Operacion CERBERUS

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Summary

El equipo ALFA se enfrenta a una amenaza contra la humanidad, haran todo lo posible por salvar al mundo de las fuerzas de una organizacion criminal de orden mundial

Genre
Action
Author
marcos
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

El Despliegue en el Puerto

El aire salobre y frío del muelle de Brístol picaba la piel. La niebla, espesa como algodón húmedo, se aferraba a los contenedores apilados, creando sombras fantasmales. Eran las 03:00 de la madrugada. El Equipo Alfa, la unidad táctica de élite conocida por su eficiencia quirúrgica, se movía entre la carga, fantasmas equipados con visores nocturnos y rifles silenciados.

La misión: infiltrarse en el carguero Tritón y recuperar el paquete robado por la célula terrorista conocida como “La Falange”.

KAI, la líder del equipo, se detuvo junto a un contenedor marcado con un símbolo chino. Su voz, un susurro calmado a través del intercomunicador, cortó la tensión.

Ghost, informa de tu posición y de la distribución de los objetivos.

La respuesta llegó con un ligero crujido estático, fría y profesional. Ghost era el especialista en reconocimiento y el más joven del equipo.

— Estoy en el sector B, señora. Vista clara del portalón de popa. Hay dos guardias haciendo ronda, armados con automáticas. Rutina predecible: un minuto en el extremo, dos minutos de vuelta.

¿Algún movimiento inusual dentro del carguero? — preguntó JAX, el fornido especialista en demoliciones, su voz un murmullo grave.

— Nada. Parece dormido. Los escáneres térmicos muestran entre ocho y diez firmas. Mayoría en la bodega principal, una o dos en la cubierta de mando.

Kai asintió para sí, aunque nadie podía verla en la oscuridad.

— Escúchame. Entraremos por el portalón de popa. Jax y yo nos encargaremos de la cubierta y de neutralizar a la tripulación. Silas, tú irás directo a la bodega. Necesito una verificación del paquete. Cero riesgo para la carga, ¿entendido?

Silas, el experto en tecnología y extracción, respondió con su habitual sarcasmo lacónico.

— ¿Cero riesgo para un detonador nuclear robado? Pan comido. Dime, Kai, ¿tengo que hacerles un chequeo dental antes de dejarlos inconscientes?

Solo cumple con tu parte, Silas — espetó Kai con un tono que no admitía réplicas. — Y no dejes rastro.

— Es lo que mejor se me da — concluyó Silas antes de desaparecer en la sombra de un remolque.

Kai deslizó su rifle de asalto a una posición de fuego. A su lado, Jax cargó silenciosamente su escopeta de combate con munición no letal.

— Ghost, cuenta atrás para la ronda de guardias — ordenó Kai.

— En mi marca... Tienen diez segundos para iniciar el cruce. Nueve. Ocho. Siete.

El silencio se hizo denso. Solo se oía el débil golpe de las olas contra los muelles y la respiración contenida del equipo.

— ... Tres. Dos. UNO. ¡Ahora, Alfa!

Kai y Jax se movieron como sombras. En menos de tres segundos, estuvieron sobre los guardias. Un golpe preciso de Jax dejó al primero inconsciente, y el puño enguantado de Kai se hundió en la mandíbula del segundo. Dos bultos caían sobre el suelo sucio del muelle.

Kai activó su micrófono:

— Alfa en la rampa. Entrando al Tritón. Silas, ¿estás en posición?

— Confirmado. Esperando el pase para abrir la escotilla de ventilación. La Falange solo sabe de explosivos. Su cifrado es un chiste.- respondio Silas.

— Adelante. Vamos a terminar con esto.

Jax se colocó junto a la puerta metálica. Una mirada a Kai y ella asintió. Él colocó la pequeña carga explosiva, retrocedió y gritó en un susurro en su comunicador:

— ¡Carga activa!

Una explosión sorda y controlada resonó, seguida por el golpe de la puerta al caer. La acción había comenzado.

