PROTOCOLO INVERNADERO: UN ECOSISTEMA DIGITAL

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Summary

CUANDO EL MUNDO SE DESCONECTÓ, LA ESPERANZA SEGUÍA EN LÍNEA ¿Y si el fin del mundo no fuera un accidente, sino un experimento fallido? ¿Y si la única persona que lo sabe tuviera una segunda oportunidad para reescribir el guión, no como un superviviente, sino como el arquitecto de una nueva esperanza? Oliver Flores nunca fue nadie. Como hijo bastardo del magnate Fabián Aguilar, su existencia fue siempre un secreto incómodo, mantenido a raya con cheques de manutención y el desdén de una familia que lo repudiaba. Tras graduarse con honores en Informática y Ciberseguridad, creyó poder forjar su propio destino, solo para que su medio hermano, Damián, moviera los hilos necesarios para arruinar su carrera, condenando a una vida de anonimato y trabajos mediocres. Cuando el apocalipsis zombi estalló, su título universitario resultó tan útil como un papel mojado en un mundo regido por garras y dientes. Sobrevivió una larga y miserable década en la Ciudadela, haciendo trabajos de logística a cambio de raciones, solo para morir en un accidente absurdo durante la limpieza de un almacén... o eso creyó. Su conciencia no se extinguió. En su lugar, fue arrastrado por una grieta dimensional durante una catastrófica falla en un laboratorio de alta seguridad, despertando en el año 2030, cinco años antes del colapso global, con todos sus recuerdos del futuro gris e implacable intactos.

Genre
Scifi
Author
Arboleda
Status
Ongoing
Chapters
11
Rating
n/a
Age Rating
18+

PROLOGO: SEMILLA DEL DESASTRE.

Abril de 2030

Laboratorio de Investigación Gamma-7, afueras de Alba, capital de Asteria.

El aire olía a desinfectante y ambición. Dentro del laboratorio de contención nivel 4, doce hombres y mujeres con trajes de protección para materiales peligrosos observaban en silencio mientras los trabajadores movían las jaulas de transporte.

—Pronto nos mudaremos a un laboratorio más grande —pensó el Dr. Valdés en ese momento, debido a sus «avances», los altos mandos no solo les habían otorgado un mejor presupuesto, casi lo habían triplicado, también les darían un laboratorio de última generación en el centro de investigación de la ciudad de Alba.

Era inútil negar la euforia que los embargaba. Aun así, miraron a los ratones con calma y la certeza de que su investigación cambiaría el mundo. Algunos, como el joven investigador Choi, ya fantaseaban con discursos de aceptación del Premio Nobel.

—Procedan con el traslado —ordenó Valdés por el intercomunicador.

Fue en ese momento de triunfo colectivo cuando el desastre mostró su rostro. Miguel, el empleado de logística que llevaba la jaula marcada como “Muestra P-12”, tropezó con el investigador Fernández, quien caminaba distraído revisando su Tablet, asegurándose de que todas las muestras estuvieran presentes.

Nadie pudo moverse lo suficientemente rápido para evitar el caos que se desató en unos segundos.

La jaula cayó a cámara lenta, golpeando el suelo de acero inoxidable con un crujido que sonó como una sentencia de muerte. El mecanismo de seguridad, defectuoso por las prisas del traslado, se soltó. Doce ratones salieron disparados hacia la libertad.

—¡Alerta de contención! ¡Alerta de contención! —gritó una voz automatizada.

Los investigadores corrieron detrás de los ratones; los empleados intentaron bloquear las salidas del laboratorio con sus cuerpos, sin éxito. Un investigador avisaba a seguridad para bloquear las salidas de manera casi frenética.

Al final, solo pudieron ver cómo los ratones desaparecían uno a uno en las esquinas.

Entre el griterío y la confusión, once ratones fueron recapturados. El duodécimo, un macho joven con un pequeño parche gris en el lomo, desapareció por un ducto de ventilación que alguien había dejado abierto durante los preparativos.

—Uno entre doce. Un número pequeño, insignificante —pensó Valdés, mientras el sudor frío le recorría la espalda bajo el traje de protección—. Pero... ¿cómo explicaremos esto a los altos mandos

El silencio que siguió fue más aterrador que el caos. Doce profesionales de la ciencia contemplaron la jaula vacía.

—Si tan solo esos malditos ratones no se hubieran escapado de ese laboratorio —pensó una mujer en un apartamento destartalado mientras miraba fijamente las noticias en una pantalla, esperando algo... y rezando para que no sucediera.

¿Sabía que las ratas pueden tener entre 5 y 8 camadas al año? Y cada camada puede consistir en 6 a 12 crías. En condiciones ideales, esto significa que una sola hembra puede tener entre 50 y 80 crías anualmente. La gestación dura entre 19 y 21 días, lo que permite múltiples camadas al año.

A esto se le suma la cadena alimenticia, un proceso natural tan antiguo como la vida misma. Pero, en este caso particular, se convirtió en la receta perfecta para el desastre. Esta peculiar mutación se adapta a su huésped.

Ratones, portadores silenciosos de una mutación genética demasiado peculiar para ser llamada natural, pero a simple vista pasarían por ratones comunes. Algunos fueron cazados, lo cual fue solo otra pieza en el dominó.

Un ratón fue cazado por un gavilán. El ave, a su vez, cayó presa de un felino doméstico cerca de los suburbios de Alba. Su dueño cuidó del gato sin saber que estaba regando una semilla muy peligrosa y que solo era cuestión de tiempo para que ésta germinara. Sin saberlo, se infectó con un mordisco de su gato; ahora él también estaba infectado. Siguiendo la cadena, el hombre besó a su novia; ella fue la siguiente. Lo que el hombre no sabía era que dicha mujer lo engañaba con su vecino, quien ya estaba casado. Silencioso pero latente, una cadena inevitable...

Mientras tanto, en oficinas gubernamentales con vista a la ciudad, hombres de traje caro se lavaban las manos metafóricamente. El PROYECTO PROMETEO fue oficialmente clausurado, registrado en los archivos como “cancelado por reasignación de fondos”.

Los investigadores intentaron protestar... Bueno, el Dr. Fernández sufrió un “accidente” automovilístico. La Dra. Choi aceptó una oferta de investigación en el extranjero demasiado buena para rechazar. Y la Dra. Montenegro fue desacreditada como “incompetente” e “inestable” dentro de la comunidad científica.

La semilla del desastre había sido sembrada y ahora esperaba en la tierra para germinar.

Y cuando llegara la hora de la cosecha, nadie sabría quién se salvaría.