prólogo
¿Existe siquiera la verdadera felicidad?
Esa era la única pregunta que rondaba su mente mientras las lágrimas surcaban su rostro. Su mundo, frágil y delicado, se derrumbaba entre las cuatro paredes que durante años habían sido su “refugio”.
Alaia Smith, de diecisiete años, estaba sentada en su habitación, sollozando desconsoladamente. Desde el pasillo llegaban ecos apagados: las voces tensas de sus padres resonaban, como un recordatorio constante de que la paz era solo una ilusión.
Solo tenía ocho años cuando aquello sucedió por primera vez: voces alzadas, palabras cortantes que dejaban cicatrices invisibles. En aquel entonces creyó que sería la última vez. Pero no sabía que apenas era el inicio de una tormenta que daría forma a toda su vida.