El humo del explosivo controlado se disipó rápidamente por la brisa marina que entraba por el boquete de la puerta. Kai y Jax cruzaron el umbral, sus armas en alto y sus linternas de montaje ajustadas al mínimo para no delatar su posición. El interior era un laberinto de pasillos estrechos, con tuberías que goteaban y el constante zumbido de los motores auxiliares del carguero.

Silas, danos el estado de la cubierta de mando. — susurró Kai mientras señalaba a Jax que cubriera el pasillo de estribor.

— Dos guardias en el puente. Están tomando café. A juzgar por el parloteo, están aburridos. No esperan visita. Tienes un minuto antes de que se pregunten por el ruido de la puerta.- confirmo Silas.

— Lo tomaremos como quince segundos — replicó Kai con determinación. — Vamos a por la escalera principal. Jax, necesito que te encargues de cualquier contacto que venga por popa. Despejaremos el camino hacia el puente.

Jax asintió con un gesto brusco, su figura maciza casi bloqueando el pasillo.

— Entendido, líder. Que no se te escape ni la sombra.

Avanzaron con movimientos fluidos y sincronizados. Kai lideraba, su rifle explorando cada esquina. Al girar un codo, detectó una silueta: un hombre con un chaleco antibalas, de pie junto a lo que parecía un armario de herramientas, fumando.

Kai hizo una señal con la mano: Tres pasos, objetivo quieto.

Jax entendió. Deslizó su rifle a la espalda y sacó dos cuchillos arrojadizos, perfectamente equilibrados. Esta era su especialidad: el sigilo brutal.

— Cubre el pasillo, Kai.

Mientras el hombre en el pasillo se llevaba el cigarrillo a la boca, los cuchillos silenciaron el aire. El primer cuchillo se clavó con un sonido seco en la mano que sostenía el cigarrillo; el segundo, en el hombro opuesto. El terror y el dolor impidieron al hombre gritar. Cayó al suelo, jadeando, inmovilizado pero vivo.

— ¡Misión cumplida! — siseó Jax, corriendo hacia el objetivo para recoger sus armas y asegurarse de que el hombre estuviera atado e inconsciente. — Subida despejada.

— Bien hecho — susurró Kai, ya con un pie en el primer escalón de metal que ascendía al puente de mando. — Silas, ¿qué tienes?

El tono de Silas se volvió más urgente, un golpe de adrenalina en la radio.

— Acabo de abrir la escotilla. Estoy viendo el paquete... es correcto. Está en una caja fuerte portátil, fijada al suelo. El problema es la seguridad perimetral. Hay cuatro tipos fuertemente armados en la bodega. No son guardias de puerto. Tienen equipo pesado. Y acaban de detectar la brecha en la popa. ¡Se dirigen a su posicion!

Kai se detuvo en seco, a mitad de la subida, la adrenalina quemándole las sienes.

— ¡Maldita sea! Jax, tienes cuatro contactos viniendo desde la bodega. No te retrases. Tienes que sellar esa ruta de ascenso ahora mismo.

— Recibido. A mí me gusta cuando las cosas se ponen interesantes. ¡Voy a ponerles una alfombra roja de plomo!

Jax dio media vuelta con la agilidad de un luchador, preparándose para la emboscada en el estrecho pasillo. Mientras tanto, Kai reanudó su ascenso hacia el puente. Necesitaba el control de las cámaras y la radio del carguero.

Cuando alcanzó la puerta del puente, podía oír las voces amortiguadas del interior. Eran solo dos.

Se pegó a la pared, respiró hondo, y se dirigió a Silas.

— Silas, te doy diez minutos para desactivar esa cerradura y salir. Si en ese tiempo no estás fuera, tendré que crear una distracción... y no será sutil.

— Tómate tu tiempo, Kai. Estoy tecleando como si mi vida dependiera de ello... porque lo hace. ¡Dame diez y salgo por donde entré!- respondio Silas

Kai esperó un latido. Luego, con una patada de su bota táctica, destrozó la cerradura y empujó la pesada puerta del puente de mando.

La acción real acababa de empezar.

