Relato breve
Las paredes blancas de mi encierro se agitan en lienzos sobre los que se dibujan blanquecinas pesadillas, como un mar de niebla de inaudible profundidad, del que emergen formas de humo que, si las miras lo suficiente, aúllan y muestran dientes agónicos y ganas hambrientas, antes que el incesante movimiento y revolverse de la corriente interna las confunda y cree nuevos terrores que me obligan a mantener cerrados los ojos.
Porque la oscuridad es reparadora. En los pozos de sombra solo veo las caras de aquellos que me dejaron atrás, y me solazo recordando los execrables actos que cometí sobre ellos y que concluyeron con mi inapelable condena.