El diario personal de Nelson.
Día 3 de Marzo
Buenos días… Bueno, en realidad no sé por qué me estoy presentando, si esto lo voy a leer solo yo, pero bueno, es la primera vez que hago un diario personas, pero hace unas pocas horas me acabo de mudar de la casa de mi mamá a un pequeño departamento, acá en Los Perales, y ya, bastantes cosas que no sabría explicar por qué pasan, pasaron, y escribir esto es una manera para poder tranquilizarme en mi habitación y así no creer que estoy perdiendo la cabeza. Llegue a mi departamento hoy a las doce de la mañana, me quede minutos mirando mi nuevo y primer departamento en donde por fin me independizo de mi mamá, después desempaque mis cosas, mi ropa, coloque mis muebles en sus lugares y después saque la bolsa de la mercadería que había comprado unos días antes de venir acá. Más o menos a los dos de la tarde, cuando yo aún me encontraba guardando mi ropa en el armario de mi habitación, escuche como varios platos de vidrio se arrastraban por los muebles y después de una larga vida, deciden acabar con ella lanzándose al suelo y romper su cuerpo de vidrio en mil pedazos. Al principio creí que mi gato, Liones Messi, había subido en donde estaban guardados los platos, y por hacerse el chistoso, los movió con una de sus patas para reírse de mí. Pero no, Messi se encontraba acá, en la habitación conmigo, encima de la mochila que había dejado en la cama, como si esa mochila negra fuera tan cómoda como una nube de lana, se encontraba durmiendo como el bebe hermoso que es.
Deje la poca ropa que faltaba guardar en la cama y me diriji a la cocina para encargarme de los platos suicidas, pero al llegar lo que menos me sorprendió fue que solamente un solo plato se había caído, ya que había escuchado, tres veces seguidas, ese mismo sonido, si no que, que en la mesa de la cocina, se encontraba el termo abierto con el vapor del agua caliente bailando por el departamento. Eso me sorprendió porque yo no había movido el termo del lugar en donde lo había guardado una hora antes, entonces me acerque hacía el termo para tirar el agua caliente y volver a guardarlo en su lugar… Pero cuando toque el termo con uno solo de mis dedos, escuche como la heladera, que estaba detrás de mí se abrió rápidamente, y de él escuche como salía una gigantesca mano podrida y golpeaba la puerta de la heladera con sus dedos tan fríos como una persona muerta. Yo me encontraba paralizado del miedo, ahí en ese lugar completamente quieto, escuchando como unos dedos que salían de una mano que salía de la heladera, se burlaba de mi cobardía, ya que ni siquiera tenía el valor de dar la vuelta para pedirle que se vaya. Cuando por fin me canse de escuchar esos dedos golpeando la puerta de la heladera, tome el valor suficiente para darme la vuelta y ver lo que estaba sucediendo detrás de mí. Pero cuando por fin me volteé, la puerta de la heladera se cerró lo más rápido posible y aquella mano que se estaba burlando de mí, desapareció, ocultándose dentro de la heladera. Camine lo más rápido que pude hacía la heladera para abrir la puerta y ver qué era lo que había dentro. Pero cuando abrí la heladera, no había nada ahí, no había nada raro ahí, solamente se encontraban todas la mercadería que yo había guardado una hora atrás.
“Seguramente haberme mudado de la casa de mamá tan de repente me afectó un poco. Mejor me voy a comprar unos ibuprofenos al quiosco de acá al lado” fue lo que dije tocándome la cien y después agarre la llave del departamento y me diriji al quiosco que tenía al lado. Baje las escaleras, y camine hasta el quisco, al llegar, había dos mujeres delante de mí que estaban comprando, tuve que esperar unos ocho minutos hasta que la señora que atendía el quiosco le dio todo lo que ellas estaban buscando. Cuando esas dos mujeres se voltearon, algo me sorprendió: las dos mujeres por dos segundos, ninguna de esas dos mujeres tenía rostro, en el lugar en donde tenían que estar los ojos, la nariz, la boca y todo lo demás no había nada. Hasta que por fin la impresión me obligó a cerrar los ojos y todas esas partes que faltaban volvieron a donde tenían que estar. Entonces, le pedí a la señora del quiosco: tres ibuprofenos, un jugo Ades, un alfajor de chocolate y unos caramelos de dulce de leche. Después de pagarle a la señora, la mujer me entregó todo lo que yo le había pedido. Por eso, volví a mi departamento, cerré la puerta con llave, tomé un ibuprofeno con el jugo Ades de manzana que había pedido y después me dirigí a mi habitación para seguir guardando lo que me faltaba. Después agarré un cuaderno que tenía todas las hojas en blanco, y comencé a escribir esto.
Ya pasaron unas cuantas horas desde que escribí lo último. Son las ocho de la noche pasada, el fuerte maullido de Messi me despertó, al igual que las fuertes pisadas de un hombre que había entrado en mi casa. Me levanté lo más rápido de la cama y agarré cualquier cosa que tenía en mi cuarto para defenderme de aquel hombre, que por el sonido de sus pisadas, podía decir que era bastante alto. Esas pisadas fuertes provenían de la cocina, en donde también estaba mi gato, por esa razón camine tan rápido como pude para golpear al hombre antes de que le haga cualquier daño a Lionel, pero cuando llegue a la cocina tire mi arma al suelo de miedo que me paraliza. Porque cuando llegué, mis ojos vieron a un gigantesco cadáver sin cabeza, con cada parte de su cuerpo completamente putrefacto, e incluso se le cayó uno de los dedos podridos de su mano. Aquel cadáver de más de tres metros de altura, se había ocultado lo más rápido posible dentro de la heladera, pero yo fui más rápido y fui capaz de verlo un segundo antes de ocultarse dentro de la heladera. Me quedé paralizado del miedo por unos largos siete minutos, deseando que lo que acababa de entrar a mi heladera no fuera real, pero mis ojos acababan de ver lo que realmente pasó, y mi corazón se quedó paralizado al igual que el corazón de cualquier personas lo hubiera hecho si estuvieran en mi lugar, y vieran lo que yo vi. Porque yo no me estoy volviendo loco.
Cuando volví a recuperar el conocimiento, me levanté del suelo y caminé hacía el dedo podrido que había dejado aquel cadáver después de visitarme mientras yo estaba durmiendo. Agarré el dedo y lo tiré por la ventana del departamento. No quería saber nada del dueño de aquel pedazo de carne verde y podrido, lo único que quería era prender fuego el edificio completo, sin importar si había personas dentro, solo quería deshacerme de lo que estaba pasando dentro de mí departamento. Decidí que no me volvería a acercar a esa heladera del demonio y tal vez si dejo de darle importancia a lo que estaba pasando, todo lo malo se vaya tan rápido como vino. Me acerqué a Lionel y lo acaricie antes de irme a mi cuarto para volver a dormir.
Día 4 de Marzo
Hoy es martes, me levanté temprano por la mañana porque tenía que ir a la escuela, por suerte estoy a solo cinco minutos de mi escuela. Al salir de mi cuarto acaricie a mi gatito y me dirigí al baño para cepillarme los dientes y empezar un día normal sin ningún cadáver saliendo de mi heladera para tomar unos mates o asustar a mi gato y asustarme a mí. Pero las cosas paranormales volvieron a ocurrir, de repente, la puerta del baño se cerró bruscamente detrás de mí, la luz del baño se fue por un segundo, pero después de eso volvió tan rápido como se fue. Entonces dejé el cepillo de dientes, y salí del baño, esta vez enojado en vez de asustado. Comencé a gritar muy furioso con ganas de pelearme con esa persona que había cerrado la puerta del baño, pero el único que escucho mis gritos fue mi hermoso gatito Lionel, que comenzó a girar su cabeza algo confundido. Ya eran las siete y cincuenta de la mañana y no podía seguir peleando con alguien que no se encontraba ahí, ya que tenía que ir a la escuela. Entonces levanté mi mochila, agarré la llave del departamento y salí para ir a la escuela. Al llegar me saludé con mis amigos y después de que subieron la bandera, subimos las escaleras para tener dos horas cátedras de biología con el profesor Portillo. Al sentarnos en nuestros lugares, sacamos el celular y nos pusimos a usar el Classroom para hacer las actividades, en ese momento, saque mi celular pero no tenía batería. Esto me sorprendió bastante, porque al levantarme de la cama, desenchufé mi celular que se quedó cargando toda la noche, y había llegado a tener el cien por ciento de carga. Por eso le pedí al profesor Portillo que me prestara el libro de biología para hacer las actividades. Yo cada vez que terminaba de hacer un punto de la actividad, descansaba para charlar unos minutos con mis amigos que se sentaban en la misma mesa que yo. En la misma mesa estaba yo, Micaela, Esmeralda, Diego, Maxi y Rubí. Todos éramos grandes amigos.
Cuando estaba apunto de realizar el punto cinco de la actividad, mi celular comenzó a sonar, por esa razón despegue la vista de las actividades del libro de biología para ver por qué mi celular estaba sonando si supuestamente no tenía batería, pero cuando me dí cuenta ya era demasiado tarde… Ya que yo me encontraba afuera del aula, con mi celular en la mano, atendiendo a un número desconocido. ¿pERO En QUÉ M0moMENTO me levanté de mi lugar y salí del aula? ¿Acaso me estoy volviendo loco? Ni siquiera recordaba el momento en que me levanté de mi asiento para pedirle a Portillo permiso para atender la llamada fuera del aula. Entonces escuche esa voz diciendo esas palabras.
