Sai y el misterioso libro Gay
Sai se encontraba sentado en la sala de su departamento, observando con el ceño fruncido el libro que descansaba sobre la mesa. En la portada debía leerse "1000 formas de expresar y entender tus sentimientos - Segunda parte", pero en su lugar había una novela de título extraño y portada colorida que no recordaba haber elegido.
Recordó que esa mañana había ido a la librería de Konoha a buscar la nueva edición de su libro favorito y que, por accidente, chocó con una joven al salir. Probablemente sus bolsas se habían mezclado. Dejó escapar un suspiro de frustración, un hábito adquirido recientemente. Pensaba pasar la tarde leyendo, aprovechando la tregua de las misiones y el entrenamiento de Naruto. La fea de Sakura estaba, como de costumbre, en el hospital. Sai pensó ir de inmediato a devolver el libro y recuperar el suyo, así que con eso en mente. Se puso de pie con la intención de ir rápido a la librería, pero al hacerlo, el libro se cayó y se abrió en el piso.
Los ojos ágiles de Sai, entrenados para descifrar formaciones enemigas, leyeron los primeros párrafos. Descubrió que era una novela. Al parecer, romántica. Su curiosidad se activó. Según su investigación de campo, las novelas eran material valioso para observar el funcionamiento del comportamiento humano en diversas situaciones sociales. Decidió echarle un vistazo, ya que el intercambio ya era un hecho.
Mientras leía, Sai descubrió que la trama se centraba en un romance entre dos hombres, un nuevo catálogo para su base de datos de relaciones interpersonales. El shinobi continuó la lectura, pero a medida que avanzaba, las situaciones se volvían lógicamente insostenibles. Su cerebro, que había manejado las complejidades de la guerra, se bloqueaba con frases incomprensibles. No lograba entender por qué uno de los protagonistas permitía que lo empotraran contra una pared sin ofrecer resistencia, y el significado de la palabra "gemido" era un código indescifrable.
Las dudas se acumulaban, un cúmulo de inconsistencias que demandaban una explicación. Sai, impulsado por su método, decidió tomar un pergamino para anotar todas sus preguntas, planeando consultar a un experto en emociones o, mejor aún, en descarte lógico de problemas.
Sai llevaba horas leyendo cuando, absorto en una escena de intenso deseo carnal, su cuerpo empezó a sentirse caliente sin motivo aparente.
-¿Me estaré enfermando? -se cuestionó, dejando el libro a un lado.
Podía sentir su pulso algo acelerado y su cuerpo más caliente de lo normal. No le tomó mucha importancia; podía pedirle a Sakura que le diera alguna medicina. Retomó la lectura de aquella escena, pero mientras más se enfocaba en el texto, podía sentir escalofríos recorrer su cuerpo y un ardor concentrado en el vientre bajo. La sensación era totalmente nueva.
Sai se recostó boca abajo en la cama. Inconscientemente, comenzó a mover sus caderas contra el mullido colchón, creando una fricción que aliviaba la tensión de la erección creciente. Sus ojos se movían rápidamente por cada escena, y sus caderas se restregaban con celeridad.
Los jadeos, suaves y apenas audibles, empezaron a deslizarse de sus labios, acompañando el cosquilleo que se implantaba en su vientre. La sensación era deliciosa, algo que no conocía ni había experimentado. Su mente se nubló, dominada por el creciente placer que recorría su cuerpo. Los jadeos y suaves gemidos llenaron la habitación mientras la pálida piel de Sai se tornaba de un rosa casi pecaminoso que se esparcía por su cuerpo lechoso. Sus labios, entreabiertos, creaban una imagen vulnerable, pero Sai no era consciente de nada de esto. El placer se había apoderado de su cuerpo, y las caderas del ex-ANBU de Raíz se movieron frenéticamente contra la placentera fricción del colchón.
-Ammm... ahg...
