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Academia Lilithan: Clase 13-M

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Summary

¡Un nuevo ciclo escolar empezara en la Academia Lilithan! Entre los riscos del Inframundo, donde los cielos sangran fuego y las ruinas murmuran los nombres de los caídos, la legendaria Academia Lilithan vuelve a abrir sus puertas. Demonios de sangre noble, criaturas desterradas, y algunos... que ni siquiera deberían existir, se reúnen bajo un mismo techo para demostrar quién merece dominar el poder del abismo. El director Lucanor Luceris, observa desde su trono de sombras mientras sus nuevos estudiantes se preparan para una guerra que aún no saben que ya empezó. Junto a la temida Clase Anormal 13-M, compuesta por demonios tan peligrosos como brillantes, deberán enfrentar pruebas imposibles, duelos rituales, profecías olvidadas... ¡y profesores que podrían matarte con una mala calificación!

Status
Ongoing
Chapters
7
Rating
4.0 1 review
Age Rating
18+

Capitulo 1: Las Cartas del Destino.

No se porque me dejé convencer.

Estoy sentado en el suelo polvoriento de la sala de Hadric, rodeado de muebles que crujen más que su paciencia, con Eclipse hecho bolita en mi regazo. Literalmente hecho bolita, porque se encogió otra vez y no quiere decir ni media palabra. Y el resto de la Pandilla Infernal desparramada como si estuviéramos esperando una ejecución. Y tal vez lo estamos.

Las cartas están ahí.

Una por cada uno.

Selladas. Tibias al tacto. Aún cerradas.

Aún no sabemos si fuimos aceptados en la Academia Lilithan.

—¿Y si nos rechazaron por el olor ácido de Drogan?— Murmura Veyran, jugueteando con su carta como si fuera una trampa mortal.

Veyran es como el único que conozco que ríe de verdad y el único que puede mentirte con una sonrisa.

Jugo conmigo desde el primer día que llegue Uvath-Ra, cuando aún tenía sangre en las rodillas y barro en la lengua.

—O por el expediente psiquiátrico de Tharos— Añade Hadric, con una risa seca, aunque el tic nervioso en su ceja izquierda lo delata.

Hadric es alguien que no piensa antes que hablar según yo. Ni antes de golpear o de estallar.

Su sangre puede explotar. Lo he visto encenderse por una broma. Es como cargar una granada con patas y esperar que se ría sin explotar.

Su casa es donde vivimos muchas veces.

Donde robamos comida, escondimos chismes y tejimos promesas falsas de ser normales.

Drogan bufa desde el sillón, donde la tela casi se derrite bajo su peso. Tiene la carta entre los dedos... como si fuera una maldita bomba.

—Mejor que nos rechacen— Masculla —Así no tengo que usar esos uniformes de cuello tieso—

Drogan es viscoso. Literalmente. Su piel tiene una capa verdosa gruesa que repele casi todo. Su escupitajo derrite metal. Y su alma, aunque no lo admita, se derrite cuando Eclipse duerme encima de el.

Es grande. Más que cualquiera de nosotros.

Tiene un grito horrible, una risa peor y cocina con el mismo cuchillo con el que amenaza.

Nunca ha preguntado porque Eclipse y yo aparecimos en el barrio sin historia ni nombre.

No han abierto las cartas. Pero ya se rindieron. Y eso me contagia.

—¿Y si no me aceptaron?— Pienso, sin decirlo.

¿Qué voy hacer si no me aceptaron?

¿Qué vamos a hacer?

Eclipse alza la cabeza. Sus ojos reptilianos se clavan en mí. No dice nada. Pero su mirada dice “Te estas adelantado” o quizás “Cállate”. Nunca estoy del todo seguro con el.

Tharos no ha hablado, pero sostiene su carta con tanta delicadeza que pare estar leyendo su destino a través del sello. Como si pudiera intuir el rechazo desde la textura. El silencio en el es normal... pero esta vez huele a resignación.

Y yo... yo tengo 2 cartas.

