El error del comandante

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Summary

Krallel, el comandante de la flota, ha estado anhelando secretamente una compañera, sobre todo a la sanadora principal de la flota, Anne. Para obtener a la impenetrable sanadora, quien ha rechazado a cada uno de los machos que se le han declarado hasta el momento; incluido el comandante. Decide usar sus feromonas dominantes, las cuales son como un afrodisiaco para los demás. Sin embargo, por error quien recibe las feromonas, es otro miembro de la flota. La capitana Veronica, con quien no tiene nada en común y no encaja en su ideal de pareja. Sus feromonas solo deben hacer efecto en Anne, se supone; pero Veronica cae prensa de ellas.

Status
Complete
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Krallel.

El comandante de flota quiere una compañera.

Alzo la mirada, conteniendo la respiración, sintiendo el cansancio físico del entrenamiento. Estar en lo alto de la cadena de mando tiene sus cosas buenas y malas. Una de las que odio es lo difícil que es conseguir una pareja. Los años de servicio se han acumulado y las posibilidades de obtener un buen partido fueron mermando al pasar de los meses. Son pocas las mujeres que se unen a la flota o deciden seguir a un macho al espacio.

Hasta ahora, pensaba dejar mi posición o resignarme a la soledad. Pero tuve suerte, el destino decidió apiadarse de mi desolada vida. Anne, la sanadora en jefe de la flota, había llegado hace tres ciclos y medios; es una mujer baja, delgada, con curvas y una sonrisa suave; Anne es la definición de feminidad y de todo lo que deseo en una pareja. Pero ella nunca me ha visto. No es de extrañar, cuando cada macho de la flota está interesado.

Anne tiene cantidad de pretendientes de donde escoger y estoy bien con ello; significa que cuando sea mía la victoria será aún más dulce. Habré ganado sobre los demás, demostrando quién tiene el poder tanto en la flota como en el corazón de la sanadora. Hasta ahora, cada intento de conquista ha fallado; el regirme a las tradiciones de cortejo de su cultura no ha tenido ningún resultado. Ir calmadamente con ella sin imponerme no me ha dado los resultados deseados.

—Pareces un acosador, ¿qué dirán del comandante si llegan a enterarse de su obsesión por la pequeña y suave hembra?

—Que soy un tipo obstinado —sugiero, apartando por breves segundos la mirada. Mi amigo de la infancia y uno de los navegantes de la flota, niega, dejando ver lo divertido que encuentra la situación.

—Lo dudo, dirán que estás obsesionado con todos los rechazos que has recibido.

—No lo entiendes, no tienes la necesidad de encontrar pareja, ni has experimentado como Anne hace que cada célula en mi cuerpo reaccione.

—Es verdad, nunca llegaría a entenderte. No quiero una compañera, y Anne no me llama la atención como a la mayoría de hombres en la flota; si hablamos de mujeres impresionantes, la capitana. No hay mujer más feroz, decidida y cautivadora que ella. Pero solo siento admiración.

—La capitana Verónica de la quinta división no es de mi interés; no entra en lo que deseo de una pareja. Dudo que logre conseguir un macho lo suficiente paciente para aceptarla o lidiar con su independencia. Un soldado siempre será un soldado sin importar que sexo o rol desempeñe.

Se encoge de hombros quitándole importancia. Roan siempre ha sido despreocupado desde joven. No sabía qué hacer con su vida, al llegar a la edad adulta decidió unirse a la flota como si arriesgar la vida fuera más sencillo que cualquiera de los roles que su padre le estaba imponiendo. Nuestra sociedad siempre ha sido dura con los machos, esperando rectitud y solo lo mejor. Algo que nunca encajó en la libertad de Roan.

—Te gustan los retos, ¿no? —asiento—. Verónica lo es; debajo de aquel pesado y oscuro uniforme sigue siendo una mujer. Una de las cuales todos los machos huyen por miedo de ser rechazados o humillados; no cualquiera tiene lo necesario para domarla.

—Suenas como si quisieras meterme a la capitana a la fuerza —Roan se encoge de hombros con una sonrisa misteriosa. Odio cuando quiere jugar haciendo de cupido.

—¿Quién sabe? Nos vemos, Krallel.

Se despide con un asentamiento de cabeza, saliendo de la sala de entrenamiento con trote firme. Suspiró limpiando las gotas de sudor que no han desaparecido, esperó pacientemente hasta que la hora de entrenamiento de Anne llegue. Entra por la puerta con una sonrisa brillante y mirando la máquina dispensadora de bocadillos. Siempre busca un bocadillo antes de los entrenamientos y termina con un poco de bebida energizante al finalizar los ejercicios. Siempre la misma rutina, por eso sé que tendré éxito con este curso de acción. Nada puede salir mal, a menos que Anne no sea compatible conmigo y mis feromonas.

—Buenas tardes, Sanadora. Llegas temprano.

