Hasta Que Conocí a Su Padre

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Summary

Adrian Alvarez y Lily Juarez llevaban siendo vecinos desde que nacieron. Residentes en Valledupar, ninguno de los dos se cruzó por el camino del otro hasta que entraron en la universidad. El alcohol, las drogas y la música demasiado alta no iban con ninguno de los dos, por lo que acabaron haciéndose amigos, y posteriormente, novios. La franqueza de la chica frente al carácter bromista de él fueron los alicientes para que a los dieciocho años comenzara a salir con ella. Llevaban juntos cerca de tres años, y se acercaba la graduación de la universidad para los dos, por lo que Adrian quería "formalizar" la relación: era hora de que ella conociera a John Alvarez, el sheriff de Valledupar y padre de Adrian, y de que el chico conociera a los misteriosos padres de Lily. Sólo sabía que su madre se había casado de nuevo, mientras que su padre seguía viviendo en el pueblo, solo. Las cosas parecían ir bien con su suegra, pero su suegro... era otro mundo. Ivan Juarez no iba a ser fácil de tratar.

Genre
Lgbtq
Author
Kairo Vex
Status
Complete
Chapters
28
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

1: Valledupar

La forma que tenía Lily de reírse acabó conquistándolo irremediablemente. Tenía unos graciosos dientes de conejo que ella aseguraba que eran heredados, y su nariz se movía a cada risa que soltaba. Apenas se conocían de unas semanas, pero las dos veces que habían salido, resultaron inolvidables para ambos.

Los labios de Adrian cosquilleaban, presos de las ganas que tenían de atreverse de una vez y besar a la chica, y sin embargo seguía temiendo al rechazo. Quería hundir su cobardía en lo más hondo de su ser y poder reunir todo su valor para confesarle lo que sentía.

Jamás había sido un chico romántico, normalmente con las chicas que había salido -que eran muy pocas- había sido una vergüenza de novio, pasando de ellas e ignorándolas cuando la cosa se ponía fea.

Pero con Lily tenía ganas de cambiar eso. Le gustaba de verdad, y quería al menos intentarlo y no llamarse a sí mismo cobarde durante toda su vida. Debía dar el primer paso y ser valiente, besarla y pedirle una cita, pero una cita cita. No quedar como amigos, como siempre hacían.

Su primer beso fue de improviso. Ella hablaba y hablaba sin parar, contándole alguna tontería que le había pasado cuando era pequeña, y él simplemente la escuchaba con una sonrisa, hipnotizado por su manera de expresarse.

Nunca se aburría a su lado, y sin embargo, aquel día las palabras le sonaban huecas, porque estaba reuniendo todo el valor que necesitaba para poder besarla.

Cuando ella suspiró, Adrian sonrió de medio lado, aprovechando el silencio que había establecido la chica y besándola en los labios, uniéndolos torpemente y haciendo de aquello algo dulce y suave, todo lo contrario a lo que ocurría en su corazón, que bombeaba a toda potencia, haciendo que hasta las mariposas que sentía en el estómago se retorcieran de la misma emoción que sentía.

Las primeras citas fueron para conocerse, aunque ya lo hacían, se conocieron más a fondo. Adrian quería conocer todo sobre Lily, y a ella le gustaría conocer a la perfección al castaño.

Descubrieron que ambos se habían criado en Valledupar, pero mientras que Adrian había estudiado en el instituto, Lily había ido a una escuela privada a las afueras. Sus padres tenían dinero y querían lo mejor de lo mejor para su hija, y creyeron que un internado sería lo mejor, pero sus notas fueron casi las mismas que Adrian, que era de origen más modesto, y por ello ambos cayeron en la misma facultad.

Lograron conseguir una habitación para los dos, compartiéndola y así convivir juntos, y sin comerlo ni beberlo, ya llevaban un año juntos, un año de perderse fiestas, de no beber alcohol, de ir mucho al cine y de viciarse a series juntos.

La oficialidad llegó cuando el padre de Adrian invitó a Lily a pasar un fin de semana en su casa. El sheriff Alvarez había cogido días de descanso para conocer a la chica, por lo que se dirigieron a la casa del hombre.

Fue un camino de dos horas en el jeep, pero finalmente llegaron y dejaron las cosas en la habitación de Adrian. John les retuvo tan sólo para almorzar, por la noche irían a cenar a un restaurante al que solían ir cuando la madre de Adrian, Claudia, seguía viva.