Mientras tanto, Jax se pegó al frío metal de la pared, justo donde el pasillo se estrechaba en un cuello de botella cerca de la escalera. A través de su comunicador, oía el jadeo nervioso de Silas y la tensión silenciosa de Kai en el puente. Pero ahora, solo existían él y los cuatro pesos pesados que subían desde la bodega.

El sonido de sus botas militares resonaba en el hueco de la escalera. Jax respiró profundamente, agarrando firmemente su escopeta táctica con munición aturdidora. En un pasillo como este, la distancia de combate era nula; el poder de fuego enemigo sería mortal si lograban flanquearlo.

El primero en aparecer fue una mole, un hombre con pasamontañas y un rifle de asalto corto. Se detuvo en el rellano, barriendo el pasillo con la mirada.

Jax no le dio tiempo.

Se impulsó desde la pared, una explosión de movimiento en el espacio confinado. La escopeta tronó una vez, un golpe sordo y sibilante. El perdigón de goma, a quemarropa, impactó al terrorista en el centro del pecho, desinflándolo. El hombre gritó ahogado y se desplomó contra la barandilla.

¡Abajo! — rugió una voz ronca desde la escalera.

El segundo terrorista, mucho más rápido, reaccionó abriendo fuego. Las balas perforaron la pared de metal justo donde la cabeza de Jax había estado un instante antes. ¡Demasiado cerca! Pensó Jax.

Jax se dejó caer al suelo, rodando hacia la cubierta de un pesado cableado que corría a lo largo de la pared. El tercer hombre, al ver al primero caer, intentó un movimiento imprudente. Se lanzó al pasillo, blandiendo un machete de combate, buscando el cuerpo a cuerpo sin imaginar lo que vendría.

— ¡Vienes a buscar problemas, amigo! – le dijo Jax en cuanto lo vio acercarse.

Jax no usó el arma de fuego. En un movimiento ágil y de fuerza bruta, pateó el arma del primer terrorista inconsciente, enviándola hacia el hombre del machete. El metal del rifle impactó en la rodilla del atacante. El terrorista tropezó, y Jax aprovechó la apertura. Se levantó como un resorte y golpeó la base de la palma en la barbilla del hombre. Un crack seco resonó. El hombre del machete cayó inconsciente.

Quedaban dos. El pasillo estaba bloqueado por el cuerpo y el rifle del primer terrorista.

— ¡Mátalos, maldita sea! — gritó una voz desesperada desde la oscuridad de la escalera.

El cuarto terrorista, más astuto, no se expuso. Asomó el cañón de su arma por debajo del cuerpo caído, apuntando a las piernas de Jax.

Tratatatatá.

Las balas rebotaron en el metal cercano. Jax saltó hacia atrás, usando un par de barriles como escudo temporal.

— ¡Jax! El tiempo corre. Tienes que sellar esa ruta. ¿Cuál es tu situación?- preguntaba Kai por la radio.

— Dos fuera de servicio, dos jugando al escondite en las escaleras. Están usando a su compañero como escudo. Necesito un ángulo.- respondio.

En ese momento, un quinto hombre apareció de repente, subiendo por la barandilla de la escalera, por encima de los otros. Estaba flanqueando a Jax.

— ¡Detrás de ti, grande! — gritó el cuarto hombre.

El quinto terrorista se abalanzó, con un cuchillo brillante apuntando a la espalda de Jax.

En un instante de puro instinto y entrenamiento, Jax giró el cuerpo y soltó la escopeta, confiando en sus manos. Interceptó el brazo del atacante con un antebrazo de hierro, desviando el tajo, y con el otro puño, aplicó un golpe directo al plexo solar del asaltante. El hombre se quedó sin aire, los ojos desorbitados.

Jax lo agarró del cuello y lo usó como escudo.

— ¡Ahora! ¡Salgan o él muere!

El cuarto hombre en la escalera, el líder obvio, dudó solo un momento. Era suficiente.