Devuélveme lo que me robaste, devuélveme lo que me robaste, devuélveme lo que me robaste. Devuélveme el dedo meñique que me robaste o si no yo te robare los ojos, las uñas, los dientes y la lengua - Todo eso fue lo que dijo aquel señor del número desconocido.
¿Devolverle lo que le robó? ¿Devolverle el dedo meñique que YO le robe? ¿Acaso aquel hombre del número desconocido era aquel cadáver que me visitó la noche anterior? Decidí no pensarlo mucho, porque ya tenía suficiente con no recordar cuando me había levantado de mi asiento para salir del aula. Intente aprender nuevamente mi celular, porque cuando aquel enfermo del número desconocido me colgó, mi celular se apagó sin que yo hiciera algo para apagarlo. Pero el celular volvió a tener cero por ciento de batería y no podía aprenderlo por más que quisiera. Volví a entrar al aula, con la mirada en el suelo y algo confundido y enojado al mismo tiempo. Que gran error. Porque cuando levanté la cabeza, ví que cada uno de mis amigos que se sentaban en la misma mesa que yo, al igual que el profesor Portillo, y los demás muchachos que se encontraban en el aula, le faltaban los ojos, las uñas de las manos, los dientes y la lengua, pero por alguna razón actuaban como si nada malo estuviera pasando. En ese momento la sorpresa y el miedo era tanto, que tiré el libro de biología al suelo y me levanté de mi asiento y pegue un fuerte grito que sorprendió a cada persona en el aula. Cuando sentí que la mano del profesor Portillo tocó mi hombro, me volteé y todo había vuelto a la normalidad, bueno no todo, porque en medio del aula había una persona que actuaba como si hubiera perdido la cabeza, y esa persona se llama Nelson y se apellida Villalba, esa persona era yo.
¿Estás bien Nelson? - me preguntó el profesor Portillo, mientras que cada una de las personas me juzgaban con la mirada por actuar como loco en medio de la tranquilidad.
Yo asentí con la cabeza y le dije que todo estaba bien, que ah nadie le faltaba los ojos, o las uñas o los dientes, y mucho menos a nadie le faltaba la lengua. Me volví a sentar en mi asiento para terminar las actividades de biología. Pasaron unos cuantos minutos hasta que tocó el timbre para ir al recreo, pero yo no lo había escuchado, en realidad sí, pero mi cabeza ya no quería escuchar nada, solo quería olvidar todo lo que pasó hace unos pocos minutos. Cuando ví que todos mis amigos se habían levantado de la mesa, me levanté detrás de la última persona para bajar al recreo y de paso tomar el desayuno. Al bajar me serví un vaso de yogur y me agarré unas galletitas de avena para comer. Me acerque a una esquina de la escuela y durante unos cinco minutos todo era normal, nada raro había ocurrido durante esos pocos minutos en donde sentía que ese era mi lugar en el mundo, si me quedaba ahí quieto sin moverme, podía sentir que era invencible, o que nada fuera de lo normal iba a pasar si me quedaba ahí quieto sin molestar a nadie. Pero todavía faltaban cinco minutos para que terminara el recreo y volvamos a nuestras aulas, y nuevamente, las cosas raras volvieron a pasar.
Un grupo de personas que andaban completamente vestidos de blanco y que tenían una máscara blanca que tenían cosidas unos ojos y una escalofriante sonrisa, llevaron a la mitad del recreo unas bolsas negras que eran tan grandes y pesadas que perfectamente, podían haber personas muertas en esas bolsa, y como era de esperarse, yo era el único que estaba mal de la cabeza, porque yo era la única personas que era capaz de ver a esos hombres de blanco y esas bolsas negras que no sabía que tenían dentro, pero por alguna razón pensé que llevaban lo peor. Esos hombres que vestían de blanco y tenían una máscara eran tres, y cada uno de ellos se movían agitando los brazos y dando pequeños saltos delante de cada persona que se encontraba disfrutando de su recreo, sin que nadie vestido de blanco y con una máscara sospechosa, los estuviera molestando. Hasta que uno de esos hombres se fijó en mí ya que claramente yo era el único que podía verlos. Entonces me señaló con una de sus manos, que no tenía ni una sola uña, y me atrevería a decir que tampoco tenía ojos, pero podía verme muy bien, tampoco tenía dientes, pero era capaz de masticar su comida mejor que yo, y tampoco tenía lengua pero perfectamente tocar su nariz con ella. Y los tres hombres caminaron hacía mí.
Pero el miedo volvió a paralizar mis piernas y no era capaz de moverme, por eso cuando esos hombres me agarraron con sus manos y me obligaron a caminar hasta el lugar en donde se encontraban las bolsas negras de basura, no pude pelear con ellos para negarme a caminar hasta ese lugar. Cuando por fin los tres hombres y yo llegamos a donde se encontraban las bolsas negras, me obligaron a arrodillarme delante de las bolsas. Entonces las bolsas comenzaron a moverse, y unos gritos de unas personas que se encontraban perdidas y molestas, salieron de cada una de las bolsas. Ese fue el momento en que los tres hombres de blanco se quitaron sus máscaras y me dejaron ver sus rostros. Esos rostros que no tenían ni ojos, ni dientes, ni lengua. Entonces, de esas bolsas de basura, salieron varios hombres vestidos de blanco, pero también salió aquel cadáver que había visto la noche anterior. El cadáver sin cabeza, de piel podrida, se arrastró hacía mí me dijo que le devolviera lo que le robe, después de que le quitará la cabeza a uno de esos tres hombres que me habían obligado a estar delante de ese cadáver. Los otros dos hombres que estaban a mi lado, se sorprendieron tanto, que salieron corriendo de la escuela. Ese cadáver utilizaba la cabeza de aquel hombre como si fuera una parte de un rompecabezas que encaja perfectamente en su cuerpo podrido.
Justo en ese momento, volvió a tocar el timbre para volver a las aulas. Yo me encontraba en medio del patio, sentado en el suelo, hablando con un amigo imaginario, mientras que todas las personas que se encontraban a mi alrededor se burlaban de mí y me tomaban fotos y grababan un video para subirlo en sus redes sociales. Todo eso ocurrió hasta que mis amigos me levantaron del suelo y me llevaron a preceptoria, ya que intentaban hablar conmigo pero yo seguía hablando conmigo mismo mirando el suelo fijamente. Me quedé un momento en preceptoria hasta que por fin recuperé el conocimiento. “¿Qué pasó?” pregunté cuando ví a mi mamá llorando al lado del director Nahuel.
En ese momento mamá y el director me preguntaron qué había pasado conmigo, pero yo no les podía decir que un cadáver que hablaba con la cabeza de una persona que no tenía ni ojos, ni dientes, ni lengua, se encontraba en medio del patio de la escuela, pidiéndome que le devuelva el mequiñe que había tirado por la ventana la noche anterior. Solo les respondí que no recordaba lo que había pasado y me quedé callado durante todo ese tiempo, hasta que mi mamá me sacó de la escuela y los dos caminamos hasta la casa de ella ya que no quería ir por ahora a mi departamento.
Día 5 de Marzo
Después de salir de la escuela e ir a la casa de mí mamá, no volvió a ocurrir nada raro. Me quedé a pasar la noche en la casa de ella, y a las siete de la mañana me levanté, me duché con agua caliente, me cepille los dientes y me afeite un poco la barba para ir lindo a la escuela, aunque sabía bien la imagen que tienen la mayoría de las personas que van a mí misma escuela de mí: un loco de mierda que habla con amigos imaginarios y que ve cosas en donde no ahí nada raro. Si ellos pudieran ver lo que yo veo, se limpiarán la lengua con cloro después de hablar así de mí. Aunque seguramente si yo estuviera en su lugar, también pensaría así. Camine hasta llegar a la ruta, en donde tuve que esperar que el semáforo esté en rojo para poder cruzar tranquilamente sin tener miedo a que un colectivo me pase por encima. Después de unos segundos el semáforo cambió de verde a rojo y pude cruzar la ruta, en el momento en que crucé, escuché como una mujer discutía con quién parecía ser su esposo por teléfono, después escuché que esa misma mujer golpeando varias veces su cabeza con el espejo del auto hasta que más de un espejo se rompió debido a la gran cantidad de veces que esa mujer se había golpeado la cabeza. Dijo que escuché a esa mujer, porque por más que miraba de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, no había un solo auto en toda la ruta. Como era normal, me altere un poco por escuchar que una mujer discutía con su esposo por el teléfono en medio de la ruta, al mismo tiempo que se golpeaba la cabeza con los espejos de su automóvil y ver que no había ningún automóvil en la ruta. Pero aun así seguí caminando para llegar a la escuela lo antes posible. No voy a escribir con mi lapicera que tal vez me estoy volviendo loco por estar viendo cosas que no están ahí, y escuchar cosas que nunca se dictaron, porque yo no estoy loco. Los locos son los demás porque ellos no ven lo que yo veo. Tuve que caminar por siete minutos hasta que por fin llegue a la escuela. Cada una de las personas que me veían pasar, me juzgaban con la mirada, tanto como un juez juzga a un asesino que había asesinado a una familia completa, y lo peor de todo, esa familia, era mi propia familia. Todos, incluso los muebles habían adquirido ojos que no estaban ahí para juzgarme con esos ojos de madera o metal, pero aún así seguí caminando hasta llegar a mi aula y hacer como que nada estaba pasando. Salude a mis compañeros del curso y me senté en mi asiento para seguir con la clase.
