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Zee Pruk se sentó con pesadez en el taburete frente a la barra, dejando caer su maletín cerca de sus pies casi con irritación, mientras sentía una migraña comenzar a taladrar sus sienes.
Había sido un día de mierda, para resumir.
Sabía que trabajar como abogado a veces traía sus días difíciles, pero el último caso que había llegado a su escritorio estaba amenazando con dejarlo desempleado si no lograba ganar el juicio. Por lo tanto, la presión y el estrés que se había acumulado sobre sus hombros durante esa semana había sido descomunal, pero ese día había alcanzado su límite.
Necesitaba un trago o, de lo contrario, se volvería completamente loco.
—¿Qué desea beber esta noche? —preguntó el barman por encima de la música que tronaba en los parlantes, mientras le sonreía amistosamente, dejándole ver sus blancos dientes y sus hoyuelos.
Zee Pruk le miró sin emoción y soltó un suspiro, antes de contestar:
—El trago más fuerte de tu repertorio, sorprendeme.
El barman dejó salir una risita nasal y asintió, dándose la vuelta para comenzar a preparar su trago. Por su parte, Zee Pruk lo escaneó de pies a cabeza como si nada, notando la forma redonda y perfecta de su culo a través de los ajustados pantalones negros que vestía y alzó una ceja con aprobación, admirando al que probablemente sería su próximo objetivo.
Quizás follar era la solución más rápida para disminuir el estrés del trabajo, al menos lo suficiente como para no perder la cordura al día siguiente entre todo el papeleo que debía organizar para el juicio.
—Aquí tiene. —El barman regresó frente a él y colocó un pequeño vaso con un líquido rojo oscuro –casi marrón– brillando en su interior—. Espero sorprenderte —dijo y le guiñó un ojo, antes de deslizarse hacia otro cliente de la barra.
Zee Pruk soltó un bufido divertido y arqueó una ceja al mirar su cóctel, sin poder adivinar qué era exactamente, pues sabía muy poco sobre licores y preparados, a decir verdad.
Tentativamente, acercó el vaso a sus labios y le dió un trago, sintiendo inmediatamente el ardor de su garganta que dejó el líquido al tragarlo.
Bien, carajo, fuese lo que fuese si que era realmente fuerte.
Saboreó el dulzor en su paladar, distinguiendo un suave sabor a mora y consideró que no estaba nada mal, así que continuó bebiendolo, mientras seguía con la mirada al barman de los hoyuelos encantadores que seguía preparando tragos de un lado a otro sin parar, ofreciendo sonrisas, guiños y coqueteos a todo cliente que lo requiriera.
«Mhm, ¿cómo aseguro que venga conmigo a la cama y que no se quede como un simple coqueteo de cortesía?» pensó, ya sintiéndose exhausto ante la idea de tener que esforzarse para conseguir a ese hombre en su cama.
Negó con la cabeza ante su propia holgazanería y volvió a fijar su mirada en el barman, quién volteó a verlo y sonrió al notar que su vaso estaba vacío. Lo vió acercarse casi lentamente, como si estuviera tomándose el tiempo para hacerse desear, incluso contoneando las caderas un poco, haciendo todo un espectáculo para él.
—¿Otro? —preguntó, batiendo sus pestañas seductoramente, Zee Pruk simplemente asintió—. Me alegro haberte sorprendido, entonces.
Zee soltó una pequeña risa.
—Si, realmente eres toda una sorpresa —empezó, dispuesto a usar todo su arsenal para conseguir a ese chico—. ¿Qué opinas de…?
—¿Está ocupado?
Zee Pruk apartó los ojos del barman, mirando a la persona que había interrumpido la mitad de lo que sería su frase definitiva para llevarse a su objetivo a la cama. Sin embargo, lejos de sentirse molesto por la interrupción, se sintió gratamente sorprendido.
Porque el tipo a su lado era precioso.
De cabello castaño y ondulado cayendo por su frente y labios esponjosos cubiertos de un brillante gloss que los hacía lucir más jugosos y gruesos. Zee Pruk, al verlo, olvidó por un momento que había estado a punto de meterse en los pantalones del barman, pues ese rostro le había quitado hasta el aliento.
