Chapter 1
Dominic
El sonido de la lluvia se colaba por los gran ventanales, las voces se distorsionaban por el dolor que me recorría la cabeza. Había sido demasiado estrés por el día de hoy, al inicio del día tenía café caliente sobre mí gracias a los pasos torpes de mi asistente. Buscaría a otra después, tiene un buen cuerpo, lástima que no llegamos a..
Me corté los pensamientos, no quería empeorar la situación con la calentura de mi cuerpo. Necesitaba tomar un descanso del trabajo, este mes había sido agotador por las diversas reuniones y aún más por las prendas que estaban por salir al mercado.
Y como si dios me hubiera escuchado, Lily irrumpió por la gran puerta que adornaba la habitación. La mujer llevaba un atuendo formal el cual no dejaba ver mucho, pero era Lily, todo se veía bien en ella.
Carraspeó para llamar la atención de todos antes de hablar —Perdón a todos los presentes, pero necesito reunirme con el señor Miller, tiene una cita muy importante y por lo visto su reunión está a punto de finalizar.
Antes que alguno de ellos pudiera hablar me levanté de mi asiento, imponiendo autoridad. Y sin llegar a decir algo más, los analistas entendieron y dieron por finalizada la reunión. Se fueron dejándome solo con Lily, la cual tomó asiento a mi lado.
—Lo de la cita..— comenzó a decir ella pero antes de que llegara a decir algo más la interrumpí.
—Agéndala para otro día— dije prendiendo un cigarrillo, no fumaba mucho.. solo lo hacía cada vez que estaba estresado, supongo que siempre.
—Esto te hace daño, Dominic.— ignoró mi pedido anterior y me quitó el cigarro que ya se ubicaba en mi boca. Sí hubiera sido cualquier otra mujer no seguiría en mi oficina, Lily tenía ciertos privilegios al ser diferente a las demás, al menos para mí.
—¿Desde cuándo te preocupas por mí?— dije en un intento de provocarla, ella siempre se preocupaba, me atrevía a decir que era como mi hermana menor.. aunque los hermanos no tienen sexo.
—¿Perdona? Siempre lo hago, Dominic. Supongo que siempre estás metido en tu mundo como para notarlo.— solté una risa ronca ante su enojo evidente, era hermoso verla así, siempre se terminaba desquitando en la cama.
—Tal vez.— me limité a decir algo más sobre el tema —¿Tienes tiempo hoy?
—Depende, ¿Para qué?
—Para mí.— al terminar la oración logre ver cierto deseo en aquellos ojos azules, pero desapareció al instante, siendo reemplazado por tristeza.
—Tengo mucho trabajo pendiente, no creo poder.
¿Era verdad? No, por supuesto que no lo era. —No me mientas, Lily. ¿Qué sucede?
—No pasa nada, tranquilo.
—Te conozco, Lily. Te pasa algo, tú me conoces a mí y sabes que no te dejaré en paz hasta que me digas lo que sucede.— coloqué mis dedos sobre su barbilla para levantar su cabeza, haciendo que sus ojos se encuentren con los míos. —Cuéntame.
—Quiero pasar tiempo contigo, te juro que quiero.. pero mi madre..— en ese momento entendí lo que sucedía, el que su madre tuviera leucemia le complicaba todo, aunque intentaba cubrir todos los gastos haciendo horas extras se resignaba a tomar dinero extra de mi parte, era igual de testaruda que su madre. —El doctor me dijo que solo le quedan unos días de vida, ella ya lo sabe y quiere pasar sola.. lejos de la ciudad, lejos de mí— soltó un suspiro resignado —. Al final de todo nunca tuvimos una buena relación, hubiera querido que fuera diferente, pero ella nunca hizo el intento de cambiar..
—Lo sé, de ahí sacaste lo testaruda.— bromeé intentando aliviar el momento, rió levemente— ¿Quieres ir a tomar? A mí tampoco me vendría mal, había sido un mes de mierda, sin contar la presión de mi padre con el tema de esposa e hijos.
—No me habías contado eso— dijo ella en un tono acusador.
—Se me pasó por alto, no es un tema relevante. Tú más que nadie sabe que no estoy interesado en mantener una relación, mucho menos formar una familia.
—Dominic, deberías darte una oportunidad, no te vas a quedar toda tu vida solo, tal vez al final del día necesitas eso, una pareja y..
—No.— la corté, no quería hablar del amor, tenía todo lo que necesitaba y meter a una persona en mi vida privada estaba demás, el amor era un dolor de cabeza en todos los sentidos.
—Bien, no te molestaré si no quieres hablar.—Miré como se levantaba para irse, antes de que cruzara por la puerta me animé a hablar.
—Espera, te llevaré a casa.
—Pediré un taxi, no te preocupes— dijo, rechazando mi propuesta de manera discreta. No iba a dejar que pasara.
—Te llevaré a casa— repetí sin dar lugar a réplicas y ella lo entendió al instante.
—Bien.— frunció el ceño, no le gustaba seguir órdenes, pero sabía que no podía contradecirme porque siempre que lo hacía yo me salía con la mía.