Jax usó el impulso para lanzar al hombre inconsciente contra la boca de la escalera. El impacto derribó al cuarto terrorista, haciéndole perder el arma y la estabilidad. Jax recuperó su escopeta, corrió hacia el hueco de la escalera y, en lugar de disparar, lanzó un pequeño cartucho de gas aturdidor en el hueco oscuro.

— Pasillo sellado. Todos inmovilizados. Están respirando... por ahora.- informo Jax por la radio.

Kai tono de alivio repondio: Bien hecho, Jax. Asegura ese punto. Estoy en el puente. Tienes que subir en cuanto... ¡Espera! Silas, tienes un problema.

Silas contesto con la respiración entrecortada: ¡Lo sé! ¡La caja fuerte tiene un sensor sísmico! Se han activado los sistemas de cierre automático del carguero. Están sellando las compuertas de la bodega... ¡y la puerta principal del puente! ¡Date prisa, Kai! Dijo con un tono de preocupación.

El aire dentro de la bodega principal del Tritón era pesado, con el olor a óxido, combustible y una sutil nota metálica de tensión. Silas, delgado y nervioso, estaba arrodillado frente a la caja fuerte portátil. A diferencia de sus compañeros que prosperaban en la acción física, el dominio de Silas era la tecnologia y los circuitos.

Acababa de escuchar la voz tensa de Kai. El tiempo se había evaporado.

— ¡No me digas! — siseó Silas para sí, sudando bajo la luz de su linterna frontal, que iluminaba el panel de la caja fuerte. — ¡La Falange es más paranoica de lo que pensaba! Sensor sísmico... ¡Qué cliché!

El panel LED de la caja fuerte parpadeaba en rojo, con el mensaje “VIOLACIÓN DE CIERRE” en un texto crudo. El “paquete” –un objeto cilíndrico del tamaño de un termo– estaba visible a través de un pequeño cristal blindado.

— Silas, dime que puedes detener los sellos. Están bajando las compuertas de seguridad. Si se cierran, estamos atrapados en la sección de proa y tú en la de popa.- le dijo Kai a Silas con tono preocupante.

Silas tecleaba furiosamente en su tableta, conectada por un delgado cable de fibra óptica a la cerradura de la caja fuerte.

— ¡Estoy intentando anular el protocolo de seguridad del buque! Pero el código de anulación está en la caja, y la caja es la que está activando el protocolo. Es un bucle, Kai. Y se está cerrando el cerco.

Un rugido metálico y ensordecedor recorrió la bodega. La compuerta de seguridad más cercana a la escalera por la que había accedido el equipo, una placa de acero reforzado, descendía lentamente con un chirrido de metal sobre metal.

Ghost, ¿cuánto tiempo tiene esa compuerta? — preguntó Kai.

(Ghost): Cinco minutos, líder. Y la del puente de mando solo tiene... ¡tres minutos y cuarenta segundos!

Silas ignoró el ruido y se concentró en los algoritmos.

— Necesito más potencia de procesamiento para forzar este núcleo — gruñó. Sacó de su bolsillo un pequeño dispositivo del tamaño de una moneda y lo pegó en la caja fuerte, inyectando un pulso de energía.

¡Eso es una mala idea! — le advirtió la voz automática de su IA personal, incrustada en su tableta.

— ¡Cállate y haz que funcione, HAL! — espetó Silas.

El panel de la caja se puso verde por un segundo, y luego se iluminó en un rojo intenso. Un pitido agudo comenzó a sonar dentro de la bodega.

(Silas): ¡El pulso de energía ha activado un temporizador! ¡Tiene una cuenta regresiva, y no es para abrirse!

(Kai): ¡Silas! ¿Qué demonios está pasando?

(Silas): ¡La Falange no solo selló el paquete, lo convirtió en una trampa explosiva! Tengo... tengo noventa segundos antes de que todo el carguero se autodestruya con el paquete y nosotros dentro. ¡Maldición!

La compuerta metálica que amenazaba con atrapar a Jax ya estaba a mitad de camino. La tensión era palpable.

