NO TODO LO QUE BRILLA EN TIKTOK ES REAL
A veces me despierto, abro TikTok y veo tantas vidas perfectas que me da risa… o coraje, no sé.
Chicas con novios que las sorprenden con flores, chicos con cuerpos marcados y sonrisa de comercial, relaciones que parecen sacadas de película.
Y por un segundo me lo creo, bro.
Por un segundo pienso que la mía está mal, que mi pareja no me ama lo suficiente, que algo me falta.
Y es triste, porque no me doy cuenta de que todo eso son segundos editados para parecer felicidad.
Lo que no muestran son los silencios incómodos, las discusiones por tonterías, los celos que se callan, los “estoy bien” que son mentiras.
No te enseñan el lado donde una se siente sola, incluso acompañada.
Y ahí está el truco: TikTok no te vende amor, te vende la ilusión del amor.
Pasé tanto tiempo creyendo que si mi novio no me subía en historias, no me quería.
Que si no me dedicaba canciones, era porque le gustaba otra.
Que si no me hablaba igual que el tipo del video, era porque algo estaba mal.
Pero no, mi amor. Lo que estaba mal era mi manera de mirar el amor.
El amor real no se ve, se siente.
No se graba, se construye.
No se mide por likes, sino por la paz que te da cuando estás con esa persona.
Y no todos lo entienden, porque nos enseñaron a comparar todo: el cuerpo, la ropa, la relación, hasta la tristeza.
A veces me gustaría que las redes se apagaran por un día, solo para que la gente vuelva a sentir.
A hablar sin filtros, a quererse sin cámaras, a llorar sin subir indirectas.
Porque ya nadie llora en silencio, todo el mundo quiere que le duela en público.
Y ahí entendí algo que me cambió:
No todo lo que brilla en TikTok es real.
Y tampoco todo lo que calla el mundo es falso