Oh.
—No, uhm, puedes sentarte. —Zee carraspeó, tratando de disimular el hecho de que se había quedado largos segundos mirando como un estúpido al pobre chico.
El nuevo cliente sonrió ampliamente y se sentó en el taburete a su lado, apoyando uno de sus codos sobre la superficie para poder sostener su mejilla y mirarle fijamente, ignorando por completo la presencia del tercer hombre tras la barra.
Y Zee Pruk, como el simple mortal que era, le devolvió la mirada obedientemente, olvidándose de seguir coqueteando con el –ya descartado– barman.
—Uh, ¿qué desea beber? —El barman, Sky (según podía leer en el identificador de su camisa), carraspeó con tono incómodo, tratando de llamar la atención de ambos hombres que se habían quedado absortos mirándose fijamente delante de sus narices.
Ante la pregunta claramente dirigida hacia a él, el nuevo cliente lamió su labio inferior con lentitud y sonrió satisfecho al notar cómo los ojos de Zee Pruk seguían minuciosamente cada uno de sus movimientos.
—Un white russian, por favor —dijo, su voz suave y aguda siendo cómo una caricia a sus oídos, pues era increíblemente melódica.
Zee Pruk no pudo disimular el escalofrío que recorrió su espalda al escucharlo, ni mucho menos apartar su mirada de él aun cuando el barman le preguntó si quería otro trago.
—Mhm, así que, ¿oficinista? —preguntó el chico, mientras pestañeaba con cierta coquetería.
Zee Pruk ni siquiera se sorprendió al descubrir al chico recorriendo su cuerpo con la mirada, ni tampoco se intimidó al notar cómo esos ojos marrones se quedaron admirando sin disimulo ni decoro la zona de su torso, allí donde la tela de su camisa blanca se tensaba por los músculos marcados de su pecho.
—Abogado, para ser exactos —respondió, también mirándolo de pies a cabeza, repasando sus muslos gruesos cubiertos por un pantalón de cuerina negro que parecían una segunda piel, hasta llegar a su camiseta blanca, la cual le sacó una risa fácil—. ¿Qué clase de camisetas se usan hoy en día, huh?
El chico bajó la mirada y sonrió astutamente al leer la frase.
“Sorry you have a bad day, you can touch my dick if it makes it better”
Definitivamente algo que no esperaba leer luego de un día de mierda como el suyo, pero se rió ante la posibilidad y la coincidencia.
—Linda, ¿no? —rió el chico, antes de morder su labio inferior suavemente—. Y bien, ¿tuviste un mal día?
Zee Pruk suspiró, pensando en el caso que le estaba quitando la serenidad esa semana. Definitivamente, no volvería a aceptar nada que estuviese relacionado a divorcios, era incluso más fácil defender a un asesino serial que a un esposo cínico y avaricioso.
—Si, algo así —bufó, acariciando su nuca con una mano, tratando de desaparecer la tensión de sus cervicales.
—Uhm, entonces, ¿quieres hacer uso del privilegio de mi camiseta, o no? —tarareó el chico, acercando sus dedos delgados a su brazo para tocarle el hombro, mientras le regalaba una mirada de ojos oscuros.
Zee Pruk exhaló, echando una mirada a su alrededor de reojo. El barman les había dejado sus bebidas y se había retirado, la gente en la pista de baile se movía al ritmo de la música sin prestar atención a los demás, la gente sentada en las mesas bebía despreocupadamente y parecía que solo ellos dos existían en ese momento.
Zee tragó saliva, sin saber qué responder.
Ese chico era muchísimo más joven que él, sus rasgos delataban una frescura que solo podía deberse a la de un hombre recién salido de la adolescencia, muy probablemente se trataba de un universitario fiestero que buscaba nuevas experiencias metiéndose en la cama de hombres el doble de mayores y experimentados que él.
La idea le hizo respingar.
Uh, él ya estaba demasiado viejo para enredarse con universitarios y toda la responsabilidad que eso conllevaba.
—Mhm, quizás no esta noche —respondió, quitando suavemente la mano del chico lejos de su cuerpo.