Hoy era miércoles, y la profesora Verónica se encontraba parada en mitad de la clase, tomándose unos mates, mientras explicaba todo lo que necesitamos saber sobre la literatura de Argentina, la literatura nacional, y como nos liberamos poco a poco de la literatura colonial de Europa. Todos nosotros teníamos que hacer un trabajo en grupo sobre Echeverría, el texto de “El Matadero”, el romanticismo, y la literatura nacional. Yo, junto a los muchachos que nos sentamos en la misma mesa, pusimos nuestros nombres y nuestros apellidos en una misma hoja, antes de que la hora de la profesora Verónica termine, ya teníamos que entregarle el trabajo de hoy. Yo estaba algo nervioso en mitad de la clase, esperando que las cosas paranormales vuelvan a ocurrir, porque sí, pero al parecer hoy era un día tranquilo. No había nadie sin ojos, dientes, lengua o uñas, ningún número desconocido me llamaba en mi celular sin batería, solo queda rogar que en el recreo no haya nada raro, y que en medio del patio no haya ningún cadáver que hable con la cabeza de otra persona. Yo aunque estaba un poco nervioso, intentaba disfrutar cada minuto que me encontraba en el aula, y hablaba con mis amigos al mismo tiempo que intentaba hacer el trabajo de hoy. Entonces tocó el timbre para ir al recreo, pero esta vez yo fuí el primero en levantarme de la silla para bajar, ya que tal vez si me juntaba con mis amigos e inventaba cualquier cosa para hablar para estar distraído, nada paranormal vuelva ocurrir. Baje lo más rápido que pude las escalera, me acerqué para tomar un vaso de yogur de frutilla con unas galletitas, después me acerqué a mis compañeros para comenzar a charlar con ellos. Inventé cualquier cosa para hablar así no estar distraído y con la mente en blanco. Pasaron los diez minutos del recreo y nada raro ocurrió el día de hoy, entonces, cuando sonó el timbre para volver al aula, subí las escaleras tan rápido como pude y me senté en mi asiento como si el primero que logré tocar su silla ganará un millón de dólares. Así de contento estaba porque nada paranormal estuviera ocurriendo a las nueve y media de la mañana. Cada uno de los alumnos volvimos al aula, en donde la profesora nos estaba esperando porque ella se había quedado en el aula todo el recreo revisando su actividad del día de hoy. Yo volví a sacar el celular para abrir el Classroom y hacer la actividad del día de hoy. Pasaron diez minutos hasta que otra cosa que no tenía que estar ahí, comenzó a caminar por la escuela… Una nena de cabello negro, un cabello tan largo que le cubría todo el rostro, con un sució vestido blanco, se encontraba gritando delante de la ventana de nuestro curso. “Estoy harta de vos, a pesar de que ya me quitaste la vida, me seguis atormentando” decía aquella nena, que vió a la preceptora Juli caminar hacía ella. En ese momento, Juli sacó un cuchillo y le cortó la cabeza a la nena, que a pesar de no tener cabeza, seguía gritando. Después, Juli tiró la cabeza de la nena al patio del recreo y se quedó limpiando la sangre que le había quitado la cabeza a esa nena. Después, la preceptora entró por la puerta de nuestro aula para tomar el listado de hoy. “Buenos días chicos, ¿Cómo están?” Dijo la verdadera Juli, porque afuera de nuestro aula aún se encontraba esa Juli que se encontraba limpiando la sangre de su cuchillo. “¡¡VILLALBA!!” gritó Juli porque yo no estaba prestando atención, hasta que por fin, Mica me tocó el hombro y dije presente para que la preceptora me anotara en la lista de los presentes de hoy. “¿Estás bien Nelson?” me preguntó Juli antes de salir del aula.
Cuando esa Juli que le había cortado la cabeza a la nena se enteró de que yo era el único que podía verla, salió corriendo hasta la escalera para perderse de mi vista. Cuando la otra Juli se fue, volví a enfocarme en la actividad del Classroom para terminar el trabajo. Eso fue lo único paranormal que ocurrió en la escuela, pasaron las horas y por fin ya eran las trece horas y ya era hora de irme a mi departamento. Salí de la escuela después de despedirme de mis amigos y me dirigí a mi departamento en donde me esperaba mi gatito Lionel. Caminé unos cinco minutos hasta que por fin llegué, saqué las llaves de mi bolsillo y abrí la puerta, al entrar llamé a Lionel, y salió de debajo de la mesa en donde siempre dormía y se acercó para que yo lo acariciará. Después de acariciarlo, me dirigí a servirle la comida en su platito y para cambiarle el agua. Al terminar caminé hasta la cocina para preparar algo para mí, calenté unos fideos y después le tiré un poco de queso rallado encima para comer, también me serví un poco de Coca Cola en un vaso de vidrio para acompañar los fideos con queso. Cuando terminé de comer, lave los cubiertos y me acosté en la cama porque me dió mucho sueño. Al tirarme a la cama, me dormí de inmediato. En ese momento comencé a soñar que estaba en la plaza que estaba al lado de la escuela, a mi lado se encontraban un montón de personas: a algunos le faltaba la mandíbula, a otros un ojo en la cara, otro no tenía piernas, y cada uno de ellos estaban muertos. Después cada uno de ellos comenzaron a caminar hasta la escuela. Yo por alguna razón caminaba detrás de ellos.
Al entrar a la escuela, pude notar que todo estaba roto, el piso era de tierra, también habían muchas tumbas que tenían la imagen y el nombre de los muertos que se encontraban debajo de la tierra. Las ventanas de las aulas estaban completamente rotas y las puertas estaban oxidadas, como sí hubieran estado acá hace cientos de años. De las paredes salían tarántulas que tenían el mismo tamaño que un bebé recién nacido, también, cada persona que se encontraba dentro de la escuela, estaba muerta y se golpeaban con las paredes por alguna razón que desconocía. De repente, la tierra del suelo comenzó a moverse y de debajo comenzaron a salir más cadáveres que me veían, pero no les importaba, era como si yo fuera uno más de ellos. Pero no era así, porque eso solo era un sueño raro, yo no me estaba volviendo loco. Vos de seguro estan loco, y todas las personas que actúan como si nada cuando algo paranormal pasa en la escuela. Pero deciden llamarme loco a mí porque no quieren aceptar que ellos son lo que están mal de la cabeza. Después de que esos cadáveres salieran del suelo, yo me dí medía vuelta y salí de la escuela. Al salir todo era oscuro, no había sol, y tampoco luna, no había nubes y tampoco había un suelo para contarles tus deseos o problemas, todos estábamos debajo tierra. De la tierra que estaba arriba, caían gusanos, caía tierra y también caían una que otra persona viva, que si no moría a caer de una gran distancia, morían dos segundos después de que los cadáveres se los devoraban vivos. Al caminar por la plaza de Los Perales de los muertos, ví que una mujer de unos veinte años caía del suelo hasta acá, debido al caer de una gran distancia, se les rompió todos los huesos de la pierna y solamente era capaz de arrastrarse por el suelo. Esa mujer se arrastraba lo más rápido que podía para no ser devorada por los cadáveres que corrían detrás de ella con un hambre de muerto, pero sus esfuerzos fueron en vano, porque una gran multitud de cadáveres la atraparon y la devoraron poco a poco, era como si a los muertos le gustara escuchar los gritos de dolor de la chica. Hice todo lo posible para despertar de aquella pesadilla, pero por alguna razón no podía, seguí caminando por la plaza hasta que llegué a mi departamento. Todo era igual al mundo fuera de esta pesadilla, busque dentro de mi bolsilla, a ver, si por alguna casualidad, tenía las llaves de este departamento, y pude encontrar las llaves. Entonces abrí la puerta y entré al departamento, en ese momento comencé a pensar, ¿Me voy a encontrar con un Nelson muerto? ¿También va a ver un Lionel Messi zombie? ¿Mi gatito me va a reconocer? Al entrar, comencé a llamar a mi gatito, y en ese momento unos fuertes pasos comenzaron a sonar, y los pasos eran de mi gato, un gato de casi dos metros de altura, panzón, que no tenía ojos, y le faltaba una oreja, caminaba en dos patas y rasguñaba las paredes con unas garras tan filosas como cuchillos. Aquel monstruo comenzó a maullar y se sorprendió al verme. Se acercó a mí para que yo lo acariciara, lo acaricié solo una sola vez y después lo empuje para que se alejará de mí. Comencé a caminar por el departamento que tenía un suelo de tierra hasta que llegué a mi cuarto. Abrí la puerta y ahí estaba yo, tirado en la cama, con la piel completamente podrida, de un color verde oscuro, y un olor putrefacto saliendo de esos agujeros en donde antes se encontraban mis ojos, al igual que mi piel, mis dientes estaban podridos y eran de un apagado color negro, y solamente había dos de ellos… y la unica parte de mi cuerpo que se encontraba en la cama era mi cabeza, ya que las demás partes de mi cuerpo estaba esparcido por todo el cuarto. Mis piernas y pies se encontraban delante de un rincón del cuarto, era incluso cómico, parecía que fueron castigados por la cabeza que se encontraba en la cama, mis brazos y manos se encontraban debajo de la cama ocultándose de quien se encontraba encima de ellas, y todo lo demás faltaba.
