antes de paris

All Rights Reserved ©

Summary

CONNOR El sonido. El suave chirrido de los frenos del autobús al detenerse fue el único ruido que Connor registró con claridad. Bajó el último escalón, la mochila pesada en la espalda, y dejó que el aire fresco y salado de Boston llenara sus pulmones. No era la llegada triunfal de una mudanza definitiva, sino el inicio de un fin de semana. Esta vez, su viaje era una parada crucial, el último paso en un largo camino, la confirmación de que su promesa a Alexia no era una quimera, sino una realidad palpable. Los meses transcurridos desde que Alexia partió de Nueva York se habían sentido como una eternidad. Cada videollamada a altas horas de la noche, cada mensaje de texto cargado de chistes internos y de susurros anhelantes de "te extraño", había sido un cordón que los unía a través de la distancia. Los turnos dobles en la cafetería, los ahorros celosamente guardados, todo había sido impulsado por una sola imagen: la de Alexia despidiéndose en el aeropuerto, su figura diminuta desvaneciéndose en el pasillo de embarque. La promesa de "voy a ir a buscarte" se había grabado en su alma, convirtiéndose en el mantra que lo levantaba cada mañana, la fortaleza que lo salvaba de la desesperanza. Su teléfono vibró en el bolsillo, un presagio familiar. Un mensaje de Alexia. Alexia: "¡Estoy en la mesa de la ventana de la cafetería, te veo en un segundo!

Genre
Romance
Author
Queen
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

prologo

el eco de Nueva York no era solo un sonido, era una vibración constante bajo su piel, hasta que un par de ojos desconocidos se atrevieron a afinar la melodía de su mundo.

El sonido. Ese era el problema para Alexia. No el ruido en sí mismo, sino el eco. Un eco que resonaba, amplificado, en su mente, transformando el incesante pulso de Nueva York en una cacofonía asfixiante. Las voces en los pasillos de su universidad, el traqueteo de la impresora en el estudio de diseño, el incesante claxon de los taxis afuera; todo se convertía en un estruendo que no solo golpeaba sus oídos, sino que se estrellaba contra los muros ya agrietados de su propia cabeza. Había noches en las que ese eco mutaba, se retorcía, hasta convertirse en el inconfundible grito de su madre, el estridente lamento de la sirena de una ambulancia, el estrépito metálico del metal retorciéndose. En esos momentos, su respiración se volvía superficial, su corazón latía con la fuerza desbocada de un tambor de guerra, y el aire se espesaba a su alrededor, denso y opresivo.

Laansiedad. Una sombra persistente que la había acompañado desde aquel maldito divorcio de sus padres, hacía ya varios años. Habían sobrevivido, sí, pero las secuelas físicas y, sobre todo, las emocionales los habían cambiado para siempre. Y a ella. La había arrastrado a un pozo de culpa y miedo, un lugar donde el control se le escurría de las manos como arena entre los dedos. Cada ataque de pánico era un recordatorio brutal de lo vulnerable que era.

Sus amigos —Isaac, Lizzie, Ethan, Jack, Luk, Cande y Pilar— eran su ancla en el caos. Especialmente Ethan, su mejor amigo, su hermano de otra madre. Ellos conocían sus demonios, sus luchas silenciosas. No las entendían del todo —¿cómo comprender un miedo tan irracional a un ruido que, para los demás, apenas existía?—, pero su paciencia infinita y su presencia constante eran un bálsamo. Sin ellos, Alexia no sabía dónde estaría. Se aferraba con uñas y dientes a la normalidad de sus estudios de diseño gráfico, a sus proyectos universitarios, a las salidas improvisadas con su grupo. Pero cada día era unabatalla. Una batalla contra el eco. Una batalla contra sí misma.

“Alexia,” le había dicho con su voz tranquila y mesurada, “necesitas encontrar un espacio de calma. Un lugar donde el eco no te persiga. Una válvula de escape, algo que te conecte con el presente”. Alexia había asentido, pero por dentro, no tenía ni idea de cómo encontrarlo. Su vida era un constante intento de escapar del eco, no de enfrentarlo.

Una tarde, mientras se esforzaba por concentrarse en una lentura , las voces de sus compañeros se elevaron en un crescendo molesto en laDEL PARQUE . Sintió el familiar nudo helado en el estómago, el sudor frío en las palmas de sus manos de uno que vio caminar La ansiedad estaba volviendo con toda su fuerza. Cerró los ojos, intentando respirar, de calmar su mente.

Fue entonces cuando lo oyó. Una voz suave, melódica, que se elevó por encima del estruendo como un hilo de seda. No era fuerte, no era un grito, no era una interrupción violenta. Era... un murmullo. Unacanción suave, casi un tarareo, una melodía desconocida que resonaba con una pureza inesperada. El eco, que segundos antes la asaltaba, se disipó, reemplazado por la claridad etérea de su canto. Abrió los ojos.

Él estaba en un rincón de la cafetería, el rostro inclinado sobre un libro abierto en sus rodillas. Cabello castaño oscuro, liso, casi platino, caía suavemente sobre sus hombros. Ojos grandes, de un azul tan profundo que le recordaron el océano en calma. Y esa boca. Pequeña, suave, de la que fluía esa melodía casi inaudible. Su corazón, que segundos antes latía desbocado y caótico, encontró un ritmo, casi apaciguado, en sincronía con su voz. Se sintió atraída hacia él, como una polilla a la luz más pura. Era como si una mano invisible hubiera apagado .En ese instante, entre el caos de la ciudad y el eco de su pasado, Alexia comprendió que el verdadero silencio, la verdadera calma, tenía nombre y una melodía propia.