—¿Uh? ¿Es que acaso tu mal día no podrá mejorarse al tocar mi polla? —murmuró, inclinándose en su asiento para acercar su rostro al de Zee—. Entonces, ¿qué te parece si te dejo chuparmela? —susurró, deslizando sus esbeltos dedos por los muslos de Zee, arrastrando sus uñas pintadas de rosa pastel sobre la tela de sus pantalones de vestir.
Zee se estremeció y frunció el ceño, tratando de alejarse de él.
—Gracias, pero no me gusta llevar mocosos a mi cama —respondió, removiendose en el taburete para alejar el toque de esos desvergonzados dedos que habían comenzado a acariciar su muslo interno –peligrosamente cerca de su entrepierna– en pequeños círculos.
El chico se rió y arqueó una de sus cejas, antes de acercar sus labios a su oreja, susurrandole solo a él:
—Este mocoso podría solucionar todos tus días malos con solo su polla, abogado.
Zee Pruk se tensó, quedándose muy quieto.
—Solo piénsalo. Yo, deslizando mi polla a través de esos bonitos labios tuyos y tú no tendrías que hacer nada más, solo abrir tu boca y dejarme follarla. Nada de pensar, nada de estrés, nada de hacer el trabajo, solo ser un agujero húmedo para mí, ¿qué dices?
Y si la polla de Zee Pruk se endureció inmediatamente dentro de sus pantalones, nadie podía culparlo, porque ese mocoso estaba mirándole como si quisiese desvestirlo en ese mismo momento.
Maldición.
[...]
Cuando Zee Pruk cayó sobre sus rodillas, no pudo evitar hacer una mueca por la incomodidad y se sintió aún más consciente de su edad.
Quizás ya estaba demasiado viejo para estas cosas. O tal vez simplemente había pasado demasiado tiempo desde la última vez que hizo algo como esto.
Cualquiera de las dos era lamentable.
—Hey, quita ese ceño fruncido, abogado —rió NuNew (si, había tenido la decencia de decirle su nombre antes de ponerlo de rodillas en medio del baño del bar), mientras le acariciaba el mentón con el pulgar—. No pienses en nada, déjame todo a mí, ¿qué te parece?
Zee no respondió, pero la idea no le desagradó. De verdad no parecía tan mala idea solo quedarse así, arrodillado y prestando su boca sin ningún pensamiento en la cabeza relacionado al trabajo. Su mente y él lo necesitaban, necesitaban desconectarse y dejar de darle vueltas a todos sus pendientes.
Podía hacerlo, podía convertirse en solo un agujero húmedo para NuNew.
—¿Listo, abogado? —preguntó NuNew, mientras rodaba un preservativo alrededor de su hinchada erección.
Zee sintió que su boca salivaba.
—Si, estoy listo —murmuró por lo bajo, respirando fuertemente por la nariz.
NuNew sonrió y presionó su pulgar sobre los labios delgados de Zee Pruk, separándolos y dejando a la vista su pomposa y rosada lengua. Jugueteó con el músculo húmedo, arañandola con cuidado, antes de sacar su dedo lentamente, viendo con fascinación el hilo de saliva que conectó su dedo y la boca de Zee Pruk.
—En verdad tiene una bonita boca, abogado —suspiró NuNew, tomando su erección con su mano libre—. Y este mocoso va a hacer un buen uso de ella.
Sin darle tiempo a replicar, NuNew restregó la punta hinchada de su polla contra los labios abiertos de Zee Pruk, sonriendo al verlo así, con la boca abierta y ansiosa, de rodillas frente a él mientras todavía vestía su traje.
Zee Pruk gimió cuando NuNew deslizó su erección más allá de sus labios, llenando su boca hasta que la punta redonda e hinchada chocó contra su garganta. Tuvo que inhalar por la nariz un segundo y cerró los ojos para concentrarse, saboreando el sabor artificial del condón contra su paladar.
La sensación… fue exquisita.
Sus mejillas se abultaron y su lengua se envolvió alrededor de aquel grueso falo, amoldandose a su forma para recibirlo con facilidad. Soltó un suspiro por la nariz y relajó la garganta, mientras sentía los gentiles dedos de NuNew sostener sus mejillas. Sintió un par de caricias delinear el hueso de su pómulo, antes de que el agarre se volviera firme y NuNew embistiera rápidamente dentro de su boca.