Los ojos se abrieron y después la boca, “JAJAJAJA, será mejor que despiertes” después de eso desperté en en la cama con mi gatito abriendo lentamente de mi cuarto y subiendo a la cama para subirse en mi pecho. Yo estaba tan contento de haber despertado de aquel sueño, y sabía que no volvería a dormir durante toda esa noche.
Día 6 de Marzo
Me quedé despierto toda la noche de ayer porque no quería volver a filmar la secuela de esa película de terror, porque yo iba a ser el único que la vería y se cagaria del miedo de lo realista que era. Hoy era jueves y ya eran más de las siete de la mañana, calenté el agua para bañarme e ir a la escuela, a pesar de que tenía más ojeras que no sé qué, no quería faltar en los primeros días de clases del año. Me duché y después de cepillarme los dientes, salí del departamento. Al llegar a la escuela, comencé a rogar para que el suelo no sea de tierra, que no haya tumbas en medio del patio y que los profesores no sean cadáveres. Entré a la escuela y todo era normal, el piso no era de tierra y los profesores, al igual que los alumnos, estaban vivos. Subí las escaleras para entrar al aula. Ya eran las nueve y media de la mañana, antes de venir a la escuela, me tomé un rico café con leche, con unas tostadas para acompañar. Salude a mis compañeros como era de costumbre, tuvimos una hora cátedra con la profesora Natalia, después de que los cuarenta minutos terminaran, el profesor de geografía, Pablo Rogala, entró por la puerta y nos pidió que hiciéramos las actividades que se encontraban en el Classroom. Cuando comencé a realizar las actividades del Classroom, comencé a sentir que una mano fría y huesuda me agarraba la pierna. Le dí una patada a lo que sea que me estaba agarrando, y después miré abajo de la mesa para saber qué era lo que estaba abajo. En ese momento, pude ver a una persona que salía de debajo del piso, intentaba llevarme con él. Después de que su intentó de llevarme a mí a “nunca existió” agarró la pierna de Diego y al él sí lo logró llevar con él. Por eso yo comencé a gritar que me devolviera a mi amigo, pero todas las miradas de mis compañeros se volvieron a fijar en mí, ya que Diego se encontraba delante del profesor Rogala. Diego le había dicho al profesor que tenía que salir del aula porque tenía que hablar con la preceptora. Diego salió del aula después de que el profesor le diera permiso, yo perseguí a Diego con la mirada hasta que por fin se dirigió a las escaleras para perderse en esa niebla que te sacá el nombre y lo usa como servilleta, te roba el apellido y lo tira a la basura, y también te quita cada rastro de que vos existis como si valieras menos que un juguete roto. Unos minutos después, la preceptora Juli entró en el aula para tomar la lista de los presentes del día de hoy.
Todos dijimos presente cuando la preceptora nos dijo nuestros apellidos, pero antes de levantarse de la silla le dije si vió a Diego irse abajo. “¿Quién es Diego?” preguntó con un tono muy preocupado, al mismo tiempo que todos me observaban nuevamente. “¿Cómo que quién es Diego? Respondí bastante alto. Ella me dijo que en la lista no hay ningún Diego Dirr. En ese momento le pregunté si se estaba burlando de mí y ella me respondió que no se estaba burlando de mí, que en este curso nunca antes hubo una persona llamada Diego Dirr, y que en ningún curso, de los que ella conocía, había nadie llamado así, yo comencé a mirar a todos a mi alrededor y les pregunté por qué no estaban actuando tan confusos como yo, ¿Acaso le parece normal que la preceptora estuviera jugando con que en la escuela nunca hubo un Diego Dirr? ¿Acaso ellos estaban jugando a favor de la preceptora para hacerme pasar un mal día? ¿Por qué me miran así, si la preceptora era la quien estaba actuando raro el día de hoy?
¿Pero por qué me miran todos así? ¿Acaso no van a decir que Diego es nuestro compañero? - les pregunté a cada una de las personas que me estaban mirando tan raro.
¿Pero quién es Diego Dirr? - me preguntaron cada una de las personas que estaban en el mismo rectángulo que yo.
Por esa razón decidí callarme la boca y dejar de actuar como loco delante de estas personas. ¿Por qué yo soy el loco acá? Si ellos son los que están actuando como los verdaderos locos. Cuando sonó el timbre para ir al recreo, me levanté lo más rápido que pude para salir de esta sala que estaba repleta de gente que había perdido la cabeza, me choque con alguna de esas personas y en medio del aula comenzamos una pelea. Pero el profesor Rogala nos separó antes de empezarnos a golpear de verdad.
La próxima vez que me miren como si yo estuviera loco los voy a matar - dije bastante enojado antes de salir del aula.
Ya estaba bastante harto de que después de que pasaran tantas cosas paranormales durante esta semana, yo sea el único que actuará como si las cosas no estuvieran bien, ¿Enserio ninguna otra persona va a decir que las cosas no están bien? ¿O acaso yo soy el único que ve todas estás cosas paranormales? No, yo no soy el que está mal acá, seguramente ellos también ven las cosas que yo veo y actúan como si todo fuera normal. ELLOS SON LOS VERDADEROS LOCOS. VOS SOS EL VERDADERO QUE ESTÁ MAL DE LA CABEZA ACÁ. Baje lo más rápido que pude las escaleras y me senté un rato para poder descansar de todo lo que estaba ocurriendo, y así no perder tan rápido la paciencia por culpa de esta gente que está completamente loca. Después de unos segundos escuché muchas voces que susurraban delante de mí, cada una de esas palabras decían que yo era el que estaba loco, y se burlaban de mí junto a sus amigos. Me levanté y empecé a pelear con un grupo de personas que estaba al frente de mí. Después de eso vinieron los profesores y nos separaron para que no nos siguiéramos golpeando. Ese día el director Nahuel habló seriamente conmigo y me preguntó qué era lo que estaba pasando conmigo, ¿Acaso me estaba drogando? Porque no era normal que yo actuara de esta forma. Yo le respondí que ellos son los que están actuando raro, ¿Cómo es que no pueden ver las cosas paranormales que estaban pasando?
Nahuel después de escuchar mis palabras me preguntó que cosas paranormales estaban pasando en la escuela: Los hombres de blanco, una nena que hablaba sin cabeza, una doble de la preceptora Juli, que nadie recordaba a Diego. Todas esas paranormales que no sabía explicar por qué pasaban. El director Nahuel ya no abrió la boca para volver a hablarme, incluso él pensaba que yo era el único que estaba loco, por eso solo llamo a mi mamá para hablar con ella sobre el asunto. Mi mamá llegó a la escuela y después ella fue la que me preguntó si me estaba drogando, y con qué me estaba drogando, ya que esas alucinaciones eran muy fuertes y le preocupaban mucho. “¡¡QUE NO ME ESTOY DROGANDO, YO SÉ LO QUE VÍ Y NO ESTOY MAL DE LA CABEZA!!
Mi mamá se sorprendió de que actuara de esa manera tan exagerada, ¿Pero cómo esperaba que actuara si me están tratando como un loco?
Después de eso, mi mamá y yo salimos de la escuela y nos dirigimos a la casa de ella ya que quería hablar conmigo estando ella y yo a solas. Ella creía que si no había nadie más yo iba dejar de actuar como loco y todo lo que yo había visto antes, dejarían de causarme tanto miedo y tantas pesadillas sin sentido ni pulmones.
Día 7 de Marzo
No sé cómo empezar a escribir esto… Pero lo voy a intentar. Después de que yo y mi mamá saliéramos de la escuela, todo a mi alrededor comenzó a tornarse de un color negro sombra. Entonces, intenté pegarme a los brazos de mamá como si fuera un nene de cinco años que todavía necesitaba la ayuda de su mamá para cruzar la ruta. Pero ella desapareció, al igual que el cielo, las nubes, el sol, y las horas que se reían de mí porque había perdido la cabeza. Yo me volvía a encontrar en Los Perales de los muertos, a pesar de que estaba más despierto que nunca, y podría jurar que aquella noche no volvería a dormir, ni siquiera a cerrar los ojos por más de quince segundos, pero por alguna razón me encontraba en esa pesadilla, ¿O acaso este mundo ya era mi realidad cuando estaba despierto? Yo me encontraba solo, caminando por la plaza de Los Perales, rodeado de gente muerta, monstruos que no sabía explicar qué eran, y demás pesadillas que no sabían que yo estaba ahí, en medio de esa multitud. A pesar de que me daban miedo esos cadáveres que jugaban en la plaza de los muertos, porque este mundo es propiedad de los sin vida y los que tenían vida, eran lo que se consideraban monstruos acá. ¿Acaso, cada vez que yo estoy acá estoy muerto? Tal vez esa era la explicación del porqué aún no me devoraron, ¿O tal vez algunos vivos eran considerados muertos? Justo en ese momento no era capaz de entender todo lo que me estaba preguntando a mi mismo, pero tampoco tenía mucha prisa por entenderme a mí mismo, y mucho menos a este mundo loco de literatura escrito por un yo que ni siquiera sé quién es. Tal vez en otro mundo mis dedos, delante de una pantalla y unas teclas color negro y blanco, estuvieran escribiendo todo lo que me esta ocurriendo.
