Sácame de aquí

All Rights Reserved ©

Summary

En la oscuridad de una celda se escondían todos los secretos de Ferdinand esperando a ser encontrados por cualquiera que fuera lo suficientemente valiente como para echar un vistazo antes de perder la cabeza de un solo golpe. Después de que la joven hija del cansiller lovernet lo obligará a contraer matrimonio, Ferdinand paso de vivir en una villa alejada de la cuidad junto a su amigo suriel a ser una de las personas más importantes del imperio y aunque nada de esto era algo que el deseaba tener en su vida tenía que hacerlo para proteger a lo único que realmente le importaba en su vida.

Genre
Romance
Author
Wey ying
Status
Ongoing
Chapters
12
Rating
n/a
Age Rating
18+

El dedo que me señala. 1

La lluvia caía sin parar mojando las calles empedradas de la capital. Personas corrían para refugiarse y otras tantas no tenían un lugar al cual llegar por lo que debían soportar con esperanza de un futuro mejor. En medio de todo esa miseria se encontraba Ferdinand, un hombre alto de cabello oscuro un poco largo y peinado bien elaborado que la lluvia no tardo en deshacer, sus ojos eran marrones ligeramente claros y junto a ellos un lunar. A simple vista podría parecer un hombre rico más del montón; sin embargo la realidad para el era una muy distinta. Vivía preso de su propia belleza masculina, un rostro y un cuerpo que eran la envidia de todos los hombres en la capital. Algo que el no había pedido, mas tenia que aceptar con resignación.

A paso lento como si no quisiera llegar a su destino, ferdinand caminaba por las sucias calles mojando sus zapatos de cuero finamente pulidos. Sus pensamientos divagaban entre una cosa y otra provocando que no se diera cuenta de nada que sucediera a su alrededor. El solo quería terminar con el asunto que tenia entre manos para poder regresar a la mansión de nuevo y descansar aun que fuera un instante de su angustiosa vida.

Después de un par de minutos llego a su destino, una puerta roja qué parecía no ser afectada por el paso del tiempo y una campana que seguía sonando igual que la última vez que la había tocado cuando era niño. Dio dos golpes a la madera y se alejo un poco esperando que lo atendieran. Luego de un par de segundos la puerta se abrió dejando ver a un niño pequeño que lo miraba con intriga.

—hola pequeño ¿esta tu madre? —pregunto Ferdinand dibujando una cálida sonrisa en su rostro. Lidiar con niños era lo que menos soportaba, no obstante no le gustaba ser malo con ellos y menos cuando ese niño era familiar suyo.

—no, pero esta Laura, ella nos está cuidando. —contesto el niño tallandose los ojos. Al parecer se acababa de levantar de la cama.

—podrías informarle a tu hermana que la estoy buscando, por favor.—el niño asintió dejando a Ferdinand esperando fuera de la humilde casa y después de unos minutos volvió con una chica joven que se veía notablemente cansada por las ojeras y el cabello echo un nudo, la chica miro a Ferdinand de arriba abajo extrañada por su apariencia tan pulcra que no encajaba con el lugar. —buenas noches, me gustaría que le entregaras un recado a Lucia cuando ella regrese a su hogar...es una carta y contiene información de una cuenta de banco en donde hay cierta cantidad de dinero para ella y para ustedes.

—entiendo, usted debe ser alguno de sus clientes más prestigiosos ¿me podría dar su nombre para dejar el recado completo buen hombre? —respondió la chica abriendo los ojos con sorpresa, por lo amable que era el hombre misterioso.

—no puedo decírselo joven dama, pero ella sabe quien soy, dígale que no me vuelva a buscar y que nuestro trato está cerrado, no quiero saber nada de ella en mi vida. —comento Ferdinand entregando en la carta en las manos ásperas de la joven, dedicó una breve reverencia de despedida y dio media vuelta para alejarse de aquella casa de la que no tenía absolutamente ningún buen recuerdo y de la que por fin se pudo liberar aquella tarde lluviosa de verano.