La mía y la de Eclipse.

Rectangulares. Ligeramente alargadas.

El borde desgastado como si hubiera sido tocado por demasiadas manos. O garras.

El pergamino no es papel: es calado, suave, como piel vieja endurecida con polvo de hueso. No se rompe. No se arruga. Parece que susurra cuando la toco.

Sello de cera carmesí en el centro, grueso, pesado, con el emblema inconfundible:

Un ojo abierto.

Alas de murciélago.

Una corona quebrada flotando.

Academia Lilithan.

No puedo abrirla.

Todavía no.

Porque si la abro... la respuesta existe.

Y ahora mismo... puedo seguir creyendo que tengo un futuro. Que tenemos un futuro.

Hadric carraspea.

—¿Abrimos al mismo tiempo?— Pregunta, pero no mira a nadie. Ni a mi.

Veyran le responde con un silbido burlón.

—¿Y si lo hacemos a la cuenta de 3 y al final gritamos todos al mismo tiempo, así como una ejecución pública? Más dramático—

—O más trágico— Dice Drogan, escupiendo un poco de baba ácida al suelo sin querer. Se limpia con la manga, como si le diera igual todo.

Eclipse se arremolina más fuerte en mi regazo.

Yo trago saliva.

Y no se por que me tiemblan las manos.

¿Y si no fuimos aceptados?

¿Y si todo lo que hicimos, todo lo que fingí... no fue suficiente?

Yo solo finjo ser uno de ellos.

Todos ellos son Demonios y Eclipse... bueno es un Dragón.

Hadric, Tharos, Veyran, Drogan... cada uno tiene una marca, un pasado, un vacío.

No tenemos linaje. No tenemos un nombre que pese.

Solo nos tenemos a nosotros, nuestras cosas personales y estas cartas.

—Uno— Dice Hadric, bajito.

—No estoy listo— Susurro. Nadie me escucha.

—...Dos...—

—¿Qué pasa si es la última vez que estamos juntos?— Pienso.

Como si el rechazo nos deshiciera. Como si los sellos fueran un destino irreversible.

—Tres—

Y entonces...

Nos miramos.

Nadie mueve un dedo.

Nadie rompe el sello.

Silencio.

La cera se parte con un crujido suave.

Mis dedos no tiemblan.

Pero mi pecho si.

Abro la carta con cuidado, como si pudiera deshacer la realidad hacía mal. Eclipse se estira sobre mis piernas, sus ojos dorados ahora clavados en el pergamino. Huele la tinta. Luego me mira. No dice nada. Pero algo en su mirada ya sabe la respuesta antes que yo.

ACADEMIA LILITHAN

Donde el Caos se Educa y el Poder se Refina

Carta de Aceptación Oficial

Dirigía a: Samael Lillypilly

Mi nombre.

Mi nombre está escrito.

En Idioma Demoniaco Común, si... pero allí esta.

Lo reconozco antes que cualquier palabra.

Ese dibujo largo y curvo que pronuncia la doble “L” de mi apellido, el símbolo del “Alma Rota” que representan a los sin linaje.

Lo traduje mil veces en mis libretas de prácticas.

Y aún así... no lo creo.

—¿Ese es mi nombre?— Murmuro.

El resto empiezan a gritar cosas parecidas.

—¡Ahí dice Veyran! ¡Ese soy yo! ¿Verdad? ¿Verdad?— Dice Veyran, señalando frenéticamente su carta.

Hadric ríe con los dientes apretados.

—El mío parece decir... “Molcravt”... ¿o “Molkrast”? Este idioma de escamas es una burla—

—El mío no lo entiendo. Pero se que es mío. Huele a mi— Tharos, claro. Raramente usa palabras tan largas. Esta mirando su carta con los ojos muy quietos. Demasiado quietos. Como si tuviera miedo de moverla y borrar lo que dice.

Tharos parece que no parpadea y a veces muerde sin pedir permiso.

Sus dientes dejan marcas que desaparecen rápidos, pero el mensaje queda claro: “Estoy aquí. No olvides de mi”. Y nunca lo haría.

