Royalty.
Aún no decidía que era más incómodo.
Sí el duro y frío mármol del que estaba hecho el altar sobre el que estaba atada.
Sí la brisa cada vez más fría del ocaso que calaba en su cuerpo muy escasamente cubierto.
O sí el ardor en aumento que hacia que goteara fluidos desde su vagina anhelante.
Cualquier pensamiento que la alejara de su triste y horrible realidad. Del hecho de que el pueblo que la había visto nacer y crecer decidió darla como sacrificio virgen al príncipe Bakugo.
Y tal vez ese hecho no sería tan deprimente si eso significara que sería princesa, pero la realidad era que Izuku estaba en este altar, bañada en una crema de especies, con telas que escasamente cubrían sus pechos y su femenidad. Y como cereza del pastel, rellenada con un gel afrodisíaco en su vagina y ano, para el disfrute de su majestad.
En la opinión de Izuku, su majestad se podía ir a la mierda.
Todos sabían que cada 5 años, el principe exigía una dama pura y casta. Así como era bien sabido que esas chicas jamás regresaban. Nadie sabía que pasaba con ellas y solo el personal que bajaba del palacio al pueblo elegido que otorgaría a la dama, era el único medio de comunicación entre el reino entero y la familia real.
Habían subido a Izuku a un carruaje, llevado a la mitad del bosque, cerca de los terrenos del palacio y tratado su cuerpo como si fuera a ser el platillo principal de un banquete.
Y a pesar de que Izuku no era tonta, un amable caballero pelirrojo le explicó que pasaría está noche mientras los demás la preparaban. Sería atada por su propia seguridad, ya que cuando llegase el principe, este podría ser 'Energico' en el acto lascivo para el que fue escogida. Todo estaba siendo para que esto fuera más agradable para ella.
-¡Agradable mi trasero! Agradable sería una cena con luz de velas, una charla mientras nos vemos a la cara y recibir una maldita pregunta por el consentimiento mutuo. ¿O será que el famoso príncipe es tan horrendo que necesita forzar a damas para satisfacer sus impulsos carnales? Uno pensaría que el principe tiene suficiente riquezas para pagarse cuánta mujerzuela quiera. Mujeres con muchísima más experiencia y definitivamente con su consentimiento y voluntad bien pagado. ¿Porque mier...?
-¿Siguen entregandome doncellas que no quieren estar aquí? Yo tampoco lo entiendo señorita. -La voz salió de entre los árboles.
Izuku movió desesperada su cabeza hasta que pudo encontrar al dueño de semejante voz. Se topo con ojos rojos cuál sangre, pero con una expresión tan cansada como si lo llevara a cuesta durante siglos. Esos ojos estaban en una cara pálida y hermosa. Coronada en una salvaje melena de cabello rubio. Sobre un cuerpo delgado pero notablemente atlético.
Cuando sus miradas conectaron, fue como si hubiera visto esos ojos toda su vida y al mismo tiempo, era la primera vez que se perdía en ellos.
-Disculpe el error, señorita. Siempre pido una dama dispuesta. Pero he de admitir que se me revela que no es tan dispuesta hasta el final, no antes de conocerla mientras esta declara su furia y disconformidad al bosque entero.
El que debía ser el principe Bakugo camino rodeándo el altar, con sus ojos recorriendo el cuerpo casi desnudo de Izuku. El deseo y lujuria los iban llenando poco a poco. En contra de toda su voluntad, esa mirada estaba iniciando un fuego en su bajo vientre que definitivamente no estaba ahí antes.
Para Katsuki, su cuerpo estaba teniendo la misma reacción. La doncella era hermosa, con sus largos rizos verdes cayendo del altar cuál hiedra indomable. Sus ojos tenían ferocidad e indignación contenida en unas majestuosas esmeraldas, lo que no debería ser algo que le despertara semejante deseo, pero ahí estaba él, excitandose ante esa vista acompañado del leve sonrojo que casi ocultaba una cara estrellada de pecas. O mejor dicho, un cuerpo cubierto de pecas.
Katsuki adoraba las pecas.
-Principe Bakugo... Yo... -Pero el principe la corto levantando una mano, buscando su silencio.
-Por desgracia, esto tiene que pasar. Lo necesito. -Dicho eso, Katsuki se subio al altar, en una posición de 4 patas, aún sin tocar a la chica.
La chica no daba señales de oponerse, algo cuestionable después de su rudo monólogo, pero era algo que Katsuki agradecía. Tomó la cabeza llena de rizos verdes y la giro, dejando el lado izquierdo del niveo cuello descubierto.
El deseo inducido forsozamente en la dama le hacía tener un olor aún más agradable que el del cuerpo virginal ya tenía.
