Mentiras Peligrosas

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Summary

Algunos príncipes son tan oscuros que cuesta creer que tiene un alma llena de luz... Alejandro Ferrara es un príncipe misterioso, lleno de secretos, de miedos, de temores que lo persigue cada día. En su fortaleza es donde baja la guardia y se permite ser débil, Marion Ivanov su bruja ella logra desestabiliza por completo. Ella cree que es un ogro Él se deja que crean eso. Ella lo termina odiando Él la seguirá amando hasta el fin de sus días... Un amor lleno de interrogantes, de misterio, de reproches y decepciones al final de este cuento el solo era un príncipe disfrazado de monstruo. Mi error omitir la verdad (Alejandro Ferrara) El Mío no confiar en él (Marion Ivanov)

Genre
Romance
Author
angelin
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Soy la reina del caos, del desastre, una Diosa para estar siempre como el mar, ¡saladaaaa!, ¡Maldita ley de Murphy siempre me acompañas!

Grito desesperada.

Estaba de pie frente al edificio más alto de toda la ciudad de Toronto, ubicado en Yorkvill; “Ferrara Entreprise Inc” relucía las enormes letras plateadas en la entrada del edificio.

-Este era mi pequeño mundo, estaba segura aquí. -solté un bufido de tristeza, porque ya no pertenecía a esta empresa.

Tome con fuerza la caja de cartón que llevaba en mis brazos y mire en su interior con nostalgia, con rabia e impotencia.

-¡Despedida!, ¡despedida! – repetí. Mientras mis lágrimas amenazaban por salir.

La sangre me hervía, era injusto lo que había pasado, pero así es mi vida ¡injusta!

-Pues ni me gustaba este trabajo, es lo mejor que me ha pasado – trate de convencerme mientras les sacaba la lengua a las enormes puertas. - ¿y ahora qué hago?, ¿cómo termino la carrera?, debo admitir que no me gustaba el trabajo, pero al menos me alimentaba- inspiré con fuerza dejando entrar todo el aire posible en mis pulmones para controlar mis sentimientos- maldito creído, maldita rubia esquelética ¡por su culpa! perdí mi puesto, egocéntrico de mierda me despidió sin importarle nada. Es que si lo tengo en frente juro que mínimo le saco los ojos.

Murmuraba mientras caminaba con mis cosas en la mano.Escuchaba resonar todos los lápices que llevaba dentro de la caja y mi furia aumentaba, cada tintineo me recordaba que estaba ¡jodida!

-¿Qué hago? - suspire, mirando al cielo – tengo que pagar la renta, pagar mis estudios - aullé con más fuerza mientras soltaba gemido de frustración - si me callera un rayo ahora mismo nadie me extrañaría- me dije a mi misma.

Todos lo que pasaban me miraban con curiosidad.

-Claro la loca que habla con ella misma sosteniendo una caja de cartón en medio de la calle, pero si no hablo conmigo misma no lo puedo hacer con más nadie, uno porque no tengo amigos y en realidad no tengo nada; ni un perro que me ladre. Sola, muy sola en esta maldita vida, tengo solo veinte años, no debería estar sufriendo tanto, no quiero dejar mis estudios – todos los que pasaban a mi alrededor me esquivaban, es que si yo misma me viera y pudiera también me esquivaría parezco una loca o una perra rabiosa.

Tome la caja con más fuerza y al ver su interior observe con melancolía mis libros, mis lápices y mis apuntes de la universidad.

-¿Por qué me gusto esa carrera? -me pregunté - debí ser escritora, educadora, diseñadora, abogada que se yo, ¡pero no!, vas y te gusta unas de la más difícil ¡doctora!- solté un quejido de tristeza, yo no puedo costearme mis estudios y no sé qué va ser de mí. Me voy a morir antes de salvar a alguien, mi carrera me ha costado todos mis centavos y apenas voy por el primer año, no tengo zapatos, no tengo novio, no tengo unos trapos decentes, maldita pobreza, un cuartucho; donde solo tengo mi cama y mis libros… ¡Arrrrgggg! - gritar era la mejor opción en este momento, para poder liberar toda mi frustración y no ponerme a llorar en medio de la calle.

Arroje la caja en el piso y la patee con tanta fuerza, que uno; me dolió mis pies y dos; fue a parar al pecho y cara nada más y nada menos de mi ex jefe y su novia de curvas perfecta.

Malditos ingenieros creído, cree que todo gira a su alrededor, Pura mierda lo que tiene en su cabeza.

