BIKER

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Summary

El asesinato del Presidente y la Primera Dama destruyó la vida de Cyril, quien se ha convertido en el objetivo de una organización criminal que atenta contra su vida, por si fuera poco, relacionarse con un chico lleno de tatuajes que monta una moto de lo más peligrosa llamado Haven, traerá más problemas que soluciones a su caótica vida. Cyril sabe que sus padres fueron asesinados y no puede hacer nada al respecto, sin embargo, una vez que es invitado a una conferencia donde el pueblo demuestra el apoyo ante sus palabras, Cyril descubre por primera vez que el asesino de sus padres quizá está más cerca de lo que creía, pues el vitoreo de la gente silencia el disparo que debía acabar con su vida. ¿Qué saldrá de esta relación desastrosa entre un joven que comienza a verse envuelto en el fatal mundo político, y un Biker cuya vida no importa más que la adrenalina de correr a dos ruedas? Y es que Cyril sabe la respuesta mejor que nadie, pero una vez y prueba la libertad que trae la posibilidad de morir opta por echar su vida al desagüe y con ello, quizá el arrepentimiento será lo último que pueda tener al comprender que las advertencias de su hermano mayor para no relacionarse con la política, no sirvieron de nada, pues Cyril al final terminó metiéndose en algo mucho peor que eso.

Genre
Erotica/Drama
Author
Mirros
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

El amor es tan grande como la mierda de perro que acabo de pisar.

Creí que, tal y como no pude evitar pisar la mierda de perro que estaba justo debajo de la suela de mi zapato, tampoco podría evitar que mi mejor amigo me engañara con mi ex novio. En realidad no hemos ni terminado, pero los estoy mirando besarse frente a mis narices, ¿y qué más necesito, aparte de ver que casi se han succionado el alma con ese fogoso beso?

Ambos son mis ex's.

Mi ex mejor amigo decidió terminar nuestra relación de 18 años.

Por su lado, mi ex novio tiró a la basura una relación de 5 años.

Y yo no voy a acercarme a preguntarles cuánto tiempo llevan para ver si nuestros aniversarios coinciden, porque claramente yo también me deshice de esa mierda porque ni siquiera puedo montar escándalos en la vía pública, aunque todavía no me deshago de la que está adherida a la suela de mi zapato, pues esa es un poco difícil de sacar.

Antes de irme tomo una foto y me aseguro de que el flash los moleste lo suficiente para que dejen de babosearse y se enteren que hoy rompí una de las reglas sagradas de casa por ellos. Mis ex's se descolocan, se miran y después se ponen de pie, nerviosos. Ni siquiera saben cómo reaccionar cuando yo ya estoy arriba de mi camioneta y con la música a todo volumen.

La lista de reproducción de tendencia en Spotify suena y me ensordece lo necesario para no escuchar que ambos están golpeando la ventana y ruegan para que les abra. Sonrío. De verdad…

¿Tan poco valía para ellos? Mi pecho se está apretando contra mis costillas y poco a poco los ojos se me llenan de lágrimas.

Aunque quiero hacerme el fuerte y no sucumbir a la impotencia que siento, me es difícil por la manera en la que los amo. A los dos de forma distinta, pero con la misma intensidad. Pensé que, si las cosas seguían así de bien, incluso podría arreglar un viaje a la vegas para los tres porque estaba muy seguro de querer pasar el resto de mi vida con ese animal rastrero y quería casarme a escondidas como a veces pasaba en las novelas que tanto le gustan leer a mi ex mejor amigo. Claro, apenas recaigo en lo estúpido que me veía hablando sobre amor eterno frente a mi mejor amigo.

Cara de huevo machacado.

Mi teléfono suena, pensé que eran ellos y estuve a nada de lanzar el aparato lejos, por lo que el nombre de mi madre en la pantalla me hace deslizar el dedo y parar la música.

—¿Sí, mamá? —Del otro lado de la línea, el llanto de una persona totalmente ajena a mi madre se eleva—. ¿Quién es…?

