Nieve entre invierno

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Travis es el peor hada de los animales de la historia o eso cree hasta que conoce a Hawk, el guardian del invierno que perdio un lince.

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Nieve entre invierno

— Soy un desastre como hada de los animales.

— No digas eso, Travis. Creo que lo estás haciendo muy bien —dijo Rose con una sonrisa, mientras ajustaba los últimos detalles de su más reciente invento: una pequeña máquina capaz de limpiar zapatos a una velocidad increíble.

— Rose, ni siquiera los conejos quieren estar cerca de mí —se lamentó el chico, cruzándose de brazos. En ese momento, su tarea consistía en ayudar a los conejos a encontrar su madriguera, pero con su mala suerte, en cuanto se acercaba, todos los conejos salían corriendo despavoridos. — ¿Qué clase de hada de los animales soy si ni siquiera los animales me quieren?

— Te quieren, solo que...

— ¿Los asustó? ¿Me tienen miedo? ¿O simplemente soy tan feo que ni siquiera pueden mirarme? —insistió con amargura, mejor se convertía en un hada de la mala suerte, porque parece que es lo único que tiene.

— No diría eso... —intentó animarlo Rose, pero él siguió con su queja.

— Rose, la primavera está por llegar y aún no he logrado que ni un solo animal se meta en la cesta. No puedo cumplir con mis obligaciones si no soy capaz de hacer nada. Soy un completo inútil.

Rose dejó su máquina cerca del tronco de un árbol y voló hasta donde estaba su amigo para darle un cálido abrazo.

— Tal vez no se te den bien los conejos, las abejas, los grillos, o cualquier animal doméstico, pero eres el único que puede controlar osos, jaguares y grandes bestias. No te desanimes ni te hagas de menos, Travis. Tus habilidades son mucho más valiosas de lo que crees.

— No ves osos todo el tiempo, Rose. — Suelta el chico pero aun así suspira y mira a su amiga — Gracias.

— No es nada, tontito, pero recuerda, nunca digas nunca, estamos a nada de la primavera, el invierno pronto terminará, así que ten fe. Cuando una estación se acaba...

— Siempre inicia otra —dijeron al unísono, como un mantra. Rose rió y volvió a abrazarlo.

— Todo irá bien. Tú tranquilo y yo nerviosa.

— Mejor ve a trabajar en tus cascos de nuez.

— ¡¡Es lo que pienso hacer!! —gritó ella antes de echar a volar, haciendo reír a Travis. Sí, tenía que tener más fe.

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— ¡¡¡Travis!!! —Un hada de cabello oscuro volaba apresuradamente hacia él. Él en cambio solo supervisaba y anotaba los animales que estaban siendo colocados en las cestas para su transportación a la tierra, que se volvería su nuevo hogar. Entre los animales de su lista había conejos, ardillas, orugas, grillos y podía seguir sin parar esa lista.

— ¿Qué sucede, Jack? —preguntó Travis, frotándose la cara con la manga del estrés de hacer cuentas, odiaba la contabilidad y la estadística. El chico que venía hacia él tenía el cabello despeinado y varias manchas de tierra en el rostro.

— ¡Necesitamos ayuda! Estábamos organizando todo cuando unas ardillas traviesas se escaparon hacia el bosque de otoño, las seguimos pero, nos encontramos con un animal grande... No sé qué es, nunca había visto algo así.

— ¿Una bestia?

— Horrible.

— ¡Vamos! No podemos perder tiempo, podría lastimar a alguien.

Ambos volaron a toda velocidad hasta la frontera con el invierno. Travis sintió un escalofrío recorrerle la espalda. La idea de que la criatura fuera en invierno lo inquietaba. Era un territorio inexplorado para ellos; no lo manejaban ni lo trabajaban, así que solo pensar en ello resultaba escalofriante.

