Mi Error Fue Poner Su Nombre.

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Summary

En la universidad St. Magnus, nada es lo que parece. Entre aulas y pasillos, un estudiante brillante guarda un secreto que nadie podría imaginar: una libreta capaz de manipular la voluntad de los demás… pero a un precio que consume lentamente su mente. Cuando una tragedia sacude la universidad, las preguntas se multiplican y el miedo se instala. ¿Qué pasaría si alguien pudiera controlar a quienes te rodean? Y, más importante… ¿qué pasaría si tú fueras su próximo movimiento?

Genre
Mystery
Author
Marlon
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1: El caso de Charlie Harrington.

Charlie Harrington corrió como un desquiciado por los pasillos de la universidad St. Magnus. Su comportamiento llamó la atención de muchos, así que comenzaron a salir de sus salones para observar al hijo del hombre más reconocido de la ciudad correr de forma extraña; jorobado y con la lengua por fuera, como un Lobo salvaje.

Charlie subía los escalones de a dos con saltos veloces. Así fue hasta que llegó al séptimo piso, el último de la universidad. Miró a su alrededor, como todas las personas lo observaban, y algunos grababan.

—¿Esta poseído? —Exclamo alguien en la multitud.

El joven Charlie sonrió de forma perversa, este gesto solo podía describirse como la sonrisa de un demonio, y comenzó a correr hacia la ventana. Una vez estuvo frente al vidrio, se dio la vuelta y miro las escaleras, estaba esperando alguien, con su gran sonrisa.

El coordinador harry subió la escalera había estado en una persecución con el chico, el hombre agitado y comenzó a organizar su cabello.

—Charlie, deja de actuar como un loco y ven acá ya mismo. —exclamó el hombre.

Pero Charlie solo respondió lamiéndose los labios, abrió la ventana y, con una última risa, se arrojó.

—¡Charlieee! —gritó el hombre, mientras corría hacia la ventana, pero si esfuerzo obviamente fue en vano y lo único que le quedo fue observar el cuerpo destrozado de Charlie que yacía en el suelo.

Se tapó la boca para no vomitar. Las multitudes de toda la universidad se reunieron en la ventana de todo el instituto para observar la horrible escena.

Danil miró por la ventana de su salón, ubicado en el segundo piso, junto al resto de su clase, el cuerpo de su excompañero destrozado. Pero a diferencia del resto, Danil lo hizo con una leve sonrisa de triunfo, el joven castaño se dio la vuelta y comenzó a reír. Después de unos segundos, se retorció ligeramente, llamando la atención de varios compañeros.

—¿Estás bien? —preguntó Samira, su mejor amiga, acercándose.

—Mejor que Charlie, definitivamente —respondió en tono burlón.

Samira lo miró con los ojos entrecerrados.

—¿Te parece que es para juegos? —le dijo molesta.

—Tú no soportas nada Sam, mejor piérdete —dijo Danil, haciéndole un gesto con la mano y luego salió corriendo.

Samira lo observó y suspiró.

—¿Le dio otro ataque? —preguntó Tara, cruzada de brazos.

—Eso parece —respondió Samira.

—Deberían internarlo —dijo Tara.

—No hables así de él, Tara. Sus ataques no son comunes, puede vivir con eso —intentó defender Samira.

—Sí, claro. Una risa en el momento equivocado y lo van a matar —dijo Tara y se alejó.

Danil bajó con euforia las escaleras, saltando como un niño pequeño. Sus ojos con un breve brillo carmesi.

El joven paso saltando por los pasillos de la universidad, mientras tarareaba una alegré melodía. Para su suerte los pasillos estaban en soledad.

Siguió saltando hasta que llegó a la cafetería. Las señoras que atendían lo miraron con rareza, tal vez por venir a la cafetería en horarios de clases o tal vez por su alegré actitud, pero no le importó. Sacó 4 billetes de su bolsillo y se las entregó.

—Denme 3 hamburguesas—dijo con una sonrisa.

La encargada levantó la ceja, pero asintió, se dió la vuelta y comenzó a preparar el pedido.

Danil se notaba claramente irritado, hasta que tras 5 minutos estalló y golpeó la mesa.

—Se tardan mucho, no tengo tiempo. —dijo con irá.

La encargada se estremeció y le entregaro una bandeja con tres hamburguesas. El chico se dio una sonrisa gigante y se dio la vuelta.

La encargada suspiró «Tipo raro» y como sí el quisiera confirmar más sus pensamientos se arrojó al suelo, comenzando a comer como si no lo hubiera hecho durante años, ensuciando todo a su alrededor y hasta mordiéndose los dedos.

Las encargadas estaban en shock.

—Laura ¿Ese es Danil? —Preguntó la señora mayor.

—No sé Carmen, pero actúa como un animal. —Respondio Laura.

—Deberiamos decirle al coordinador.—Dijo Carmen.

—No. Debe estar ocupado con el suicidio del hijo, tipo rico. —Dijo Laura

—¿Entonces?—Pregunto Carmen.

Pero ni bien lo discutían, el chico terminó y dejó la bandeja.

—Delicioso —dijo, lamiéndose los dedos, y comenzó a caminar hacia afuera.

—Ese chico es muy raro... —Dijo Laura

Afuera del restaurante, Danil se topó con Samira, que había ido a buscarlo.

—¿Qué hiciste ahora? —le preguntó Samira.

