Capítulo 1 - Veranos separados
Sirius Black odiaba el verano.
Odiaba Grimmauld Place, con sus paredes oscuras y retratos que parecían gritarle que no pertenecía ahí.
Pero lo que más odiaba era la distancia.
Desde que habían terminado las clases, no había pasado un solo día sin pensar en Remus Lupin. No era algo que él hubiera planeado; simplemente, los recuerdos aparecían en cualquier momento: la forma en que Remus se mordía el labio al concentrarse, cómo se acomodaba el cabello cuando le caía sobre los ojos, o la manera en que sonreía, como si escondiera algo que solo unos pocos podían descubrir.
Por las noches, tirado en su cama con la ventana cerrada para ahogar los ruidos de su madre, Sirius repasaba en su mente las últimas semanas en Hogwarts. Había algo en Remus que se le había quedado grabado bajo la piel, un imán invisible que lo arrastraba aunque estuviera a kilómetros de distancia.
—Ridículo... —se murmuró, mirando el techo—. Es Remus, por Merlín.
Pero incluso diciéndose eso, no podía evitar que el pecho se le encogiera al recordar el calor que había sentido cuando sus manos se rozaron en la biblioteca. Solo había sido un toque, pero suficiente para que su corazón se desbocara.
Mientras tanto, a varios condados de distancia, Remus vivía un verano tranquilo. Demasiado tranquilo. Sus días estaban llenos de lecturas, pequeños trabajos para ayudar en casa y caminatas por el campo. Trataba de no pensar demasiado en Hogwarts... y menos en Sirius.
Pero a veces, sin querer, su mente lo traicionaba: recordaba el sonido de su risa, su descaro, esa mirada intensa que parecía atravesarlo.
Ambos, sin saberlo, pasaban las noches inquietos, sintiendo la misma ausencia, la misma necesidad de que el verano acabara ya.
Porque, aunque ninguno lo admitiría todavía, el reencuentro en el Expreso de Hogwarts sería diferente a todos los demás.







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