En el transcurso del viaje fue disminuyendo la tensión, al llegar frente al edificio en el que se hospedaba nos quedamos en silencio, después de unos minutos recogió su bolso, preparando para irse. Bloqueé el auto para que no lograra hacerlo.
—¿Qué haces?— preguntó con frustración.
—¿No te vas a despedir?
—Adiós, Dominic.
—Así no.— alzó una ceja, se mostraba intrigada
—¿Entonces cómo se supone que debo despedirme?— pregunta mientras me mira como si intentara leer mis pensamientos, sonreí ante tal expresión.
—Así.— sin dar tiempo a pensar posicioné mi mano en su nuca y estampé sus labios contra los míos, manejando por completo el beso.
Pedí acceso a su boca con mi lengua, pasándola por su labio inferior, al obtenerlo intensifique el contacto. Metí mi mano por la parte de la nuca, subí lentamente la mano y al estar entre su cabello hice un puñal, jalando levemente de este, dejando expuesto su cuello por el cual iba pasando mi boca, con ansias y necesidad. Los suspiros que salían de sus labios me incitaban a más.
Metí mi mano bajo su falda, aparté la tela de la ropa interior que llevaba y encontré de manera rápida su centro, ya estaba mojada. Al meter uno de mis dedos arqueó su espalda levemente, callé sus gemidos con mis labios contra los suyos, si bien el coche estaba polarizado no garantiza la reducción de ruido. Seguí con mi tarea durante unos minutos más.
El movimiento de mi dedo se detuvo por un instante, dejándola confundida.—¿Qué haces?— preguntó extrañada
—Pídelo, pide que te haga correr.
—Dominic, por favor..
—Dilo.
—Haz que me corra..— soltó con un hilo de voz.
—Lo que pidas, Lily.— reanude los movimientos al igual que introducía otro dedo, el cual fue arrancando un gemido más fuerte de su garganta.
Fue cuestión de minutos para que se corriera en mis dedos. Al terminar, los saqué lentamente y los dirigí a su boca. Los chupó con deleite, terminó de hacerlo y dejé un beso suave sobre sus labios.
Me alejé un poco y aprecié la imagen que me tenía frente a mí, ahora llevaba la ropa arrugada, los mechones rubios de su cabello estaban alborotados pidiendo ser peinados y su pintalabios rojo ahora solo era una mancha en su rostro, supuse que yo estaría igual, o peor.
No me arrepentía de nada, ella era de las pocas personas que me comprendían en el sexo, al igual que yo a ella, le encantaba sentirse con poder, pero no negaba que le gustaba ser controlada.
—No debimos hacerlo.. aquí no, lo más seguro es que las personas nos hayan escuchado.
—¿Nos? Muñeca, tú eras quien no estaba callada, deberías aprender a hacer silencio.
—Lo sé, pero es inevitable contigo a mi lado.— miró el reloj en su muñeca —Ya se me está haciendo tarde, tengo que ir a ducharme para ponerme al día con algunos archivos, reorganizar tu agenda y tomar un café caliente.
—¿No planeas invitarme a tu casa?— insinué —No vendría mal pasar tiempo juntos, quizás podría ayudarte en la bañera.
—No lo creo, tengo mucho trabajo.
—Podría ayudarte con él.
—Y aunque fuera de esa manera, no podría. Tengo a una amiga de visita, vino a pasar unos días por aquí y a visitar el centro de la ciudad, me pidió alojamiento y no me pude negar.
—Está bien, entiendo por hoy.
—Bien, si ya no hay nada de qué discutir me retiro.
—Espera— la detuve mientras sacaba de mi bolsillo la billetera y de esta unos cuantos billetes —. Toma, de seguro lo necesitas para tí.
—No es necesario que me regales dinero, Dominic. Yo puedo conseguir el mío, por algo trabajo.
—No te lo estoy dando como jefe, te lo doy como amigo, te mereces eso y mucho más, pero eres demasiado terca como para darte cuenta.
—Dominic, no lo necesito— insistió —. Creo que se te olvida todo lo que has hecho por mi, se te olvida que eres tú quien paga el alquiler del apartamento en el que vivo, se te olvida que eres tú quien manda a uno de tus hombres a hacer el mercado del mes para dejarme la nevera llena, se te olvida que me has dado privilegios que cualquier otra persona desearía tener. Eres el pilar que necesitaba en mi vida. Gracias.
Una pequeña sonrisa se asomó por las comisuras de mis labios, ella no lo sabía, pero también era mi pilar —Sé lo que estás tratando de hacer, no lograrás hacerme cambiar de opinión. Tomarás el dinero, sin peros.
Y antes de que alcanzara a protestar metí el dinero en su bolsa, quité el seguro del auto y me bajé de este para abrirle la puerta. Al hacerlo ella tomó mi mano para salir, quedando de pie frente a mí.
Después de un cómodo silencio, habló.
—Eres el mejor.— me dedicó una sonrisa antes de alejarse, dirigiéndose al edificio. Desapareció por la gran puerta del mismo.
Ingresé al auto nuevamente, quedándome con la mente en blanco, quizás lo que ella dijo tenía razón. Debía darme una oportunidad al amor, mi vida no era más que una rutina, tal vez era momento de ponerle acción.