Chapter 1 El inicio de mi locura
La tarde caía sobre el centro de la ciudad.
La multitud se movía como un río.
Ruidosos pasos apresurados, voces mezcladas, el silbido de los vendedores ambulantes.
Yo caminaba perdida entre ellos, invisible, hasta que lo vi.
Él parecía un sol en medio de mi oscuridad.
Su andar era firme, casi arrogante, como si la multitud se apartara para abrirle camino.
Su cabello, perfectamente peinado.
Su traje, sin una arruga.
Todo en él irradiaba elegancia.
Me detuve en seco.
Sentí cómo mi respiración se cortaba.
Era como si la gente a su alrededor se desvaneciera y solo quedáramos él y yo.
Pero fue apenas un instante. En un parpadeo, la multitud lo devoró y desapareció.
Yo, en cambio, no era más que una sombra.
El cabello revuelto, la ropa comprada en una tienda de ropa de segunda mano,los labios pintados de rojo barato.
Mire hacia el suelo, y vi mi reflejo en un charco de agua.
-Una persona como yo, jamás tendría a una persona así a mí lado.-dije en voz baja.
Me refugié en una cafetería cercana, la taza de café humeante entre mis manos, mis pensamientos enredados en su recuerdo.
Mire hacia la calle,con la esperanza de verlo de nuevo.
Y entonces… volvió a aparecer.
Su figura, tan clara como la primera vez, cruzó frente al ventanal.
Mi corazón latió con fuerza, golpeando contra mis costillas.
Pero esta vez no estaba solo.
Una mujer lo acompañaba.
Ella era todo lo que yo no:
Distinguida, impecable, con una sonrisa capaz de iluminar la calle entera.
Su cabello negro caía como una cascada sobre los hombros, su piel clara resaltaba con un maquillaje perfecto.
Lo tomó del brazo con naturalidad, como si él le perteneciera.
Los observé elegir juntos una mesa en la acera. Sus manos se entrelazaron con una suavidad dolorosa.
Imaginé que eran las mías.
Me vi en su lugar, riendo con él, bebiendo de la misma taza, besando esa boca que parecía hecha para mí.
El cristal de la cafetería me devolvió mi reflejo.
Mi imagen desaliñada me golpeó como un insulto. Bajé la vista, pero no pude evitar volver a mirarlo.
Sus ojos atentos en ella, su sonrisa, su cuerpo inclinado hacia el suyo.
Y entonces se besaron.
No aparté la mirada.
No podía.
—Si yo tan solo fuera ella… —susurré, apenas audible.
Me levanté de golpe, con el corazón en llamas.
Salí corriendo, como si pudiera escapar de lo que acababa de sentir.
Sabía que no debía desearlo.
Sabía que era un error.
Pero me gustaba.
Lo deseaba.
Y esa noche, en mis sueños, él se volvió mío.
Al despertar recorde lo que había vivido en el sueño, se había sentido tan real. Su cabello, el calor corporal, el sudor de su frente...
Tan sólo era un sueño.
Y desearlo sabiendo que era de alguien más....
Sabía que no estaba bien.
Que debería desechar la idea, el sentimiento, pero cada vez que cerraba los ojos, lo veía de nuevo en esa calle, tan majestuoso para mi.
Si era el inicio de mi locura, de un deseo por él.
"Que importa"- Me dije a mi misma.
Él no sería mío, pero en mi sueños si lo sería.
Trataba de no olvídalo, hice dibujos de Él.
Lo puse pegados en mi recámara, mi habitación en la que había cocina y baño.
Un mugroso espacio .
Salir me ayudaba a respirar y olvidar el mundo que tocaba vivir.
Y fue gracias a Él, que mi vida empezaba a tener sentido.
Asi que regresé a la cafetería al día siguiente.
Y al siguiente.
Y al siguiente.
Las mismas mesas, las mismas voces, el mismo aroma a café recién molido.
Todo igual… salvo él.
Nunca volvió.

Yo me sentaba siempre en el mismo lugar, frente al ventanal, con la esperanza de que en cualquier momento su silueta reapareciera entre la multitud.
Mis ojos recorrían los rostros, mis manos jugaban nerviosas con la taza tibia.
Pero las horas pasaban, y solo quedaba el eco de mi espera.
En mi cabeza, sin embargo, él estaba presente.
Lo imaginaba caminando hacia mí, sonriendo, preguntándome qué bebía.
Imaginaba sus dedos rozando los míos al entregarme una servilleta.
Imaginaba su voz, grave y cálida, pronunciando mi nombre…
Aunque el nombre de él ni siquiera lo conocía.
Cuanto más lo pensaba, más lo necesitaba.
Se había vuelto una presencia constante: en mis sueños, en los reflejos de los escaparates, en la sombra de los transeúntes.
Él estaba allí, aunque en realidad no lo estuviera.
Hasta que un día, el destino me jugó una mala broma.
Frente al ventanal de la cafetería, apareció de nuevo.
Pero otra vez no venía solo.
Ella lo acompañaba.
Su sonrisa parecía más radiante que nunca, y él se inclinaba hacia ella con la misma devoción que había visto aquella tarde.
Me quedé paralizada, con las uñas clavadas en la palma de mi mano.
Ellos reían.
Se tomaban de la mano.
Se besaban.
Y yo, al otro lado del vidrio, era apenas un fantasma que los contemplaba.
—Si yo tan solo fuera ella… —balbuceé una vez más, con la voz rota.
Pero ese día, algo cambió dentro de mí.
No bastaba con esperar.
Necesitaba algo más.
Necesitaba estar cerca de él.
Sentir su presencia.
Respirar su aire.
Y en ese instante supe que lo buscaría.
Aunque tuviera que seguirlo hasta el fin del mundo.
Y antes que se me perdieran de nuevo, simplemente los seguí.
Como un perro que sigue a su amo.
Pero lo que lograba escuchar lo anotaba.
Trataba de entender sus siguientes movimientos.
Desde entonces mi deseo se convirtió en enfermedad, mi medicina era poder verlo.
Había días que no lograba encontrarle.
Por un momento deje de buscarlo.
Había encontrado un trabajo de medio tiempo.
Pero de repente mis ojos en automático lo podían distinguir entre tanta multitud de personas.
Si, estoy rayando en la locura.
¿Pero acaso tiene nombre esto?
Si, sufria de Limerencia...
"Una Limerencia del Deseo."
Él era mi deseo.
Aún no sabia su nombre.
Solo había escuchado que su compañera se llama Isaura.
Para mi ella se veía imponente a mis ojos, su belleza eclipsaba.
Yo sin embargo, un ser sin valor alguno.
Suspiré...
-Pero esto es demasiado para mi.- me dije.
Pasaron los días y me dedique a trabajar.
Guarde los dibujos de Él.
Pero algo sucedió de nuevo.
Lo volví a soñar.
Me beso, me deseó.
Lo sentí tan intenso, que desperté aún jadeando.
Mire la cama...
Estaba sola.
Pero esa mañana, sin embargo, se sintió como si hubiera percibido su aroma y su sabor.
Me levanté motivada.
Él en el sueño me invito a no olvídarlo.