Dulce y doloroso magnetismo.

Summary

Cuando Naruto y Sakura comienzan a verse con más frecuencia, es imposible no darse cuenta del inevitable magnetismo que los atrae. La química entre ellos es innegable e insoportable ¿El problema? Ella está casada con el Uchiha, su mejor amigo, y tiene una hija. Él, tiene una esposa maravillosa e hijos con ella. Por supuesto que no hay espacio para nada más que una amistad ¿O si?

Genre
Drama
Author
Zefi_lp
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1


Era una persona absolutamente repudiable. Sabía que lo que pasaba por su mente no solo era moral y éticamente reprochable, sino que además las eventuales consecuencias serían sumamente dolorosas para personas que ella realmente quería.

¿Sería que la prolongada soledad la estaba volviendo loca?, ¿y de paso aquella locura la había hecho caer en sus instintos más básicos? Sakura tenía una y mil interrogantes en su cabeza, mientras que a lo lejos veía a su rubio amigo sonreírle a su esposa, a la vez que le depositaba un tierno beso en la mejilla a modo de despedida, antes de embarcarse cada uno en sus respectivas obligaciones laborales.

- ¡Son tan tiernos! – le escuchó decir a su rubia amiga al tiempo que también dirigía su mirada a la pareja que conformaban Hinata y el Hokage.

- Si, realmente son muy tiernos - le contestó Sakura casi por reflejo.

Aquél era el día del mes en el que el Hokage realizaba su visita protocolar al Hospital de Konoha. Pero lo cierto es que veía a Naruto con una frecuencia que al día de hoy le parecía poco tolerable, dado que Hinata había comenzado a trabajar en el hospital hace unos pocos meses atrás como administrativa, Naruto se dirigía allí algunas veces para visitar a su esposa. Y de paso también la visitaba a ella.

Lo cierto es que con el tiempo, cada visita se le había hecho más insufrible. Al principio le pareció simpático que Naruto la visitara en cada ocasión que iba a ver a Hinata, pero desde el fatídico día en que un sentimiento se implantó con una semilla venenosa en su ser, todo cambió. No sabía cómo ese sentimiento había llegado hasta ella y se había implantado de manera tan arraigada. Hubiese deseado que solo fuera un débil pensamiento, que se hubiese ido tan rápido como llegó, pero echó raíces tan rápido en su cabeza, que ahora solo podía pensar que su mente siempre fue un terreno fértil para instalar esa clase de ideas.

¡Y es que el muy maldito también la culpa! ¿Por qué empezó a visitarla tan recurrentemente? Antes de que Hinata comenzara a trabajar en el hospital, lo veía solo en las visitas protocolares en su calidad de autoridad, o en las reuniones de coordinación que se realizaban en su oficina, y en donde asistían todos los directivos del Hospital.

- Pensé que sería una excelente idea pasar a verte cada vez que venga a verte al Hospital Sakura – chan – le había dicho días atrás el joven rubio con entusiasmo – los amigos deben cuidarse.

- ¿Y para qué quieres verme tan seguido?, ¿Ya te aburriste de Sai y de Shikamaru?, ¿O es que anhelas tener más presente en tu vida a la amiga más inteligente que tienes? – terminó por cuestionarlo con una sonrisa.

- Porque eres la amiga a la que más quiero – se lo dijo mirándola a los ojos con una seriedad y profundidad que Sakura incluso sintió algo de miedo - y además necesito asegurarme de que la esposa de mi mejor amigo esté bien. A veces siento que estás muy sola.

La conversación de ese entonces había tomado un tinte demasiado serio. Había pasado de una simple charla de viejos amigos, a tocar temas más profundos como la soledad de Sakura. Estaba segura de que Naruto se sentía con el compromiso de cuidarla, no solo porque eran amigos, sino porque, además, tal como lo había dicho, era la esposa de su mejor amigo, y su mejor amigo, era un tipo al cual veían en contadas ocasiones. Por lo demás, seguramente el rubio también había reparado en que su peli rosa amiga se desvivía en el hospital, y entre su vida como mamá y el trabajo, dejaba poco espacio para el descanso o su vida de ocio.

- Además – había continuado Naruto – todos tus amigos pueden verte solo en el hospital, y como ellos también trabajan aquí, pues no notan tu ausencia tanto como yo, así que ahora veré esta oportunidad, como una posibilidad de estar más pendiente de mi amiga.

Sakura no supo cómo contradecir a su amigo. Fue entonces cuando Naruto hizo algo que provocó todo lo que vino después, ya que antes de despedirse, se acercó a ella, y en un acto absolutamente tierno, la tomó de la mano, y mirándola a los ojos con seriedad le dijo – Sabes que siempre puedes contar conmigo Sakura – chan, para lo quieras – y se había retirado no sin antes regalarle una amplia sonrisa.

Sakura no supo si había sido el contacto físico con su piel, o si habían sido sus ojos que la habían mirado profunda y tiernamente en dos ocasiones durante esa breve conversación. No supo cómo diablos cuando Naruto se fue, se quedó pensando en él durante todo ese día, y el siguiente, y el que vino después también. Desde aquel día los pensamientos sobre Naruto se colaban cada vez con más destreza en su consciente y en su inconsciente. Comenzó analizando sobre cómo Naruto se había convertido en un hombre muy maduro, al día siguiente pensó en lo afortunada que era Hinata, y al siguiente se encontró sonriendo como estúpida al recordar la sonrisa del rubio. Pensar en él la hacía sonreír.

