El diario prohibido de Vladislav

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Summary

Lysandra se fue de Raven's Land para no volver jamás, pero cuando su abuela muere y le hereda una pequeña tienda de antigüedades, se ve obligada a regresar para venderla. Al entrar en la tienda, una oleada de nostalgia la inunda. Mientras explora el lugar, descubre entre pergaminos y telas cubiertas de polvo el diario desgastado por el tiempo de un antiguo vampiro. Fascinada por la conmovedora historia y trágico destino, comienza a experimentar extraños y vividos sueños en los que él le asegura que ella es su alma gemela. Con el paso de las noches, el vínculo etéreo entre Lysandra y Vladislav se profundiza. Sin embargo, al llegar el día, ella se enfrenta a un dilema: ¿Desea despertar y dejar en el olvido sus mágicos besos o continuar la fantasía de ese amor que florece en el reino de los sueños?

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1: El descubrimiento

Culpable. Mientras observaba la tienda de antigüedades desde su auto, Lysandra se sentía culpable. Esa pequeña tienda había sido el refugio de su abuela durante años. Allí le enseñó a amar historias de otros tiempos y a no ser prejuiciosa por lo que sucedía en cada época. En cada rincón había un pedazo de alma y los mejores recuerdos que atesoraba de la abuela; sin embargo, tenía que venderla. 

Un suspiro nostálgico escapó a través de los labios rosas de Lysandra cuando imágenes de su niñez inundaron su mente. El aroma de cera de abeja en la madera envejecida y el laberinto de objetos antiguos donde jugaba a las escondidas se colaron en sus recuerdos.

—En algún momento tendrás que entrar. ¿Quieres que lo haga contigo? —La voz de su amiga Sofía la sacó del pasado.

—No. —respondió en voz baja, pero firme. Estaba agradecida de que la hubiera traído al presente—. Te agradezco el apoyo, pero sabes que esto tengo que hacerlo sola.

Nadie más que su amiga la entendería.

—¿Hay alguna posibilidad de que cuando entres… decidas no venderla? —El tono de voz de Sofía estaba teñido de esperanza.

Una sonrisa triste dividió los labios de Lysandra. Aunque cada recuerdo le gritaba que siguiera el legado de Aurora, su vida estaba lejos de Raven’s Land. El pueblo que una vez creyó que era encantador, ahora no tenía nada que la retuviera. Bueno, no era del todo cierto, aún tenía a su amiga de la infancia, pero ya no estaba su abuela y ahora tenía una vida a kilómetros de distancia. Le había prometido a su madre que al día siguiente se iba a deshacer de la tienda.

—Aurora te la dejó por una razón. ¿Crees que, si hubiera querido que otro fuera el dueño, te la iba a dejar a ti y no a tu madre? —insistió Valeria—. Todo el pueblo sabe que Natalia odia este lugar.

—Mi mamá no odia… —Lysandra se detuvo. No podía mentir, por algún motivo que desconocía, su madre aborrecía todo lo que tuviera que ver con Raven’s Land.

Sofía no señaló todas las veces que Natalia Rowan se burlaba del pueblo y sus habitantes. No perdía ocasión de anunciar que un día se iba a ir para nunca regresar, y lo cumplió. Se llevó a su hija y durante diez años no se supo qué había ocurrido con ellas.

Sin decir una palabra, Lysandra se bajó del automóvil y caminó hacia el pequeño edificio que había heredado. Sacó la llave con manos temblorosas y cuando abrió la puerta, el tintineo de la campanita la llevó otra vez al pasado. En vez de ver las estanterías llenas de polvo y el reloj antiguo que estaba detrás del mostrador que ya no marcaba las horas, vio un espacio lleno de luz con una anciana sonriente dándole la bienvenida.

Lágrimas de felicidad escaparon de sus ojos. Esperaba sentir dolor o tristeza; sin embargo, la emoción que la embargó fue la felicidad. Se sentía en casa. Esa tienda se sentía más como un hogar que el apartamento en la ciudad que su madre había decorado para ella.

Colmada de curiosidad por ver cuánto había cambiado el bazar en los años que no ponía un pie dentro de él, Lysandra encendió la luz y recorrió con la mirada cada rincón. Se acercó a algunos objetos y destapó algunos que permanecían cubiertos con telas coloridas y algunas desgastadas.

No se dio cuenta de cuánto tiempo estuvo dentro de la tienda. Cuando regresó al área principal y miró hacia fuera de la puerta, la tarde estaba cayendo. Sabía que era hora de irse a la casa de su abuela, pero una sensación inexplicable la retenía en ese lugar. Como si estuviera olvidando algo muy importante. Lysandra tomó su bolso y revisó dentro; sin embargo, nada faltaba.

Recorrió toda la tienda, reorganizó algunos objetos y organizó los que no había tocado. Le faltaba mucho por limpiar, pero se había deshecho de mucho polvo. Abrió un baúl de intrincados grabados; sin embargo, lo que tenía en su interior no llamó su atención. Cada artículo que estaba a la venta o simplemente como decoración contaba una historia. Estaban marcados por el amor, la lujuria y la tragedia.