Tharos llego a nuestras vidas sin palabras, sin miedo y con presencia que hela la sangre a los otros matones del barrio. Muchas veces no habla más de lo necesario. Como si hablara desde el Vacío mismo.

Me tiene una clase de obsesión suave, callada. Como una sombra que te sigue incluso cuando no hay luz. Y aunque debería darme miedo, me tranquiliza saber que, si un Ángel apareciera, el mordería primero.

Drogan grita desde su lugar:

—¡Aceptados, chuchos! ¡Nos aceptaron! ¡Tamos vivos! ¡Digo, educados!—

Eclipse parpadea, curioso. Le muestro su carta y...

También fue aceptado.

Yo...

Aun sigo sin creérmelo.

Leo la siguiente parte, una y otra vez.

Por decreto de las Autoridades Académicas y el aval del Consejo Estudiantil, se le informa que ha sido oficialmente aceptado(a) en la Academia Lilithan del Inframundo, institución centenaria dedicada a la formación de entidades infernales, excepcionales o clasificadas como anómalas.


Lo traduzco 3 veces.

Busco errores.

Comparo signos.

Verifico letras.

No puede ser.

Y es que la Carta esta en Idioma Demoniaco Común.

Sabíamos que podía pasar.

Sabíamos que si quedábamos... nos tocaría enfrentaron a esto.

Y lo estudiamos. Lo intentamos.

A duras penas.

Pero a los 16 años, la mayoría de nosotros apenas podría hilar oraciones completas a ese idioma.

Solo yo lo hablaba con fluidez.

Y Eclipse... bueno, Eclipse nunca lo intentó. Ni una palabra.

El cuerpo de Eclipse puede parecer pequeño ahora, en su forma reducida es casi como un gato de ojos draconicos. Pero su sombra no olvida que es un Dragón. Criado conmigo. Vinculado a mi.

Nunca quiso aprender el Idioma Demoniaco Común. Tal vez porque para el, las palabras no valen tanto como la intención.

Su perfil ha sido analizado y validado por las siguientes entidades:

Thessara Cruenthelle, Presidenta del Consejo Estudiantil

Sylrik Veinwhim, Secretario de Protocolo

Archivo vivo de Admisiones, bajo la mirada del Director Lucanor Luceris

¿Lucanor Luceris... leyó mi perfil?

Respiro hondo.

Algo en mi quiere salir corriendo.

Algo en mi... quiere llorar.

Pero no puedo. No aquí. No ahora.

Sigo leyendo.

Detalles de la Admisión:

• Su caso fue considerando peculiar y ha sido aprobado mediante un Protocolo de Evaluación Alterna, reservado para entidades fuera del espectro infernal clásico.

• Se le asignará un uniforme encantado personalizado, diseñado por Madame Nyss Tereveil y un Dormitorio.

• Su presencia será registrada en los Espejos de Vigilancia y en los Registros del Rango Infernal.

El resto ya esta gritando, riendo, tirando cojines y haciendo chistes absurdos.

—¡Dormitorios! ¡Por fin me escapare de los ronquidos de Drogan!— Grita Veyran.

—¡Uniforme encantado! ¡Voy a pedir el mío con explosivos!— Hadric ya piensa en volar cosas.

—Voy a dormir en el techo— Dice Tharos. No es una metáfora.

Eclipse solo huele su hoja como si oliera carne.

Leo la ultima parte. La que ellos claramente ignoraron.

Advertencia Inicial:

Esta institución no se hace responsable por:

• Maldiciones activadas por errores propios.

•Desencadenamiento prematuro del Ciclo del Mal.

•Conflictos con entidades Superiores.

• Presencias Celestiales hostiles detectadas.

Mis ojos se clavan en esa línea.

Presencias Celestiales hostiles detectadas.

¿Qué...?

—¿Presencias Celestiales?— Pienso.

¿En la Academia?

Mi cuerpo se tensa.

