La tinta y la libertad
Pensar se ha vuelto una pluma quebrada,
mellada y despojada de su antiguo poder,
que antaño ascendió la voz a la acción
y abrió en vuelo la puerta de la libertad.
Con la tinta, aliada del poeta y del sabio,
del rebelde que cortó vendas con la palabra;
pero que hoy yace olvidada, como reliquia,
bajo la vitrina vieja y polvorienta.
¿De qué raíz brota el desprecio que la veda?
¿Será por no brillar como el mercado exige?
¿O del odio que se siembra desde la infancia,
por aquellos que temen ser cuestionados?
Así se cosecha un hábito que devora lento
en un bucle infinito el pensamiento crítico,
y reduce nuestras vidas a un consumo ciego,
con hilos de dopamina que ciñen con adicción.
Mas, por densas y grises que sean las nubes,
la luz del sol persiste, cubierta pero encendida;
igual que el corazón, latente aunque trivializado,
igual que nuestra voz, igual que nuestra libertad.
Libertad que no habita en billetes de algodón,
ni en los fríos gabinetes donde manda el poder.
Está viva a tu lado, en la punta de un lapicero,
y en la hoja de papel que espera en blanco.
Está aquí, en la tinta que traduce nuestro pensar,
quieta en una página, que despierta nuestra verdad.
Aun si la tinta se volviera lluvia y me mojara al pasar,
con cada gota, aun me atrevería a inventar mi libertad.