Que sean creído ellos que por inventar algunas cosas menos precian a los demás. Vamos a ver quién le salva el culo cuando se estén muriendo ok…ok… que los instrumento que uso lo han inventado ellos, pero me pudre como nos miran con superioridad, como si la mierda no nos oliera igual- Pensaba para mis adentros porque si hablaba posiblemente les gritaría en medio del llanto. Y bastante patético era todo esto para sumar mis lloriqueos.

Él me miro con el ceño fruncido y antes de que fuera abrir la boca lo interrumpí.

-El mismísimo Alejandro Ferrara – dije entre diente apretando las manos, para no darles un par de bofetadas.

Aunque si lo pienso mejor bofetadas no le dolería tanto, seguramente estará acostumbrado a eso, quizás probaría por patearle los huevos quizás le dolería más y yo quedaría satisfecha.

-¿Le sucede algo señorita Ivanov? – preguntó, como si no supiera lo que me pasa.

Se coloca en cuclillas para recoger mis pertenecía, que esta esparcidas por todo el piso. Lápices de colores, libreta, marcadores, libros, bloc de anotaciones, un mini auto del señor Ferrara, no lo robe lo juro estaba en la papelera y me pareció fantástico y lo tenía como mi pisa papeles, es muy lindo, es todo blanco y lo tengo desde hace seis meses me mira y alza una ceja.

No sé porque el corazón me late tan fuerte si juro que yo no lo robe.

-No lo robe-mi voz se quebró.

No me mira, solo recoge todo con tanta delicadeza como si lo que tomara entre sus manos fuera de cristal.

Apila perfectamente los libros de medicina, y observo como se guarda mi pisa papeles en el bolsillo de la chaqueta.

Quiero protestar y decirle que eso es mío, yo lo rescate de la basura. Pero mejor lo dejo estar, no vaya ser que llame a la policía por ladrona.

-Scott – llama Alejandro – dele sus pertenecías a la señorita Ivanov - me mira con esos ojazos oscuros, que transmite poder y arrogancia, no me había percatado de esos bellos ojos a pesar que pasaba más en su oficina que en mi cargo como fotocopiadora– ¿le sucede algo? - vuelve a preguntar.

No le respondí.

Estoy tan furiosa que lo mejor es ignorarlo, Scott me da la caja y yo se la, arranque de las manos de muy mala manera y podría decir un poco grosera.

Estoy pagando mis frustraciones con él y ni siquiera me ha hecho nada, él solo era un peón más que manejaba el señor Ferrara. Me di la vuelta para irme y no verle la cara en lo que resté de mi vida o del día.

-Tiene usted una pésima educación señorita Ivanov - escuche la voz irritante del señor Ferrara -Scott no le ha faltado el respeto para que su comportamiento sea tan grosera- refunfuño irritado-míreme a los ojos cuando le hable, ¿dónde están sus modales?

¡Mis modales!, ¡mis modales!usted no querrá saber cómo son mis modales. Señor Ferrara.

No sé, porque este hombre siempre me pone de mal humor.

Es mejor ignorarlo Marion – me digo mentalmente para calmarme. Mientras caminaba en dirección contraria a él, iba refunfuñando e imitándolo:

-¿En dónde está mi café Señorita? - puse la voz grave para imitarlo- y las copias que le pedí, llame al señor Koffman, los documentos, el archivo esta desordenado. Como si ese fuera mi maldito problema, no era su secretaria.

Seguí caminando sin prestarle atención, y parloteando como una demente.

Unas fuerte manos me sujetaron por la muñeca y me hizo voltear con brusquedad y para mi sorpresa era él, lo mire a los ojos, esos ojos tan preciosos de color gris que lentamente se le oscurecían me miraba intensamente frunciendo el ceño provocándole pequeñas arrugas en su frente, que lo hacían ver más atractivo, su mirada intensa me hizo tragar grueso. Quería decirle que es de mala educación, que me viese así fijamente.

-¿A dónde crees que vas? - le volteé los ojos, y quise zafarme de su agarre, pero me tenía bien sujeta- ¿estas imitándome? Porque te aseguro que puedo ser más desesperante. - afirmo con un tono suave pero amenazante.

Lo empuje para tratar de controlarme, me había puesto nerviosa y a la misma vez más furiosa. Tire con más fuerza y esta vez sí logre quitar sus garras de mi brazo y todas mis cosas volvió a caer al suelo.

-No me vuelvas a tocar – exigí apuntándolo con el dedo.

-¡Respóndeme! ¿qué le sucede? - exigió de nuevo.