-Gracias por la comida. -Pero Izuku no tuvo tiempo ni de preguntarse a ella misma a qué se refería el principe antes de sentir dos punzadas en su cuello, justo donde sentía su sangre correr.
Para Katsuki, que llevaba siglos alimentándose de la dulce sangre de damas inmaculadas, esta era completamente superior. Sus colmillos se hundieron más en la piel, buscando más sangre, mientras su mano apretaba los rizos entre sus dedos. Casi pierde el control en la cantidad de sangre que estaba tomando de la chica, lo único que logro sacarlo de la especie de trance en el que estaba, fue el gemido excitado de la chica.
Racionalmente, Izuku sabía que debería de estar aterrada, tal vez suplicando perdón por su vida. Pero el dolor en su cuello no le infundia terror, le estaba infundado placer. Paradójicamente, entre mas sangre sentía salir de su cuerpo, el ardor en su coño crecía más. Casi rogó por más cuando sintió como esa cálida boca la abandonaba tras soltar el gemido más vulgar que había emitido en su vida.
Los ojos de Izuku buscaron desesperadamente los de su alteza, encontrandolo aún sobre ella, pero ahora con una sonrisa ladina. Y luciendo colmillos. Largos y grandes colmillos sobresalientes y manchados de sangre.
-Su Alteza... ¿Que fue...?
-Necesito tomar sangre de una joven virgen. Y tú, Pecas, eres exquisita. -El príncipe ya estaba desabrochando su pantalón. Aunque su miembro no era el único desesperado por estar dentro de la chica. Su boca salivaba al pensar que tan más dulce sería la sangre de la chica en pleno orgasmo.
-Pero la sangre en el primer orgasmo es un verdadero deleite para mí paladar. -A pesar de que Eijiro y los demás siempre preparan a la chica para que esto fuera rápido, algo en esta chica le hacía querer hacerlo diferente.
Sus pechos eran pequeños pero firmes y turgentes. Y una vez las manos quitaron la seda naranja de encima de ellos, el principe comprobó que eran del tamaño perfecto para caber en sus manos. Suaves como pasteles esponjosos decorados con unos pezones cada vez más duros. Atraído como un imán, la boca ansiosa descendió hasta uno de esos pezones. La lengua jugaba con ese pequeño pezón acordé a los gemidos soltados en la libertad de la oscuridad.
Nadie jamás había tocado sus pechos, ni siquiera ella misma. Cuando se daba placer, solo frotaba fuertemente su clítoris mientras se sentía bien. ¿Pero la combinación de la mano que estrujaba un pezón al mismo tiempo que la boca del principe chupaba el otro? Era un placer que estaba haciendo que su mente se nublara, dónde los únicos pensamientos coherentes era el deseo de querer más.
El rubio estaba tan perdido en el sabor dulce de la piel pecosa que se dejó llevar y hundió sus colmillos en el pecho izquierdo, dónde los latidos del corazón eran fuertes, cantando sobre la excitación de su dueña.
Fue un trago glorioso.
-No tienes idea de cuanto adoro hacer esto, Pecas. -La lengua del principe limpiaba la boca, buscando hasta la última gota de sangre llena de excitacion.
Izuku aprecio como el rubio, con los ojos clavados en su entrepierna, acariciaba suavemente sus muslos. Casi parecía que estaba adorando sus piernas, si no tuviera la mirada de un depredador ante su presa.
-Mi principe... Yo no... Creo que...
La respiración Izuku era irregular, su coño ardía de una buena manera, pulsando con cada caricia de parte del principe.
-Katsuki. El nombre que debes gemir es Katsuki. -El rubio llevo sus manos a la prenda íntima, que estaba empapadisima de fluidos femeninos. Eran tan tentadores como la sangre, pero su urgencia de sangre era aún mayor. -Gracias por este regalo.
Izuku no tuvo tiempo de pensar en el hermoso nombre del principe antes de sentir una presión en su intimidad. La sensación de ser estirada era incómoda pero muy deseada. El cuerpo de Izuku se relajaba ante la intromisión.
Y aunque fue una entrada suave y delicada, las estocadas de Katsuki comenzaron enseguida. Las manos del príncipe estaba aferradas cómodamente en las caderas pecosas mientras las piernas de Izuku abrazaban las del principe.
También estaba moviendo las caderas en un ritmo similar al príncipe. Aunque era la primera vez que estaba siendo poseída por un hombre, era como si su cuerpo supiera exactamente que hacer. Cómo si su cuerpo le diera la bienvenida al de Katsuki.
Algo similar le pasaba a Katsuki, quien había hecho esto con varias doncellas, pero solo este cuerpo lo estaba volviendo loco. Sentía como si el calor y la humedad de la intimidad femenina fueran suyos desde hace siglos. Tanto que estaba sintiendo muy cercano su orgasmo. Y jamás se había humillado derramándose primero y no iba a empezar está noche.