Su mente se quedó en blanco en ese momento.
Todo lo que podía procesar era el peso de la polla de NuNew, hinchada y dura, arrastrándose una y otra vez dentro de su boca, llenando cada rincón hasta dificultarle la respiración. Era magnífico, podía sentir la cabeza chocando contra su garganta cada vez más profundo conforme las caderas de NuNew se movían más y más rápido, mientras sus manos mantenían su cabeza quieta, sin permitirle huir.
—Uh, tiene una boca perfecta para esto, abogado —gruñó NuNew, mirándole con esos ojos oscuros que parecían querer devorarlo—. Mira cómo me tomas, maldición, ¿te gusta eso, verdad?
Zee Pruk asintió apenas, sintiendo su saliva escurrir por su mentón ante el movimiento y, cuando sorbió para tragarse el resto, los ojos de NuNew se oscurecieron aún más.
Sin previo aviso, NuNew tiró de su cabello hasta que sintió su polla deslizándose aún más profundo en su garganta, tan profundo que sus ojos se llenaron de lágrimas por el esfuerzo. Aún así, un gemido escapó de su boca y cerró los ojos, apoyando sus manos sobre los muslos de NuNew mientras apretaba sus labios alrededor del grueso falo, comenzando a chupar hasta que sus mejillas se ahuecaron.
Los gemidos ahogados y agudos de NuNew fueron su recompensa, así que comenzó a mover su cabeza al ritmo de las embestidas, tragando aquella polla más profundo.
—Abogado… —lloriqueó, mientras le apartaba el flequillo fuera de la frente con sus dedos gentiles—. Te sientes tan increíble y… También te ves increíble —gimió, su voz volviéndose aún más aguda—. Mirame, abogado.
Zee Pruk inmediatamente abrió los ojos, captando el rostro sudoroso y sonrojado de NuNew. Su vientre se tensó al verlo, con su cabello desordenado y sus juveniles ojos salvajes mirándole como si fuese el mejor hombre que se había topado en la vida. Una mirada así, dedicada a alguien tan aburrido como él… Hacia mucho tiempo que alguien le había hecho sentir tan deseado.
Y ni siquiera era por falta de sexo, porque solía follar con mujeres y hombres cada que podía darse el tiempo.
Pero ninguno de ellos le había mirado así, justo como NuNew le estaba mirando en ese instante. Tal realización le hizo retroceder en el tiempo, haciéndole sentir joven otra vez, como si volviese a ser ese universitario descuidado que había sido doce años atrás, solo preocupado por descubrir quién sería el próximo en su cama.
Sin embargo, ni siquiera en sus mejores años había conocido a alguien como NuNew.
A simple vista era un joven de aspecto delicado pero llamativo, atrayendo las miradas de todo el mundo con esos pantalones de cuerina que se le pegaban al cuerpo como una segunda piel y realzaban la redondez de su voluptuoso culo, junto con sus cortas uñas cubiertas de esmalte rosa pastel y pegatinas en forma de flores que hacían que sus manos lucieran más frágiles y delicadas. Sin embargo, su mirada era otro tema, ese chico miraba con pasión, como si pudiese ver a través de la ropa, tan intenso que Zee Pruk sentía su piel cosquillear cada que NuNew posaba sus ojos en él.
Era suave, pero intenso a la vez. Frágil, pero con el poder suficiente para tumbarle sobre sus rodillas y forzar su polla dentro de su boca. Bonito, pero con una fiereza atractiva que podría sacudir su mundo a su paso.
Perfecto, NuNew era perfecto.
—Awn, abogado, mirate nada más —jadeó NuNew, sacándole de sus pensamientos, mientras le limpiaba las lágrimas con cuidado—. Te ves tan bonito llorando alrededor de mi polla…
Zee Pruk gimió, sintiendo su estómago cosquillear ante el elogio y chupó con más fuerza la polla de NuNew, paseando su lengua por toda la extensión, saboreando el latex que se había calentado por la fricción, tratando de delinear a tientas las venas que se marcaban a través de él.