-¡¿Qué me sucede?! - le grite, ahora si saco la loca desquiciada que llevo dentro y con ella mis modales–me sucede de todo ¿sabe por quién estoy así? – él me miro de arriba abajo y negó con la cabeza – ¡por usted!, eres la personas más arrogante y repugnante que he conocido en esta desgraciada vida.

-Cuide las palabras que salen por su boquita señorita Ivanov - su mirada era fuerte, pero no me intimidaba o ¿sí? El diminutivo de boquita hizo que me hirviera más la sangre.

-Me importa una mierda, lo que usted piense - le grite fuera de sí.

-No seas vulgar – me reprendió. - ¿Por qué esta fuera de su horario de trabajo?

¡Oh por Carson!, le voy a sacar los ojos, juro que le saco los ojos, o el corazón, o cualquier órgano.

-¿Eres retrasado mental? – estaba roja, mi cuerpo lo tenía caliente y temblaba de rabia.

-¡Marion Ivanov! - dijo fuerte tratando de calmarme, pero calmada que digamos no estaba, escuchar mi nombre de su boca hizo que mi corazón se acelerara, sabe mi nombre completo eso si era una sorpresa.

Mire a la maldita rubia esquelética y ella me sonríe con malicia, tratando de decirme te gane.

Observe a Scott moverse de un lado a otro, hablaba por su auricular y observaba todo a su alrededor, al parecer más que su chofer era su guardaespaldas. Como no iba a tener uno con todo el dinero que tiene el señor Ferrara.

-Te estoy haciendo una pregunta ¡¿Por qué no responde?! No me gusta repetir, ¿qué haces fuera de su horario de trabajo? ¿adónde vas? - este me lo cargo hoy mismo.

-De verdad eres idiota, a ti te importo una mierda despedirme – me mira extrañado – reconozco que el café estaba caliente, cuando ¨accidentalmente¨ - digo esa última palabra utilizando las comillas en el aire, es infantil lo sé, pero en esto momento no me importa y le sigo gritando- le cayó a tu mujercita. - y la señalo para que le quede claro quién es.

Este, mira a la rubia esquelética, y ella se remueve nerviosa.

-Es una maldita arpía, ella misma se tiró el café y me culpo - tome impulso para irle a sacar los ojos, pero el señor Ferrara me tomo por la cintura, ese simple contacto hizo que mi cuerpo se electrizara, y que toda mi columna vibrara, pero aun así la ira emanaba por mi cuerpo, ya no me importaba nada total despedida ya estaba.

-Contrólese, no sea salvaje - me reprocho tomándome con más fuerza por la cintura.

-Suéltame - chille. Mientras me removía bruscamente en sus brazos. Quien se cree él para llamarme salvaje.

Cuando por fin me soltó se me nublo la vista y casi me caigo. El rápidamente me sostuvo y me coloco a su pecho, ¡no había comido en casi dos días! Estaba un poco débil y si aparte de no tener nada en el estómago le sumamos su olor a menta este hombre me tenía completamente mareada.

-Cariño no pierdas tú tiempo, llegaremos tarde - dijo la rubia que ni su nombre sabía, esa maldita rubia le quería sacar el hígado por la boca.

Estaba unos pasos atrás de Scott con una enorme sonrisa, vestía pulcramente con una falda a tubo con estampado de flores negras con beige, una camisa negra y un cinturón beige, nunca voy a poder compararme con ella, es pura elegancia y yo con estos trapos.

-¿Estás bien? –me examino acariciándome las mejillas.

-Suéltame – me sentía mal, todo me daba vuelta, no es nutritivo comer solo un poco de pan y agua;Pero era lo que tenía.

-Scott, búscale un taxi a la señorita Ivanov – ordeno.

Pero eso implica dinero y mucho, cuando decían la palabra dinero prácticamente mi cerebro sacaba cuenta por sí solo.

-No tengo para comer y crees que tendré para cancelar un taxi - le sonreí -no sea iluso señor Ferrara yo no vivo en una burbuja de oro como usted - lo mire de arriba abajo estaba pulcramente vestido, con un traje de tres piezas negro y una camisa azul rey, quite sus brazos de mi cuerpoy di unos pasos hacia atrás - usted lo tiene todo, yo camino todos los días casi diez kilometro para poder llegar a esta oficina siempre puntual, porque no me puedo dar el lujo de gastarme en un taxi, pero a ti que te importa si todo lo tiene – la garganta me ardía los ojos se me llenaron de agua y por mis mejillas corría ese líquido que al estar en contacto con mis labios sentía su sabor salado- ¿y sabes que es lo más frustrante de todo? - el me miraba muy serio, y como no emitía ningún comentario me ponía muy nerviosa- que a tu estúpida novia lo único que le importo fue ese maldito vestido, me voy de aquí como llegue sin nada y con una inmensa deuda por un vestido.

