El Orbe de la Oscuridad: Los portales perdidos

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Summary

El Orbe de la Oscuridad: El Misterio de los Portales Perdidos" (nombre original que no me dejo ponerlo completo) es una apasionante novela de aventuras que te llevará a un viaje épico a través de mundos desconocidos y enigmáticos. Escrita con una narrativa cautivadora, esta historia te sumerge en un universo donde la realidad se mezcla con lo sobrenatural, y donde la búsqueda de la verdad desafía los límites de la imaginación.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo 1: El Descubrimiento

La biblioteca de Arcanum se alzaba como un santuario del tiempo. Sus muros, cubiertos de hiedra y piedra ennegrecida, habían resistido siglos de guerras, incendios y olvido. Dentro, el aire olía a papel envejecido y cera derretida; el polvo danzaba a través de los rayos de sol que se filtraban por los vitrales agrietados.

En aquel silencio sagrado, cada paso parecía un eco del pasado.

Alexander Hartman caminaba despacio entre las estanterías infinitas. Su linterna apenas iluminaba los títulos grabados en cuero agrietado. Amaba ese lugar. De niño solía perderse entre libros antiguos, soñando con descubrir algo que cambiara el curso de la historia. Ahora, convertido en arqueólogo, esa fantasía se había transformado en su propósito.

Llevaba meses en Arcanum, buscando pistas sobre una civilización desaparecida, pero los días se habían vuelto monótonos: registros, traducciones, teorías sin pruebas.

Hasta que lo vio.

Un libro distinto, escondido detrás de un montón de pergaminos rotos, cubierto de una capa espesa de polvo. Su instinto le dijo que aquello no era una coincidencia. Lo tomó con cuidado y sopló el polvo; el título apenas se distinguía bajo la suciedad:

"Los Portales Perdidos: Un Viaje a lo Desconocido."

El nombre le erizó la piel.

-Sarah tiene que ver esto -murmuró, más para sí mismo que para el silencio que lo rodeaba.

Abrió el libro con cautela. Las páginas crujieron como si protestaran por haber sido despertadas de un largo sueño. Dentro había ilustraciones extrañas: círculos tallados en piedra, figuras cruzando umbrales luminosos, textos escritos en una mezcla de lenguas antiguas. A medida que leía, algo lo atrapó: los relatos hablaban de portales ocultos que conectaban mundos y tiempos, de viajeros que nunca regresaron y de guardianes que protegían los secretos del universo.

Pero lo que más lo perturbó fue una frase repetida en varias páginas:

"Solo los elegidos por la oscuridad pueden abrir el camino."

Alexander cerró el libro y lo sostuvo entre sus manos temblorosas. Sintió que el aire se volvía más pesado, como si el propio edificio contuviera la respiración.

Sabía que había encontrado algo importante... y peligroso.

Horas más tarde, en el pequeño apartamento que compartía con su colega y amiga de toda la vida, Sarah Donovan, le mostró el hallazgo. Sarah, con sus rizos castaños recogidos y las manos manchadas de tinta, observó el libro con una mezcla de curiosidad y escepticismo.

-¿Estás seguro de que no es otra falsificación? -preguntó, hojeando las páginas con cuidado.

-Lo dudo. El idioma mezcla símbolos mesopotámicos y runas del norte. Nadie en su sano juicio falsificaría algo tan complejo solo por diversión.

Sarah lo miró de reojo y sonrió apenas.

-Eso mismo dijiste la última vez, y terminamos traduciendo un recetario del siglo XV.

Alexander soltó una carcajada breve, pero sus ojos seguían fijos en el libro.

-Esto es diferente. Mira estas ilustraciones. Hablan de portales, de civilizaciones que los usaron para viajar entre mundos. Y hay registros de ellos en culturas de distintas épocas... Egipto, Sumeria, los mayas... -se detuvo-. Sarah, todas describen lo mismo.

El tono de su voz bastó para que ella entendiera que no se trataba de otra de sus obsesiones pasajeras.

Esa noche, bajo la luz amarilla de una lámpara vieja, los dos comenzaron a leer y a tomar notas. Cada símbolo parecía tener un eco en otra parte del mundo. Cada mito coincidía con otro.

Día tras día, las pistas los llevaron a templos cubiertos por la selva, a mapas incompletos y a nombres borrados por el tiempo. Pero también hallaron advertencias: relatos de exploradores que habían intentado abrir los portales y nunca regresaron. Algunos habían enloquecido, otros desaparecido sin dejar rastro.

Sarah comenzó a inquietarse.

-Tal vez deberíamos detenernos aquí -dijo una noche-. Si todo esto es cierto... no sabemos con qué estamos jugando.

Alexander la miró con el cansancio y la determinación de alguien que ya ha cruzado un punto sin retorno.

-No puedo. Este libro me encontró por una razón.

Ella suspiró, bajó la mirada y, después de un instante, asintió.

Sabía que nada lo detendría.

Esa misma noche, mientras Alexander volvía a hojear el libro, notó algo que antes no había visto: una marca circular, casi invisible, que solo se revelaba bajo la luz. En el centro, un símbolo brilló débilmente... y el aire del cuarto pareció vibrar.

Sarah se levantó de golpe.

-¿Lo viste también?

El símbolo desapareció tan rápido como había aparecido. Pero ambos sabían que algo había cambiado.

Y aunque aún no lo sabían, ese fue el momento en que el primer portal comenzó a abrirse.