Cuando llegaron, lo vio. Su pelaje era espeso como un manto de invierno, de tonos grises plateados con manchas oscuras que se fundían con la nieve. Se movía con la ligereza de un fantasma, saltando entre la frontera como si fuera una cuerda de saltar. En invierno, desaparecía entre la nieve, pero en otoño resaltaba con un fulgor inusual, una mancha blanca en un paisaje de tonos rojizos y ocres.

— Es un felino —murmuró Travis, observando cómo se deslizaba con movimientos ágiles y precisos. Sus orejas, puntiagudas y coronadas con pequeños penachos de pelo negro, estaban siempre alerta. Su cola corta y gruesa se balanceaba como un péndulo. Sus patas anchas, adaptadas a la nieve profunda, le daban una ventaja sobre la superficie. Sin embargo, en otoño parecía aún más veloz y fuerte.

Se quedó paralizado, sin saber qué hacer, supuestamente él era el adulto responsable, pero este adulto responsable necesitaba otro más responsable y grande; su mente tergiversa con velocidad hasta que un silbido lo sacó de su trance. Al voltear, vio a un chico en la frontera, que lo estaba llamando. Nunca antes lo había visto, porque estaba seguro de que jamás había olvidado unos ojos azules tan intensos. Su rostro era como de un pequeño ángel, de esos de cerámica que los humanos colocan de adorno en navidad. Su piel era pálida, casi tan blanca como la nieve a su alrededor. No tenía pecas ni manchas en el rostro, y su cabello azul resaltaba con un aire casi etéreo. Se quedó viendo al chico más tiempo de lo necesario, de lo necesario ya que volvió a silbar.

— ¡Hey, tú! Ven.

Era como si la misma reina le hubiera dado una orden directa. Travis se acercó al chico, y cuanto más se aproximaba, más irreal le parecía su presencia, como si fuera una ilusión, tal vez el estrés le estaba jugando una mala pasada en ese momento.

— ¿Eres un hada de los animales? —preguntó el chico.

Travis asintió rápidamente, como si le hubieran dado una orden inquebrantable. “Sí a todo, menos al divorcio”, pensó con una sonrisa fugaz viendo al chico.

— Necesito tu ayuda. El lince se salió de control.

Travis parpadeo varias veces haciendo que los corazones de su cabeza cayeran con rapidez

— ¿Lince? — señaló el animal que parecía intentar atacar a las hadas que iban a evitar que siguiera haciendo un desastre sus preparativos — Ese animal es un lince.

— No es solo un animal. Se llama Copo y sí, es un lince de las nieves. Aún es un cachorro y acaba de escapar de su madre. Tengo que llevarlo de vuelta a su casa.

Travis observó nuevamente al lince. Ahora tenía sentido las palabras del chico: no estaba cazando a las hadas, sino persiguiendo a las hadas como si fuera un juego de atrapadas.Eso explicaba muchas cosas en realidad.

— Eres un hada de los animales, ¿verdad? —insistió el chico. — Puedes hablar con él y traerlo de vuelta.

— No soy el mejor de todas las hadas de los animales...

— ¿Puedes hacerlo o no?

— Lo intentaré, pero no prometo resultados.

— Gracias —el chico sonrió, visiblemente aliviado, las arrugas de su frente se habían acentuado y una sonrisa liviana se aparecía en sus labios. Travis sintió su corazón acelerarse. Le preocupaba de verdad el cachorro, y por alguna razón, eso le pareció... adorable. Ahora era capaz de saltar sobre el lince y devolverlo a su hogar, solo si ese chico le volvía a sonreír de esa manera.

Travis sintió sus mejillas arder, pero se obligó a concentrarse, tenía un trabajo por hacer.

— ¡Hey, Copo! —gritó su nombre y, de inmediato, el lince se detuvo justo antes de atrapar a un hada de la luz. Pobrecita, seguro le quedaría un trauma con los linces.

El cachorro lo miró expectante como si esperara que dijera algo que le interesara.

Okey, ya tenía su atención, ahora que.

Hizo lo más sensato que se le ocurrió en ese momento y eso fue... correr. Bueno, volar con una alta velocidad.