Mientras me miraba como un imbécil añadí.

-Gracias.

***

La mire desconcertado, no podía creer todo lo que Marion me decía nunca nadie en su sano juicio me había hablado así.

Hace dos años la contrate, ella me gusto desde el primer día que la vi, recuerdo que la vi dudar en la entrada del edificio se retorcía las manos y respiraba profundo, entro porque Alejandra corrió hacia ella y la empujo para que entrara, sonreí en ver a Ale tratando de quitarle la carpeta que llevaba y obligando a la secretaria de recepción que le hicieran la entrevista.

No le hice la entrevista yo mismo, pero di la orden que la contrataran, recuerdo que llevaba un pantalón azul oscuro, unas converses blanca y un suéter negro, nunca olvidare a esa preciosa niña llena de dudas, aunque hoy parezca una fiera en vez de la dulce mujer que yo conocí.

Marion es preciosa, estaba un poco delgada y demacrada tenía la cara enrojecida de llorar y no llevaba una gota de maquillaje, tenía una coleta alta y el cabello exageradamente largo castaño, es morena, con ojos color miel esosojos que hacía que todo mi ser se estremeciera cada vez que me miraba, su preciosos ojos estaban lloroso y triste, su estatura era de 1,65m lo sé con exactitud, sus labios carnoso rosado y enrojecido provocaba era mordérselo, me gustaba lo guerrera que era, lo humilde, trataba de ayudar a todos la veía por el pasillo siempre en actividad, llevaba café, anotaba todo lo que se le ordenaba, contestaba teléfono, le ayudaba a la señora de limpieza a trapear si era necesario.

La llamaba mil veces a la oficina, pero nunca me miro de una manera especial, siempre estaba metida en sus libros, ninguna mujer se me ha resistido, todas me buscan y me acosan excepto Marion Ivanov para ella no existo.

-Yo nunca di la orden de despido- le comuniqué.

Nina, ¡maldita sea! fue ella, muchas veces me rogo que la despidiera, y no podía hacerlo porque Marion me gustaba mucho, aunque no consiguiera acercarme porque es demasiado joven para mí. He investigado todo acerca de ella y se perfectamente cómo es su vida parezco un maldito acosador, pero no me importa, siempre he tratado de que su sueldo sea mayor, pero no sé por qué coño no le alcanza, estoy embobado viendo su belleza cuando de pronto da la vuelta y se va.

-Cariño déjala. - escucho la voz chillona de Nina, tratando de sonar dulce.

Estoy molesto e irritado nada en este maldito mundo hará que me aleje de Marion, absolutamente nada.

-No permito que nadie se tome atribuciones que no le corresponde es mi empresa y tu simplemente trabajas en ella, el hecho de que nos hallamos revolcado un par de veces no significa nada – le grite.

Porque mierda dan ordenes sin mi permiso.

-Pero estamos comprometido – replico Nina.

-No estamos comprometido - le grité de nuevo, a ver si me entiende-entiéndelo de una puta vez, no me voy a casar contigo.

-Tu madre me lo prometió.

-Cásate con ella entonces- me quite el saco y afloje la corbata para dársela a Scott-Scott el auto.

-Sí señor. - contesto como siempre de profesional.

-Pero Ale, si la pasamos bien en la cama- se quejó Nina de nuevo.

-Porque eres una zorra, te gusta que te coja así, y también te tiras Adrián - pone la cara de horror, cree que no sé qué se revuelca con mi hermano solo la utilizo para un fin, para desahogarme cuando estoy estresado.

-Es mentira lo que te dijo tu hermano.

-Es solo un revolcón y ya - conteste dándole la espalda.

-Ale ¿adónde vas?

La ignoro no perderé más mi tiempo con ella, mientras veo como Marion se aleja… no es que no sepa en el lugar donde vive, pero la muy malcriada se fue corriendo, trato de alcanzarla, pero me lleva ventaja, maldita cría impertinente si no me gustara tanto no la persiguiera, pero no puedo dejarla ir, soy un puto egoísta, la quiero solo para mí, aunque sea en mi empresa, con verla todos los días me conformo. Corre como una desquiciada y no mira a su alrededor, juro que cuando la tenga en mis brazos lo va a pagar.

