1. The Accident
El impacto que sentí me mandó contra el volante del auto, aún que el cinturón ayudo a que no salga volando por el parabrisas. Admito que la culpa fue mía, conducir con sueño, aún que el otro también tenía la culpa; ¿Quién conduce a contra mano a mitad de la noche? Daba igual de quién era la culpa, estar boca abajo en tu auto con el cinturón apretado tortuosamente alrededor de tu cuello y la sangre yendo directamente a tu cabeza era algo de cierto modo doloroso. Me quería quitar el cinturón y librarme del hecho de que me estuviera ahorcando un poco, al menos así tendría un problema menos, pero mis manos y brazos estaban fracturados, o sea, estaban puestas en un ángulo imposible, y era más doloroso aún tener que moverlas. Era muy vago lo que podía ver a través del parabrisas roto, y difícil también por lo borroso que mi vista de tornaba debido a la acumulación de sangre. El otro auto estaba empotrado contra un árbol brutalmente, casi deformando toda la cabina del conductor, pero las luces traseras, especialmente el señalero seguía encendido como una cruel burla.
Un leve gemido surgió del interior del coche contrario, uno de dolor y a la vez queja, y para mí sorpresa, el conductor seguía vivo, pero con un estado crítico. Salió a rastras de la cabina, gimiendo del dolor mientras se arrastraba hasta salir completamente del vehículo; tenía una barandilla atravesando su hombro —Dios sabrá de donde salió—, y cada vez que se arrastraba dejaba un rastro grande de sangre en su camino, y las heridas; moretones, cortadas, y creo que una pierna torcida decoraban su persona…, incluso me asustó su apariencia, pero estaba bastante moribundo para poder asustarme correctamente. El me miró con algo de esfuerzo, notando la situación en la que me encontraba dentro de mí cabina; colgado boca abajo y estrangulado lentamente, y trato de arrastrarse hacia mí, y la puta que me parió; ese no era un hombre, a penas era un adolescente, uno bastante joven —diecisiete o dieciocho, entre esos—. Me costó bastante esfuerzo, pero pude encontrar fuerzas para hablar.
—N-No te acerques… Te estás desangrando… —dije con algo de dificultad, pero bastante claro.
El se detuvo a mitad de camino, sabiendo que tengo razón, así que, con otro esfuerzo suyo, el me habló;
—¿E-Esta bien?
—¿T-Tú que crees? —incluso a mi me sorprendió el hecho de que pudiera ser sarcástico cuando estoy probablemente a punto de morir.
—Y-Yo no sé q-que paso… N-No pude frenar… —empezó a balbucear.
—Cálmate… —un espasmo de dolor me recorrió—. ¿C-Como te llamas?
—W-William…
—B-Bien, William… ¿T-Tienes tu teléfono contigo?
—C-Creo que si…
—Usa tu brazo sano… y-y sácalo…
Le fue bastante difícil; su teléfono estaba en el bolsillo izquierdo y su brazo sano era el derecho, y como estaba tirado boca abajo, tenía que cruzarlo detrás de su espalda para poder llegar a él. Le dolía, mucho, pero creo que sus gemidos eran más de irritación por sus fracasos. Finalmente, después de unos seis intentos, logro sacarlo del bolsillo, pero este cayó al suelo, quedándole fuera de su alcance.
—¡C-Carajo! —gruñó de irritación y dolor.
—C-Calma… Tengo una idea…, p-pero tendrás que aguantar más…
—¿D-De que habla?
—Date vuelta… —el me miró un poco asustado—. D-Despacio…
Al principio dudo en hacerme caso, pues la verdad, era solo un desconocido para él, aún que ambos queríamos algo; vivir. Respiro profundamente, ganando coraje y fuerza de voluntad, y con un grito desgarrador y un llanto lastimero, pego una vuelta sobre si mismo, quedando boca arriba. La barandilla se había movido dentro de él, y tan pronto la punta contraria impacto por el asfalto, la otra salió atravesando su hombro, haciendo un regadero de sangre que empezaba a intensificarse. Estaba llorando a cantaros, pero sus manos se deslizaban a su lado, buscando desesperantemente del teléfono, hasta que finalmente lo tomó.
—L-Llama a una ambulancia… —le dije en un susurro tembloroso.
Con manos temblorosas, logro desbloquear el teléfono, y con esfuerzo, por qué sus dedos ensangrentados no lograban tocar bien la pantalla, ya que se deslizaba. Yo ya no podía mantenerme despierto, el dolor y la presión en mi cabeza se me hacía cada vez más fuerte, hasta que en cierto punto, me desmayé, o morí, no estoy seguro, pero si sé que todo se torno oscuro. Siempre creí que la muerte era como quedar dormido, como decían en la televisión, pero no es cierto, la verdad, se siente algo extraño. El dolor en mi cuerpo desaparecía gradualmente, y mi cuerpo empezó a flotar, no sé en qué, pero se sentía… pacífico. Luego vino esa sensación de estar cayendo, cayendo en al fondo de un profundo pozo de completa oscuridad, pero al final había una luz, una que se hacía más grande cada vez, pero no era luz.
Era el suelo de lo que parecía ser una oficina, lo sé, por qué al tocar el suelo, caí inconsciente.