Seguí caminando hasta llegar a mi departamento en este mundo de tierra y gente muerta, agarré las llaves que mágicamente, se encontraban en mis bolsillos y entré al departamento. Tiré la mochila al suelo, ya cansado de estar en este nuevo mundo sin sentido, observé como mi gatito Lionel, devoraba el cuerpo de un cadáver que me pedía ayuda casi rompiéndose su propia garganta de lo fuerte que gritaba. Me acerque al cuarto en donde la última vez, había encontrado a mi yo de este nuevo mundo, completamente descuartizado y esparcido por todo cuarto. Golpee la puerta después de abrirla lentamente para que el sonido de la puerta chocar contra la pared le molestara a ese cuerpo podrido. La cabeza de Nelson abrió los ojos algo molesto, porque estaba teniendo un hermosooo sueño en donde volvía al mundo de los vivos y abrazaba a toda su familia con mucho cariño y un río de lágrimas cayendo por sus ojos.
¿Pero qué pasa con vos pelotudo? ¿No ves que estoy durmiendo?
¿Por qué estoy acá? Si todavía no me dormí - le pregunté a esa cabeza que aún seguía bostezando -. ¿Esto no era sólo una pesadilla?
Esa cabeza comenzó a reír de una manera muy exagerada y después respondió.
JAJAJA, pero que ingenuo era cuando aún estaba vivo. ¿Esto te parece una pesadilla? Este es el mundo de los muertos, pero vos no estás muerto. Todavia.
No entendí ni una palabra de lo que dijo esa cabeza de mierda, ¿Cómo que todavía no estoy muerto? ¿Acaso él sabe el momento en que voy a morir?
¿Cómo que todavía no estoy muerto? ¿Vos sabes cuando yo voy a morir?
Él respondió que sí lo sabía; él sabía cuándo y cómo iba a morir yo; descuartizado al igual que él, primero una persona misteriosa me cortará las piernas en una sala de tortura, con mis ojos vendados, después otra persona, me quitará los ojos con una pinsa, después, otra persona, cuando yo a estaba muerto, me cortará los brazos y separará mi cabeza del resto de mi cuerpo. Al final me tiraran en un tacho de basura y después de eso apareceré como un muerto en la Buenos Aires de los muertos. Eso es todo lo que le sucedió a él, unos días después de empezar a ver cosas paranormales.
Yo soy vos pero del futuro. Yo morí hace doscientos años, y doscientos años después por fin tengo alguien con quien hablar.
Yo pregunté si había alguna manera de lograr que eso no me ocurra a mí, y él me dijo que esa respuesta él no la sabía, me dijo que tenía que ir a la casa de mamá, ahí voy a encontrar a otro Nelson que intentó zafarse de este destino, pero no lo logró, y que su cuerpo había quedado enterrado debajo de la casa de mamá. Me despedí de mi yo de doscientos años mayor y después salí del departamento de los muertos y me dirigí a la casa de mamá para hablar con mi otro yo que se encontraba muerto debajo de la casa. Camine hasta llegar a la ruta en donde cada automóvil estaba hecho con piel humana y otras partes del cuerpo humano. Me quedé vomitando unos segundos en aquel lugar antes de cruzar la ruta y llegar corriendo hasta la casa de mamá. Corrí hasta que finalmente pude llegar a la casa. Alrededor de la casa se encontraban muchos animales muertos, la gran mayoría de ellos gatos, pero también había un loro que hablaba borracho y un pequeño conejo blanco, en ese momento comencé a llorar como nunca, porque reconocí a cada uno de ellos. Esos animales muertos, eran todas las mascotas que tenía cuando era más chico antes de tener a Lionel mi gatito.
No sabía si esos angelitos sin alas me reconocerían si me acercaba a ellos, tal vez se volverían locos y me atacarían uno por uno, pero me equivoque completamente. Cuando mi gatita Blancanieves me vió, corrió hacía mí lo más rápido que pude para comenzar a ronronear delante de mí. Yo la levanté con mis brazos y comencé a llorar aún más fuerte porque todo este tiempo que estuvimos separados me rompió el corazón en mil pedazos. Después vinieron corriendo hacía mi; Negrita, Rosita, Tom, Michi, todos esos gatos que estuve años cuidando junto a mis hermanos menores y mi mamá. Aquel loro borracho que se encontraba encima de la casa y diciendo cualquier cosa, estaba tomando un vasito de whisky, mientras que el conejo se encontraba detrás de una roca haciendo sus necesidades. Me despedí de cada uno de mis difuntos gatos con un fuerte abrazo y después me acerque a la casa de mamá para abrir la reja y entrar para hablar con mi otro yo que había muerto y su cuerpo se encontraba debajo de la casa. Pero no tuve que hacer mucho esfuerzo para encontrarlo, porque él se encontraba sentado en una silla delante de la reja, con una pala al lado de él.
El Nelson de la cama me dijo que vos intentaste escapar del destino de ser descuartizado, yo también quiero hacer eso, ¿Pero vos cómo moriste?
En ese momento, Nelson abrió los párpados y pude notar que tampoco tenía ojos, y que dentro de él se encontraba una gran cantidad de tierra y algunos gusanos y cucarachas.
Yo morí después de que un desconocido me golpeará con una pala, después otro desconocido, me sacó los ojos y dentro de mí, colocó una gran cantidad de tierra que tenía gusanos y cucarachas dentro.
Le pregunté a él si sabía quiénes eran esos desconocidos, pero solo movió los hombros para decirme que nadie sabía quiénes eran esos desconocidos.
¿El Nelson de la cama no te dijo que no me preguntaras eso?
No. Pero Nelsos hace más de doscientos años que no habla con nadie.
Jajaja, comenzó a reír Nelson, ya que hace más de ciento ochenta años había hablado con él, pero de seguro se le olvido. Los dos nos habíamos quedado un rato hablando hasta que por fin me dijo cómo podía zafarme de morir descuartizado o morir por un golpe en la cabeza de una pala, pero que no voy a seguir estar vivo después de lo que me dirá a continuación.
Te voy a decir cómo seguir con vida, pero no vas a querer seguir vivo después de que escuches lo que te voy a decir.
¿Qué? ¿Por qué no? - pregunté bastante confundido.
Por qué él va a tomar tu lugar y vos vas a ser un desconocido.
Después de que Nelson terminara de hablar, el Nelson que se encontraba descuartizado en la cama, se encontraba completamente entero delante de mí, agarró la pala y me golpeó con ella para lograr desmayarme al instante. Varias horas pasaron después de eso, yo me encontraba en una bolsa de basura que llevaban los hombres de la máscara blanca que había visto días atrás en la escuela. En la bolsa negra de basura, había un pequeño agujero en donde podía ver lo que estaba sucediendo; yo me encontraba en el patio de la escuela del Centro de Formación Profesional N4, pero me encontraba en la bolsa de basura sin poder moverme, y al mismo tiempo, ahí estaba yo, hablando con mis compañeros del aula. Ese era el Nelson que antes se encontraba descuartizado en el departamento de los muertos, él había tomado mi lugar, y ahora yo era el desconocido. Yo intenté moverme para salir de la bolsa de basura, pero mis esfuerzos eran en vano, también intenté gritar para que alguien me escuchara pero yo para ellos no estaba ahí, solo se encontraba ahí el Nelson farsante de más de doscientos años, que solamente unas horas atrás, no era más que un cuerpo descuartizado en el frió y depresivo mundo de los muertos. Los tres hombres de la máscara blanca comenzaron a moverse delante de todas las personas que se encontraban en aquel patio, tal cual lo hicieron antes conmigo, pero nadie era capaz de verlos, ni siquiera el descuartizado, aunque sí era capaz de verlos, él era mucho mejor actor que yo, y actuaba muy bien no poder ver a esos hombres de la máscara blanca. Después de unos cinco minutos, el cadáver que no tenía cabeza y que antes, a mí me acusaba de robarle su dedo meñique, salió de una de las bolsas negras, y en ese momento, yo también era capaz de moverme, y salí tan rápido como pude de la bolsa negra en que me encontraba.
El cadáver le quitó la cabeza a uno de los hombres de la máscara blanca y después cada uno de esos hombres, salieron huyendo lo más rápido posible de la escuela. El cadáver con cabeza se acercó al descuartizado y le comenzó a reclamar por el dedo meñique que le había robado. Entonces, el descuartizado, dejó una taza de yogur en el suelo y después se alejó de aquel cadáver. En esa misma taza de yogur se encontraba ese tan preciado dedo meñique que él tanto estaba buscando, entonces metió la mano en la taza de yogur y saco su dedo meñique para volver a ponerselo en la mano que iba. El descuartizado se encontraba hablando con sus amigos, que antes eran míos, pero antes de que fueran los míos, sí eran de él. El cadáver, muy contento, salió por la puerta de la escuela y yo me encontraba buscando a una persona que sea capaz de verme, pero no tuve suerte, ya que el único que sabía que yo entraba en medio de esa multitud, era el descuartizado. De vez en cuando clavaba su mirada en mí y se reía de una forma burlona, yo me acerqué a él para empezar a golpearlo, para empezar a golpearme a mí mismo, pero mis puños eran el viento que tocaba su rostro, mis golpes eran transparentes. También intenté empujar a una de las personas que estaban al lado de él para saber si alguna de esas personas eran capaz de sentir mi tacto, pero mí esfuerzo fue en vano. Al pasar los diez minutos que duraba el recreo, sonó la campana y cada una de los alumnos y profesores se dirigieron a sus aulas. Yo seguí al descuartizado a su aula, que antes era la mía, pero antes de que sea mía, era la de él. Él comenzó a subir las escaleras después de doscientos años desde la última vez que lo hizo, unas lágrimas de felicidad intentaron salir de su rostro, pero se contuvo, ya que no quería parecer sospechoso. Vió a la profesora Mónica, era amable y fascinante profesora de historia que extrañaba tanto como extrañaba a su propia mamá. “Hola, Nelson” dijo Mónica para saludar al descuartizado, “Ho-hola, buenos días profesora Mónica” dijo él que se hacía pasar por mí. Entonces entró al aula con todos sus compañeros y las horas cátedras de la clase comenzaron. Yo me senté al lado de Nelson, y alrededor de los demás compañeros que no había visto por más de doscientos el descuartizado, se encontraban cadáveres que solamente Nelson y yo podíamos ver.