Veinte minutos después, escondido entre pergaminos y telas, encontró una caja simple de color marrón. Con una punzada de curiosidad, la abrió con cuidado para no romperla. Dentro guardaba una carta de papel amarillento, una cadena de eslabones finos e intrincados con un corazón dorado como dije y un diario encuadernado con cuero desgastado por el tiempo.

Con pasos apresurados, llevó la caja al mostrador y se quedó pensando en qué inspeccionar primero. Segundos después, se decidió por la carta. El sobre estaba en blanco, ocultando a quién iba dirigido, y la hoja de tamaño carta en su interior solo tenía escrito siete palabras: Te esperaré el tiempo que haga falta. El medallón en forma de corazón tenía fotos grabadas en cada una de sus caras internas. Una de las dos mitades tenía una foto de un hombre atractivo y la otra mitad tenía la de una mujer muy parecida a ella. El corazón de Lysandra dio un salto dentro de su pecho. Era demasiado el parecido entre ambas. Si no fuera porque se notaba que tenía muchos años de antigüedad, podía jurar que era una fotografía de ella misma. Debajo de cada imagen estaban los nombres grabados: Vladislav¹ y Aethera².

El diario tenía en la cubierta letras doradas, que apenas eran legibles, como si hubiera pasado por muchas manos: Vladislav: el eterno vampiro enamorado.

El amor que Lysandra tenía por la fantasía le hizo abrir el pesado libro. Estaba completamente segura de que entre sus páginas iba a encontrar una historia de amor. Y no se equivocó, la escritura elegante y desgastada por el tiempo la atrapó en la primera línea.

“Te extraño, mi querida Aethera. Desde el mismo instante en que te alejaron de mí, he sentido como si cada día que pasa se envenenara mi alma. Dicen que el amor es tan dulce como el néctar, pero te puedo asegurar que es una maldición. Sin ti ya no vivo. No sobrevivo, pero tampoco me dejan morir para ir junto a ti…”

Lysandra no podía parar de leer. La vida de Vladislav, un vampiro que había vivido a mediados del siglo XVIII, y que describía a detalle lo que había hecho después de perder a su amada, la tenía más que atrapada. Se sumergió en la historia apasionada como si Vladislav le estuviera hablando directamente a ella. Él le contaba lo solitario que se sentía, aunque vivía rodeado de sus seguidores más leales. A medida que pasaban las páginas, mostraba lo sanguinario que era, se vengaba de sus enemigos y disfrutaba de ello. En ocasiones se quejaba de no haber encontrado a los culpables de la muerte de Aethera.

La historia de Vladislav la absorbía, aunque seguía una línea de tiempo fija; a veces regresaba al pasado cuando conoció a su amada. Le recordaba los bailes en salones elegantes a los que asistían y el momento exacto en el que ella le robó el corazón. A través de sus palabras vivió junto a ellos la intensa y tormentosa historia de amor.

Por todo lo que había leído, podía asegurar que Vladislav poseía un alma atormentada.

De repente, la historia se tornó más interesante. El vampiro había encontrado a los culpables de la muerte de Aethera, pero después de anunciarlo, la página siguiente estaba en blanco y la próxima decía:

“He perdido mi fuerza, ya no soy el ser inmortal que todos temían. Esa bruja maldita ha actuado primero que yo… una vez más. He sido maldecido por ella. Estoy atrapado y, aunque perdí mi libertad, aún te espero.”

Impaciente por saber qué iba a suceder a continuación, hojeó el diario deseando saber cómo se iba a liberar el vampiro. Sin embargo, desde esa página hasta la última, el diario estaba en blanco.

Ella no lo podía creer, ¿por qué no terminaron la historia? ¿El vampiro logró romper la maldición o perdió para siempre su libertad?

Mientras cerraba el diario, se preguntó si Vladislav había existido. Sabía que los vampiros no fueron ni eran reales, pero quería saber quién era realmente el hombre que había amado y sufrido tanto.

Decidida a descubrir qué tan real era la historia, comenzó a buscar entre los documentos y objetos en la tienda. Encontró libros antiguos que hablaban de vampiros y las guerras que libraban con otros seres sobrenaturales, pero ninguno sobre Vladislav. Sin otra información más que la del diario, se cuestionó si necesitaba más de él porque la historia no había terminado como le hubiera gustado.

A la medianoche se dio por vencida y se prometió que buscaría al día siguiente. No podía sacar de su cabeza la pregunta de si Vladislav realmente existió o solo era una fantasía.

—Quizás pueda pasar un día más en el pueblo buscando información… o una semana —murmuró mientras regresaba a su auto con el diario en una de sus manos—. Mi mamá dice que este pueblo es peligroso, pero ¿qué puede pasar en tan poco tiempo?