Demons. (Ziam)

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Summary

Un cumpleaños. Un pub. Una Ouija. Un amor de otra vida vuelve a renacer.

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Beggin.

Cuando sus amigos dijeron que hacer un tour por los lugares más embrujados de Wolverhampton era una buena idea él también lo pensó, eran unos "hombres jóvenes" con mucha curiosidad por lo desconocido. Ya habían visitado algunos lugares, Graisley old hall, la antigua casa embrujada, gracias a que uno de sus amigos, Tommy, era sobrino del actual cuidador de "La casa que llora" y aunque había un ambiente tétrico y tenso, los charcos que producían las viejas paredes y hacían famosa la vieja estancia eso no pasó a mayores. Ahora estaban decidiendo si ir a visitar el Antiguo edificio victoriano, Tettenhall Towers, el cual estaba lleno de historias de terror o ir al Giffard Armas, el pub el cual era famosísimo por las historias tan cutres y terroríficas que no sabían cuál de los dos era el peor.

— ¿Y si vamos al pub mejor? Es una celebración, ¿No? No todos los días se cumplen dieciocho años, Liam.— Propuso Jack. Estaban los tres en casa de Phil ya que este siempre estaba solo por la tarde.— podríamos pedirle al dueño que nos dé el permiso de ir a la trastienda o al sótano, nadie va ahí porque dicen que a veces se escucha al espíritu del hombre que trabajaba allí o de esa mujer que se había quitado la vida en una de las habitaciones, ¿Cómo era su nombre?

— Anne, Pero el apellido no lo recuerdo. Es una buena idea, ¿Tu que piensas, Liam? Después de todo tu debes elegir porque será tu cumpleaños.— preguntó el mayor de estos, Phil les llevaba tan solo dos años y era el que había iniciado con todo.

— Jackie tiene razón, el Tettenhall es muy grande y no estoy muy seguro de querer entrar ahí solo nosotros tres, además, podemos tomar algo antes, ¿No? Ya tendré edad para hacerlo. Sin embargo, creo que no deberíamos tentar tanto a la suerte.

— Vamos, Li, esto es por pura diversión, no va a pasarnos nada. En la casa que llora no sucedió nada más que los tontos intentos de Jack por asustarnos.

— Oye, Pero si gritaste más que Liam cuando lo hice. — se burló el pelirrojo ganándose un golpe en el brazo.

— Calla. Entonces, ¿Lo hacemos el sábado?

— Claro, yo llevo la cámara. — dijo Payne.

— Y yo llevaré algo especial. — agregó Jack sonriendo de esa manera que solo significaba que estaba pensando en algo tan estúpido que solo a él se le ocurriría.

— Ya te llevamos a ti, eres bastante especial para ser sinceros. — comentó el mayor.

— Gracias por eso, Phil. Lo sé, lo sé.

— No fue un halago.

Liam rió y tomó su mochila.

— Entonces estén preparados para el sábado. Tengo que ir a casa.

— Bien.

— ¡Yo también voy a casa! Te sigo.

Los dos abandonaron la casa de Phil y se encaminaron a sus respectivas casas, vivían en la misma calle solo que el mayor vivía en frente de la casa del castaño mientras que Jack vivía a tres casas de la suya. Cómo era jueves debía volver para terminar con sus tareas y luego cenar para después dormir ya que tenía que levantarse temprano para trabajar.

Había conseguido un empleo en una librería con un sueldo que lo ayudaba a mantener sus gustos y necesidades sin tener que molestar a sus padres para ello. Desde muy chico que había aprendido a ser independiente y no estar de mantenido, no es que sus padres fueran de esos que le ponían límites, de hecho, era todo lo contrario, aún así, a él le gustaba valerse por si mismo y tener lo suyo. Aún vivía con ellos, claro está. Pero solo porque su madre así se lo había pedido, ya que era el único hijo varón y el menor, pues sus hermanas mayores ya se habían mudado hace bastante y Karen no quería vivir con el síndrome del nido vacío.

Hoy viernes lo había despertado con un día algo nublado y garuante, no llegaba a ser siquiera una lluvia constante, pero garuaba de vez en cuando y la típica humedad lo obligaba a usar ropa Intermedia por eso solo se había puesto una camiseta de mangas largas y unos vaqueros de corte holgado , desayunó con su madre y platicaron sobre que quería almorzar para el día siguiente ya que tendría la visita de sus hermanas y algunos primos, tomó su mochila con lo necesario para el día y emprendió viaje al trabajo, al subir al bus se puso sus auriculares y esperó las cuatro paradas hasta que bajó en la correspondiente solo cruzando la calle principal para luego adentrarse al lugar que sinceramente era como su segunda hogar.