La chica se veía gloriosa bajo la luz de luna, con el sonrojo hasta la clavícula y soltando gemidos cada vez más altos. Katsuki desocupo una de sus manos y la llevo al duro clítoris de la chica. La pobre doncella arqueo su espalda al primer roce, demostrando su placer. El rubio estaba tan absorto en el espectáculo que vio el momento justo en que se desencadenó el orgasmo femenino.
Su propio orgasmos lo alcanzó en el momento en que volvió a morder el cuello de la chica, quien casi le lastima los oídos con el grito de puro jubiló que soltó. El sabor de la sangre se había vuelto picante por la reciente desfloramiento, pero era algo a lo que Katsuki ya se había acostumbrado. Mantuvo sus dientes dentro de la chica hasta que soltó su último chorro de semen.
Katsuki odiaba la siguiente parte.
La doncella jadeaba ruidosamente, aún disfrutando de la satisfacción del acto consumado.
-Pecas, tengo algo que explicarte.
Izuku estaba cansada, mareada y muy relajada. Aún así, el tono del principe la puso en alerta. De golpe recordó que nadie había vuelto a ver a las chicas sacrificadas. ¿Es ahora cuando la mataba? ¿O sería dejada en el altar para ser devorada por animales? No era tonta, sabía que los colmillos significaban algo muy malo, la posible razón de porque la familia real nunca se presentaba en sociedad. Y ahora que ella sabía el secreto, no podría seguir con vida seguramente. Pero era una pena solo haber disfrutado de los placeres carnales una vez en su corta vida. ¿Y si se ofrecía como concubina? Es muy probable que su majestad no se niegue, ya que fue un encuentro maravilloso. O al menos lo fue para ella. ¿Y si no lo fue para él? Pero si...
-Oye pecas, cálmate, solo quiero hablar.
Izuku se hubiera tapado la cara de pena si hubiera podido, pero aún seguía atada. Gesto que no pasó desapercibido por el principe.
-Existe una razón de porque hago esto. Asumo que ya sabes que no soy humano. Pero beber sangre no es todo lo que hago. -Izuku estaba pendiente de cada palabra que salía del príncipe Katsuki. Además de ser conciente de que este aún se encontraba cómodamente en su interior. -Mi semilla es transformadora. En una horas serás bendecida con mi bebé, el cual, poco a poco, te transformara en un ser como yo.
Al menos no la iba a matar, eso ya era algo bueno. Ahora, tal vez vivir su vida como otra criatura no era tan mala. Aún podría visitar a su madre. Y ver la luz del sol un día más.
-Ese es el problema Pecas. No podrás volver a ver la luz del sol, ni a nadie más. -Katsuki se enderezó y salió lentamente del cuerpo de la doncella. Al menos está chica estaba tomando la noticia tranquila.
-La luz del sol nos mataria. Por eso sigues atada, si deseas acabar con tu vida como las demás. -Izuku vio como el principe se ajustaba la ropa, sin verla a la cara y los hombros caídos.
¿Sería tan malo vivir sin ver el sol? También tendría que tomar sangre. Pero al ver al príncipe, algo dentro de ella le gritaba que se quedara con él. Que el principe era suyo. Aunque fuera el pensamiento más incoherente que alguna vez tuvo.
-¡Katsuki! -El príncipe tomo valor para ver por última vez esas maravillosas esmeraldas. Pero donde se esperaba ver repugnancia o desolación como siempre, vio la más hermosa de las sonrisas, creando incluso pequeños hoyuelos en las mejillas pecosas. -¿Si acepto a tu bebé, seré tu princesa?
Katsuki se acercó a la chica, encontrando solo curiosidad y sinceridad en sus ojos.
-¿Realmente deseas transformarte? Vivirás en la oscuridad, tomarás de mi sangre y yo de la tuya. Solo el personal del castillo sabrá de ti. Es una vida muy solitaria...
-¿Seré tu princesa? Seré la madre de tu hijo, así que espero ser algo así como tú pareja. ¿O seré concubina? ¿Porque creo que me llevarás con tigo verdad?
Katsuki jamás había estado tan feliz en todos sus siglos de vida. No solo porque al fin una chica había aceptado, si no que está chica, cálida, familiar y hermosa lo había aceptado.
-Serias mi esposa si tú me aceptas. -No pudo evitar el impulso de besarle la frente antes de deshacer las ataduras en sus muñecas.
-En ese caso, me convertiré en la reina Izuku Bakugo. Y tú, serás mi rey. Suena muy bien.
Sonaba jodidamente perfecto ante los oídos de Katsuki, el cual, tomo en sus brazos a su nueva compañera. Necesitaba un baño y descansar en su nuevo hogar.