El último Alquimista de la Memoria

All Rights Reserved ©

Summary

Detalles del escritor para el lector... Esta es una novela que está en proceso de escritura que va por el 7 Libro actualmente... Este primer libro es el inicio de una trilogía,la "Trilogía de Ahetel"...Son los tres primeros libro de la saga y cada uno es de 12 capítulos,y cada capítulo con un aproximado de 1500 palabras... Género: Fantasía, Drama,Aventura,CyberPunk Sinopsis (Libro 1): En un mundo donde la magia se desvaneció hace siglos,sustituida por la tecnología, Kaelen es un joven que sobrevive como "recuperador" de artefactos antiguos en las ruinas de una ciudad gigantesca. Su vida da un vuelco cuando encuentra un extraño relicario que no es de metal ni cristal, sino de memoria solidificada. Al tocarlo, despierta a Elara, una Alquimista de la Memoria de una era pasada, que existe ahora como un eco consciente atrapado en su propia mente. Elara es la última de su estirpe, capaz de manipular, extraer y moldear los recuerdos como si fueran elementos físicos. Su conocimiento es la llave para secretos que podrían salvar o destruir lo que queda del mundo. Juntos, Kaelen, con su conocimiento de las ruinas modernas, y Elara, con el poder arcano de un pasado olvidado, se embarcarán en una peligrosa búsqueda para encontrar el "Nexo Primordial", un lugar legendario donde se forjó la primera memoria del mundo. Pero no están solos..

Genre
Adventure
Author
F.C
Status
Complete
Chapters
12
Rating
n/a
Age Rating
16+

Cap 1 "El Eco en las ruinas"

LIBRO 1 (Trilogía de Aethel)

---

Capítulo 1: El Eco en las Ruinas

El viento susurraba canciones olvidadas a través de los esqueletos de acero de los Antiguos Spires. Kaelen se movía entre ellos con la gracia sigilosa de un gato callejero, sus botas gastadas apenas perturbando el polvo de siglos que cubría todo como un sudario. A esta altura, en el Nivel Medio-Bajo de Aethel, el aire era una sopa espesa de humo de refinerías lejanas y el ozono metálico de la electricidad estática que bailaba entre los cables expuestos. La luz del sol era un lujo del Nivel Alto; aquí, la iluminación provenía de las tenues luces de neón de los puestos callejeros y el resplandor enfermizo de la contaminación lumínica que se filtraba desde arriba.

Llevaba tres días rastreando este sector, siguiendo un mapa fragmentado que había comprado con la última de sus monedas de crédito a un borracho en los mercados de la Sombras. El hombre había farfullado algo sobre "reliquias que aún cantaban", y Kaelen, contra todo sentido común, había picado el anzuelo. La desesperación era un maestro cruel que te hacía apostar por leyendas.

Su mano, enfundada en un guante con los dedos cortados, acarició la frialdad del panel de control de su muñeca izquierda. Un holograma parpadeante, lleno de interferencias, proyectó un esquema del edificio en el que se adentraba. Una antigua biblioteca de datos, según los archivos corruptos. Ahora solo era un cadáver más, sus salones otrora majestuosos reducidos a un laberinto de chatarra retorcida y cristales rotos.

"Todo por unas pocas obleas de silicio intactas o un condensador de memoria que no esté frito", murmuró para sí, su voz un eco áspero en la vastedad silente. La vida de un recuperador era así: escarbar en la tumba del mundo para vender sus dientes a los coleccionistas ricos de los Spires.

Se detuvo en lo que debió ser la sala principal. El techo se había derrumbado en parte, permitiendo que una columna de luz grisácea iluminara el caos. Estatuas decapitadas yacían entre montañas de terminales destrozadas. Su detector de metales, un artefacto parpadeante colgado de su cinturón, emitió un chasquido perezoso. Nada de valor. Nada que no hubiera sido saqueado décadas atrás.

Una punzada de frustración le recorrió el estómago. Otro día perdido. Otra noche pasando hambre. Estaba a punto de darse la vuelta cuando su pie tropezó con algo que no era escombro metálico. Era más suave, como tela endurecida por el tiempo. Se agachó, apartando con cuidado los cascotes. Era una bolsa de viaje antigua, hecha de un material sintético que se deshacía al tacto. Dentro, solo encontró polvo y unos pocos objetos personales inservibles: un peine de plástico quebrado, un trozo de espejo empañado, y un diario cuyas páginas se convirtieron en ceniza cuando intentó abrirlo.