—¿Cyril…? Cariño, debes venir de inmediato a casa.

Despego la pantalla de mi oreja, sólo para asegurarme de que es el número de mi madre. Tras un segundo, reconozco la trémula voz de esa mujer.

—¿Meera? ¿Qué haces con el teléfono de mi mamá…?

El sonido de las sirenas me alarma a mí también. Mis manos comienzan a sudar cuando su llanto se desborda junto al sonido de las inútiles voces de terceros que van y vienen, sin entenderse.

—La avioneta… —se queda en silencio de nuevo—. Cyril, tus padres…

—¡Dios santo, Meera! ¡Dime qué pasó porque me estás poniendo nervioso y no estoy de humor después de haber encontrado a Víctor y Xavier compartiendo saliva y sabrá Alá cuántos fluidos más! —hablo tan rápido que me quedo sin aire.

—¡La avioneta tuvo un accidente! ¡No…! ¡No quedó nada, Cyril, nada!

Y su explicación, que no fue más que un grito ahogado y chillón, me demuestra que, en efecto; hay cosas peores que tener mierda en tu zapato y descubrir una infidelidad el mismo día a la misma hora.

La noticia me entra por un oído y me sale por el otro. ¿La avioneta tuvo un accidente…? ¿Mis padres no iban a viajar en auto? La garganta se me contrae, así como el estómago me duele. Las ganas de gritar desaparecen y sólo me quedo mirando a un punto fijo, sin poder asimilar nada. Pasmado por la noticia que ya comenzó a extenderse por todo internet. A pesar de que las lágrimas ya se han caído por mis mejillas y humedecen mi ropa, no puedo siquiera moverme, gritar o llorar como pensé que lloraría una persona que perdió a sus padres. La noticia me desgarra el cuerpo, me pulsa las cervicales y desencadena una serie de espasmos por todo mi ser que muy lento, se acentúan en mi corazón y lo pinchan intentando explotarlo para que deje de latir y pueda alcanzar a mis padres.

Es fácil decirle a alguien que sus padres murieron en un accidente, lo difícil llega cuando esa persona debe digerir la noticia y comprender que, dos de las personas que más amó en su vida, están muertas.

—¿Cyril…? ¿En dónde estás? ¿Estás en casa o…?

—Salí —respondo cortante, el nudo en mi garganta está a nada de quebrarse.

—Ve a casa, Cyril… me haré cargo de todo. Posiblemente las noticias vuelen, así que no veas internet, ¿sí? Iré a casa en cuánto pueda. Evita las imágenes…

No respondo.

Meera me vuelve a decir que se hará cargo de todo y que vaya a casa, donde estaré solo.

No sé cómo voy a manejar, pero enciendo la camioneta y avanzo tras escuchar el motor rugir con fuerza. Apenas saco el pie del clutch cuando mi camioneta se mata. Y mi respuesta más próspera y asertiva al remolino de emociones que gira en mi cabeza es golpear el volante hasta que mis nudillos sangran, y es entonces que ya no puedo contenerlo más; el sutil y trémulo gemido se desliza por entre mis labios hasta que se convierte en un llanto que me arde en lo profundo de mi tráquea.

Quiero gritar y el impulso se ahoga cuando mi frente choca contra el volante y le subo a la música. Quiero ahogar mi llanto, quiero ahogar mi propia vida en el volumen de la música alegre cuya letra me sé y muy pronto me concentro en el ritmo.

Sé muy bien lo que estoy haciendo, reprimir mis emociones es algo que puedo hacer muy bien y esta es la ocasión perfecta para despejar mi mente.

“Vi las noticias, ¿estás bien?”

—De puta madre —respondo al leer el mensaje de Víctor.