Al parecer cada personas en aquella aula tenía como un tipo de ángel guardián que los protegían de los malos espíritus o la hechicería, pero en vez de ángeles protectores, eran cadáveres putrefactos que alejaban las malas energías. Cada uno de ellos se sorprendieron al ver un cadáver protector idéntico al de la persona que intentaba proteger. Pero yo no era ningún ángel guardián muerto y mucho menos intentaba proteger al descuartizado de alguna maldición de alguna bruja o hechicero, si no que aquel muchacho que era yo, pero doscientos años mayor, me había robado mí propio cuerpo e identidad y estaba tratando de recuperarlo. Pero no sabía cómo empezar. Unos minutos después de que el descuartizado y yo subieramos al aula, una pequeña nena, que no debería de tener más de ocho años, apareció delante de los cadáveres, aunque yo en realidad no sabía si considerarme uno, porque no sabía si estaba muerto, y en una bandeja de plata, nos entregó algo para comer; eran ojos de animales muertos, tales como caballos, vacas, o toros, también, dedos podridos de personas vivas, y también alguna de sus uñas. Yo dije que no comería nada de eso, entonces la nena siguió caminando por todo el aula para ofrecerle la “apetecible” comida a los demás cadáveres. Y cada uno de ellos aceptó con mucho gusto la comida de la nena. Después de que su bandeja de plata se quedará completamente vacía, la nena salió del aula para dirigirse a las demás, en donde habían otros estudiantes y profesores que eran cuidados por sus cadáveres guardianes. Varias horas pasaron hasta que llegaron las trece horas para que el descuartizado volviera a casa. Se levantó de su asiento, se despidió de todos sus compañeros y de algunos profesores y salió de la escuela, conmigo detrás obviamente, y camino hasta Los Perales, para entrar a su departamento, mí departamento. Sacó las llaves de su bolsillo derecho y abrió muy lentamente la puerta, y después cerró muy lentamente también. Comenzó a respirar como si hace más de doscientos años no lo hubiera hecho, por así era, y después se arrodilló y comenzó a llamar a su gatito Lionel, mí gatito Lionel. Y Lionel, tan contento como siempre para recibirme con mucho cariño, camino hasta el descuartizado y empezó a ronronear en su pierna, el descuartizado lo levantó con sus manos y lo beso en la frente después de más de doscientos años. “¿Cómo estás precioso? Mí bebé hermoso” comenzó a decir después de que unas lágrimas de por fin nos volvemos a ver, salieron de sus ojos sin freno ni descontrol. Después de terminar de llorar, Nelson se acercó a la cocina, pidiéndome que lo acompañe, ya que ahora estamos él y yo completamente solos, nadie podía saber que él era el farsante y yo el verdadero. Nelson abrió la heladera y en su interior pude notar una enorme cueva en donde se encontraban algunos cadáveres que habían perdido su cuerpo al igual que yo. “Acá tenés algunos amigos que son igual que vos, perdedores, jaja”. Al terminar de hablar se dirigió al cuarto y cerró la puerta. Yo entré por la puerta de la heladera para adentrarme en aquella curva, que ahora que me acuerdo, de ahí había salido aquel cadáver que me estaba acosando, porque supuestamente yo le había robado el dedo meñique. Caminé por la cueva solamente un minuto y medio en forma recta, y logré encontrar a algunas personas que conocía y otras que no. Todos se encontraban jugando al Uno en una mesa de madera, sentados en una roca fría después de haber perdido su propio cuerpo. “Cambio a rojo” dijo el director Nahuel que incluso al reconocerme, no reaccionó de manera exagerada solamente me pidió que me sentará al lado de ellos para jugar la siguiente ronda. Me acerqué a la mesa y esperé a que una de esas personas ganara aquella ronda. “¿Cuánto tiempo están jugando al Uno?” Pregunté con una mirada triste clavada al suelo. El director me respondió que está ronda empezó hace unas dos semanas y que aún nadie había ganado.
¿Hace cuánto tiempo habían perdido sus cuerpos? Pregunté sin despegar la mirada del suelo y con una expresión de tristeza aún más eterna. El director Nahuel había perdido su cuerpo hace más de setenta años, y ya había perdido cualquier esperanza de volver a ver a su familia, amigos o conocidos, ya que había pasado tanto tiempo que cada vez que salía de la cueva, perdía el conocimiento, se convertía en un gigantesco cadáver de más de tres metros de altura, sin cabeza y con la piel putrefacta. Al parecer era él quien me había estado persiguiendo para que le devolviera el dedo meñique que había perdido, pero una versión de él completamente transformada en un cadáver sediento de sangre. Alrededor de nosotros, jugando al Uno junto al director Nahuel, se encontraba un hombre de más de treinta y siete años, bastante alto de piel clara, cabello corto y ojos negros, aquel hombre se llamaba Hugo Martínez, y se encontraba ahí por tanto tiempo que ya ni siquiera recordaba si era cierto si afuera de esa curva había algo mejor. Él solamente creía que esa cueva era todo lo que había, y creía que todo lo que nosotros decíamos de afuera era mentira. “Cambió a verde y Uno” dijo Martínez antes de que Nahuel tirará un dos verde.
¿Hace cuánto tiempo estás acá Hugo? Le pregunté. Él solo me respondió que tal vez desde siempre, o como unos dos mil años como mínimo, ni siquiera recordaba si había nacido como todos nosotros o si la cierva lo había vomitado para que él naciera. ¿Dos mil años? Comencé a pensar aún más preocupado que antes, ya que sí él lleva tanto tiempo acá y no recordaba quiénes eran sus familiares y conocidos, ¿Qué pasará conmigo si me quedó tanto o incluso más tiempo que él dentro de esta curva sin recuperar mí cuerpo? Para terminar, también alrededor de esa mesa se encontraba una adolescente de diecisiete años, de cabello rubio teñido y ojos verdes, la chica ni siquiera recordaba cuál era su verdadero nombre de tanto tiempo que se encontraba en aquella cueva, pero a ella le encantaba el nombre de Elizabeth. Ella me dijo que tal vez estaba en esa cueva desde hace siempre, o al menos hace más de cinco mil años, como mínimo. Las horas pasaron y aún ellos estaban lejos de terminar aquella partida de Uno, por eso decidí que caminaría por la cueva para poder distraerme un poco antes de que empiece mí turno para jugar. Tal vez aquella partida duraría otras dos semanas o mucho, mucho más. Seguí caminando por la cueva por no sé cuánto tiempo pero no había más que infinidad y oscuridad en un espacio que nunca existió pero ahí estaba, delante de mí. Al volver a donde se encontraban las demás personas jugando al Uno, pude notar que el director Nahuel no se encontraba junto a ellos. Martínez me había dicho que salió por la puerta de la cueva y se fue a ningún lado, del lugar en donde yo vengo. Corrí detrás de él y volví al departamento en donde se encontraba el cadáver sin cabeza de tres metros que era el director Nahuel, buscando su cabeza dentro del departamento. Cuando Nahuel se enteró que yo estaba detrás de él, comenzó a señalar a un rincón del departamento para que yo comenzará a buscar la cabeza que le faltaba por todo el lugar. Pero pasaron unas horas y ninguno de los dos encontró lo que él estaba buscando, entonces, el director volvió a adentrarse dentro de la heladera y todos sus recuerdos se esfumaron tan rápido como si cuerpo volvió a la normalidad y se sentó en la mesa para comenzar a jugar una nueva ronda de Uno.
Día 11 de Marzo
Pasaron varios días desde que yo y el director Nahuel salimos de la cueva porque aquella criatura monstruosa quería volver a recuperar su propia cabeza. Desde ese entonces, Nahuel, me dejó sus cartas del Uno y me pidió que jugará por él, yo asentí con la cabeza, antes de ver que Nahuel se alejaba de los tres y comenzaba a caminar por el infinito hilo del camino de la cueva. Por más que yo quisiera acompañarlo, los otros dos que estaban al lado de mí, insistieron para que yo comience a jugar con ellos.
Dale pibe, tira una carta, es tu turno.
Yo no podía a resistirme y tiré un número cinco de color azul y la ronda volvió a andar con normalidad.
