Overlord: Incubus Supremo by Jack Jacques/ Peroroncino's-fan at Inkitt
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OVERLORD: Incubus Supremo

Summary

Satoru Suzuki siempre había confiado en la magia de ilusión, Aunque su gusto por la magia de Nigromante tampoco se quedaba atrás. Aquel día arrojó una moneda al aire y aquello decidió la raza que utilizaría para ayudar a su gremio. Los Incubus dotados de una alta capacidad magica- que ademas potencia la magia de ilusión -fue la respuesta final. Sin embargo, en el nuevo mundo al que llegaron, desde el inicio, la mente de Satoru Suzuki poco o nada podía hacer contra los nuevos lineamientos de su mente. ¿Hasta donde puede llegar un Rey que puede hacer que todos los amen?

Status
Ongoing
Chapters
31
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Chapter 1: Una mente llena de deseos.

Una gran mesa redonda de obsidiana brillante se encontraba en el centro de la cámara gremial, rodeada de 41 lujosos asientos.

Pero la mayoría estaban vacíos.

Solo dos siluetas eran visibles ahora donde todos los miembros alguna vez se sentaron.

Uno llevaba un elaborado uniforme militar formal color negro, que parecía desentonar con el aspecto fantaseoso de la escena, sin embargo, los grandes cuernos que salían de su cabeza lo traían de vuelta a ese aire místico del mundo en el que deambulaba más que en la realidad. Su traje decorado con pequeños detalles de un dorado superior al oro más puro, le hacían ver como un hombre noble elegante.

Llevaba el cabello suelto que caía sobre sus hombros, sin embargo había optado por hacer eso como una ilusión y no como parte de su apariencia de cabello un poco más corto, pues solo quería dar buena imagen a su viejo amigo.

El otro individuo que se sentaba junto a él, tampoco era un humano. Era un bulto negro de apariencia viscosa, como el alquitrán, estremeciéndose no mantenía su forma ni un solo segundo.

— Esto es increíble, Momonga-kun — comenzó a decir Herohero-san con un aire cansado y apagado, como solo el desvelo o la enfermedad pueden conseguir torcer a un hombre. — Has mantenido este lugar intacto… nada mal para un pervertido.

Momonga usó un icono de vergüenza.

— Para eso Herohero-san, tu sabes que solo estoy así para lograr la capacidad máxima de la magia de ilusión. — Señaló Momonga sin moverse de su sitio.

—¿Entonces era necesario para la magia hacerte tan atractivo? — preguntó Herohero tanteando a su amigo

Momonga utilizó un icono de negación y solo desvió la vista.

— Eso fue idea de Bukubukuchagama-san. Ella y Peroroncino-kun me ayudaron muchísimo con mi apariencia. — explicó Momonga con aire apurado. — a mi me pareció bien, ella incluso me regaló los cosméticos…

Herohero empezó a reír con más fuerza, de pronto se detuvo y soltó un suspiro cansado.

—Momonga-kun, me has hecho reír después de meses de intenso trabajo. Creo que solo me reí de esta manera la primera vez que cambié de empleo. Después de ahí, todo fue cuesta abajo, he trabajado turnos dobles desde entonces…

Cómo si cayera en cuenta de que se había extendido mucho, HeroHero se sorprendió.

— Ah, lo siento. Supongo que tenías pensado algo más para hoy y yo solo estoy hablando de mis problemas… — el slime hizo una reverencia de disculpas.

Momonga negó con las manos.

— no no, no te preocupes. — contestó apenado. — más importante, HeroHero-san. Deberías cuidar más tu salud, estás seguro que no necesitas una visita al médico?

— Dame un respiro, Momonga-kun… — replicó HeroHero. — Estoy a un paso de eso todavía, pero no sé si el agotamiento esté contemplado en el seguro médico.

Momonga suspiró y por un segundo se hizo un silencio tenso, aquel gremio invencible ahora era solo un recuerdo de lo que fue, abandonado por todos y solo Momonga lo custodiaba como el último guardián.

— En cualquier caso, me alegra ver qué estás bien, Momonga-kun. — añadió HeroHero y se puso de pie de su silla. — Has cuidado este gremio como un tesoro, no nos equivocamos al elegirte como líder de gremio. Gracias…

Momonga cabizbajo observó su uniforme militar y luego levantó la mirada con convicción.