***

-¡Ivanov detente! – alguien me grita.Su voz agitada hace detenerme de golpe.

Debo tener los ojos hinchado de tanto llorar.

Me duele respirar, pero es por el esfuerzo de correr sin control.

Volteo y lo veo, ha corrido detrás de mí, esta sudado y se ha quitado el saco y la corbata, su camisa esta empapada al igual que su chaleco, se le pega a ese cuerpo fibroso que tiene, sus mechones de cabello liso le rodeaban la frente empapada.

Alejandro es fuerte, alto, con una boca provocativa veo su cuerpo tensarse, el pantalón de vestir le queda de infarto nunca me había fijado en él hasta ahora estaba jodidamente sexy.

¡Mierda! nunca lo había visto como un hombre, bueno es un hombre, quiero decir era mi jefe.

-Estás loca, ¿por qué corres así?, no miras ni cuando cruzas, puedes tener un accidente – me grita furioso. Como si ese fuera su problema.

-Y a usted que le importa – le grite, no me iba a dejar de él.

-No eres consciente de lo que acabas de hacer, no puedes salir corriendo así, sabes cuantos kilómetros he corrido para detenerte.

-Los mismo que yo camino todos los días – le digo sin más, colocándome las manos en la cintura desafiándolo.

-¿Cómo que caminas todos los días?

-A ver imbécil, te haces el idiota o que, te lo dije, no tengo un auto como tú, ni un centavo para tomar un taxi.

Hizo una mueca de desaprobación, y me examino todo el cuerpo mi ropa prácticamente eran unos trapos desteñido y muy viejos consciente de cómo lo miraba por fin hablo.

-Te quiero mañana a primera hora en mi oficina serás mi nueva asistente y con un sueldo mejor.

-Déjame explicarte una cosa, señor Ferrara yo no voy a regresar con usted, no voy a trabajar para usted en lo que me reste de vida, porque lo odio a usted y a su novia, esa ser que es su novia me ha hecho la vida imposible, no soy su esclava ni su criada, era una aprendiz y hasta lavar su baño tenía que hacer simplemente por cuidar mi puesto, pero no pienso volver, no y no.

-No es mi novia – contesto sin más.

Lo mire un poco desconcertada, y todas las veces que lo había visto salir con ella y los besos.

-Me da igual – me encogí de hombro.

-Solo la pasamos bien ella y yo, solo es un juego – no sabía por qué le daba explicaciones a esa cría malcriada, pero saber que no tenía como sobrevivir ni comer no me dejaba estar tranquilo, sentía el deseo de protegerla, cuidarla y alimentarla – te espero mañana en mi oficina y se puntual.

-No voy a ir - le grite mientras él se alejaba – prefiero prostituirme- lo dije sin pensar no sé por quería hacerlo rabiar.

Se giró y me miro con el ceño fruncido.

-Deja de ser una maldita cría, haz lo que quieras, si quieres prostituirte hazlo ¡ese no es mi puto problema!

Me di la vuelta dejándolo con la palabra en la boca, no voy a trabajar para él, que más le da si muero de hambre o no. No sé porque se enoja tanto.

Entre a mi cuartucho, era viejo pero lo poco que tenía estaba ordenado, era una maniática por el orden y la limpieza, pues ya mi vida era una mierda, no quería que mi pobre habitación lo fuera y si tengo que prostituirme para sobrevivir lo hare.

-Esta decidido – lo dije en voz alta para darme valor.

La decisión está tomada.

Ordene a mis pies, a mi cuerpo y a mi mente abrir el closet donde estaba mi escasa ropa, comprobé que aún tenía una falda negra que dejaba ver mis largas, flacuchas y pálidas piernas, pero bien tonificada de tanto caminar, visualice un top fucsia creo que lo había tomado de un conteiner hace años, lo que me gusto en realidad fue su color.

Había una industria de alta costura que desechaba todos sus trapos viejos en las áreas más pobres de Toronto y todos los que vagábamos por ahí vestíamos con lo que ellos “desechaban” nunca voy a olvidar a esa empresa que mensualmente llenaba esos conteiner de abrigos, colchas, pantalones gruesos, ropa interior de todas las tallas y da la casualidad que siempre estaba toda la ropa acomodada y los conteiner pulcros a los quince años me entere que la dueña había fallecido y la empresa había cerrado Gwen Brown así se llamaba su dueña y nuestra salvadora por muchos años.

-Nunca pensé que te fuera a usar- le hable a mi atuendo como si el pudiera responderme, busque mi único par de tacones negro un poco viejo, pero aun servía.