Al caminar de regreso a su hogar se percató de que alguien le seguía los pasos de cerca, pero sin ánimos de voltear se refugio en un callejón y encendió un cigarrillo esperando que los perros de su prometida dejaran de seguirlo a cualquier lado que fuera. De su pesado abrigo saco un pequeño espejo y comenzó a espejear para saber si todavía le seguían el paso o se habían rendido, por desgracia no logro ver nada. Suspiro con resignación y volvió a caminar en dirección a la mansión donde vivía, sintiendo de nuevo esos pasos detrás de él.

Una vez fuera de su destino observó un poco el barandal que separaba la calle de su vivienda. lo contempló hasta sentir que todo su cuerpo había sido empapado por la cálida lluvia —"debi ir a la cantina por un trago en lugar de venir a este repugnante lugar...por lo menos ahí me tratan más decentemente" —pensó ferdinand abriendo la reja sin dificultad y caminando hasta la puerta principal.

Al entrar observo con detenimiento todo el salon con decoraciones tan extravagantes y caras como el maquillaje de su joven prometida.un suspiro salio de su boca antes de seguir con su camino hasta su habitación antes de que la bruja se apareciera por ahí de repente como solía hacerlo cuando llegaba de algún lugar fuera y que tantas veces le había repetido que no lo hiciera, a su vez también para quitarse toda la ropa que había sido empapada por la lluvia.

Una vez dentro de la habitación reviso cada espacio estratégico dentro que delatara a cualquiera que hubiera entrado sin previo aviso a su lugar sagrado, mas no encontro nada fuera de su lugar. Se tranquilizo un poco he ingreso al baño despojándose de toda su ropa mojada, la tina de madera estaba llena de agua como lo había pedido anteriormente a los sirvientes y tan pronto como estuvo desnudo ingreso al agua dejándose llevar por su calidez.

Su ritual de baño de las tardes era algo que por nada del mundo podía perderse y menos en un día tan agotador como el que había tenido, dejo caer su cabeza hacia atrás mientras reflexionaba un poco. Mientras reflexionaba sobre todo lo que había hecho durante el di recordo el jabón de aromas nuevo que había olvidado comprar para su colección de aromas relajantes y que probablemente ya había sido agotada por todas las damas. Sus paz se vio interrumpida abruptamente cuando una sirvienta toco tres veces la puerta del baño y entró al baño para entregar un conjunto de ropa limpia.

—¿cumpliste con lo que te dije?—pregunto Ferdinand sin mirarla a los ojos. La mujer asintio con firmeza.

—si mi señor, hice todo lo que usted me ordenó sin errores.

—eso es bueno, puedes retirarte y recuerda no decirle nada a Carlota o nos pondremos en peligro los dos.—sentenció y la mujer de inmediato salió del cuarto de baño dejandolo solo de nuevo.

Mas tarde ese mismo día, ferdinand se encontraba relajado en su sofá favorito de cuero negro azabache, mientras disfrutaba de la brisa de la lluvia que se filtraba por la ventana que estaba justo al lado y no podía faltar el periódico de la semanal que leia todos los días para entretenerse junto a su fiel taza de té Oolong. Cuando un sirviente tocó a su puerta con rapidez quebrantando su paz. —lord ferdinand, lady Carlota desea verlo en su estudio, dice que es urgente que asista a su llamado. —dijo el chico con nerviosismo y se retiro al escuchar las palabras afirmativas de su lord.

Ferdinand soltó un suspiro al aire tan pesado como un par de rocas en el mar. Se levantó de su asiento miro la hora en el reloj de pared y abandono su lugar sagrado para ir directamente al despacho de su prometida no sin antes darle un último vistazo a una esquina en particular. Sus pasos eran pesados y la madera vieja de la mansión resonaba con fuerza provocando una ligera incomodidad en ferdinand qué luchaba por ignorar, mas no podía pasar por alto por completo.