— No, debo ser yo el que les agradezca, Yggdrasil fue mi mundo más que la realidad, ser parte de algo más grande me hizo bastante feliz. — respondió sintiendo como un nudo comenzaba a formarse en su garganta.

— Me alegro, viejo amigo. — añadió HeroHero. — De verdad me alegro mucho.

HeroHero se despidió poco después, dejando a Momonga solo en la habitación, cuarenta sillas vacías, ningún alma a la cual dirigirse.

De pronto, dió un puñetazo con fuerza a la mesa ovalada. El daño marcado fue “0” por el resistente material del que estaba hecha.

— ¡Maldición! Se que no podían jugar seguido porque tenían trabajo, pero hoy era el último día… incluso Touchme-san se conecto y se fué… — Su voz había comenzado con fuerza pero luego se volvió suave y sutil casi como una llama que se apaga. Luego negó con la cabeza.

— No, ellos tuvieron que seguir con sus vidas… — El líder de gremio se puso de pie y caminó por el borde de la mesa hasta llegar a un báculo que yacía sobre una vitrina.

Lo miró con atención, había trabajado con esmero por ese báculo junto a sus preciados amigos y ahora, ambos estaban solos.

— Supongo que está bien, porque es el último día. — comentó a lo bajo y extendió su mano para tomar el arma más poderosa del gremio, también la más delicada.

Sus manos vestían un guante negro que acarició el borde dorado del báculo. Luego lo puso a su lado y contempló cómo se veía. Era un lanzador mágico después de todo, pero nunca había portado el arma del gremio porque de caer con ella el gremio caería consigo. No lo hacía ni por descuido.

Miró hacia atrás antes de abandonar la cámara gremial. No parecía que nadie fuera a volver.

Al salir se topó con un grupo de criadas de batalla custodiando la puerta, además del mayordomo Sebas Tian mirándolo fijamente.

— Hmm. ¿Cómo era? — murmuró mientras los miraba. — Síganme.

Al decir esto, los sirvientes hicieron una fila, y continuaron avanzando sin vacilar hasta llegar a la sala del trono. Ahí la supervisora de los guardianes esperaba parada junto al trono en silencio, antes de subir los escalones al trono, Momonga hizo una seña para que los sirvientes se detuvieran.

Subió lentamente al trono y se sentó dejándose caer. Su mano se desvío a señalar las banderas que colgaban en lo alto del techo.

«HeroHero, Touch-san, Peroroncino, Ulbert, Bukubuku, … chicos » Murmuró desde lo más profundo de su mente. «¿De verdad eso fue todo?»

Giró su atención a Albedo que lo veía a espera de una orden, tomó el báculo del gremio y miró su descripción.

«¡Que extensa!» grito internamente mientras una larga lista de carácteres se extendía más y más. Hasta terminar de pronto con « Ella es una perra»

— ¿Eh? — masculló Momonga. — Tabula-san, no puedes simplemente poner esas cosas…

Sujetó su báculo del gremio y borró el último texto. Luego agregó. «Está profundamente enamorada de Momonga».

— Tsch, ¡Qué pena! — Grito Momonga.

«Supongo que Tabula-san no tienen derecho a quejarse, si no está aquí»

Se relajó en su asiento mientras veía el tiempo transcurrido. Llegar a su conteo final de medianoche.

— 11:59:55 segundos…56…57

«Bueno de todas formas trabajo temprano… »

00.00.01.

00:00.02.

— ¿Eh?

00:00:03.

El reloj siguió avanzando.

Momonga se quedó paralizado en el trono, los ojos esmeraldas fijos en la interfaz flotante. Los segundos siguieron corriendo: 04, 05, 06...

— ¿¡Eh!? — repitió, esta vez en tono incrédulo.

Su mente, adormecida por la nostalgia y la tristeza, de repente se puso en alerta máxima. Esto no era normal. El servidor debería haber sido desconectado. Debería estar siendo expulsado al menú principal, o al menos ver un mensaje de error.

— ¡Ventana de administración del gremio! — ordenó, con la voz un tanto más aguda de lo que pretendía.