Decidí darme una ducha rápida no quería oler a sudor y necesitaba lavarme el rostro y el cabello minutos después me coloque cada pieza del atuendo que había elegido y observe mi reflejo pálido y demacrado en el espejo.

-De verdad lo vas hacer Marion, ¿tienes más opciones? Mañana puedes conseguir trabajo o al menos intentarlo, porque me tengo que ir al dinero fácil- le hable a mi reflejo, pero solo pude ver a una mujer sin nada, solo vi a una mujer que intentaba luchar solo por ella, una mujer que no tenía a nadie en el mundo, una mujer que solo quería demostrarse así misma que podía ser una mejor persona, pero el reflejo solo me mostraba a una mujer pálida, demacrada y que en pocos días moriría de hambre.

Limpie mis lágrimas y decidí hacerlo, no perdería nada, o perdería todo. Mi dignidad mi orgullo todo, vender mi cuerpo o darlo a la persona que amo, pero en esto momento no tengo a quien darle mi cuerpo, no amo a nadie.

Me hice una cola alta, pensé en colocarme un poco de maquillaje, pero nunca he usado. Así que no tengo, recordé una barra morada que hace años me había encontrado y la busque entre mis cosas, cuando por fin la encontré me pinte los labios para darle un poco de color a mi rostro, es un poco pastoso, pero no importa.

-Lo puedo hacer, si lo puedo hacer –repetía en un susurro dándome ánimos. respiré profundo y salí del cuarto.

Me encamine hasta una esquina; eran las once de la noche más o menos, ya no recordaba si eran las once o las doce ¿será buena hora?, si me va bien puedo hasta conseguir dos clientes, asustada era poco me moría de miedo, estaba en la esquina cuando vi a dos chicas que me miraban a mí.

-¡Hey!, ¿qué crees que estás haciendo ahí parada muñequita? – su acento era extraño y me hablaban en español – esta es mi esquina perra, búscate otra o si no tienes que pagar la cuota.

La mire asustada y con los ojos bien abierto.

-Lo siento – fue lo único que se me ocurrió decirles. - y ellas se partieron de la risa.

Pase la calle, tambaleándome un poco, los tacones resonaban en el asfalto, y escuchaba la risita de esas mujeres, una era alta y la otra no tanto así acabare yo como ellas, su cuerpo era de jóvenes, pero su piel reflejaba otra cosa, reflejaba vejez, maltrato y muchos trasnochos la edad Biológica es a veces muy cruel, me coloque en la otra esquina esperando.

¿De verdad quiero acabar así?Solo una noche, solo un poco de dinero. Aún tengo el trabajo con el señor Ferrara es cuestión de dejar mi orgullo encerrado en mi hogar y marcharme rápido y suplicarle piedad al señor Ferrara, y con la rubia esquelética que hago, no maldita sea que se pudra en su dinero que se lo meta todo por el… bueno por donde le quepa.

Inspire profundo y mire a las mujeres con unos clientes. Sonreí con malicia porque al parecer la han llamado viejas y feas.

-¿En esta parte si puedo estar? – le grite. Para que supiera que había visto como la despreciaban.

-Como quieras igual toda trabajamos puta. – y entonces por qué me corrió de aquella esquina.

Noto como transita los autos de un solo sentido, que hija de su mentada madre no me había dado cuenta, se despidieron de mi con una sonrisa malévola, me moría de frio así que decidí pasarme de nuevo.

¿Cuánto cobraran? pensaba mientras me tocaba la cola y le daba vuelta, ciento cincuentas dólares canadienses estará bien, al menos comeré toda la semana.

Espere paciente hasta que un auto color negro se detuvo, me hizo seña para que me acercara, con los nervios a mil me acerque un poco temblorosa.

-Hola belleza, cuanto cobras- feo no estaba, pero pasado de copa sí.

-Eh, eh… - carraspee un poco – ciento cincuenta.

-Tan barata lindura, ven sube. - abrió la puerta de su auto.

Joder debí de haber cobrado más, me adentré en el lado del copiloto muy insegura de lo que iba hacer, las manos me temblaban mucho, pero creo que él no lo noto porque cuando me senté él coloco las manos en mis mulos de una vez al parecer estaba muy urgido, empezó a manosearme, toco mis pechos por encima de la ropa, cintura y muslo.

-Eh, ¿no vamos a otra parte? - la voz me salió floja, por lo asustada que estaba.

-No preciosa, me gusta la adrenalina y quiero aquí mismo ven- ¡mierda en que me he metido!