La dueña de la librería Little moment era Lady T, o bueno, ese era su nombre para el público en realidad se llamaba Iris Turner, una señora regordeta de anteojos y sonrisa amable que lo trataba como si fuera hijo suyo, confiaba mucho en él y desde el primer día en que entró a trabajar allí se sintió tan a gusto que levantarse temprano se había convertido en uno de sus momentos preferidos del día. El lugar era simplemente hermoso, acogedor, con estantes que casi llegaban al techo y que estaban llenos de hermosos libros de todos los géneros. El olor al café mañanero, la calefacción en el punto justo y la sensación de hogar era fascinante. Las mesas redondas de madera de roble al fondo donde algunos preferían ir a leer y tres sofás individuales que eran demasiado cómodos para descansar cuando tenía sus tiempos libres eran algo que agradecía.

— Buenos días, My Lady. — saludó Liam con una sonrisa a la mujer detrás del mostrador.

— ¡Buenos días, pequeño! ¿Cómo estás el día de hoy? — su sonrisa brillante nunca faltaba.

— Bien, es mi último día con diecisiete años, ya me siento viejo.

— Debes disfrutarlo al maximo entonces. ¿Ya sabes que harás mañana? — cuestionó mientras escribía en su libreta algunos pedidos y hacía cuentas. Podía hacerlo por computadora pero ella prefería hacerlo a la vieja usanza.

— Almorzaré con mi familia y por la noche saldré con mis amigos.

— Eso está muy bien, hijo. Me gustaría quedarme más tiempo pero debo ir por Greta porque no se sentía muy bien y la llevaré a la veterinaria.

— Espero que no tenga nada malo, Lady. Suerte.

Una vez que se fue él se quedó revisando algunas cosas en la computadora, vinieron algunos clientes y como siempre salían satisfechos, lo que le gustaba de su trabajo es que jamás le decían a un cliente que no tenían lo que pedían, podrían pedir cualquier libro de cualquier autor aunque no fuese tan famoso como otros y lo tenían. Lady T era alguien con un conocimiento literario extraordinario y sabía muy bien lo que a la gente le gustaba.

Estaba revisando los mensajes que sus amigos habían comenzado a enviar al grupo de WhatsApp cuando escuchó un ruido en uno de los pasillos entre los estantes del fondo, curioso fue a ver qué fue aquello sorprendiendose cuando se encontró a un hombre leyendo un libro en la sección de ocultismo. Frunció el ceño, no recordaba haber visto entrar a un hombre como él , alto, llevaba puesto un abrigo largo marrón oscuro muy a lo vintage y pantalones del mismo color, pero tampoco era algo raro encontrar a alguien allí.

— Hola, ¿Puedo ayudarte en algo? — habló de manera educada.

— No, solo estoy mirando. — respondió, su voz era grave y ronca. No sé volteó a devolverle la mirada ni tampoco despegó la suya del libro con una tapa negra y para su sorpresa sin algún titulo a la vista.

— Uhm, bien, si necesitas algo no dudes en llamarme. — no obtuvo respuesta por lo que volvió a su lugar y volvió a tomar su teléfono.

Un nuevo cliente llegó y mientras estaba atendiendo la puerta se cerró, no vió cuando aquel hombre salió aunque si vió como una hoja caía al suelo, disculpándose un momento salió detrás del mostrador para tomarla, era una hoja amarillenta y parecía demasiado antigua, pensó que sería importante así que salió fuera a ver si lograba alcanzarlo para devolversela, pero al salir no vió a nadie con su parentesco, y no es que había pasado mucho en él suceso. Desdobló la hija con cuidado encontrándose con una frase algo extraña. "Cuando aquel que despierte lo sellado en la noche de su mayoría, será tocado por las sombras, Pero no todo lo que duerme en ellas desea ser despertado." Frunció el ceño una vez más y un extraño escalofrío recorrió su cuerpo, culpó al día por ello y volvió a doblar la hoja, guardandola en su bolsillo. Una vez que se quedó a solas en el lugar, se encaminó hacia donde ese hombre había estado leyendo aquel libro por lo que fue en busca de este, tal vez la hoja le pertenecía. Sin embargo, al buscarlo jamás lo encontró, no había ningún libro de tapa negra que no tuviera título ni mucho menos que tuviera las hojas tan amarillentas ni antiguas como la hoja que descansaba en su bolsillo.

— ¿Se lo habrá robado? — se preguntó a si mismo en voz alta. — Espero que no. O al menos, espero que Lady T no se de cuenta, por Dios.