El lince salió disparado tras él, emocionado por la persecución. Pero Travis calculó mal la distancia y, en un instante, cruzó la frontera con el invierno, cayendo de lleno sobre el chico de cabello azul.

Okey, lo admito, es su culpa por hacer esa idiotez pero era la única forma de traer al lince al invierno.

— ¡Levántate! —ordenó el otro hada, con las mejillas sonrojadas. Entonces, como si algo hiciera “click” en su mente, se levantó lo más rápido posible antes de empujar con fuerza a Travis, lejos del invierno, de los copos de nieve, el frío y la desesperación del hielo.

Travis aterrizó justo en el otro lado, sobre el tronco que separaba las estaciones, y estornudó. Porque claro, algo que se le tuvo que pagar por algo de frío.

— ¡Estás loco! —gritó el chico mirando a Travis del otro lado aun tirado sobre el tronco, pero por lo menos el frío ya no lo toca—. ¡Pudiste haber muerto!

— Sí, de nada por ayudar —bromeó Travis.

— Eres un idiota sin remedio.

— Ese soy yo, un idiota sin remedio.

— Eres... eres... —El chico suspiró, derrotado, como si le diera igual lo que dijera en ese momento, así que simplemente soltó— Gracias.

— Si, lo soy... — Entonces Travis analizó las palabras del hada de invierno y lo vio fijamente, ahora las mejillas del chico estaban teñidas de un rosa tenue, como un caramelo de fresa recién preparado — De nada, en serio.

El niño invierno le sonrió y le extendió la mano, su mano no pasaba la frontera pero estaba lo suficientemente cerca para que Travis lo tocara.

— Soy Hawk.

— Travis.

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.

.

Salió que Hawk era alguien interesante con quien hablar, un chico algo peculiar. No cualquier día logras ver un hada del invierno con el cabello azul y un sarcasmo peculiar. Es el guardián en entrenamiento, ya que la vieja guardiana, Fala, era su hermana mayor y ahora era su momento de tomar el cargo de guardián desde la muerte de su hermana.

Ella murió de una manera heroica salvando a todas las hadas del invierno de las pesadillas, unos monstruos que viven en el lago y solo la magia de estrella es capaz de detenerlo. Posiblemente también hay más cursilerias entre en medio pero no pensaba indagar más de lo necesario.

Ese había sido su primer día como guardián en el bosque del invierno, el pequeño lince se le había escapado de la manada, ya que resultó que era demasiado inquieto para su propio bien, el de su madre y toda persona racional que conociera al pequeño.

Travis en cambio solo lo escucho hablar, entendiendo varias cosas.

— No soy el mejor guardián, intentó remediar eso.

— Fue tu primer día, todos cometemos errores, relájate — suelta Travis, viendo a Hawk quien solo le dedico una pequeña sonrisa.

— Ojalá fuera así de fácil.

— ¿No lo es?

— No, para nada. — inicia el chico viendo como el sol se ocultaba en el horizonte y observó a su acompañante — Ustedes tienen a la reina, la reina no llega a invierno, no convive con invierno, somos la hidra en su jardín de rosas. Nosotros solo nos tenemos a nosotros, no podemos pedir ayuda o una salvación. Por eso existe el guardián del invierno, ya que es el encargado de ayudar y salvar a las personas donde el sol no toca ni calienta. Los guardianes no podemos fallar, casi mueren personas por el ataque de Copo.

Travis le dio una sonrisa mientras lo miraba con cariño. Vaya, eso es lo que en realidad le preocupa, la expectativa que genera en los demás antes que él mismo.

— Mi trabajo es controlar y transportar a los animales a sus nuevos hogares o refugios — inicia notando como Hawk había ocultado su rostro entre sus rodillas, el chico solo levanto su mirada para escucharlo con mayor atención — No soy bueno en mi trabajo.

— Lograste ayudarme con el cachorro.

