DOG [YoonMin]

Summary

Una vez hubo un joven omega, en pleno e hirviente celo, cuyo aroma sexual llenaba el aire de su reclusión. Solo su fiel compañero, un Gran Danés de impresionante tamaño, le hacía compañía; un animal cuyo excepcional sentido del olfato percibía cada gota de deseo y cuya lengua larga y hábil prometía ser el único alivio a su candente necesidad. 🎀Contenido meramente ficticio🎀 🎀YoonMin: Yoongi!Top x Jimin!Bottom 🎀Bestiality; Yoon!Gran Danés 🎀Omegaverse; Jimin!Omega y cambiaformas 🎀BoyPussy 🎀Urofilia ❗Lenguaje explícito y vulgar❗ ❗HISTORIA COMPLETAMENTE DE MI AUTORÍA❗NO PERMITO COPIAS, TRADUCCIONES, ADAPTACIONES TOTALES/PARCIALES BAJO NINGUNA CIRCUNSTANCIA, ¡RESPETA MI TRABAJO!

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Prólogo

Park Jimin no se ajustaba al paradigma habitual del omega. Desde la infancia, percibió las miradas expectantes, como si su existencia estuviera predeterminada a encajar en el molde social: sumiso, delicado, obediente, siempre subordinado al alfa, obligado a seguir normas establecidas por un sistema que le negaba el poder. Sin embargo, una llama de rebeldía ardía en su interior desde el primer momento en que comprendió su propia naturaleza, impulsándolo a desafiar las expectativas y los roles predefinidos impuestos sin su consentimiento. Se percibía distinto, no solo en su conducta, sino en su misma esencia.


A lo largo de su trayectoria, esta necesidad de subvertir el estereotipo trascendió la mera resistencia interna. Mientras otros omegas aceptaban su destino en sumisión, inclinando la cabeza ante los alfas, Jimin mantenía la frente erguida. Había en su semblante una firmeza inquebrantable que lo distinguía, una audacia que provocaba la murmuración. Era visto con recelo, su sola presencia una amenaza a la estructura social establecida. Su comportamiento se situaba notablemente fuera de los márgenes de la norma.


Jimin había forjado un camino que lo había llevado a una posición donde pocos alfas lograban imponer su jerarquía, con las únicas excepciones de su madre y su hermano mayor. Sentía una aversión profunda hacia los alfas. Le era incomprensible la necesidad instintiva de otros omegas de someterse, buscando en ellos protección, provisión y seguridad. Para él, los alfas eran seres torpes y egoístas, guiados por la sola satisfacción de sus impulsos, utilizando su rango para la opresión. La Voz de Mando, ese tono imperioso que coaccionaba la obediencia, era su máxima abominación, una herramienta de humillación que obligaba a omegas y betas a la inclinación y la exposición servil.


Pese a su rechazo, su propia naturaleza era inescapable. Sus ciclos de celo eran un recordatorio constante de su realidad biológica: intensos, sofocantes, una tormenta de sensaciones que lo subyugaba. En esos períodos, su cuerpo era su propio traidor; sus entrañas se contraían dolorosamente y su mente se ofuscaba por un deseo casi insostenible. Su figura, usualmente firme, se doblegaba bajo la presión de su propio fervor.


Los espasmos y calambres uterinos lo obligaban al aislamiento, recluido en su departamento semanas antes del inicio. Su aroma se intensificaba, convirtiéndose en una trampa aromática para cualquier alfa. Los supresores y sprays enmascaradores eran su única defensa, aunque a menudo resultaban insuficientes.


Al llegar al punto culminante, Jimin se hallaba atrapado entre el fuego de su deseo y su férrea obstinación. Su cuerpo ardía; cada fibra de su ser exigía una liberación que se negaba a conceder. Los síntomas lo invadían con ferocidad: la piel de su cuello e ingle se volvía hipersensible, el calor lo sofocaba desde el núcleo, y la humedad precelo que comenzaba a manar entre sus muslos era la prueba de la voluntad de su cuerpo. Su vagina, hinchada y famélica, se contraía inútilmente, anhelando una intrusión que él no estaba dispuesto a permitir.


Había recurrido a todo: remedios ancestrales y supresores de potencia alfa. Incluso su nido, construido con esencias familiares, apenas ofrecía un consuelo temporal. Esta vez, el celo lo había asaltado con una violencia inusitada.


Esa tarde, agotado y sin el alcance de sus supresores, el fuego del vientre se intensificó, provocando espasmos de puro dolor. Su habitación se saturó con la llamada de sus feromonas, un reclamo irresistible para cualquier animal caliente. Su rajita hinchada y famélica se contraía furiosamente, añorando la embestida de un pedazo de verga ardiente que la reventara, que la abriera y asegurara su prole.


Su clítoris, tieso y listo, no encontraba alivio ni en la fricción implacable de sus dedos ni en el plástico falso. La necesidad de ser ensartado y preñado por una polla de verdad era un grito desesperado.


El raciocinio se fue a la mierda entre contracciones y el calor insoportable. Fue en ese momento que Yoon, su Gran Danés, irrumpió. El cabrón, guiado por la estela tentadora, se acercó, husmeando la sábana que cubría el cuerpo caliente de su amo, percibiendo el dulce reclamo de la "perra en celo". Su instinto le ordenó montarlo y clavarle su nudo, vaciándole chorros calientes de semen directo en su útero.


El horror de Jimin se ahogó en un gemido lastimero. El Gran Danés no esperó. Guiado por el instinto y por el olor a carne mojada, Yoon empujó el hocico, lamiendo y sorbiendo con urgencia la rajita abierta que se ofrecía bajo la sábana. La lengua, áspera como lija, se hundía en el coño hinchado, babeándolo, mientras el cuerpo del omega se convulsionaba, ya incapaz de rehusar el contacto. El animal gruñó, empujándose con sus patas delanteras sobre el torso flácido de Jimin.


La cabeza enorme del perro se interpuso entre los muslos temblorosos, y con un empuje seco y violento, el Gran Danés clavó su polla gruesa y caliente en el agujero hambriento. El golpe hizo que Jimin gritara, una mezcla de dolor puro y excitación obscena, mientras la verga bestial comenzaba su faena, bombeando contra las paredes interiores que se abrían a la fuerza para recibirlo.












--Tatiss