Aunque lo pensó, su conciencia no le dejó descansar hasta que finalmente le dijo a la señora Iris cuando volvió, a lo que ella extrañamente le respondió que no, que jamás había tenido un libro así y eso que ella los conocía todos.

Prefirió no darle más importancia y luego partió hacia sus clases.

El sábado había llegado y había tenido un almuerzo placentero, acompañado por su familia y amigos almorzaron su comida favorita, carne asada hecha por su padre acompañada por ensaladas que su madre preparó con mucho esmero y amor, recibió muchos regalos pero su favorito sin duda fue una colección de cómics que sus hermanas sabían que había estado queriendo desde hace bastante tiempo, lo cual lo hizo muy feliz. Sus padres le regalaron una cámara videograbadora profesional, lo cual fue genial ya que tendría mejor calidad lo que sea que grabarían esta noche.

— ¿Ya tienen todo, verdad? Identificación, cámara, dinero? — Jack estaba demasiado emocionado mientras caminaban hacia la entrada del Giffard.

— Lo tenemos todo, tranquilo.

Una vez adentrados en el lugar buscaron un sector más tranquilo para poder sentarse. El lugar era como lo describían, antiguo, tétrico, espeluznante y con un ambiente algo pesado y tenso, Pero era justo lo que ellos esperaban. Si querían ir a un lugar moderno con mucha gente, con música actual y luces de neon pudieron ir a otro lugar. Pidieron unas cervezas y comenzaron a platicar sobre las historias del pub, pues habían varias, Pero la más conocida era la de Anne Horton, una mujer que trabajaba con su cuerpo para mantenerse durante el siglo XIX, cuando aún el sitio era una posada. Ella se había enamorado de un cliente que le prometía amor y estabilidad, sin embargo, este la abandonó y ella, con la tristeza insoportable que reinaba su ser decidió quitarse la vida y desde entonces, muchísima gente había afirmado haberla visto o escuchando rondar por el lugar, siguiendo a hombres jóvenes parecidos al amor que le había traicionado.

— Es que es cierto, Benedict Porter juró y juró que la mujer lo había seguido hasta los baños y lo espantó tanto que no llegó a ellos y se hizo encima. — dijo Jack muy seguro de sus palabras.

— Benedict Porter es un borracho loco, Jackie. — Contradijo Phil.

— Pero si es cierto que muchas personas aunque sea la han escuchado. — apoyó Liam. — ¿A dónde vas, Jack? — preguntó al ver que su amigo se ponía de pie e intentaba irse.

— Voy a hablar con Richard. Espero que nos deje entrar al sótano o aunque sea a la trastienda, deseénme suerte, amigos.

— ¡Suerte! — grito Phil seguido por Liam y luego ambos rieron. — ¿Crees que nos deje? Richard es algo gruñón.

— Esperemos que si.

— ¿La estás pasando bien, Li? — preguntó el de ojos grises tomando un poco de cerveza de su botella.

— Lo estoy pasando bien, Phil, hoy ha sido un gran día, la verdad.

— Me alegro, es genial que ya tengas dieciocho, ¿No? Es una nueva etapa en tu vida, además de que puedes hacer muchas cosas que antes no.

Rió asintiendo.

— Si, ya tendré responsabilidades de adulto, que genial. — utilizó el sarcasmo haciendo reír a su amigo.

— Es una mierda, seamos sinceros.

— Es un cincuenta, cincuenta, ¿No es así?

— Un setenta, treinta, diría yo.

— ¡Amigos, no me lo van a creer! — Jack llegó con una sonrisa de plena felicidad. — ¡Richard nos deja ir al sótano! Creí que nos pondría algún pero o que tardaría más en aceptar pero en cuanto le pregunté él simplemente me miró, se rió y me dijo: "Claro, chico, Pero no me hago cargo de lo que les pase" — contó imitando la grave voz del dueño. — ¡Así que vamos, levanten sus culos que ya mismo podemos bajar!

— Es el cuarto para las doce, Jack, ¿No quieres esperar un poco más? — Phil creyó que podrían hacerlo más tarde.

— ¿Para que esperar? ¡Vamos ahora! — el pelirrojo insistió.

— Pues hemos venido para eso, ¿No? — dijo Liam levantándose y ganándose un aplauso por parte de Jack.

— Bien. — Phil tomó lo último que le quedaba en su botella y se puso de pie.

