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Summary

Clara regresa al caserón abandonado de su infancia tras la muerte de sus padres, con la esperanza de cerrar viejas heridas. Pero lo que encuentra entre sus paredes no es solo polvo y recuerdos: voces que susurran desde los rincones, sombras se deslizan por los pasillos, y cada espejo parece reflejar algo que no está allí. A medida que los días pasan, Clara comienza a perder la noción del tiempo y la cordura. Los demonios que la acechan no tienen rostro, pero sí memoria: reviven traumas enterrados, culpas que nunca sanaron, y secretos que su mente ha intentado olvidar. Sin saberlo, Clara está atrapada en una batalla interna, donde el enemigo más cruel es ella misma. ¿Podrá distinguir la realidad de la ilusión antes de que su mente se quiebre por completo? O peor aún, ¿y si nunca hubo nada fuera de lugar… excepto su percepción?

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
13+

El regreso.

El cielo estaba cubierto por una capa de nubes grises que parecían arrastrarse lentamente sobre el pueblo, como si se resistieran a dejarlo respirar. Su ánimo estaba igual que el cielo, los recuerdos inundaban su mente con imágenes grotescas. Clara conducía por la carretera serpenteante que llevaba a la casa de su infancia, con las manos tensas sobre el volante y el corazón latiendo con una cadencia que no reconocía. No había vuelto desde que tenía seis años. Desde aquella noche que sus padres nunca mencionaron y que su memoria había borrado como si fuera una fotografía quemada por el sol.

La casa apareció al final del camino, entre árboles torcidos que parecían inclinarse hacia ella. Alta, de madera oscura, con ventanas que reflejaban nada. El porche crujía con el viento, aunque no había nadie allí. Clara estacionó el coche y bajó lentamente, sintiendo que el aire se volvía más denso con cada paso. El silencio era absoluto, salvo por el leve murmullo de las hojas secas que se arrastraban por el suelo.

La llave encajó en la cerradura como si nunca hubiera sido retirada. Al abrir la puerta, el olor a humedad y madera vieja la envolvió. Todo estaba intacto. Los muebles cubiertos con sábanas blancas, el reloj de péndulo aún marcando las horas, y el retrato de su abuela colgado en el pasillo, ese retrato que la había perseguido en sus peores pesadillas, ese que tenía una mirada profunda como si estuviera viva recorriendo cada fibra de su cuerpo. Un escalofrío recorrió la espalda de clara, cerro los ojos e intento calmar su desenfrenada respiración.

Avanzó por el corredor, sintiendo que cada paso resonaba más fuerte de lo que debería. Al llegar a la sala, retiró una sábana y reveló el sofá donde solía dormir su padre. Todo estaba igual… pero no. Había algo en el aire, una vibración sutil, como si la casa la reconociera.

Subió las escaleras hacia su antigua habitación. La puerta estaba entreabierta. Dentro, los juguetes seguían en su lugar, la cortina rosa aún colgaba, y sobre la cama, una muñeca de trapo con los ojos cosidos. Clara se detuvo. No recordaba esa muñeca. frunció el ceño y se acercó a la muñeca con sigilo, como un tigre cazando a su presa. aunque la presa era ella. La sujeto más cerca de su cara, un gruñido provino de su pecho, con miedo la dejo caer y retrocedió. Los rápidos latidos de su corazón estaban aporreando su pecho.

Esa noche, Clara decidió dormir en el sofá. Encendió una lámpara tenue y se envolvió en una manta. La oscuridad era su peor enemiga desde pequeña. Afuera, el viento había cesado. El silencio era tan profundo que podía escuchar su propia respiración. Cerró los ojos.

A las tres de la madrugada, se despertó sobresaltada. Había pasos en el piso superior. Lentos. Deliberados. Se levantó con cautela y subió las escaleras. La puerta de su habitación estaba cerrada. La abrió.

La muñeca ya no estaba en el piso.

En su lugar, había una fotografía. Ella, de niña, parada frente a la casa. Detrás de la ventana del segundo piso… una figura borrosa. Alta. Inmóvil.

Clara retrocedió. El retrato de su abuela en el pasillo parecía haber cambiado. La sonrisa había desaparecido. Los ojos estaban cubiertos por una sombra.

La casa había estado esperando.