No sé cuánto tiempo pasó desde que me senté en el lugar en donde se encontraba anteriormente Nahuel, pero podría jurar que solamente habían pasado unas pocas horas desde que empecé a jugar con Hugo y Elizabeth. Pero algo me volvió a sorprender al levantar la mirada de la mesa y de las cartas del Uno; había más de una docena de personas alrededor de nosotros, pero no recuerdo haber visto entrar a esas personas en este lugar. Tampoco recuerdo casi nada de lo que había pasado antes de jugar al Uno, lo único que recuerdo era que el descuartizado me había robado mí identidad y por su culpa mí vida había cambiado drásticamente. Le dije a Hugo y Elizabeth, que iría a orinar un momento y ellos me dijeron que pasó muy poco tiempo desde la última vez que me levanté de mí lugar para ir a orinar. ¿La última vez? Cuando escuché eso le pregunté a Hugo cuánto tiempo pasó desde que me había levantado para hacer mis necesidades, Elizabeth, tiró una carta y me dijo que solamente habían pasado cinco años desde la última vez que salí de la ronda. ¿HABÍAN PASADO CINCO AÑOS DESDE LA ÚLTIMA VEZ QUE ME LEVANTÉ PARA ORINAR? Pero cuánto tiempo llevó en este maldito lugar. Me acerqué molestó a Hugo y al agarrarle la camisa le pedí que me dijera cuánto tiempo llevaba acá, él se levantó lo más rápido que pudo después de darme un golpe, y me dijo que no le vuelva a agarrar de la camisa, después de volvió a sentar en su lugar y me dijo que yo llevaba en aquel lugar solamente unos cien años, y me preguntó qué por qué estaba tan alterado, si cien años se iban en un cerrar y abrir de ojos. Después de escuchar que llevaba dentro de la cueva por más de cien años, me levanté del suelo y corrí hasta la puerta de la heladera para salir de este lugar que no tiene ningún sentido, pero cuando intenté abrir la puerta, estaba completamente bloqueada y no era capaz de abrirla. Uno de los muchachos que había llegado a la cueva cuando yo estaba jugando al Uno, me había dicho que hace más de diez años que la puerta se bloquea porque el departamento en donde se encontraba la heladera había sido derrumbado.
¿Entonces no hay una manera de salir de acá? - le pregunté al hombre, que volvió a sentarse en el suelo y encendió un cigarro y me ignoró por completo.
Volví a acercarme a Hugo y a Elizabeth, porque de seguro ellos dos eran los únicos que sabían cómo funcionaba este lugar y me podían ayudar a salir de acá. Al preguntarle a Hugo me dijo que al llegar al final de la cueva había una salida que llevaba a ese ningún lado que él quería volver. Pero Elizabeth me dijo que Nahuel lleva más de cien años caminando por el aquel camino y nisiquiera fue capaz de llegar a la mitad de la cueva, y si toners de esas personas que creen que quinientos años es mucho tiempo, perdería la cabeza en cualquier momento intentando encontrar la salida de este lugar y la entrada de ese ningún lado. ¿Quinientos años me tomaría llegar a la salida de la cueva? Eso era obviamente mucho tiempo para mí, pero al parecer en ese mundo nuestros cuerpos no envejecen y tampoco necesitamos comer ni beber ningún tipo de líquido para hidratarnos y así no morir. Antes de comenzar a caminar, tragué un poco de saliva ya que sabía muy bien que esto llevaría muchísimo tiempo, pero creo que decir muchísimo tiempo era decir poco, pero tampoco sé qué decir. Los primeros veinte años caminando por aquella oscura cueva en donde la única alma que caminaba por ahí ella yo, habían sido muy dolorosos, ya que de vez en cuando tenía que parar a descansar porque me dolían los pies de tanto caminar, de repente, pude sentir como unos dedos huesudos me tocaron el hombro y me levanté del suelo de la impresión. El dueño de aquellos huesos huesudos, se levantó del suelo y al acercarse un poco a mí, me dijo que no me rinda y empiece a caminar, ya que él era yo en una línea temporal en donde me cansé de caminar por aquella cueva por estar veinte años buscando la salida, entonces, la cueva de apoderó de su cuerpo y dejo que el curso del tiempo vaya poco a poco destruyendo su cuerpo, pero aún así, con esa apariencia huesuda, y sin órganos, recordaba su nombre y recordaba quién era antes de morir sin morir. Después de advertirme volvió a sentarse en el suelo, dibujando con sus huesos unas líneas en el suelo. Yo volví a caminar por aquella cueva y dejé aquel Nelson que se había rendido hace quién sabe cuánto tiempo.
Volvieron a pasar los años como si fueran balas de acero que volaban por el aire sin alas y sueños. Ya habían pasado unos cincuenta años desde que empecé a caminar por el infinito camino rocoso de la cueva, pero aún así no veía ni un pequeño cambió. De repente, ví una pequeña luz que poco a poco se acercaba a mí, esa pequeña luz parecía ser una pequeña luciérnaga del tamaño de un ojo humano. Su luz era tan cegadora que me obligaba a dormir, pero no quería quedarme atrapado para siempre en aquel lugar, por esa razón comencé a negarme a observar aquella luz hipnotizante, pero cada vez que cerraba los ojos por más de cuatro segundos, sentía como los dedos de mí mano de quemaban, sin que nadie o algo estuviera quemando mis dedos. Al parecer si veía aquella luz estaba destinado a quedarme atrapado para siempre en esta cueva, pero si cerraba los ojos para no ver la luz, mis dedos se quemaban. Después de un momento, descubrí que era lo que tenía que hacer para no quedarme dormido por la luz y al mismo tiempo que mis dedos no se quemen; solamente tenía que caminar mirando al suelo. Y así lo hice, camine y camine por varios años más, ignorando a todas esas personas que caminaban a mí lado, para el lugar de donde yo venía. Camine y camine por varios años más, ignorando los gritos de dolor de aquella luciérnaga que era devorada por una criatura que se encontraba escondida en medio de la oscuridad de la cueva, pero después de ser expulsada por detrás, volvía a volar para estar pegada a mí. Camine y camine por varios años más, haciendo que no escuchaba esas canciones que cantaban los pequeños niños que se habían quedado atrapados en la cueva y que nunca más volvieron a ver a su padres. Hasta que por fin pasaron esos quinientos años que me había dicho Elizabeth. Entonces levanté la mirada del suelo, porque la luciérnaga que brillaba detrás de mí ya no estaba. Al levantar la mirada del suelo, pude observar al director Nahuel que se veía igual que hace quinientos años. Me acerqué a él, y me dijo que no podía abrir aquella gigantesca puerta sin la ayuda de otra persona, me dijo que estuvo esperando casi seiscientos años para que yo llegara a este lado de la cueva, pero esos casi seiscientos años pasaron en un abrir y cerrar de ojos, literalmente. Ya que cuando él había llegado a la puerta, la puerta le dijo que no podía abrir su estómago, hasta que Nelson Villalba llegue a ese mismo lugar. Entonces, Nahuel cerró los ojos para dormir unos pocos minutos, pero esos pocos minutos se convirtieron en más de quinientos años durmiendo.
Yo no le quería hacer esperar más, por eso los dos nos acercamos a la puerta y su estómago se abrió poco a poco, hasta que por fin logramos salir de la cueva. Al salir, nuestros caminos se separaron, ya que yo me encontraba dentro de mí antiguo departamento, y yo que ni me acordaba que tenía uno, mientras que Nahuel, de había ido a su antiguo hogar en donde nadie lo esperaba, ya que nadie quedaba con vida en su casa, ni en Buenos Aires, ni en la Argentina, ni en todo el mundo. Mí departamento no se había derrumbado como lo dijo aquel muchacho, si no que, había un cadáver en estado de putrefacción cerrando la puerta de entrada a la cueva. Además de aquel cadáver, se encontraban varios cientos de cadáveres de personas que llevaban muchísimo tiempo muertas. Intenté llamar a mí gatito, que después de cientos de años, aún recordaba con mucho cariño, pero como era de esperarse, ya no se encontraba con vida. Abrí la puerta de mí departamento, y pude observar que todo a mí alrededor estaba destruido y al mismo tiempo parecía estar muerto; aquel hermoso cielo celeste, se había convertido en un cielo deprimente y rojo, no había lunas en el cielo, y de vez en cuando, caía uno que otro cadáver y explotaba al tocar el suelo. Por las calles no se podía ver ni a una persona caminando, ningún automóvil pasando por ahí, y tampoco ninguna mascota, solamente se veían grotescas y horribles criaturas destruyendo lo poco que quedaba del mundo. Yo comencé a gatear con mis gigantescas y putrefactas extremidades para alejarme de mí departamento, con cada uno de mis veinte ojos, veía en todas las direcciones a criaturas tan deformes como mí nuevo yo. Y con un instinto asesino y animal, mis uñas, que se habían convertido en garras, comenzaron a atacar a esas criaturas hasta que por fin lograron asesinarlas, y mis dientes, que se habían convertido en filosos colmillos, comenzaron a devorar la piel de las víctimas de mis garras asesinas.
Después de tantos años intentando de salir de aquella cueva para regresar a Buenos Aires, me decepciona ver qué tanto esfuerzo no sirvió de nada, ya que había llegado el fin del mundo, y un extraño suceso convertía a las personas que aún seguían vivas, en grotescas criaturas con instintos primitivos y asesinos. Habían pasado siglos o tal vez milenios desde que salí de aquella cueva en donde las horas del reloj no tienen ni voz ni votó. Milenios de años en donde tuve que asesinar para no ser asesinados, en donde tuve que comer para no ser devorado, en donde tuve que sobrevivir pero quitándole la vida a otra persona, o más bien dicho, quitándole la vida a otro monstruos idéntico a mí. Yo aún me encontraba en Buenos Aires después de quién sabe cuánto tiempo, todas las calles de la fría Buenos Aires se habían congelado, y el agua del mar se había teñido de rojo por la gran cantidad de sangre que se iba derramando cada minuto del día. En el cielo ya no había nubes y mucho menos un sol en el día y tampoco una luna en la noche. En el cielo, de vez en cuando, solamente se veían caer cadáveres con la antigua apariencia de lo que éramos los seres humanos, y cada uno de esos cadáveres, explotaban al caer tan bruscamente desde tanta distancia. Una gigantesca montaña comenzó a crecer por miles de años, en el lugar en donde antes se encontraba mí departamento, yo había hecho una pequeña y acogedora cueva en su interior al que llamaba hogar. Me encontraba completamente solo, desde hace miles de años, extrañaba con todas mis fuerzas a toda mí familia, pero ellos ya habían fallecido incluso antes de que yo hubiera salido de aquella cueva misteriosa, que había desaparecido luego de que yo saliera de ese lugar junto al director Nahuel de mí antigua secundaria. Había terminado de cazar el día de hoy y me dirigía de vuelta a mí cueva para dormir luego de comer tanta comida que eran los cuerpos de los demás monstruos que se encontraban en mí camino e intentan asesinarme a mí con cada paso que cada por las calles despiertas de Buenos Aires.