Pero debajo de la bolsa, semi-enterrado en el suelo, había una losa de piedra que no encajaba con el resto del metal y el plástico del lugar. La limpió con la manga de su abrigo. Estaba tallada con runas que no reconoció; eran fluidas, orgánicas, como si representaran agua o viento, no el código binario angular de la era tecnológica.

Su detector de metales seguía en silencio. Esto no era metal. Era piedra pura. Y sin embargo, algo le decía que era importante. Con un esfuerzo, logró desprender la losa del suelo revelando una pequeña cámara oculta bajo ella. No era más grande que una caja de zapatos. Y dentro, descansando sobre un cojín de terciopelo desintegrado, estaba el relicario.

Contuvo la respiración.

No era de oro ni de plata. No brillaba. Era... extraño. Parecía hecho de un material translúcido, como cuarzo ahumado, pero en su interior se movían remolinos de algo que parecía niebla plateada, viva y consciente. No reflejaba la luz, la absorbía, la tamizaba en su danza interna. Tenía la forma de un huevo aplanado, cabía perfectamente en la palma de su mano y era sorprendentemente cálido al tacto, como si albergara una pequeña estrella en su interior.

Nunca había visto nada igual. No era tecnología. Era algo más. Algo otro.

Sin pensarlo, guiado por un impulso que no entendía, cerró su mano alrededor del relicario.

El mundo estalló en blanco.

No fue un destello de luz, fue una explosión de sentido. Un torrente de imágenes, sonidos y emociones que irrumpieron en su mente como una ola rompiendo un dique.

El olor a hierba fresca y lluvia de verano, un aroma que nunca había olido.

La sensación de la seda contra su piel, suave como un suspiro.

El sonido de una risa clara, femenina, llena de una alegría que le apretó el corazón.

El sabor amargo de una poción de sueños, preparada bajo la luz de tres lunas.

La vista de una ciudad hecha de torres de cristal y puentes de luz, bajo un cielo despejado y azul.

Era un huracán de recuerdos que no eran suyos. Aferrándose a su propia identidad como un náufrago a un madero, Kaelen gritó, pero el sonido se perdió en la cacofonía interna. Cayó de rodillas, la cabeza a punto de estallar. Vio rostros que no conocía, paisajes imposibles, constelaciones que no existían en el cielo de Aethel.

Y entonces, tan abruptamente como comenzó, el torrente cesó. Las imágenes se desvanecieron, dejando un zumbido en sus oídos y un vacío extraño en su pecho. Jadeó, apoyando las manos en el suelo frío. El relicario seguía en su mano, ahora palpitando con un latido suave y rítmico, como un corazón.

«¿Estás... herido?»

La voz no vino del exterior. Resonó dentro de su cráneo. Era clara, melodiosa, y estaba impregnada de una antigua fatiga y una curiosidad cautelosa.

Kaelen se irguió de golpe, mirando a su alrededor con frenesí. La sala seguía vacía. Solo el viento y el crujido del metal.

"¿Quién está ahí?" gruñó, su propia voz sonando áspera y asustada en el silencio.

«Aquí dentro», respondió la voz, con un deje de... ¿impaciencia? «En el Cristal Mnemónico. En el relicario que sostienes con tanta fuerza.»

Kaelen abrió la mano y miró el objeto. La niebla plateada en su interior se había organizado, formando un tenue remolino que parecía observarlo.

"Estoy alucinando", murmuró, pasándose una mano por el sudor de la frente. "Falta de comida. Gases de las cloacas..."

«No estás alucinando, recuperador», dijo la voz, y esta vez percibió una nota de autoridad, el tono de alguien acostumbrado a ser escuchado. «Tu mente es... ruidosa. Y este lugar es una afrenta a los sentidos. ¿Dónde estamos? ¿Qué ha sucedido con los Jardines Cantarines?»

"¿Jardines... qué?" Kaelen parpadeó, tratando de asimilar la situación. Había encontrado un objeto que hablaba dentro de su cabeza. Esto superaba con creces cualquier leyenda del mercado. "Esto es Aethel. El Sector 7 del Nivel Medio-Bajo. Y no hay jardines aquí. Solo metal y polvo."

Un silencio cargado de horror se extendió en su mente. Podía sentir la consternación de la voz, como una marea fría.