Sai sintió cómo su vientre se apretó de una manera tan caliente que el placer lo golpeó, culminando en la liberación. La saliva se deslizaba por la comisura de sus labios mientras su cuerpo temblaba con leves espasmos. El libro se deslizó de sus dedos, cayendo al suelo. Su mente era un caos, llena de preguntas: ¿Qué había sido eso? ¿Por qué nunca había experimentado tal cosa?
Después de unos segundos, la conciencia de Sai regresó.
-¿Qué fue eso? -murmuró, mordiendo su labio.
Sus manos bajaron hasta su pantalón. Lo estiró y pudo ver manchas de un líquido blanco que, al parecer, había salido de su pene.
-Así que esto es el semen. Lo había leído en algún libro de biología, pero es la primera vez que lo veo. -El tono era de un científico que acaba de ver un compuesto en la vida real. -La teoría es insuficiente sin la validación práctica...
Sai se sentía confundido, pero a la vez, lleno de una curiosidad abrumadora. Miró el libro en el suelo y lo tomó en sus manos. Aquel texto había sido el causante directo de este nuevo descubrimiento. Aunque su rostro mantenía su falsa sonrisa, en sus ojos brilló un destello de genuino interés.
Esa noche, después de un baño y con la habitación en silencio, Sai tomó el libro entre sus manos una vez más. Si algo había aprendido en la raíz era que toda incógnita debía resolverse, así que su nueva misión era descubrir qué elementos narrativos específicos habían ocasionado esa reacción en su cuerpo y, más importante, cómo podía repetirla y optimizar su eficiencia. Su nueva misión era el análisis científico del placer.
Esa noche, el exmiembro de Raíz apenas pegó los ojos. Había pasado horas leyendo, subrayando párrafos y anotando cada duda o sensación nueva que la lectura despertaba en él. Su mente intentaba crear patrones y correlaciones. ¿El contacto visual era un factor? ¿El diálogo dulce era más eficiente que el rudo?
Pero entre más descubría, más crecían sus dudas. Las notas se apilaban: La química descrita supera los límites de la procreación. ¿Propósito secundario del acto carnal? Había creído que los actos carnales se daban únicamente para asegurar la línea de descendencia, una fría necesidad biológica. Ahora, la novela exponía un mundo donde las personas se involucraban en el acto por el simple placer que desencadenaba. Una complejidad que su entrenamiento jamás había abarcado.
Cuando el sol empezó a filtrarse entre las cortinas, Sai se dio cuenta de que había amanecido. No lo molestaba; al contrario, sentía una determinación poco común. Por primera vez, algo había capturado por completo su atención más allá de las misiones y el arte.
Con una eficiencia impecable, Sai se dispuso a prepararse. Tras un rápido desayuno de raciones nutricionales, se colocó su uniforme ANBU y su armamento ninja. Estaba listo, no para el combate, sino para la adquisición de material de inteligencia.
Aún podía recordar la sensación cálida y placentera que había recorrido su cuerpo la noche anterior. Instintivamente, su mano se posó sobre su desnudo vientre, recordando la forma en que se había apretado, caliente y tenso, antes de que todo explotara en sensaciones inauditas. Dejó rápidamente esos pensamientos de lado; la experimentación personal vendría después de la recolección de datos.
Se encaminó con un único propósito en su cabeza: ir a la librería de Konoha. Necesitaba conseguir más novelas de esa índole para aumentar el volumen de sus datos cualitativos. Además, buscaría libros fisiológicos para comprender el accionar de su cuerpo desde una perspectiva científica.
Sai salió de su apartamento con la misma seriedad con la que afrontaba una misión de asesinato; solo que esta vez, el objetivo era el conocimiento del placer.
.....
El Ex ANBU entró en la Librería de Konoha con un objetivo claro: conseguir material para su nueva investigación. Vestía su uniforme estándar de Konoha, pero lo que realmente llamaba la atención era su sonrisa, permanentemente dibujada, que nunca llegaba a sus ojos.
El encargado de la librería, un hombrecillo llamado Fumi con gafas y el alma ya acostumbrada a los pedidos extraños de los ninjas, estaba ordenando la pila de nuevos lanzamientos. Levantó la vista al ver a Sai acercarse al mostrador.