Tomando sus cosas los tres chicos se encaminaron hacia un pasillo que les señaló el dueño en la barra, llegaron al final de este donde había una puerta detrás de esta una vieja escalera de madera gastada los encaminó hacía abajo, usaron las linternas de sus teléfonos para no dar un paso en falso y una vez abajo, Phil encontró el interruptor de la luz. No obstante, el foco apenas si iluminaba todo el lugar. Era enorme y frío, con un olor a humedad por el encierro y muchas telas de araña por doquier. Estaba lleno de cajas apiladas, algunas aplastadas por otras y un sonido de goteo que no sabían de dónde provenía.

— Bueno, pues espeluznante si es. — afirmó Jack.

— Y maloliente también. — dijo Liam.

— Bueno, chicos, tampoco podíamos esperar mucho de este lugar, ¿No? — agregó Phil.

— Bien, ¿Saben que es lo que traje? — Jack se quitó la mochila del hombro y abrió el cierre metiendo la mano dentro. — ¿Están listos?

— Por supuesto.

— Siempre.

— ¡Ta-Da! — expreso sacando de esta una tabla.

Tanto Phil como Liam se sorprendieron de lo que era y aunque no quisieron admitirlo ninguno de los dos, sintieron una rara sensación en sus estómagos.

— ¿La Ouija? ¿En serio? — preguntó el mayor.

— ¿No crees que eso es pasar muchos límites? ¿Que si nos pasa algo malo?

— Vamos, Liam, ¿Que tan malo puede ser? — Minimizó el pelirrojo. — Solo será un rato. Seguro que no pasa nada.

— Uhm...

— Vamos, chicos, solo es un juego.

— ¿Tu que dices, Liam? ¿Quieres?

Dudó, algo le decía que no lo hiciera, no sabía si era su moral, su conciencia o su miedo. Pero ya estaban ahí, ¿No? ¿Que tan malo sería?

— Pues, ya que estamos, podemos intentarlo.

— ¡Eso! — celebró. — Bien. — Tomando una de las cajas apiladas la puso en el suelo y le pidió a Liam la cámara.— Si vamos a hacerlo, hay que hacerlo bien. — volvió a buscar algo en su mochila para luego sacar un paquete de velas rojas.

— Pero, Jack, ¿Quieres hacer un ritual satánico o que? — dijo Phil frunciendo el ceño.

— Vamos a jugar a la Ouija, Phil, ¿Que esperabas?

— Creo que ya es demasiado, Jack. — Liam estaba igual que el mayor.

— Se supone que las velas son algo positivo.

— Las blancas, no las rojas, Jack.

— Bueno, nada de velas. — volvió a guardarlas. — ¿Empezamos?

Suspirando, Liam asintió y se acercó a la cámara para encenderla. La posicionó de modo que tomará a los tres y que también se viera bien la tabla que estaba posada en otra caja que utilizaron como mesa, los tres vasos de agua estaban cada uno a sus lados. Una vez todo listo se sentaron alrededor de esta en el suelo.

— Bien, lo primero que debemos saber antes de iniciar una sesión es que debemos ser respetuosos, no faltar el respeto y mantener la mente abierta y calmada sin sugestionarnos demasiado. Recuerden que una vez que empecemos, ninguno puede quitar sus índices hasta que nos despidamos y cerremos la sesión, sin importar lo que pase, ¿De acuerdo? — Está vez Jack habló con seriedad. —

— De acuerdo.

— Bien. ¿Quien hará las preguntas? — cuestionó Liam.

— Pues la sesión la iniciaré yo, pero podemos preguntar los tres.

— Me parece bien. — concordó Phil.

— Bien, comencemos.

Los tres tomaron una larga respiración antes de poner casa uno sus índices sobre el puntero.

— Hola, ¿Hay alguien? — dijo Jack.

El goteo sin cesar, la oscuridad y lo que habían escuchado sobre él lugar ya fue motivo suficiente para hacerles sugestionar con demasia.

Sin embargo, el puntero no hizo movimiento alguno.

— ¿Hay alguien aquí que quiera comunicarse con nosotros? — volvió a intentarlo.

Nada.

Se observaban entre los tres y sinceramente Jack ya no sabía que preguntar, no lo había considerado bien cuando la compró.

— ¿Hay algún ser que quiera decirnos algo?

— ¡Jack! — quejó Liam.

— ¿Que? — se encogió de hombros.

— No llames a cualquier ser.

— Vamos, Liam, no te das cuenta que no pasa nada.

— Aún así, no pidas por cualquiera, no abras esa puerta.

Bufó y antes de poder decir algo, Phil se le adelantó.

— ¡¿Hay alguien que quiera hacer presencia entre nosotros?!

Nada.

