Lazo Eterno

Summary

Tras la Segunda Guerra Mágica, Hogwarts está en ruinas, y el mundo mágico, dividido. Harry regresa para completar sus estudios y sanar heridas, pero lo que encuentra es una alianza forzada entre tres figuras marcadas por la guerra: Severus Snape, sobreviviente y nuevo director; Draco Malfoy, intentando redimirse; y él mismo, Harry Potter, el niño que vivió... y el joven que aún busca su lugar. En medio del caos, secretos del pasado emergen, alianzas se tuercen y los límites entre odio, lealtad y deseo se desdibujan.

Status
Complete
Chapters
10
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1: Ruinas y Renacimientos

El tren avanzaba con lentitud, como si dudara en llevarlo de regreso.

Harry observaba el paisaje por la ventana: las montañas distantes, los campos verdes, el cielo opaco de un septiembre frío. Hogwarts lo esperaba al final del viaje, pero no era la misma. Tampoco lo era él.

Ya no era el Niño Que Vivió. Era el Joven Que Sobrevivió. Y eso pesaba más.

Al bajar del tren, la estación de Hogsmeade estaba extrañamente silenciosa. Algunos estudiantes lo miraban de reojo. Otros lo evitaban. No los culpaba. Había perdido más que cicatrices en la guerra. Había ganado miradas, culpas, silencios.

La primera sorpresa fue ver a Draco Malfoy en el carruaje de al lado.

No llevaba su altivez habitual. Su cabello rubio estaba algo más largo, caía sobre sus ojos. Vestía sobrio, sin insignias. Y tenía la mirada perdida en el castillo.

Se cruzaron los ojos por un instante. Harry sintió un tirón incómodo en el estómago. No era odio. No del todo. Era... algo más turbio. Más cargado.

El castillo estaba herido.

Los muros tenían grietas, algunas torres seguían ennegrecidas por la batalla. Sin embargo, la magia de Hogwarts persistía, como un corazón que late aunque esté roto.

—Potter. —Una voz áspera, inconfundible.

Harry se dio vuelta. Y se congeló.

Severus Snape estaba vivo.

Pálido, más delgado, con marcas nuevas en el cuello y una rigidez en el andar que no tenía antes. Pero sus ojos negros ardían con la misma intensidad.

—Director Snape —respondió Harry, sin saber si debía odiarlo o inclinarse ante él.

Snape no contestó. Lo miró durante unos segundos que parecieron minutos, y luego caminó hacia el interior del castillo.

Esa noche, en la cena de bienvenida, hubo silencio en lugar de discursos.

Snape solo se puso de pie y dijo:

—Este año no habrá discursos. Quien se quede, lo hace por decisión propia. Hogwarts no es un refugio, es una cicatriz viva. Aprenderán a convivir con ella.

Sus ojos se posaron brevemente en Harry. Luego, en Draco.

—Algunos ya conocen bien ese peso.

Harry no supo si hablaba de ellos... o de sí mismo.

Más tarde, en su dormitorio, Harry no podía dormir.

Bajó a caminar por los pasillos. Vieja costumbre. Las sombras eran más densas que antes. Todo parecía murmurar.

En el ala norte, donde antiguamente estaban los salones de pociones avanzadas, escuchó voces.

Se acercó.

—No pedí estar aquí. —Era Draco.

—Y sin embargo, estás. —La voz de Snape.

—¿Qué quiere de mí?

—Redención, tal vez. O castigo. Eso depende de ti, Draco.

Un silencio.

—Y Potter —agregó Snape, de pronto—. Lo estarás observando también.

—¿Por qué?

—Porque algunos lazos no se cortan con la guerra.

Harry retrocedió. El eco de esas palabras lo persiguió hasta su cama.

No entendía por qué, pero en medio del frío del castillo, algo en su pecho había comenzado a arder.