—Disfrutar de un gran banquete, ¿ahora me dirás que también eso es malo? —respondió Danil en burla.

—Tienes la orden clara de quedarte junto a mí cuando te suceda un episodio de cambio de personalidad, ¿recuerdas? Además, el coordinador necesita hablar contigo para preguntarte sobre tu discusión con Charlie antes de su suicidio —se explicó Samira.

—¿Ahora será mi culpa que ese imbécil se tire del séptimo piso? ¿Piensan que tengo poderes o algo así? —dijo entre risas Danil.

—¿Qué estupideces dices? Solo vamos, ¿sí?

—Está bien, Samira —dijo Danil, limpiándose la boca.

—¿Entonces qué pasó? —preguntó el coordinador, intentando arreglar su desordenado uniforme.

—Ya le dije que el tipo rubio me estaba retando y solo me defendía —dijo Danil, sentado con aún gran autoconfianza en la silla, poniendo su brazo sobre el respaldo.

El coordinador lo miró por unos segundos.

—¿Qué fue lo último que recuerdas antes de que él comenzara a actuar así?

Danil se tocó la barbilla y comenzó a recordar cómo escribía todo en su libro: "El rubio idiota de Karl Charlie Harrington se va a matar saltando del séptimo piso". Lo hizo de pleno impulso y con toda la ira acumulada del momento, una acción un tanto imprudente, pero era merecida.

—Bueno. —intentó decir Danil.

El chico no dijo nada más, sólo miro a su alrededor claramente confundiendo

—¿Estás bien? —dijo el coordinador con una ceja alzada.

—Tranquilo, está recuperando su personalidad normal. Lamento lo sucedido últimamente, no había tenido ataques —explicó Samira. Tenía miedo de que esa enfermedad mental le comenzara a afectar más.

El coordinador asintió en respuesta.

—Lo mejor es que descanse —concluyó Samira.

—Está bien —asintió el coordinador.

—Pueden irse —Samira asintió y ayudó a Danil a levantarse.

Cuando los jóvenes abandonaron la sala, el coordinador se dio la vuelta y comenzó a hablar con los policías enviados a investigar el caso.

—No parece que el joven tuviera alguna sustancia que lo haya hecho actuar así. Simplemente se suicidó —afirmó un oficial.

—Es el tercer caso de suicidio este año, pero este es el primero de la universidad —explicó el coordinador.

—Señor Harry, entiendo su angustia, pero es algo que se está normalizando en adolescentes —le explicó el otro oficial.

—Lo que vi no es normal, parecía estar poseído; una persona normal no actúa así...

—Sabes, Danil, si sigues actuando así no vas a ser el puesto 1 de la universidad este año —lo reprendió Samira.

—Lo sé, pero no es como si pudiera controlarlo —se quejó Danil.

—Lamentablemente —dijo Samira.

—¿Cómo actué esta vez?

—Como un loco, con pésimo sentido del humor. —respondió Samira.

«Esta es la sexta personalidad que detectó, muy raro el comportamiento del espíritu o tal vez sean muchos, tendré que cuestionarle esto después.»

—¿Y bien, irás al club de lectura? —preguntó Samira.

—No tengo nada más que hacer —dijo Danil y se encogió de hombros.

—Es increíble que seamos tan pocos —dijo Yoni, viendo a los mismos cuatro de siempre, sin contarse.

—Ya sabes que a la gente solo le gusta el romance barato y esas trivialidades —respondió Vanessa, la chica rubia y popular.

—Al menos así tenemos un lindo silencio para leer buena escritura —respondió Gabriela, la líder del grupo.

Danil agarró su libro favorito sobre detectives e ignoró la charla de sus compañeros. Al abrir el libro, su mente hizo shock: había vuelto a ser causante de la muerte de alguien. Se agarró la cabeza con fuerza y cerró el libro bajándolo al suelo, como si divagara. «Era lo mejor para nosotros», se dijo mentalmente.

—Veo que no estás bien —le dijo Samira.

—Solo me siento ansioso —respondió Danil.

—Mejor te acompaño a casa —dijo Samira y suspiró.

Danil simplemente negó.

—No es necesario —dijo el chico.

—Oh, claro que lo es. ¿Recuerdas cuando te desmayaste en el patio? —le aclaró Samira.

—Igualmente, no hay nadie en casa —le explicó Danil.

Samira suspiró.

—Está bien, pero no te esfuerces, solo descansa —le dijo Samira.

—Ah, y toma, la dejaste en el salón —dijo y le lanzó su libreta.

Danil atrapó atrapo la libreta y la miro perplejo durante unos segundos, antes de hacer una sonrisa con los labios. Si ella la hubiera abierto, se habría dado cuenta de su secreto.En ese caso tenía las horas contadas. Pero, si la leyó, ¿porque se la devolvería?

—¿Qué te pasó? Parece que te hubieras muerto —le dijo Samira.

—Solo intenté recordar que hacía durante el cambio de penalidad, ya que no suelo olvidar llevar mis cosas —Dijo con una voz que transmitía nostalgia.

—Como digas —dijo Samira y se alejó, dándole una mirada de complicidad.

Él sintió un escalofrío. «¿Lo leyó? ¿Ella lo sabe?». Sacudió la cabeza, sonriendo, sólo estaba pensando de más esta la situación... ¿o no?