En un solo movimiento me sentó ahorcajada en sus piernas y hecho el asiento hacia atrás, parecía un pulpo, metió y recorrió cada centímetro de mi piel, me apretaba mis senos, me besaba bruscamente hasta que dolía.

-Copera preciosa, copera, muévete has algo no te quedes ahí parada- tenía muy mal aliento, el hedor a borracho me daba nauseas.

Subió la falda a la cintura y metió su mano en mi flor.

¡Joder! pegue un brinco del susto. No quiero es asqueroso.

Introdujo dos dedos en mi interior, mientras sentía que su respiración se aceleraba, y todo sucedió muy rápido entre en pánico, intente salir corriendo era mi primera vez y no quería así, así no, me sujeto de la muñeca con fuerza.

-Suéltame – le grite, descontrolada, estaba asustada y temblaba del miedo ¿qué estaba haciendo? ¿Creía que esto iba a ser un cuento de hadas? ¿Qué te iban a tratar con delicadeza?

Me removí bruscamente en su cuerpo y solté un chillido de puro pavor. Me tomo por las mejillas muy fuerte y mordió mis labios.

-No, por favor- suplique.

-Si, y te la voy a meter tan adentro que te voy a destrozar.

Intente golpearlo en los hombros, arañarlo, quitarle sus asquerosas manos de mi cuerpo, pero me tenía bien sujeta, grite de nuevo y solo recibí una bofetada que me dejo totalmente mareada.

Tocaron el vidrio fuertemente y visualice a las dos chicas de hace rato.

-Suéltala- le dijeron en tono amenazante.

Debieron escuchar mis gritos de desesperación y en ese momento estarían pensando que yo era la puta más patética del mundo estaba llorosa y en pánico.

-No- encendió el auto y mi corazón latía con más fuerza, me va a violar y yo lo busque, una de esas mujeres tenía un tubo en las manos y amenazaba con dañar el carro.

-Suéltame- esta vez suplique a punto de llorar.

-No belleza tu no me vas a calentar y salir corriendo – me halo con mucha fuerza y mi cabeza se estrelló con la puerta- ¡maldita! me calientas y luego sales corriendo, sal de mi auto que lo vas a manchar, prostituta de mierda.

Salí tambaleándome como pude, sentí la mezcla del sabor caliente a hierro y lo salado de mis lágrimas, me duele la cabeza.

En que estaba pensando, yo nunca haría eso, nunca lo hice, y ahora menos.

Casi caigo de rodilla cuando unas manos fuertes me agarraron.

-¿Qué estás haciendo niña? - era una de las mujeres que me había defendido- ve a casa.

-Gracias- balbuce- pensé que se habían ido. Di las gracias por que estuvieran ahí cerca para mí.

-A ese viejo no se le paraba- rio. Luego me miro y me coloco su abrigo- soy una vieja puta- se le dibujo una sonrisa en su rostro, pero una sonrisa triste-esta puta busco el dinero fácil un día, por un momento de desesperación y nunca ha podido salir de este mundo, cuando por fin decidí dejarlo mi hijo enfermo y pues aquí me tienes para poder pagar sus medicinas. La vida es una puta mierda, pero no dejes de luchar por lo que quieres doctora Ivanov. - sonrió de nuevo.

Los ojos se me humedecieron.

-¿Me conoces? – balbuce.

-Todos nos conocemos aquí. También nos cuidamos y no puedo permitir que te conviertas en esto- se señaló- puedes salvar a mi hijo quien sabe- se encogió de hombros.

-Quiero estudiar medicina forense.

-Bueno- soltó un suspiro- entonces atraparas algunos malnacidos- cubrió bien mi cuerpo con su abrigo y limpio con su mano mi sangre que salía de la frente- vete a casa. La vida debe ser una mujer porque es una perra- volvió a sonreír y continuo- pero tú decides como vivirla, al son de ella o al tuyo, buenas noches muñeca.

-Buenas noches- me despedí.

La cabeza me dolía, y los pies me ardían por los tacones, decidí dejarlo tirado en media calle y caminé sin rumbo, las calles estaban solitaria y la noche silenciosa, mis pies llegaron hasta la empresa Ferrara. Alce la vista para admirar el edificio, me abrace a mí misma y solté un breve sollozo.

Este era mi pequeño mundo.

Camine sin rumbo hasta que llegue a la universidad y me senté en una de las bancas que rodeaba a la universidad, admire su campo verde y recordé que me encantaba caminar descalza y sentir la sensación de la grama en mis pies así que hundí mis pies en ese suelo verde para relajarme e inhale con fuerza.