Lily le pidió a su novio que fueran a ver a su padre, pero el caso es que el castaño aún estaba miedoso por conocer a la familia de su novia, por lo que le pidió que fuera sola, al menos aquella vez, y le hablara de él, ya que por lo que sabía, con su padre no tenía demasiada relación por culpa de su madre, o quizás por culpa de Lily que había creído las palabras de ella en lugar de las del señor Juarez.

Daba igual como fuera, ya que esa tarde Adrian se fue a ver a su mejor amigo Scott, que también había ido a pasar el fin de semana. Él estaba en otra universidad, con lo que se veían muy poco. Mientras que Adrian jugaba a videojuegos, Lily se encaminaba a casa de su padre después de seis años sin verlo: los mismos que llevaban sus padres divorciados.

***

Ivan Juarez vivía tranquilo en Valledupar. No era un hombre muy amigable, en el pueblo lo sabían bien, y sin embargo, era una figura muy respetada allí. Vivía solo en la mansión al pie del bosque, donde una vez convivió con su familia: Joyce Juarez y la hija de ambos, Lily.

El día en el que los dos adultos se separaron, la justicia se puso de parte de la mujer, apartando a su hija de su padre. Durante seis años hablaban por teléfono y por whatsapp, pero como vivían muy lejos -Joyce se había mudado a Washington D.C.- no habían vuelto a verse, y tampoco es que Joy tuviera la intención de que Lily viera a su padre, por mucho que ambos lo desearan.

Pero ella ya era mayor de edad, por lo que caminó en dirección a su antigua casa, y finalmente llegó tras media hora caminando. Observó el exterior de la mansión donde tantas veces había jugado y disfrutado con sus padres antes de que pasara toda la mierda, y sonrió nerviosa: tenía muchas ganas de ver a su padre.

Llamó al timbre dudosa, y con las manos temblándole, pero aunque ella no lo estaba, el sonido fue firme y también chirriante en el silencioso bosque. Aguardó unos segundos, preguntándose si su padre la reconocería después de tanto tiempo, ya que sólo la veía por las fotos que le mandaba por whatsapp, y en persona quizás cambiaba un poco.

La puerta se abrió, dejando ver el rostro de un hombre adusto que fruncía el ceño constantemente, un gesto que Lily compartía con él, aunque era más alegre. Los ojos verdes la escanearon unos segundos, antes de que comenzara a boquear dudoso y arqueara las cejas al reconocer el rostro que tenía delante.

-¿Lily? -preguntó el hombre en voz baja, con la voz grave. Quizás llevaba días sin hablar con nadie.

-La misma -repuso ella con una sonrisa enorme en el rostro.

-Dios mío.

El hombre salió al porche para poder abrazarla con fuerza, sin poderse creer que después de seis años, tuviera a su hija allí junto a él. Suspiró con una amplia sonrisa que eclipsaba la de su propia niñita.

Le acunó el rostro unos segundos antes de volver a abrazarla riéndose. La hizo pasar adentro sin querer estropear el momento con palabras banales, por lo que se sentaron en el salón y se mantuvieron un rato en silencio, sin saber muy bien qué decirse.

-Dios mío... -repitió Ivan suspirando-. No esperaba verte hasta tu graduación, la verdad -admitió el moreno rascándose la nuca-. ¿Qué haces en Valledupar?

-He venido de visita... y he pensado pasarme a verte.

-¿Y a qué has venido?

-A conocer al padre de mi novio. -Ivan arqueó las cejas, pero luego frunció el ceño.

-¿Es el de la foto de tu whatsapp?

-Bueno, no es nuestra mejor foto -repuso Lily con una risa.

-Es la única que he visto que salís juntos. -La chica puso los ojos en blanco y sacó su móvil, buscando una foto y enseñándosela a su padre. Éste torció el gesto, observando al castaño que tenía delante, en la pantalla del móvil de Lily.

Se quedó un momento observando el rostro del novio de su hija, de su pequeña Lily, aunque ya no era tan pequeña, seguía siendo su única hija. Aunque no tenían una relación cercana, eso era lo que esperaba tener algún día.

El chaval tenía pinta de escuálido. Demasiado pálido, esmirriado, con nariz respingona y muy poca cosa. Ivan enarcó una ceja y miró a Lily, escéptico.

-Te mereces algo mejor -dijo simplemente.

-Papá -espetó poniendo los ojos en blanco.

-Lily, no me va a gustar nadie con el que salgas a no ser que sea una mujer, y sólo porque no tendré nada que cortarle. -La chica se echó a reír y se mordió el labio inferior.

-Adrian es muy bueno, papá. Se porta genial conmigo. Espero que os podáis conocer pronto. -Su padre gruñó como respuesta y resopló de mal humor, provocando una sonrisilla de su hija.


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