Capítulo 1: El mapa distorsionado
El sol brillaba con una intensidad ,iba de camino junto a mis dos mejores amigas Odette y Charlotte rumbo al centro comercial , teníamos planeado pasar la tarde en el centro comercial pero pronto todo cambió.
—Emma, ¿segura que este es el camino? —preguntó Odette mientras miraba la pantalla de su celular con una expresión de fastidio.
—Claro que sí… aunque… —me detuve
frunciendo el ceño.
— El mapa se ve raro, ¿no?
La imagen en la pantalla temblaba como si alguien la moviera desde dentro cada pocos segundos la ruta cambiaba y nos guiaba por un sendero diferente, lo más inquietante era que en lugar de llevarnos a calles conocidas cada vez nos arrastraba más hacia lo desconocido.
Charlotte siempre la más escéptica, refunfuñó cruzándose de brazos.
—Seguro es la señal no le pongas misterio.
Sin embargo después de diez minutos caminando, algo se volvió evidente ya no reconocíamos nada , las avenidas familiares habían desaparecido y ahora nos encontrábamos en un camino de piedra que parecía llevarnos directo a un pueblo viejo y silencioso.
Mis pasos se hicieron más lentos el aire se sentía pesado como si hubiéramos cruzado una barrera invisible.
—Chicas… esto no me gusta nada —susurré.
Odette intentó refrescar la pantalla pero el mapa comenzó a distorsionarse violentamente y luego… se apagó por completo.
Solo se escuchaban nuestros pasos y el crujido de las ramas.
—No puede ser —dijo Charlotte, mirando a su alrededor.
— ¿Dónde estamos?
Frente a nosotras apareció la entrada del pueblo tenía un letrero oxidado que apenas dejaba leer el nombre como si hubiera sido borrado con el tiempo , las casas eran bajas algunas con ventanas rotas, otras cubiertas de polvo y telarañas pero no había nadie.
—¿Y si volvemos? —propuso Odette, su voz temblando un poco.
—El mapa no funciona y no recuerdo el camino de regreso. —contesté tragando saliva.
Avanzamos lentamente observando las calles vacías todo estaba en silencio un silencio tan extraño que daba la impresión de que el pueblo entero estuviera conteniendo la respiración.
Charlotte se adelantó unos pasos y dijo en voz baja:
—No estamos perdidas… alguien nos trajo aquí.
Al escucharla sentí un escalofrío recorrerme la espalda.