Fumi sonrió, aunque con cautela. Estaba acostumbrado al enigma Sai.
-¡Joven Sai! -Buenos días -saludó Fumi, con una sonrisa tensa-. Pareces concentrado. ¿Vienes por más libros sobre las interacciones sociales o el último análisis de las conexiones humanas?"
-Buenos días, Fumi-san, - replicó Sai. -No, mi motivo es diferente hoy. Vengo a expandir mi investigación sobre la respuesta biológica humana al estímulo carnal.
Fumi palideció. -¿Fisiología? ¿Libros de anatomía... tal vez?
-Esos también -concedió Sai. Entonces, sin preámbulos, sacó de su mochila la novela de tapas blandas, la colocó sobre el mostrador, y la abrió.
-Necesito más material de esta índole - continuó Sai, señalando el texto. Dos chūnin mirando mapas y una anciana leyendo cerca de ellos levantaron la cabeza, atraídos por la voz monótona de Sai.
-He verificado que el romance centrado en dos sujetos masculinos ofrece un catálogo más eficiente de la intensidad de la respuesta. Por lo tanto, requiero específicamente más novelas de género homosexual.
El pobre Fumi se quedó petrificado. El color subió por su cuello hasta la punta de sus orejas. Miró el libro, luego a Sai, y luego a la anciana de los libros de cocina, que ahora lo miraba a él con la boca abierta. El aire en la librería se volvió grueso, como si un genjutsu de vergüenza colectiva hubiera sido activado.
¡Dios mío! ¡Está pidiendo eso como si fuera pasta de dientes! ¡Y a mí! pensó Fumi, intentando desesperadamente que su voz no se quebrara. Normalmente las personas no pedían el material solo lo buscaban pero este chico no conocía la desencia.
-Yo... Joven Sai -tartamudeó, intentando hablar en voz baja. -¿Podríamos... podrías hablar... más discretamente?.
-¿Discretamente? -Sai inclinó la cabeza, su sonrisa se hizo ligeramente más ancha, como si el vendedor le estuviera dando una lección de etiqueta social y él ya sabía la respuesta. -Entiendo. ¿Se debe al factor timidez? El manual de interacciones sociales sugiere que bajar el tono indica secreto.
La anciana se sonrojó y se alejó rápidamente. Los chūnin se ahogaron con sus propias risas disimuladas.
-Sí, ¡secreto! ¡Totalmente secreto! - chilló Fumi, asintiendo vigorosamente y sin más optó por llamar a alguien más para encargarse del extraño chico.
-¡S-Sumire! ¡Sumire, ven aquí un momento! -gritó Fumi, su voz temblorosa. -¡Necesito ayuda con un cliente especial!.
De la trastienda salió una chica joven, Sumire, con el pelo recogido, claramente irritada.
-¿Qué pasa, papá? Estoy en la contabilidad - dijo Sumire, antes de notar el silencio y la postura rígida de su padre.
-Ayuda al joven Sai, por favor -dijo Fumi, con grandes y dramáticas comillas en el aire. -Necesita más... 'novelas de índole especial'."
Sumire se quedó en blanco. Miró a Sai, a su sonrisa, y luego al libro en el mostrador. Un brillo de resignación y diversión cruzó su mirada.
-De acuerdo -dijo Sumire, con una franqueza cansada. Se acercó a Sai. -Sígueme, rarito.
-¡Sumire! -la reprendió Fumi; su voz era un gemido de dolor.
Sumire no le hizo caso. Simplemente giró sobre sus talones.
Sai, que registró la palabra "rarito" como una nueva clasificación de comportamiento social peculiar, asintió.
"Aceptable," dijo Sai. Tomó su libro y siguió a Sumire con la misma calma con la que seguiría a un oficial superior. Dejó a Fumi apoyado en el mostrador.
-Definitivamente... Necesito vacaciones -murmuró fumi.