«Aethel...», musitó finalmente. «No conozco ese nombre. ¿Y la Luz de Soryn? ¿Las Bibliotecas Vivientes de Elarian?»

Kaelen negó con la cabeza, lentamente. "No. No hay nada de eso. Eso... ¿son recuerdos? ¿Tuyos?"

«Son la realidad», corrigió la voz, con un deje de amargura. «O lo fueron. Ahora solo son ecos en mi prisión. Yo soy Elara, la Vigilante del Nexo de Thalassa. ¿Quién eres tú, que sostienes mi crisol y albergas una cicatriz de olvido?»

"Kaelen", respondió automáticamente, antes de que la última parte de la frase lo golpeara. "¿Una... qué?"

«En tu brazo. La cicatriz. No es de una herida física. Es... un vacío. Un lugar donde un recuerdo fue arrancado.»

Kaelen se llevó instintivamente la mano a su antebrazo izquierdo, donde una marca pálida y irregular, como un relámpago congelado, serpenteaba bajo la tela de su abrigo. Nadie lo sabía. Se la había hecho siendo niño, en uno de sus primeros saqueos, o eso siempre había creído.

"¿Cómo...?"

«Soy una Alquimista de la Memoria», declaró Elara, y a través del vínculo, Kaelen captó un destello de lo que eso significaba: alguien que podía hilar recuerdos como oro, destilar emociones en esencias, y leer la historia de un alma en sus cicatrices más profundas. «Este cristal es mi crisol y mi celda. Llevo... no sé cuánto tiempo. Siglos, tal vez. Hasta que tu contacto me ha despertado.»

Kaelen se puso de pie tambaleándose, guardando el relicario—el crisol—en el bolsillo interior más seguro de su abrigo. La sensación de su calor contra su pecho era a la vez reconfortante y profundamente inquietante.

"Esto es demasiado", dijo en voz alta. "Necesito... necesito salir de aquí. Pensar."

«Eso parece sensato», concordó Elara, su voz sonando ahora más tenue, como si el esfuerzo de comunicarse la estuviera agotando. «Pero ten cuidado, Kaelen. Quienes me encerraron, los que destruyeron el mundo que conocía... su sombra es larga. Puede que aún acechen.»

Antes de que pudiera responder, un sonido agudo y mecánico hizo que se secara la saliva en la boca. No era el viento. Era el chirrido de unas articulaciones hidráulicas mal engrasadas.

Desde la entrada derrumbada de la sala, tres siluetas se recortaron contra la luz grisácea. Eran altas, delgadas, vestidas con pesados abrigos grises y máscaras de gas con lentes de cristal rojo. En sus manos llevaban varas de metal que terminaban en esferas pulsantes de energía siniestra.

Kaelen las reconoció de inmediato. Los rumores en los mercados bajos los llamaban los "Olvidadores". La Cábula del Olvido. Eran una leyenda, una historia para asustar a los niños recuperadores. Pero estaban aquí, eran reales, y sus lentes rojos estaban fijos en él.

El líder, un tipo más alto que los demás, habló con una voz metálica y distorsionada por el filtro de la máscara.

"El artefacto mnemónico. Entrégalo, chico de la chatarra. No está hecho para que lo manchen manos profanas."

Kaelen dio un paso atrás, su mente racing. Ellos lo sabían. Lo habían estado siguiendo. O habían seguido la energía del relicario.

«¡La Cábula!», la voz de Elara en su mente era un grito de alarma y odio puro. «¡Kaelen, no dejes que lo toquen! ¡Huye!»

No hizo falta que se lo repitiera. Giró sobre sus talones y se lanzó hacia la parte trasera de la sala, hacia un pasillo oscuro que esperaba que condujera a una salida. El sonido de las botas pesadas pisándole los talones y el zumbido creciente de las varas de energía le dieron una velocidad que no sabía que tenía.

Había encontrado una leyenda. Y, como temía, la leyenda había venido con un precio. El eco en la ruina había despertado, y con él, las pesadillas que creía olvidadas.

---


(Comentario del escritor)

*Esta saga esta creada para enamorarse de los personajes,desarrollarlos y entenderlos...como dato curioso, si quieres leer todos los libros te llevaras las manos a la cabeza,pero si prefieres,cada final de un libro puede ser un final alternatibo,pero si quieres comprender mejor la saga te recomiendo que leas todos los libros.

Espero les guste...es un mundo asombroso...