El agarre de NuNew se intensificó sobre sus mejillas y empujó su polla más allá, casi provocándole arcadas. Por suerte, Zee Pruk se ajustó a su tamaño con rapidez, por lo que solo gimió y llevó una mano hacia la erección que se había pasado ignorada dentro de sus pantalones. Sin dejar de mover su cabeza, desabrochó el cinturón y el botón de sus pantalones, colando sus largos dedos dentro de su ropa interior, suspirando de alivio en cuanto comenzó a tocar su polla dura e hinchada.
—¿Te estás tocando, abogado? —rió NuNew, acariciandole el cabello sin dejar de embestir dentro de su boca. Zee asintió a su pregunta, mirándole fijo—. Perfecto, pensé que ibas a correrte solo por chuparme la polla.
La idea le hizo gemir y casi detuvo el movimiento de su mano, preguntándose si realmente podría correrse con tan solo tener a NuNew en su boca. Sin embargo, su erección dolía demasiado como para dejarla desatendida, así que siguió masturbándose, mientras los dedos de su otra mano se hundían en el grueso muslo de NuNew hasta que la piel enrojeció.
¿Quedarían marcas? ¿Algún recuerdo de que él había sido quien tuvo a NuNew gimiendo dentro del estrecho cubículo de un bar?
Las posibilidades le hicieron gemir, mientras su boca se llenaba de saliva hasta escurrir por su mentón. No sabía qué expresión tenía en ese momento, pero su cabeza se sentía ligera, flotando, como si estuviese llena de suave algodón.
Era una sensación exquisita, como si realmente se hubiese convertido en un mero agujero para el disfrute de NuNew, sin la responsabilidad de hacer algo o pensar en otra cosa.
Su cerebro… se desconectó.
Solo fue capaz de captar los gemidos y jadeos de NuNew, mientras sus labios se envolvían alrededor de su falo con avidez, tragandose toda su extensión. Ni siquiera pudo quejarse por el dolor en sus rodillas o por el malestar en su mandíbula, todo lo que pudo pensar era en lo bien que se sentía y en lo estupendo que NuNew estaba follandole la boca.
De repente, el ritmo de las embestidas de NuNew aceleraron, empujando su polla más y más profundo hasta que Zee Pruk creyó que podría ser visible el bulto a través de su garganta. Las lágrimas rodaron por sus mejillas y sus gemidos desordenados mandaron vibraciones a través de la erección de NuNew, provocando que el chico jadeara como si el aire hubiese abandonado sus pulmones.
Sin aviso, NuNew se deslizó fuera de él, dejando su boca extrañamente vacía y abandonada. Pero Zee Pruk no tuvo tiempo de protestar o de extrañar el peso en su lengua, pues NuNew se quitó con rapidez el condón justo antes de que un chorro de abundante carga se disparara contra su rostro, manchando sus mejillas y parte de su ojo, volviendolo un desastre pegajoso.
Se quedó quieto, procesando lo que había pasado, sintiéndose algo perdido y desorientado.
La respiración errática de NuNew rebotó en las paredes y, sintiendo el semen deslizarse por su cuello, supo que debía ponerse de pie y terminar ese encuentro, pero no encontró fuerza en sus piernas.
Uh.
—Ey, abogado, ¿estás bien? —murmuró NuNew en cuanto recuperó el aliento, mientras se sentaba sobre el retrete para mirarlo con más facilidad.
Zee Pruk parpadeó lentamente, todavía sintiéndose como si flotara, y soltó un gemido bajito, casi quejumbroso.
—Lo hiciste increíble, Phi —dijo NuNew, usando por primera vez aquel honorífico, mientras acercaba sus dedos para limpiar los fluidos que goteaban hasta sus labios—. Fuiste un buen chico, ¿oíste? —susurró, dejando un suave beso contra sus labios hinchados—. ¿Puedes ponerte de pie para mí, bonito?
Zee pestañeó ligeramente y asintió, sintiendo sus piernas temblar mientras se colocaba de pie. No dijo nada cuando sintió las manos de NuNew acomodar sus pantalones, pero se sorprendió de descubrir que había alcanzado el orgasmo en algún punto, pues su polla se había ablandado, aunque no recordaba cuándo había sucedido.