Por el camino para llegar a la cueva, tuve que observar, como todo los días, una gran cantidad de cuerpos de distintos monstruos que se habían asesinado entre sí, porque hoy en día, el respeto y las leyes no existían, ya que todos éramos unos monstruos sedientos de sangre y con un estómago que nunca dejaba de tener hambre de carne fresca y sin gusto a nada, más que a sangre que sabía tan dulce como la miel. De repente, había visto cómo el cuerpo de un pequeño niño caía de lo más alto del cielo y aterriza en un pequeño lago rojo en donde yacía un gigantesco monstruo que se encontraba muerto hacía ya bastante años. Antes de alejarme demasiado de aquel pequeño lago, escuché como aquel niño lloraba pidiendo ayuda para salir del lago. Aquellos gritos de ayuda me sorprendieron bastante, ya que hace miles de años ningún ser humano había sobrevivido a una de las caídas de miles de kilómetros. Yo corrí lo más posible para ver a aquel niño que había sobrevivido para ver con mis propios ojos si lo que escuchaban mis oídos era verdad o solamente un efecto de mí imaginación. Y fui capaz de verlo; a ese niño que intentaba salvar su vida para no ahogarse en aquel lago rojo. Al verme no se asustó ni siquiera un poco y me pidió que lo ayudará. Yo estiré uno de mis gigantescos brazos y así el niño se sujetó de ella y pudo salir del lago. Al salir comenzó a sacudir su cabello que se había mojado con esa sangre vieja, y después me dió un abrazo para agradecerme que lo había salvado.
¿Vos no tenerme miedo a mí? Yo ser monstruo - hace ya miles de años que no hablaba con nadie más que conmigo mismo, por eso ya casi se me había olvidado hablar el español.
Ese inocente niño solo me observó un poco confundido y me dijo que yo era uno de los juguetes de aquel hombre que no tenía rostro y tampoco nadie podía escuchar su voz, pero todos hacían lo que él decía porque le tenían un amor eterno. También me dijo que ese hombre siempre jugaba conmigo ya que yo era una de sus piezas de su juego de mesa preferido, y que lo único que siente al verme moverme y hablar era sorpresa, ya que nunca antes lo había visto moverse desde el juego de mesa de ese hombre amado.
¿Tú no eres Nelson Villalba? Mí señor siempre me dice muchas cosas buenas de ti. Él está muy contento contigo al ver que has sobrevivido por mucho tiempo.
¿Qué era todo lo que me dijo ese niño? ¿Tal vez aquel hombre que no tenía rostro y tampoco nadie podía escuchar su voz era Dios? ¿Y qué era todo sobre ese juego de mesa que dijo? Eran muchas preguntas que nunca tendrán respuestas, ya que por más que le preguntará al niño sobre todo lo que me había dicho, él solo esquivaba mis preguntas y caminaba por ahí como si no estuviera en el fin del mundo, por las calles de Buenos Aires, en donde siempre había un monstruos horrible esperándote en cada una de las esquinas de la ciudad. Yo me encontraba detrás de aquel niño, acompañándolo y cuidando de él para que ningún monstruos de atreva devorarlo, pero por más que me fijará, nadie ni nada estaba a esa hora por las calles mudas de Buenos Aires, eso era muy extraño, ya que siempre había aunque sea un monstruos, intentando asesinarme para comerse mí carne. También era raro, que hace más de treinta minutos, ningún cuerpo de ningún humano cayera de lo más alto del cielo. Era como si en toda la Argentina, solamente existieramos aquel nene que saltaba y reía por las calles, y yo, que era un horrible monstruo cuadrúpedo que caminaba por las calles de la ciudad con sus gigantescos brazos. Cada uno de mis veinte ojos miraban por todas las direcciones, pero no veía a ningún ser vivo asesinando por las calles. No sé hace cuánto tiempo comencé a seguir al nene para que no lo lastimaran, pero lo que sí sé, es que el hermoso celeste del cielo era incluso más precioso de lo que recordaba. Cada uno de mis ojos comenzaron a llorar de felicidad, ya que las ruinas de Argentina dejaron de estar calladas, y decenas de personas que reían y parecían felices, caminaban por el lugar. De repente, al frente de nosotros, apareció una escalera, que llevaba al cielo, y se perdía por las nubes. En la espada del nene comenzaron a aparecer unas alas blancas, y su ropa desgastada, cambió a una hermosa túnica blanca y unas sandalias de cuero que parecían nuevas, recién sacadas de la fábrica. Entonces el nene, comenzó a subir las escaleras, y haciéndome señas para que yo lo acompañara a subir las escaleras. Cuando comencé a subir las escaleras, yo aún seguía siendo aquel horrible monstruos que solo se alimentaba de carne fresca después de asesinar a sus presas, pero cuando comencé a subir, poco a poco, volví a recuperar la forma de mí antiguo cuerpo humano. Al terminar de subir las escaleras, me encontraba en una gigantesca sala en donde el blanco era el color más abundante. En aquella sala, se encontraba un señor que en vez de cara, tenía una luz blanca y que te dejaba ciego si lo veías por más de dos segundos seguidos, pero qué recuperadas la vista después de volver a cerrar los ojos, y una misteriosa y encantadora voz comenzó a sonar por las paredes de aquel lugar en donde me encontraba completamente solo junto aquel hombre.
¿Quién sos vos? - le pregunté a aquel hombre que se encontraba jugando a un juego de mesa, que tenía a un personaje que se parecía a mí, y a otro que se parecía a él.
Ese hombre no me respondió al instante, sino que primero lanzó unos dados y después de ver qué resultado le salió comenzó a hablar conmigo.
¿Yo? Yo no soy nadie, pero al mismo tiempo soy todo.
¿Qué significa eso? - le volví a preguntar al señor.
Que volvió a lanzar sus dados en la mesa y esperó a que se detuviera para responder de nuevo a mí pregunta.
Eso significa lo que tú quieres que signifique.
Después de eso, volvió a lanzar los dados por una tercera vez, y esta vez los dados cayeron al suelo y comenzaron a rodar por la salida de esa sala. Ese hombre se levantó de su asiento, y comenzó a caminar detrás de sus dados, y por alguna razón, mis pies lo siguieron a él. Cuando salimos de la sala, caminamos por un pasillo que parecía infinito, en donde estaban colgadas varias pinturas bastante hermosas y de siglos diferentes. Aquel hombre rodeaba sus brazos por detrás. Mientras que caminaba derecho sin perder de vista esos dos dados que seguían rodando y seguían bien derechito su camino. De esas hermosas pinturas, comenzaron a salir distintas voces que eran idénticas, y me decían que aquel hombre que estaba delante de mis ojos era el verdadero y único Dios, también comenzaron a decirme porque yo me encontraba ahí, caminado detrás de él, y al final me dijeron que ellas tampoco sabían el porqué, ya que un simple y sencillo mortal no tendría que estar caminado junto a él todopoderoso y hermoso Dios de la creación, y que yo era el ser viviente con más suerte en todos los universos por estar al lado de Dios. Esas voces femeninas cambiaron a la de un hombre y me decían que en efectivo, él era el verdadero Dios de todo, y que yo me encontraba ahí hablando con él, porque hace milenios de años se ha fijado en mí desde que me había mudado de la casa de mí mamá y había alquilado mí propio departamento en los Perales. Me dijo que gracias a su poder, las cosas extrañas y paranormales comenzaron a suceder ya que él se había hartado de todos los seres humanos, y que ya sabía la fecha de cuándo empezaría el fin del mundo y que solo las pocas personas que logren salir de la cueva en donde en tiempo no existe, podrían tener su humanidad y recordar que antes eran seres humanos. Y si después de cien mil aún seguían con vida, ellos tendrían la oportunidad de hablar con él, para felicitarlos de que habían sobrevivido por tantos años.
¿Pasaron más de cien mil años desde que me convertí en un monstruo?
Dios solamente asintió y me quedé con la boca cerrada. Luego de eso, Dios volvió a recuperar esos dados que se les habían escapado, y al recogerlos del suelo, me las entregó a mí.
Por favor hijo mío, abre tu mano.
Abrí la mano, y los dados tocaron mí palma, en ese momento, sentí como todo mí cuerpo se volvía transparente, luego que mí voz se desvanecía como si nunca antes hubiera tenido una, y luego como cada parte de mí cuerpo se esfumaba con el tiempo. Al terminar, yo me había convertido en una especie de espíritu que solamente era capaz de moverse y brillar en el aire, incluso no podía ver a Dios, aunque sabía que él se e