— Esto es absurdo y no habíamos acordado de hacer ningún juego de estos, Jack. — Liam ya estaba nervioso aunque no haya pasado nada, aún así, sentía un malestar al que no quería darle más importancia de lo que su mente intentaba darle. — cierra la sesión y-...

Un golpe seco hizo eco en el lugar haciendo que los tres chicos pagarán un salto por el miedo y la sorpresa.

— ¿Que fue eso? — preguntó Phil.

Jack volteó hacia donde vino el ruido.

— No lo sé, yo-...

En ese momento, el puntero comenzó a moverse con rapidez yendo de un lado a otro.

— ¡¿Ustedes lo están moviendo?! — cuestionó Liam ya entrando en pánico.

— Jack, si está es una de tus bromas juro que-...

— No, no. Les juro que yo no soy. — dijo Jack.

La luz comenzó a parpadear lentamente para luego acelerar y parpadear constantemente.

— ¡Jack, cierra la sesión ahora! — exigió el castaño.

— ¡Vamos a cerrar sesión, nos despedimos!

— ¡¿Eso es todo?! — Phil le gritó.

— ¡¿Que más pensabas que era?!

El puntero se movió hacia el lado derecho en el cual estaba la palabra "NO"

—¿Que?

— ¿Cómo que "No"? — dijo Liam. — "No" ¿Que? ¡Adiós!

El puntero volvió a marcar la palabra negativa y después comenzó a dar vueltas por el tablero, comenzando a marcar letras y letras sin parar. Liam intentó quitar el dedo pero en cuanto lo hizo Jack le detuvo.

— No puedes. No puedes quitar el dedo hasta que la sesión este cerrada, Liam.

El miedo se reflejaba en sus ojos y no sabía que hacer, las cajas apiladas se cayeron todas al suelo haciendo que vuelvan a pegar un salto y esta vez Phil habló.

— Seas lo que seas, por favor déjanos ir, lamentamos si te hemos faltado el respeto, te pido por favor que nos dejes cerrar la sesión.

Entonces el la luz volvió a quedar prendida y se sintió todo un silencio abrumador.

Los tres estaban agotados, sudando del miedo y sin saber si moverse o no.

— ¿Se acabó?

— Debemos mover el tablero en la palabra "Adiós" — dijo Jack.

— Bien, hagámoslo ya. — le siguió Liam.

Así lo hicieron y creyeron que eso fue todo, sin embargo, cuando intentaron tomar los vasos de agua fría, estos explotaron antes de siquiera poder tomarlos.

— ¡Mierda!

Liam intentó ponerse de pie, entonces el puntero comenzó a moverse solo de nuevo. Está vez, lentamente, marcando una letra y luego otra, y otra.

— Z. — susurró Phil.

— A. — siguió Jack.

— Y. — dijo Liam.

— N. — Dijeron al unisono.

— ¿Zayn? — fue el castaño quien pronunció el nombre.

De pronto el tablero junto al puntero salieron expulsados como si algo o alguien los hubiese aventado y el foco de la luz explotó.

Fue como un eco ensordecedor. Liam quedó shockeado y no supo cuál de sus dos amigos lo levantó pero en cuanto volvió a estar consciente ya estaban saliendo del pub.

— ¡¿Liam?! ¡Liam! — sus ojos se fijaron en quien tenía frente a él, Phil lo miraba preocupado. — ¡Liam reacciona!

— ¿Que... Que pasó?

— Li, lo siento, ¿Estás bien? — Jack lo miraba con sus ojos verdes rojos y llorosos.

— Si, si, estoy... Estoy bien.

— Dios, amigos, lo siento tanto.

— Está bien, ya está, ya pasó. — intentó calmar el mayor. — será mejor que nos vayamos todos a casa.

Los tres subieron al auto de Phil y emprendieron viaje hasta sus hogares, el viaje fue tenso y silencioso. Ninguno podía decir palabra alguna. Estaban aterrados aunque nadie lo dijera en voz alta.

En cuanto se bajó del auto de su amigo, caminó directamente a casa, entró y estaba todo absolutamente en silencio y a oscuras. Trató de hacer el menor ruido posible al subir las escaleras, aún así, se sentía mal, con pánico, estaba demasiado sugestionado por lo que ocurrió y se decía a si mismo que era por eso que sentía que alguien lo estaba observando.

Al acostarse en su cama, cerró sus ojos, tratando de dormirse, pero ese presentimiento aún estaba allí.

Se durmió con la extraña y espeluznante sensación de que alguien no le quitaba los ojos de encima, sintiendo que no estaba solo en aquella habitación y con ese nombre aún en su mente y en la punta de su lengua.

"Zayn"