Se mantuvo en silencio, con la mente relajada y las extremidades flojas, sintiéndose somnoliento mientras NuNew se encargaba de limpiar el desastre de su rostro. En algún punto, NuNew se había vuelto a sentar en el retrete y lo jaló con él, obligándolo a sentarse sobre su regazo en una posición incómoda, pues él era más alto que NuNew y el cubículo demasiado pequeño.
—¿Ya te sientes mejor? —murmuró NuNew, desatandole el nudo de la corbata antes de abrazarlo por la cintura.
Zee asintió, suspirando relajado a pesar de que sus piernas largas estaban flectadas incomodamente..
—¿Ya no más estrés? ¿Tú día mejoró, abogado? —susurró de nuevo, cerca de su boca.
—Si, Nhu —respondió, sin poder evitar que el apodo se deslizara de sus labios sin permiso, pues su mente todavía estaba algo aturdida—. Lo siento, te he llamado…
—Está bien, Phi, me gusta —aseguró NuNew, sonriendo tan grande que sus ojos se hicieron chiquitos, luciendo adorable—. No sabía que un abogado podía caer en el sub espacio, huh.
Zee frunció el ceño, sin saber a qué se refería.
—¿De qué hablas? —murmuró, mirándole con confusión.
NuNew le devolvió la mirada con una de sus cejas arqueadas, luciendo fascinado.
—No sabes, ¿eh? —tarareó, deslizando sus manos por la espalda ancha de Zee Pruk hasta su cintura, dónde hundió los dedos casi con posesividad—. ¿Qué opinas si investigas sobre eso cuando llegues a casa, luego de tomar un baño y meterte a la cama, mhm? —ronroneó, presionando un beso contra la barbilla del abogado y mirándole con coquetería.
Zee Pruk asintió solo porque si, sin saber por qué debía obedecer algo de lo que ese mocoso sugiriera.
—Perfecto, cuando sepas de qué hablo, llámame —añadió, bajando su toque hasta los muslos de Zee, dónde apretó con ligereza—. ¿Harás eso por mí, Phi?
—Si, mocoso.
NuNew rió ante el apodo y palmeó sus muslos ligeramente, instándole a ponerse de pie. Con cuidado, Zee Pruk se alejó del regazo de NuNew, sintiéndose más cuerdo que antes.
—Ya eres tú otra vez —rió NuNew, antes de sacar una pequeña tarjetita de su bolsillo—. No olvides hacer lo que te dije y llamarme, abogado, realmente quisiera verte otra vez.
Zee Pruk torció los labios y no respondió, sintiendo que involucrarse más de una vez con alguien tan joven –¡un universitario!– quizás no era la mejor de las ideas.
Así que simplemente tomó su maletín y salió del cubículo, tratando de arreglar el desastre en el que se había convertido su traje. Abandonó los baños sin mirar atrás, dejando a NuNew sin echarle un último vistazo, caminando a través de la multitud que bailaba para salir del bar.
Sin embargo, y por alguna razón que no terminaba de comprender, hizo exactamente lo que ese mocoso le había ordenado y se puso a investigar aquel termino extraño que había usado una vez se metió a la cama luego de bañarse.
Cuando vió el resultado del buscador, le fue imposible no marcar al número anotado en aquella tarjetita.
—¿Hola?
—NuNew…
—¡Oh, abogado! ¿Qué tal va su madrugada? ¿Se siente…?
—¿Qué diablos significa eso? ¿Estás insinuando que soy un puto sumiso de «BDSM» y tú el maldito Christian Gray? —gruñó irritado, pues no podía creer lo que ese mocoso inexperto le había dicho.
Porque el maldito sub espacio que NuNew había mencionado era un concepto que definitivamente no encajaba con él, maldición, menos involucrando a un hombre tan joven como NuNew en la ecuación.
Escuchó la risita divertida de NuNew al otro lado de la línea, antes de que le susurrara:
—Espero que haber chupado mi polla haya mejorado tu noche, Phi, pero hablemos de esto mañana en persona, ¿si?
Y Zee Pruk, de nuevo, no pudo negarse y simplemente aceptó la cita a regañadientes.
Nada bueno podría salir de involucrarse con un universitario, lo sabía.








