🪻Consumistas🪻

Summary

Sakura desarrolló una atracción que pronto se transformó en una obsesión. Lo que comenzó como un deseo de cercanía se convirtió en la necesidad de poseerlo, de hacerlo suyo a cualquier costo. Pero cuando las cosas se torcieron por un error irreparable, su mundo se quebró. Ahora, entre la culpa y la locura, deberá enfrentarse a las consecuencias de sus propios actos y lo devastador de aquello que provocó.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

0.

.

.

.

.

.

¿Cómo se supone que llegamos hasta aquí?

¿No me amabas?

No, claro que no.

Nunca lo hiciste.

Tú me odias.

Y si me odias tanto… ¿por qué sigues fingiendo que no?

El cuerpo cayó al suelo con un ruido seco, grotesco.

Un golpe de carne contra concreto.

La sangre me salpicó la cara; tibia, espesa, demasiado real.

Durante un segundo, creí que el mundo había dejado de respirar.

—¿Por qué? —alcancé a decir, apenas un hilo de voz—. Maldito bastardo…

Él sonrió. Una mueca rota, casi divertida.

—Porque… eres mi esposa. ¿No es obvio? —mueve el arma con un gesto casual, como si fuera una extensión de su mano.

Su tono no tiene peso. No tiene alma.

Parece hablar desde muy lejos, desde un lugar donde nada le importa.

—Me odias… —susurro, sintiendo cómo el aire se me atora en la garganta—. No es justo…

Mis piernas ceden. El suelo se siente frío, sucio.

No puedo llorar. Ni siquiera gritar.

Solo observo.

Sí, lo provoqué.

Lo arrinconé.

Fui una perra, lo sé. Pero esto…

No tenía que terminar así.

No para él.

No frente a mí.

—Claro que te odio —dice con esa sonrisa torcida—. Pero tú querías esto, ¿no? Tú lo cansaste.

No.

Eso no es verdad.

Yo no…

Él se lleva una mano al oído y frunce el ceño.

—Habla más alto, no te escucho —dice, burlón—. Cuando te pones histérica suenas tan ridícula… Debería grabarte, así recuerdas lo patética que eres.

Se rasca la mejilla, dejando un rastro rojo sobre su piel. Ni siquiera nota la sangre.

Yo sigo inmóvil. El cuerpo a nuestros pies ya no significa nada.

¿Quién eres?

¿Dónde quedó el chico al que creí amar?

—Vamos —murmura él, dándome una patada leve, casi impaciente—. Levántate.

Y lo dice como si aún tuviera derecho a hacerlo.

.

.

.