esperando a que Minho se acostumbrara al tamaño. Hyunjin seguía repartiendo besos y acariciando con su mano libre el torso marcado del menor.

Cuando Minho se sintió preparado, con algo de timidez, movió sus caderas, sacándoles un jadeo a ambos. Los brazos de Hyunjin por un momento temblaron ante la abrumante sensación, pero se recompuso rápidamente comenzando un lento pero certero vaivén que le sacaba gemidos altos a Minho.

Se sentía bien, increíblemente bien, y cuando Hyunjin por fin encontró el punto dulce ajeno escuchando a Minho gemir agudo su nombre mientras arqueaba la espalda, simplemente perdió el control. Ahora sus estocadas eran más rápidas y más duras, arremetiendo una y otra vez contra la sensible glándula del menor, quien se deshacía entre lágrimas y gemidos escandalosos, la baba escurriendo por sus labios y sus manos aferradas a los anchos hombros de Hwang, donde clavó sus uñas y arañó sin piedad.

Siguieron por un buen rato, en cierto punto Hyunjin estaba encima abrazando a Minho mientras el menor aferraba sus piernas a la cintura ajena, buscando fusionarse en uno solo. La dolorosa y goteante erección de Lee estaba siendo atendida por la gran mano del pelinegro, sintiendo desvanecerse en sus brazos ante tanto placer recibido. sus labios se rozaban sin poder formar un beso decente, mezclando sus calientes alientos.

Las piernas de Minho comenzaron a temblar desenfrenadamente y las estocadas de Hyunjin comenzaban a ser más y más desordenadas. Sintieron un corriente atravesar todo su cuerpo y llegaron al clímax, corriéndose al mismo tiempo; Minho ensuciando sus estómagos y la mano del mayor, y Hyunjin llenando completamente el interior del castaño.

Hyunjin terminó por desplomarse sobre el menor, escondiendo su rostro en el sudoroso cuello de Minho, mientras ambos trataban de recuperar el aliento. El rubio se abrazó al torso ajeno, refugiándose en su calidez esperando a que su nublosa vista vuelva a la claridad.

—¿Todo bien? —preguntó aún agitado Hyunjin, sin salir de su escondite, dejando un pequeño beso en el lugar.

—Sí. Fue... increíble. Gracias. —Minho respondió de la misma manera, con una pequeña sonrisita y aferrándose aún más al mayor.

Hyunjin se levantó un poco, saliendo del cuello ajeno, sosteniéndose de sus codos, para así poder mirar a los brillantes y húmedos ojos de Minho. Le sonrió de vuelta y nuevamente repartió un montón de pequeños besos por su rostro, sacándole unas pequeñas risas.

—No tienes que agradecer nada, fue todo un placer. Es más, gracias a ti por darme la oportunidad de disfrutarte y hacerte sentir bien. —Hyunjin le comentaba con su bonita sonrisa, acomodando unos cuantos mechones rebeldes que se le pegaron a la perlada frente del menor, mirándolo con adoración.

Minho realmente se sentía bien, feliz y satisfecho, como no lo hacía hace mucho con alguien después del sexo, y en general.

Su pequeña burbuja se vio interrumpida al escuchar la puerta principal abrirse, dando paso a unas carcajadas de dos personas, Sam y... ¿otro chico?

Hyunjin y Minho no se movieron, estaban quietos en sus posiciones. Hwang ni siquiera salía del interior de Lee. Solo se miraron un poco sorprendidos, sintiendo a los dos chicos pasar detrás del sofá en su propio mundo, sin realmente darse cuenta de lo que pasaba. Apretaron sus labios evitando reírse.

Podían escuchar a Sam y el desconocido besarse, pero sinceramente a Minho no le pudo importar menos. Simplemente, y agarrando desprevenido al pelinegro, los re acomodó en el sofá, ahora él sentado sobre Hyunjin, gimiendo al sentir el miembro en su interior removerse ante el movimiento.

Fue ahí que las risas ajenas pararon y Sam cayó en cuenta de lo que sucedía, poniéndose pálido de inmediato, no solo por ver a su pareja totalmente desnuda sobre su gemelo, sino que también porque se dio cuenta que expuso su propia infidelidad.

—Hola, Sam. Terminamos. —fue Minho quien rompió el tenso silencio con una pequeña sonrisa que fue seguida por un sonrojado Hyunjin.

—Mierda, jodanse. —sin decir más, Sam agarró de la mano a su amante y se fueron por donde regresaron, dando un portazo lleno de furia.

Hyunjin y Minho comenzaron a carcajearse, como si hubieran sido cómplices de una jugarreta infantil.

—Carajo, eso fue caliente. Creo que otra vez se me paró. —dijo Hwang aún entre risas, abrazando la cintura de Minho y hundiéndose nuevamente en su cuello.

—Hm, sí lo puedo sentir. —respondió Lee con picardía, dejando atrás el tímido Minho para desatarse.

Hyunjin y Minho esa tarde follaron como conejos, entre risas y gemidos estruendosos, comenzando -sin saberlo- su propia historia de amor. porque, después de todo, Minho se quedó con el mejor Hwang.