¿También allá tienen problemas con esos Pajaritos Dorados?

Recuerdo a los Devoradores con alas.

A los “puros”.

A los que ven el alma como carne.

Pensé que solo pasaba en los barrios como Uvath-Ra, donde los callejones tienen más sangre seca que sombra, donde nadie, te pregunta de dónde vienes porque todos todos tienen miedo de saberlo.

Pero en la Academia Lilithan.

El nido de Lucanor.

Uno de los lugares más seguros del Inframundo.

¿O no?

Releo la línea de arriba.

Conflictos con Entidades Superiores.

—¿Conflictos? ¿Qué clase de Academia tiene eso en sus cartas de Aceptación?—

Me rasco la sien.

El sello de mi carta deja una marca de cera carmesí en mis dedos.

Parece un ojo... aún abierto.

Esto se supone que es un refugio, no un campo de guerra.

Pero claro, somos jóvenes.

Demonios de 16, 17, 18 años.

Presas.

¿Dónde mejor para cazar un internado?

Pienso en los Profesores.

¿Tendrán armas?

¿Conocerán algo de Defensa?

¿Habrá Guardias?

¿Y mis compañeros de clase?

¿Podrán siquiera conjurar si un Ángel se aparecerá en medio de la clase?

¿O se desmayarán antes de gritar?

Y eso Ángeles aparecerán como lo han hecho en Uvath-Ra...

Vamos a necesitar más que un uniforme bonito.

Solo espero que nadie termine muerto antes de graduarse.

Solo espero... que al menos esta vez, no estemos tan solos como en Uvath-Ra.

Aunque mis amigos no sean “Normales”, al menos saben pelear.

Y yo...

Solo espero aprender lo suficiente como para nunca más nos cacen.

Ni a mí.

Ni a Eclipse.

Ni a ninguno de ellos.

Porque a veces pienso que si nos hubieran colocado en otra parte del Inframundo, ninguno de nosotros estaría vivo. Pero en Uvath-Ra con su polvo, hambre, mugre y sangre nos dio algo más valioso: Una Pandilla, una Familia y una Razón.

A veces pienso que no tenemos nada. Que solo somo un grupo de parches mal cosidos, con cicatrices que nadie pidió.

Pero a veces pienso en nuestras alas. Aunque no todas se ven iguales.

Drogan extiende las suyas a veces solo para presumir tamaño, con esa membrana gruesa que parece cuero endurecido. Hadric dice que las suyas huelen a pólvora quemada cuando se agita mucho. Veyran las esconde bajo sus ilusiones, pero cuando se olvida, relucen como humo líquido.

Y Tharos, sus alas son negras como el. Silenciosas. De bordes filosas. Como si pidieran cortar el cielo.

Eclipse no necesita alardear. Sus alas de Dragón envuelven su cuerpo durmiente. Como una promesa antigua. Como escamas hechas para volar o para matar.

Y luego están mis alas.

Las únicas con plumas negras.

Veyran siempre bromea:

— Pareces más cuervo que demonio—

Hedric en cambio, dice que parecen alas de funeral.

—Muy adecuadas para ti, Doctor Alas—

Yo no se que pensar. No siempre las saco, me pesan.

A veces me gustaría tener alas como ellos. Rugosas, Demoníacas y Normales.

Pero entonces Eclipse se me sube al hombro, envuelve su cola en mi cuello y ronronea como si no le importara nada. Como si mis alas fueran suficientes.

Y luego recuerdo otra cosa. Tal vez si tenemos algo de nobleza, aunque solo Eclipse y yo.

炎皇 (Yàn Huáng), el Dragón de la Sangre Silente y el emperador de la llama, nos reclamo a ambos.

A Eclipse por nacimiento y a mi por algo que ni yo entiendo.

No tengo su sangre, pero tengo su sombra y eso basta.

Mi vista se dirige en la última frase de la carta.

“El Conocimiento es el filo que te hará libre... o te cortará primero”

—Lucanor Luceris, Director.

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author

interesante 👍🏽

6 months

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