La ventana apareció instantáneamente, llena de opciones y lecturas. Todo estaba activo. Todas las funciones de la Gran Tumba de Nazarick respondían.

— ¿Qué está pasando? — murmuró para sí mismo, su voz, ese seductor barítono, se cargó de confusión que resonó en el silencioso salón.

— ¿Mi señor? — La voz de Albedo, temerosa de ser grosera, lo sacó de su estupor. — ¿Ocurre algo?

Momonga giró la cabeza hacia ella. La veía con una claridad abrumadora. Podía distinguir cada hebra de su cabello negro, el brillo húmedo de sus ojos ámbar, la sutil elevación de su pecho al respirar. Respirar. Los NPCs no respiraban.

«¿Qué es esto?»

—¡Menú de usuario! — Exclamó Momonga pero no hubo reacción — contactar moderador.

Nada.

— ¿¡Qué significa esto!? — Rugió la potente voz de barítono del Incubus.

— ¿Momonga-sama? — Albedo se abalanzó sobre él, con un suplicante rostro temeroso. — ¿Está todo bien, Momonga-sama?

Para el líder de gremio fue sorprendente que la mujer desprendiera un aroma — y no uno cualquiera — era un aroma suave pero persistente, como el de las flores o dulces. ¿Los NPC tenían ese olor?

— Albedo — dijo, esforzándose porque su voz sonara calmada y autoritaria. El poder innato de su raza hizo que incluso esa simple palabra sonara a una orden envuelta en seda. — ¿Puedes... Acercarte, por favor?

La expresión de la mujer cambió repentinamente, a una confusión mayor. Nerviosa la mujer se acercó con las manos en el pecho, con la cabeza baja.

— Voy a tocarte. — afirmó con más calma de la que se creyó capaz. Para sorpresa de la guardiana su señor la tomó de la muñeca, Momonga pudo sentir el pulso.

«Oye, ¿De verdad esto es un juego?» pensó Satoru Suzuki.

Albedo solo soltó un suspiro, su rostro se tornó de un rojo cereza que Momonga encontró como evidencia de algo más grande, esos detalles no eran del juego de Yggdrasil.

— Sebas. — vociferó Momonga desde su trono.

— ¡Si!. — respondió de inmediato el guardián.

«Está bien si les doy una orden, ¿verdad?» Negó al pensar en eso y se decidió a hacerlo de todas maneras.

— Lleva al equipo de pléyades al exterior de la tumba, denme un informe completo de nuestros alrededores. — ordenó y el grupo de sirvientes hizo una reverencia.

— ¡Cómo ordene, Momonga-sama! — anunció el grupo.

Salieron de grupo a paso veloz, mientras el líder de gremio seguía sujetando la muñeca de la guardiana.

— Momonga-sama… — balbuceo suplicante Albedo, desviando la vista.

«Bien podría no tratarse de un juego, quizás sea una versión nueva del mismo que inició justo cuando terminó Yggdrasil» pensó Momonga. «Debo comprobar si es un juego o no».

El líder de gremio retiró su guante negro y sus anillos potenciadores, abrió y cerró la mano en un puño. Todas las sensaciones que implicaba hacer eso, el aire del salón, podía sentirlo. Era su piel real.

«¿Qué demonios…?» pensó perplejo, la cara fue percibida por Albedo.

— Momonga-sama… ¿Hay algún problema? — atinó a preguntar la ruborizada guardiana.

Momonga trago saliva, para su sorpresa la pudo sentir deslizándose por su garganta.

— ¿P-puedo tocarte el pecho, Albedo? — preguntó casi mordiendo su lengua.

Albedo sonrió con amplitud, se abalanzó más cerca de el y puso alegremente sus pechos al alcance de su amo.

— ¡S-si, Momonga-sama! — exclamó, el líder de gremio pudo ver sus alas moverse y una ampliación de ese aroma dulce que la envolvía.

Él acercó su mano titubeando, jamás había tocado un pecho en su vida, y ahora estaba a punto de hacerlo, aunque de verdad quería que apareciera una alerta de [comportamiento inapropiado]. Sin embargo nunca llegó, antes de darse cuenta ya tenía el enorme pecho de Albedo en su mano.