(Kai): ¡Silas, tienes que encontrar el código maestro en el sistema del barco! ¡Rápido!

Silas estaba pálido, pero sus dedos volaban por el teclado.

(Silas): No puedo. El sistema operativo es antiguo. Está en alemán... ¡Esperen! ¡El manifiesto de carga! Usan el código de confirmación del cargamento como llave de acceso. Un truco barato... ¡pero efectivo!

Se deslizó bajo el paquete, revisando una etiqueta.

(Silas): ¡Lo tengo! El código es... ‘CERBERUS 5-8-2-4’. ¡Introduciendo!

El pitido se hizo más rápido. Sesenta segundos.

Silas pulsó la secuencia. El LED parpadeó. Un momento de silencio absoluto. Luego, el panel se iluminó en un color verde estable.

Se escucho un Clic.

La caja fuerte se abrió.

Silas agarró el paquete cilíndrico, desenchufó sus cables y se levantó de un salto, justo cuando la compuerta de la escalera se cerraba con un estruendo ensordecedor, dejando un hueco de solo diez centímetros en el fondo.

(Silas - jadeando): ¡Paquete asegurado! ¡Y estoy atrapado! ¡Repito, estoy atrapado en la bodega!

(Kai): ¡Diez segundos para que mi puerta se selle! ¡Jax, sácanos de aquí! ¡Ahora!

Jax no esperó respuesta. La placa de acero seguía descendiendo con un chirrido mecánico, soltando pequeñas chispas cuando rozaba el suelo. En el estrecho pasillo, el eco de las botas de los hombres inconscientes yacía amortiguado por el gas; todo parecía ralentizarse mientras la maquinaria reclamaba su premio.

Se dejó caer sobre la compuerta. El cartucho sordo de su escopeta resonó mientras golpeaba un ay otra vez el metal, buscando un punto débil. Tras el tercer impacto, algo cedió: una rejilla se soltó y cayó con estrépito creando una rendija de apenas veinte centímetros.

— ¡Uno… dos… tres! —contó Kai en la radio—. ¡Silas, sujeta el paquete con firmeza! Cuando abra, tira hacia arriba y corre. Jax, cuando estés dentro, empuja hacia atrás y arráncame la trampilla.

— ¡Ahora! —gruñó Jax y en un hilarante estallido de fuerza bruta, metió el torso en la rendija. La lucha fue barro y sudor; el metal cortaba y la puerta crujía, pero Jax, con un brazo por dentro y las piernas frenando en el pasillo, tiró con un impulso casi animal.

Un chas.

El estruendo metálico de las compuertas resonó por todo el Tritón como el latido de un monstruo de acero cerrando sus fauces. Kai golpeó la puerta del puente de mando con el puño enguantado mientras la alarma roja bañaba la habitación en destellos intermitentes.

¡Jax, necesito esa salida abierta ahora! —ordenó, su voz cargada de una tensión que rara vez mostraba.

Jax, abajo, miró impotente cómo la compuerta terminaba de descender. Solo quedaba un resquicio. Sin pensarlo, corrió hacia un panel lateral de mantenimiento y arrancó la tapa de un golpe.

Kai, hay una vía secundaria, un túnel de refrigeración que recorre toda la línea de combustible. —Su respiración era pesada— No es ancho, pero Silas podría pasar... si aún tiene sus malditas costillas intactas.

La voz de Silas llegó entrecortada, con el sonido metálico del eco desde la bodega sellada.

Aprecio tu preocupación, armario humano. Estoy entero, pero sin ese túnel, esto será mi ataúd privado con vista al infierno nuclear.

Kai giró la cabeza hacia el panel de control del puente. En las pantallas aún se mostraban las cámaras internas: una de ellas mostraba a Silas en la bodega, rodeado de cajas y del resplandor verde del dispositivo que acababa de asegurar. En otra, el temporizador continuaba su danza mortal: 00:45... 00:44... 00:43...

Silas, escucha, —dijo Kai, mientras tecleaba con velocidad en la consola del capitán— voy a redirigir la energía auxiliar al sistema de cierre. Si logras cortar manualmente el suministro de refrigerante, el túnel debería liberar presión... y abrirse.