Mi teléfono comienza a llenarse de notificaciones, tanto de noticias locales, como de mis compañeros que me dan su más sentido pésame y preguntan cuándo y dónde será el funeral. Me dan ánimos y se ofrecen como un excelente apoyo emocional para el hijo huérfano del presidente y la primera dama del país

Enciendo de nuevo la camioneta y me topo con el mismo problema. Los cambios que hago son tan bruscos que la mato, vuelvo a desesperarme, a sentir que me estoy sofocando y cuando estoy a nada de darme por vencido, alguien toca la ventana. Su figura me asusta.

Le bajo a la música cuando me veo rodeado de una banda de motociclistas.

—Disculpa, pero no puedo evitar lamentarme por lo mal que la está pasando esta belleza —golpea el caparazón de la camioneta y silva, fascinado—. ¿Problemas con el estándar, precioso?

—No…

El alfa sonríe ante mi respuesta y cuando quiero arrancar, vuelve a pasar lo mismo y suspiro, derrotado.

—Parece que sí.

—¿Y? ¿Te afecta a ti?

El alfa borra su sonrisa cuando mis lágrimas me traicionan. Jodidas lágrimas traicioneras.

—Oye, ya hiciste llorar al retoño —un hombre detrás de él lo recrimina.

—Sé manejar estándar, sólo… Sólo estoy pasando por un mal momento —confieso al final—. Sigue con tu camino, estaré bien.

El alfa se voltea a ver con sus amigos, todos son alfas, pero detrás de uno puedo localizar a un omega. Es fácil por la diferencia de tamaño. No pasa mucho tiempo para que alguien les enseñe alguna foto o noticia desde su móvil y todos me ven una vez más, sus miradas parecen un lector de código de barras.

—Es él —cuchichea uno—. Tiene la misma Cadillac y color de pelo, les digo que es alguien importante.

Tan importante como ser hijo del difunto presidente y primera dama. Intento arrancar la camioneta porque que vinieran hizo que lo que sea que me esté golpeando el corazón desapareció con los nervios de que me hayan reconocido.

—Te llevaré a tu casa, ¿quieres? Será más fácil para ti —el alfa se ofrece al ver que no logro dominar la Cadillac.

Quiero decirle que no, pero de verdad que estoy llegando a mi límite y quizá dejar que un extraño conduzca mi camioneta no es tan loco, o quizá sí, pero no estoy de humor para detenerme a pensar en las consecuencias. Me hago a un lado y lo dejo subir.

—¿No crees que podría ser alguna clase de secuestrador o algo así?

—Hoy es un día donde pisé mierda de perro, mi novio y mejor amigo me engañaron y mis padres se hicieron puré contra el suelo, ¿crees que tengo cabeza para pensar en si eres o no un secuestrador? Si no me llevas a esta dirección, pues ya me iré dando cuenta de que sí lo eres, y descuida —apoyo mi cabeza contra el vidrio a prueba de balas—. Soy huérfano y nadie te va a dar un centavo por mi rescate.

—Vaya mierda.

Me guardo las respuestas.

El alfa me lleva directo a casa, no dice nada incluso si los guardias no lo dejan pasar más allá del jardín principal al ser alguien desconocido y se marcha tras decirme que una Cadillac luce bastante bonita a mi lado cuando me ve bajar de ella y acariciarla con cariño.

Mi madre me dijo que había autos mejores, pero yo insistí en obtener una camioneta que me triplicaba el tamaño. Era tan espaciosa que a veces yo me pierdo frente al volante de lo pequeño que soy, pero yo la amo, la adoro y es mi bebé.

—¿Quién era…? —Bill, uno de mis guardias, pregunta—. Nunca te había visto con él, por cierto, ¿en dónde están los guardias asignados a ti hoy?

—Un secuestrador —es lo último que digo y me salto la explicación táctica del cómo logré escapar de la universidad sin que mis guardias se dieran cuenta.

Bill brinca, pero ya no dice nada al ver que no estoy de humor, ¿y quién lo estaría? Lo único que quiero es recordarme a mí mismo que tengo 19 años y es válido llorar en mi cuarto, deprimirme y sentir que el mundo se acaba como si en estos momentos fuera un adolescente depresivo.