Albedo comenzó a gemir, mientras él la acariciaba, parecía feliz, su corazón latía con fuerza.

«Esto comprueba que no es el mismo juego… ¿Pero qué tal la categoría?» Razonó Satoru, sintiendo como su pulso también comenzaba a acelerarse. «No era raro ver niños en Yggdrasil, por lo que, si este juego solo cambió de categoría, quizás haya pasado de 10 en adelante a 17 en adelante, por lo tanto, ir más allá de esto podría no estar permitido».

— Voy a acariciarte más, Albedo. — anunció Momonga, deslizando su mano a través de su vestido, acariciando su piel, siento como su pecho terminaba en una punta redonda y suave.

Albedo asintió mientras el lo hacía, mordió su labio, y trató de ahogar los gemidos de placer.

— Momonga-sama, si desea tomarme aquí mismo… — susurró Albedo. No le pidió detenerse, sino que dejó caer la parte alta de su ropa, dejando ver un par de senos perfectos.

Satoru acercó su rostro, de pronto su visión estaba borrosa, se preguntó si podía lamerla — para su sorpresa y deleite — si que podía. Sin embargo, el calor en sus mejillas comenzó a subir, una sensación extraña de estar haciendo algo prohibido se apoderó de él.

Después de hacer eso, con la mente adormecida y entornando ambas manos con el cuerpo cálido y suave de Albedo, Momonga lo entendió.

«Esto ya no es Yggdrasil»

— Momonga-sama, ¿quiere hacerlo directamente aqui? — Albedo miró la sala del trono mordiendo ligeramente su mano para ahogar un gemido. — Eso es…

Un rubor más amplio decoró su torcida sonrisa y una risa diminuta escapó de sus labios. Momonga estuvo a punto de decir que si, quería tomarla ahí mismo, pero la sensación era rara. Se sentía como estar a punto de ser atrapado por algo, o como si debiera estar haciendo algo más.

— Yo… quiero…— murmuró Satoru Susuki— Pero tengo la ligera sensación de que no es momento…

Aquellas palabras escaparon de su boca y, aunque Albedo no se retiró, si se sorprendió lo suficiente para llamar la atención del líder de gremio. Momonga detuvo su jugueteo.

— Tiene razón Momonga-sama, ¿Que quiso decir hace un momento con menú de usuario?

Por un segundo, la mente de Momonga se mostró reacia a pensar en algo más que tocar a la mujer que tenía delante — ¿Que estaba pasando? — Él no era el tipo de hombre que se pierde entre deseos al ver a una mujer, aunque esta fuera muy atractiva, sin embargo, en ese momento, no podía quitarle los ojos de encima a la supervisora de los guardianes.

Momonga tragó saliva.

— Es un comando de líder de gremio para administrar cosas personalmente… por así decirlo. — No sabía si su respuesta tenía sentido, y Albedo pareció meditarlo también.

(Message)

— Momonga-sama… — farfulló la voz de Sebas en su cabeza.

Llamó la atención del líder de gremio el cómo sonaba el hechizo en su mente, era como estar conectado con el guardián a distancia y de forma telepática.

— ¿Cual es la situación, Sebas? — preguntó Momonga volviéndose a Albedo.

La guardiana cruzó sus brazos frente a ella y lo miro aún con timidez. Satoru no supo interpretar el gesto.

— Estamos rodeados de extensa pradera, no hay indicios de ciudades a la distancia o en el cielo. — explicó el guardián — ¿Desea que explore más allá de Nazarick?

— No, por favor vuelve cuanto antes y reportate en el coliseo del sexto piso. — ordenó Momonga.

— ¡Si!

(Fin del message)

Momonga fingió toser y se levantó de su trono sorprendiendo a la guardiana que lo miró con timidez.

— Seguiremos con esto en otro momento— señaló aun confundido consigo mismo por decir esas palabras — reúne a los guardianes en el coliseo del sexto piso.

— Momonga-sama, ¿Es que ha pasado algo de lo que no me haya dado cuenta? — preguntó la guardiana dando un paso hacia delante.

Momonga asintió.

— Si, esto ya no es Yggdrasil.

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Great Character

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Strong Dialog

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