— Esto es diferente, tu mismo lo dijiste — comienza notando al chico curioso — Los animales menores me tienen miedo, no es respeto, no es admiración, me tienen miedo profundo y crudo.

— ¿Por qué?

— A diferencia de las demás Hadas de los animales, yo no tengo su mismo encanto, salí de la risa de un niño que nunca aprendió a ser feliz. Esa risa amarga que sale cuando no sabes si ríen de incomodidad o de desesperación. Imagina la vida de un niño que su primera risa fuera esa. Es horrible. — suspiro cansado, nadie sabía la verdadera historia de dónde salio sus dichosas habilidades ni siquiera Rose — Un niño como se defiende de los monstruos, o de las bestias... intenta educarlos, intenta ser más fuerte que los demás. Mi voz no tiene cabida con los animales de hogar, tengo la habilidad de hablar con los animales que causan miedo, esos monstruos en la noche que no te dejan dormir.

— Yo...

— No digo que sea algo malo, he ayudado de varias maneras, pero, a veces quisiera ser un hada normal. Un hada a que los animales no teman, sino que busquen protección.

— Eres un hada muti.

— En teoría — suelta él. Un hada muti, es un hada que nace de un tipo de risa diferente, adquiriendo habilidades diferentes, un hada del viento, puede tener la capacidad de crear huracanes, un hada de agua puede tener la fuerza de un tsunami, el hada de la luz, creo que no he conocido una muti lo que lleva viviendo de esa area. Él lastimosamente era un muti en el area de los animales, aunque a veces piensa que es un muti de fobos, un muti del miedo, porque es lo que causa.

— Soy un hada Quíone — suela el chico haciendo que Travis lo mire a los ojos, no creia lo que estaba escuchando, tecnicamente son un mito. — Es raro decirlo.

— Definitivamente.

Hawk rodo los ojos

— No vengo de una risa, vengo de los copos de la diosa del invierno.

— Eso explica tus alas — suelta Traviendo haciendo que Hawk frunza el ceño.

— Que tienen mis alas.

— Son plateadas y brillas en la nieve.

Hawk iba a decir algo pero no supo que decir.

— Bueno, somos hadas diferentes.

— Muy diferentes

— En un mundo loco

— Demasiado

— Creo que tendras que seguir trabajando

— Si, obviamente — Travis piensa en sus palabras y suelta — Espera Que.

Hawk rie haciendo reir a Travis tambien.

— Eres agradable, Travis.

— Parece que eres el unico que lo piensa.

— Claro que no.

— Claro que si, segun Rose soy la persona mas pesimista y con peor suerte que ha conocido en su vida y eso que conoce a mucha gente.

— No te he visto pesimista a mi lado.

— No tengo porque hacerlo, no tengo razones cuando estas conmigo.

Hawk se sonrojo volteando a ver a otro lado.

— Creo que tengo que seguir trabajando en mis cosas de guardian del invierno.

— Si, creo que tengo que seguir con mi trabajo de contador sin sueldo.

— ¿Contador?

— Y sin sueldo para variar.

Travis rie por la mirada confundida de Hawk.

— Nos vemos mañana, a la misma hora, copito — suelta Travis mirando al chico, especificamente a esos ojos azules que en esos momentos reflejaban la luna llena.

— Nos vemos mañana, Travis — Hawk sonrie haciendo que la luz de luna se sentue en su rostro, Travis solo aguanto la respiracion, el sonrojo de Hawk lo delataba de gran manera como si no quisiera revelar un secreto pero su rostro ya lo ha echo de mil maneras diferentes.

Justo en el momento que se iban a dar la mano para despedirse, Travis se inclino lentamente hasta juntar sus labios con los de Hawk. Labios frios pero calidos al mismo tiempo, una mezcla absurda de emociones, que gracias a las estrellas, fue correspondido con la misma intensidad que él. Solo ellos sabian lo que ocultaban cada atardecer, solo ellos y la luna sabian sobre ese beso, ya que ella fue testiga de todo.