Al llegar toco dos veces y luego ingreso con cautela. Lo primero que logro observar fue a su prometida acostada sobre una pila de papeles que no parecían ser importantes puesto que ya estaban todos manchados de maquillaje como si no fuera la primera vez que se recargaba sobre ellos. Ferdinand la miró abrumado y ella le dedicó una tierna mirada qué solo lo abrumó más.

—¿para que me necesitas esta vez? —pregunto tomando asiento en uno de los sillones individuales qué estaban lo más lejos posible de la chica. Ella noto el hecho, pero no dijo nada, solo se limito a decir con voz tierna y exageradamente chillona.

—mi padre acaba de entregarme una carta diciendo que la guerra pronto terminará y teniendo en cuenta que nos casaremos una vez que termine, entonces son buenas noticias ¿no cariño? —la mujer de negra cabellera y ojos azules como el resplandeciente cielo acomodo deliberadamente su escote para dejarlo a la vista del hombre que tenía sentado delante de ella, pero este ni si quiera la miro donde ella quería.

—¿eso es lo que querías informarme? ...Tengo cosas más importantes que hacer, debiste haberle dicho a alguien que me lo comunicará así no pierdo el tiempo caminando hasta aquí.—respondio Ferdinand cruzandose de brasos y cambiando su expresión por una mas molesta que termino con la paciencia limitada de la mujer.

Él ambiente se volvió tenso he incómodo de golpe. La chica lo observó unos minutos antes de abrir la boca de nuevo, pero se detuvo antes de hablar y solo suspiro. Ferdinand por su parte solo estaba esperando el motivo oportuno para salir de esa habitación corriendo si fuera necesario. La chica recobro su compostura he intento de nuevo atraer la atención de fferdinand.

—cariño, recuerda que tenemos que pasar tiempo juntos antes de la boda para conocernos mejor y compartir bellos recuerdos que les podremos contar a nuestros hijos en un futuro. —contesto la chica acercándose a Ferdinand a paso lento. La luz naranja y rosa del atardecer se reflejaba en los ventanales detrás de ella he impregnaban la oficina con una calidez casi mágica, que Ferdinand no se detuvo a admirar.

—¡suficiente!... Carlota sabes bien que este matrimonio no es mi deseo en absoluto, por favor abstente de hacer ideas sobre estupideces románticas. —ordenó Ferdinand para después levantarse de su asiento lanzándole una mírada hostil a la chica. Su paciencia se había agotado muy rapido y aunque no le gustaba ser una persona agresiva, la chica siempre encontraba la forma de sacar ese lado malo de el. —si me permites me retiro ahora, cualquier cosa absurda que quieras comunicar conmigo díselo a tu madre y no me molestes mas a mi.

—si te sigues comportando como un rata de campo le quitaré los privilegios que goza esa cosa que tienes en el sótano.—escupio la Carlota con seriedad sepulcral. Ferdinand la miro con terror en sus ojos, justo lo que ella deseaba.

—¿c-como es que sabes de eso? —la mirada de Ferdinand había cambiado de una seria y severa a una completamente opuesta en un instante. Una gota de sudor recorrió su cara y rápidamente desvío la mirada hacia otro lado intentando controlarse.

—espero que con eso te quede claro que no puedes comportarte asi o si no todos se burlaran de mi por quedarme con una sucia rata como tu. —dijo la chica regresando a su escritorio con paso lento, pero firme y antes de sentarse lo miro con seriedad. —esta vez queda solo en una amenaza, no obstante la próxima sera verdad, piensa muy bien en lo que haces Ferdinand Wilde...ya puedes retirarte.

Ferdinand no dijo nada más y se retiró como perro con la cola entre las patas lo mas rápido que su piernas le respondieron. Odiaba la idea de que alguien usará su unica debilidad en su contra porque sabía perfectamente que eso lo hacía ceder o perder el control de inmediato eso era algo de lo que no estaba orgulloso por completo .