Prólogo.
Jeon JungKook y Lee NaeBi, dos amigos como cualquier otro dúo, en primer año de secundaria se hicieron tan buenos amigos pese a ser de otro curso, que Jungkook hizo lo posible para cambiarse al curso dónde pertenecía NaeBi.
No le fue difícil adaptarse, ella y su pequeño grupo de amigos lo ayudaron a dejar de ser tímido, a soltarse.
Pero en los últimos meses, ella se percató de cómo tuvo un cambio drástico: el chico que antes era bastante serio y vergonzoso para hablar con más de una persona a la vez ahora regalaba sonrisas y chistes malos. Y quizá eso a NaeBi no le gustaba tanto, la idea de que sea más sociable y se aleje de ella lo atormentaba. Porque aunque su grupo fuera medianamente grande, nadie era como él.
Jungkook era distinto, la hacía sentir distinta.
Nunca fue buena haciendo amigas con las chicas, no le gustaba hablar solo de chicos o tener que soportar que peleen por ellos. Pero los chicos tampoco eran muy agradables, sí no sabes sobrellevarlos, sus comentarios pueden arrastrarte como una puta marea. Aún así no permitió que aquello sucediera, y en consecuencia incluso ella podía ser más hiriente que cualquiera de su grupo.
Fuera de eso, Jungkook y NaeBi destacaban por ser un gran dúo académico, aplicados pero con el tiempo necesario para hacer salidas y divertirse. Eran el confidente del otro, y pese a su gran cercanía, mantenían una independencia.
Solo qué... Ambos ocultaban un sentimiento que siquiera ellos lograban describir o nombrar. ¿Amor, atracción? No lo sabían, ni tampoco deseaban saberlo. Solo tenían por asegurado que no lo dejarían salir a flote, o se hundirían en una miseria de la qué ninguno podría escapar.
O tampoco querrían intentar escapar.
Pero el metal, inevitablemente se deja llevar hacia el imán, y lo único más difícil que despegarlos, es evitar que choquen.