—Comandante —exclama agrandando la sonrisa, desviando la mirada apenas unos segundos de la pantalla—. Es bueno mantenerse en forma. Nunca se sabe qué puede pasar. No quiero ser un estorbo para los soldados si llegan a invadirnos.

—Nunca sucederá y no serás un estorbo, Anne. Gracias a ti las pérdidas han bajado y los soldados se preocupan más por las heridas de batalla. Nunca serías un peso.

—Gracias por decirlo. Solo hago mi trabajo; todos lo hacemos.

—Los sanadores son más importantes que un soldado normal. Los soldados pueden ser reemplazados con facilidad; pero pocos planetas y gobiernos están dispuestos a dejar ir a sus sanadores a la lucha.

Su mirada se frunce con el disgusto por mi comentario. Aunque quiera negarlo y decir que todos somos cruciales, no es verdad. Cada integrante de la flota tiene un identificador; pero también un grado de importancia y supervivencia. Siendo los sanadores de mayor importancia y los puntos débiles que hemos tratado de mantener vivos durante las misiones. Y las mayores pérdidas son los pilotos. Son los primeros en la línea de ataque y los últimos en salir.

—No te molestes.

—No lo estoy, comandante.

—Lo estás —aseguro, divertido. Ella suspira, depositando toda su atención en mí. Sus labios se fruncen en una mueca que la hace lucir dulce y problemática—. Veo que no encuentras lo que estás buscando. Compré las últimas unidades. Puedes tenerlas —sugiero extendiendo la barra de chocolate de proteína y la bebida energizante. Anne lo acepta sin dudarlo, regalándome una sonrisa agradecida.

Una parte de mí se siente incómoda ante las acciones y lo que puede suceder; no está mal, no del todo. Pero ella no sabe lo que sucederá, cuando coma lo que le he dado. Las feromonas entrarán en sus sistemas, preparándola para mí. Probando nuestra compatibilidad. Los Reckar tenemos una manera de atraer a una hembra, hacerla dependiente de nuestra atención y la manera más fácil de conseguir pareja. Aunque se supone que las feromonas dominantes de los machos Reckar no tienen fallas, no siempre funcionan como se debe o algunas hembras son inmunes a ellas. Sin reaccionar en lo más mínimo.

Estoy rogando para que Anne no entre en el grupo inmune. Esta es la última opción que poseo. Es todo o nada y estoy dispuesto a cargar con los resultados.

—Gracias, comandante —asiento, quitándole importancia. Dudo que vaya a sentir algo de agradecimiento cuando le explica qué es lo que está sucediendo con su cuerpo—. Oh, es Veronica —murmura desviando la mirada hacia los simuladores, de donde sale una hembra sudada de cabellos rojos—. ¿Acabas de terminar el entrenamiento? —pregunta Anne a su amiga y una de las pocas mujeres de su raza que decidieron unirse a la flota.

Veronica asiente, desabrochando el cierre del uniforme, dejando ver el comienzo de un esqueleto negro. Sus mejillas, oscurecidas y húmedas por el sudor, se alzan en una sonrisa cansada; los mechones pelirrojos se adhieren a la frente y contornos de su rostro, dándola un aspecto menos severo y más delicado. El camuflado de la flota le queda grande; las mangas ocultan casi por completo los brazos de la capitana, quien le da una última mirada a Anne antes de deslizarla por el contenedor de comida portátil.

Los ojos azulados se entrecierran con molestia, al tiempo que responde las preguntas de Anne sin detenerse a pensar.

—Sí, me quedan pocos días para salir al espacio y cumplir la misión. No me siento preparada. Volveré al simulador. Comandante, con su permiso —su voz no es más que un jadeo molesto y parece profundizarse más cuando no encuentra lo que quiere.

—Adelante—murmuró recordando las palabras de Roan, imaginando si aquella tosca y ruda mujer tendrá alguna faceta que desconozca. Desvió la mirada apenas unos segundos de la médica.

—Llévate esta proteína y agua, la necesitas más que yo. Vi cómo buscabas la barra de chocolate y nueces—Veronica se detiene girando rápidamente hacia Anne, sus manos roban la barra impregnada de mis feromonas y aquellos ojos azules se iluminan con emoción—. No hay problema, verdad, comandante.

Sí, lo hay. Hay un maldito problema con que ella se coma la barra.

Niego, se vería sospechoso el negarme. La capitana lo necesitará más que Anne. La barra contiene los suficientes nutrientes y energía para reemplazar por lo menos tres comidas. No soy capaz de negarle un pequeño placer a un soldado cuando está tan cerca de colocar su vida en riesgo.

—Gracias —susurra volviendo al simulador, dándole un sorbo a la botella de agua y destapando la envoltura del chocolate con rapidez.

Observo cómo Veronica le da el primer bocado al chocolate, sus mejillas se sonrojan aún más de ser posible y deja escapar un sonidito ahogado que es solo audible para mi audición. Ruego a los Reyes para que aquella hembra no reaccione a las feromonas.