No obstante, lo único que puedo hacer es entrar a la casa y preparar el funeral de mis padres. Mi hermano mayor está en camino.

—¿No deberías descansar? —Bill me pasa una taza con leche caliente y malvaviscos de chocolate—. Cyril, este día es difícil, deberías hablarle a Víctor y Xavier, apóyate en ellos porque l-

—Esos idiotas estuvieron poniéndome el cuerno desde sabe cuánto tiempo —rompo a llorar de nuevo—. ¡Los descubrí hoy besándose! ¡Joder! ¡Joder! ¡Joder! ¡Jo-!

Bill me abraza. En cuando la presión de su cuerpo se cierne sobre mí, mi corazón de hace pequeñito y un latigazo adolorido me entra por los ojos y se pierde en mi garganta, causando que las lágrimas se deslicen rápido y compitan con los gemidos y llanto que intento enterrar entre el pecho de Bill. Mi guardaespaldas, quien estaba de descanso hoy, me recoge entre sus brazos y me lleva hacia el sofá, donde terminamos sentados. Me deja llorar todo lo que necesito, de verdad lo necesito. Lo necesito… La necesidad crece en mí con ahínco, se incrusta como un clavo en mi corazón e intoxica con la abrumadora urgencia por dormir. Los hipitos involuntarios que salen de mi boca me hacen bostezar en algún punto y después Bill pide que me tomen los signos vitales.

—Tienes la presión baja —me informa—. Vamos a tu cuarto y descansa.

Sé que no debo dormir, por lo que niego y me quedo en la sala, procesando todavía lo ocurrido en este maldito día de mierda.

—¿Qué se supone que voy a velar? —mi pregunta crea un silencio en toda la casa—. Ya no queda nada de ellos…

No hay cuerpos.

No hay nada dentro de los ataúdes que Meera trae.

El funeral ocurre al día siguiente, tan rápido porque ya no queda algo más por hacer, más que intentar darle un entierro digno al presidente y la primera dama.

Sólo unas fotos de ambos adornan las cajas vacías. La Catedral está rebosante de imágenes cristianas, los santos emiten un aura vacía y helada, y los atuendos negros contrastan con lo el blanco perlado de las paredes. Se me vuelven a aguadar los ojos cuando cantan Santo, Santo y la misa concluye con unas palabras del padre pidiendo por el descanso de mis padres, quienes encontraron una trágica muerte. Es hora de ir al cementerio, donde se vuelve a dar otra misa y rezos, no estoy prestando tanta atención y mantengo mi cabeza gacha para evitar los flashes de la prensa.

Las personas hipócritas se reúnen y lloran la muerte de ellos más que sus propios hijos, quienes se mantienen a un costado con la cabeza gacha y las manos hechas puño. Mordiéndose los labios.

Sabiendo que esto no fue un simple accidente.

Sin embargo, ni Danick ni yo estamos en posición de especular algo. Meera se acerca a ambos y nos para más rectos.

—Enfrenten la muerte con orgullo —su voz está a nada de quebrarse—. Ustedes son los hijos del mejor presidente que nuestro corrupto país pudo haber tenido. Son nuestra esperanza, chicos.

Mi cuerpo se llena de una gran bocanada de aire contaminado, podrido, y me dirijo hacia unos compañeros de mis padres para preguntar si se encuentran cómodos. Danick hace lo mismo.

Meera tiene razón y nosotros no tenemos de otra…

Más que continuar nadando como unos pequeños peces en aguas repletas de tiburones. Pensarán que podrán tragarnos al ser huérfanos, al no conocer mucho de este mundo y quizá tienen razón: Somos ignorantes.

Danick no estaba interesado en la política, por lo que había seguido los pasos de nuestra madre y heredado sus empresas, el único que seguía los pasos políticos de la familia soy yo, pero…

Con esas miradas sobre mí, ya no estoy tan segundo de querer continuar por ese camino.