Eso suena peligroso, —replicó Silas, con un tono que ocultaba apenas el miedo— ¿Qué pasa si el flujo se invierte?

Kai lo miró directamente a través de la cámara del puente.

Entonces, nos vamos todos al fondo del Atlántico en mil pedazos. Así que hazlo rápido.

Silas resopló. — Genial. La motivación que necesitaba.

Comenzó a moverse entre tuberías, buscando la válvula marcada en rojo. Cada giro de la rueda metálica chirriaba, y el pitido del temporizador lo apuñalaba en los oídos.

00:32... 00:31...

Arriba, Kai mantenía el control de las cámaras mientras Jax colocaba cargas de demolición de baja potencia alrededor del conducto de acceso.

Kai, la salida del túnel está detrás del compartimiento del generador. Si abro con esto, el ruido atraerá a todo el puerto.Hazlo. Prefiero que nos disparen vivos a que nos recojan muertos.

00:20...

Silas giró la última válvula. El aire caliente escapó con un rugido sordo. Un chorro de vapor le cortó el antebrazo, pero no soltó la rueda. El túnel de refrigeración tembló... y una compuerta lateral se deslizó lentamente, abriéndose.

¡Túnel abierto! —gritó Silas— Pero no prometo que sea estable.

00:15...

Jax detonó las cargas. El pasadizo metálico se abrió en un estallido de chispas y polvo. Kai saltó a través de la abertura, rodando entre cables y humo.

¡Ghost, cúbrenos desde el muelle! —ordenó Kai.

La voz de Ghost llegó nítida, con un tono firme pero ansioso: — Tengo visual del túnel. Dos drones enemigos en aproximación. Les abriré un corredor de fuego.

00:09... 00:08...

Silas se lanzó dentro del túnel, el paquete apretado contra su pecho. El calor era insoportable. Detrás de él, la bodega brillaba con un resplandor blanco, como si el aire se inflamase por dentro.

00:05... 00:04...

¡Jax, tira de él! —gritó Kai.

Jax extendió un brazo musculoso dentro del túnel. Sus dedos atraparon el arnés de Silas y lo arrastraron con fuerza sobre el suelo metálico justo cuando una onda expansiva recorrió el carguero. Un estallido ensordecedor sacudió el Tritón. El aire caliente los lanzó a los tres hacia una barandilla rota, y luego… silencio.

El humo era tan denso que apenas podían ver la luz del puerto filtrándose por los agujeros del casco. Kai fue la primera en moverse. Se levantó tambaleante, con el oído zumbando.

¿Silas? ¿Jax?

Un gemido respondió. Silas estaba tirado junto a una caja, cubierto de hollín, pero con el paquete aún en sus manos. — Todavía respiramos... pero si alguien dice que esto fue fácil, lo mato.

Jax rió entre dientes. — Ya decía yo que te faltaba un poco de aire fresco.

Kai los ayudó a ponerse de pie. A lo lejos, el carguero ardía, pero el Tritón no había explotado. Solo la bodega había colapsado; el protocolo de autodestrucción lo había detenido Silas a tiempo.

Ghost apareció entre las sombras del muelle, rifle en mano. — Líder, el perímetro está despejado. Pero tenemos compañía: la Falange mandó refuerzos por tierra. Diez vehículos, dirección norte.

Kai apretó la mandíbula. — Entonces no hemos terminado. Recuperamos el paquete, pero ahora empieza la caza.

Miró el cilindro entre las manos de Silas. Su superficie metálica brillaba con un símbolo grabado: tres triángulos entrelazados… el emblema de La Falange. Y, debajo, una palabra que heló la sangre de todos:

“Prometeo.”

Kai respiró hondo. — Alfa, nos reagrupamos. Hay algo más en marcha... y este paquete es solo el comienzo.

El rugido de los motores enemigos resonó en la distancia, mezclándose con el eco del mar. La noche, una vez más, se llenó de peligro.