Mi Pequeña Hada

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Summary

Kim, un joven coreano común, es arrancado de su mundo y lanzado a un reino fantástico donde dragones surcan los cielos y demonios acechan en las sombras. Perdido en un bosque aterrador, Kim lucha por sobrevivir mientras descubre criaturas mágicas y secretos antiguos. Entre peligros y alianzas inesperadas, conoce a Lyria, una pequeña hada con un ala rota. Lo que comienza como un acto de compasión se convierte en una historia de amor que desafía mundos. Juntos, tras un año de pruebas y aventuras, sueñan con construir un hogar, una familia y una aldea donde la esperanza florezca.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

El frío fue lo primero que sintió. Un frío que no pertenecía a ninguna estación que conociera. Kim abrió los ojos lentamente, y lo que vio lo dejó sin aliento: un cielo cubierto por ramas negras, retorcidas como garras, bloqueando cualquier rastro de luz solar. El suelo era húmedo, y un olor a tierra podrida impregnaba el aire.

—¿Dónde… estoy? —murmuró, su voz quebrada por el desconcierto.

Se incorporó con dificultad, notando que su ropa estaba empapada y cubierta de barro. Buscó instintivamente su smartphone en el bolsillo. Lo encontró, pero la pantalla solo mostró un mensaje cruel: Sin señal.

—Genial… —dijo con sarcasmo, intentando mantener la calma—. ¿Me teletransportaron a la versión oscura de Corea? ¿O esto es un maldito escape room extremo?

El silencio respondió. Un silencio tan profundo que parecía absorber sus palabras.

Entonces, un rugido grave rompió la quietud. Kim sintió cómo la piel se le erizaba. Giró la cabeza lentamente, y entre las sombras vio dos ojos rojos brillando, acercándose con pasos pesados.

—Oh no… no, no, no… —susurró, retrocediendo mientras su corazón golpeaba como un tambor.

La criatura emergió de la oscuridad: un lobo enorme, con pelaje negro y colmillos como dagas. Su respiración era un vapor caliente que contrastaba con el frío del bosque.

—¡Esto no es un drama romántico, esto es Dark Souls! —gritó Kim, girando sobre sus talones y corriendo sin rumbo.

Las ramas lo golpeaban en la cara mientras corría. El suelo irregular lo hacía tropezar una y otra vez. El rugido del lobo se acercaba, cada vez más fuerte. Kim sintió que sus piernas no responderían mucho más.

—¡¿En serio?! ¡¿Así termina mi vida?! ¡¿Comido por un perro mutante?! —jadeó, con lágrimas en los ojos.

Tropezó con una raíz y cayó de bruces. El dolor le arrancó un grito. Intentó levantarse, pero el lobo ya estaba sobre él, sus colmillos brillando bajo la tenue luz.

Kim cerró los ojos, esperando el golpe final.

Pero entonces, un silbido cortó el aire. Una flecha se clavó en el lomo del lobo, que soltó un aullido furioso. Otra flecha siguió, y la bestia cayó al suelo, retorciéndose antes de quedar inmóvil.

Kim abrió los ojos, temblando. Frente a él, una figura femenina emergió de las sombras: alta, con orejas puntiagudas y una cola felina que se movía con gracia. Su armadura ligera dejaba ver músculos definidos, y sus ojos dorados lo miraban con desconfianza.

—¿Qué haces aquí, humano? —preguntó con voz fría, tensando el arco.

Kim tragó saliva. —Yo… eh… turismo extremo —respondió, intentando sonreír.

La chica bestia arqueó una ceja. —Este bosque devora a los débiles. Si quieres vivir, sígueme.

Kim la siguió, tambaleante, hasta una aldea oculta entre árboles gigantes. Las casas eran chozas de madera y piedra, iluminadas por antorchas que proyectaban sombras inquietantes. Criaturas mitad humanas, mitad animales lo observaban como si fuera un bicho raro.

—¿Por qué todos me miran como si fuera un pollo asado? —susurró Kim. —Porque lo eres —respondió la chica bestia, sin mirarlo.

Kim intentó explicar su mundo, pero cuando mencionó “electricidad” y “Wi-Fi”, todos lo miraron como si hablara magia prohibida. —Genial… soy el loco del pueblo —pensó, suspirando.

Esa noche, mientras intentaba dormir en una choza improvisada, escuchó un susurro entre los árboles: —Ayúdame…

Kim se levantó, intrigado. No sabía que ese susurro cambiaría su vida para siempre.