El interior
Podía escuchar el viento a través de la ventana, sonaba de manera brusca y ruda indicando que se aproximaba una tormenta; las cortinas, de un suave color gris apagado ni se inmutaron con tal viento; movía mis ojos alrededor de toda mi habitación, supongo que estaba esperando que algo cambiara en algún momento pero… todo siguió igual.
Decidí mirar hacia arriba, en el techo mi todo un mundo de posibilidades, vi las estrellas luminiscentes que me iluminaban en la oscuridad, vi las telarañas en lo más alto, vi el techo recubierto de una fina madera que hacía que el cuarto tuviese un aire a palacio.
Ese fue el momento en que empecé a imaginarme que todo lo que me rodeaba en ese instante tenía vida, imaginaba que dentro de las cortinas, del techo, de las estrellas y de todo lo demás… había un mundo inmenso, un mundo como el nuestro, con sus seres vivos y con sus problemas, mundos que en su interior rebosaba de vida.
Ahí fue cuando lo escuché: era el sonido de mi alarma de las 5:00am, había llegado el momento de despertar, el momento de decirle adiós a todo este maravilloso mundo que había creado, el deseo de anhelar seguir soñando puede ser fuerte pero, el hecho de pensar que cuando despierte puedo soñar despierto con esos maravillosos mundos es magnífico.
Así fue como sin mirar atrás desperté y, salí de mi interior.