Observe la gran estructura blanca, estaba llena de laboratorios, sillas, libros y excelente maestro.

Recordé cada pasillo y a los profesores cuando me decían bien hecho Ivanov, nunca tuve ese apoyo y realmente se sentía bien.

Este era mi sueño.

Me permití contemplar la universidad por unas horas más, y decidí volver a casa a mi pequeña madriguera, la vista se me nublaba, pero era por el inmenso dolor de cabeza que tenía.Los pies me ardían, me dolían y me sangraban de tanto que había caminado estaba echa un asco y de verdad no me importaba, ya nada tenía sentido para mí.

La ciudad empezaba a cobrar vida, deben ser como las cinco de la mañana. El dolor me martillaba la cabeza.

Visualice una farmacia al final de la calle.

Genial el poco dinero que me quedaba y tendré que gastarlo en medicamento, para que se me pueda quitar este dolor. El cerebro dijo medicamento y automáticamente me dolió más la cabeza.

Entre tambaleándome, a los ojos de los demás estaba borracha, unas mujeres de cierta edad mayor me miraron y empezaron a persignarse y murmuraban algo así como perdona a esta alma pecadora.

Por encima se veía que tenía mucho dinero, pero estaban podridas por dentro. Me fije como trataban al farmaceuta, como si le fuera a pegar la peste negra y arrugaban la nariz como si estuviera podrido, deje que las mujeres se fueran para poderme acercar al chico.

-¡Buenas! -salude y achine los ojos, porque al hablar el dolor era más intenso.

-Buenas. Bienvenida. Se encuentra usted bien, tenemos a un médico aquí. - me dijo amablemente.

-Solo me duele la cabeza, gracias.

El farmaceuta explico que solo me podía tomar dos pastillas, y un poco de cosas más que ya sabía, ¡hola estoy estudiando medicina!, se perfectamente que al menos con ocho pastillas de estas puedo acabar con mi miserable vida.

-Gracias. - cancelé y como pude salí de ese lugar.

El cuerpo me temblaba y no lo podía controlarlo. Lo bueno era que no estaba tan lejos de mi cuartucho (hogar) al llegar encontré una nota donde decía;

Debe cancelar dos meses atrasados y para asegurar que esto no vuelva a suceder debe cancelar dos meses por adelantados.

Daniel: L

-En total cuatro meses de renta genial, genial.

Mire el bote de medicamento 24 pastillas.

Mi vida es un asco, si decido suicidarme nadie me extrañara, encontraran mi cuerpo en cuantos días; dos o tres días ya no sentiré más dolor estoy cansada, me siento débil, no quiero seguir luchando ya no puedo más, quiero desaparecerme yo no pedí venir a este mundo yo no lo pedí, los padres son injusto.

Me hice un ovillo en la cama, los sollozos sacudían mi cuerpo.

Si decido suicidarme y terminar con esto sería lo mejor.

-Ahorcarme- susurre- Mucho dolor. Córtame las venas, ensuciaría mi pobre hogar- observe el bote de medicamento- solo dormiré un rato (para siempre) y todos mis problemas solucionado, no más renta, ni mercado, ni escuela, ni nada.

No más esta perra vida como me dijo la mujer, y tampoco tocare a son de ella ni al mío.

Ya había amanecido, la luz iluminaba mi hogar y el sonido del despertar de la ciudad se empezaba a escuchar, las bocinas de los autos, los gritos de las personas y hasta el sonido de la cocina de mi vecina daban inicio que ya la ciudad había despertado.

-Estará verde el señor Ferrara- hable bajito- no todos tus caprichos se cumplen.

Agarré el bote de medicamento y lo abrí, no tenía miedo, ya no sentía nada. Tome diez pastillas en mis manos.

Uno: por mi miserable vida.

Dos: por no poder costear mi carrera que tanto amo.

Tres: por querer ser algo que nunca iba a suceder.

Cuatro: por mis malditos padres.

Cinco: por esta soledad que me consume cada día.

Seis: por ti señor Ferrara por quitarme lo único que tenía ¡mi trabajo!

Siete: porque me canse de luchar.

Visualice mi mano y solo quedaban tres me las trague y bebí un poco de agua que estaba en mi mesa, me tumbe en la cama, y me acurruque con la almohada, sentía un fuerte apretón en el pecho y la respiración se tornó lenta y pesada no me resistí sabía que por fin iba a descansar.

Poco a poco mi cuerpo fue cediendo.