Con el paso de los meses y de las visitas de Naruto en el hospital, el primer pensamiento se había convertido en extraños sentimientos que no sabía con exactitud como interpretar, pero Naruto era su amigo, y quizás ahora que habían compartido mayor tiempo en su faceta más adulta, habían conectado de una manera diferente, quizás su amistad había madurado también, quizás que él pasara tanto tiempo en su cabeza o que esperara los días en que Naruto iba al hospital, formaba parte de esta nueva faceta también.

Sakura creía tener todo controlado, hasta que un día, se sorprendió a sí misma arreglándose el cabello y vistiéndose, pensando en él, ya que ese día Naruto concurriría al hospital, y quería estar guapa para ÉL.

- ¿Qué diablos estoy haciendo? – se reprochó a sí misma - ¿por qué quiero que Naruto me encuentre guapa? De inmediato se juzgó a sí misma. Quizás sus pensamientos habían ido demasiado lejos.

Y es que luego de ese reproche inicial, no hubo forma de apagar esos pensamientos cada vez más perversos. Se sentía asqueada de sí misma, pero no podía evitar seguir esperando las visitas de Naruto cada vez de manera más consciente, era como si de manera unilateral cada uno de esos días fuese una cita. Se preocupaba de estar más que presentable, se vestía mejor, y su actitud cada vez se hacía más cercana, pero de una forma perversa. Porque cuando a su mente ya no le bastó con sus propias ensoñaciones, y su cuerpo comenzó a exigir, aunque fuese el más mínimo contacto físico, supo que había enloquecido. Una cosa eran las ideaciones de su mente, que se encontraba, en su concepto, envenenada, y otra, era haberse dado cuenta que un día se aproximó más de lo necesario a su amigo durante una conversación, solo para rozar su pierna contra la de él, que ese día se había levantado con unos shorts deportivos. ¡Y Naruto se había sonrojado!

Ver eso solo disipó más las raíces de su envenenamiento, y con ello, la parte maquiavélica de su cerebro comenzó a idear mil formas de hacer que Naruto se sonrojara.

¡Alto! – se había dicho a sí misma mirándose al espejo la misma tarde del sonrojo de su amigo – Sakura yo no sé qué te pasa, pero hay que parar. Quizás estaba pecando de engreída, o de exceso de confianza, pero algo en el sonrojo de su amigo le hizo pensar que en algún momento podía provocar en él algo más que un rojo en sus mejillas.

No importa – había pensado – no hay ningún escenario positivo posible en esta ecuación – o Naruto en algún momento me pone un alto por ridícula ante lo vergonzoso de mis insinuaciones, y pierdo su amistad, o termino siendo una puta destruye familias, sin amigos, sin familia, sin trabajo, sin vida social. No. Ninguna de las opciones era buena, y la última, le parecía aterradora.

Por eso, en la actualidad, en el día de la visita protocolar de ese mes, en que vio como Naruto se despedía dulcemente de su esposa, y su amiga Ino había llegado para corroborarle lo tierna que era la pareja, Sakura estaba decidida a hacer algo al respecto, debía tomar distancia de Naruto.

El oji azul la miró de reojo, mientras se despedía de Hinata. De hecho, notó la presencia de Sakura nada más entrar al hospital. Era imposible no verla. Estaba seguro de que tenía el don de entrar a cualquier lugar y saber de inmediato si su amiga se encontraba ahí o no. Era como un magnetismo que se había potenciado a lo largo de todos esos años de amistad. Y vaya que se había potenciado cada vez más con el tiempo – o eso creía él – porque estos últimos meses se sentía como una especie de imán que nada más verla necesitaba estar con ella. Ni siquiera tenía tiempo de pensarlo, solo sucedía.

No se había cuestionado mayormente el por qué de la situación, dado que genuinamente pensaba que todo se debía a su estrecha amistad. Él la quería, y la quería mucho. Pocas veces se daba lujo de analizar el origen de aquel sentimiento, quizás era porque a veces una conclusión no muy agradable llegaba feroz desde su subconsciente – a lo mejor la quiero tanto porque son los resabios de un sentimiento mucho más profundo – pensó una vez – de un amor muy intenso y demasiado trágico – le había añadido su mente a la velocidad de la luz. Demasiado drama. La quería mucho porque era su amiga, la conocía de la infancia, habían pasado por demasiadas cosas juntos, y además, era la esposa de su mejor amigo.

“La esposa de su mejor amigo”, quedó resonando en su cabeza. Porque era su amiga y la esposa de su mejor amigo, dos poderosas razones, era que había decidido en primer lugar velar por su seguridad y cuidarla. Esa era la razón por la que decidió visitarla cada vez que iba al hospital, era una especie casi de deber, aunque jamás le hubiese prometido nada similar a Sasuke. Por supuesto la razón no tenía nada que ver con que no pudiese resistir la fuerza magnética que lo atraía a Sakura cada vez que la veía, aunque fuese solo para intercambiar el saludo.

No sabía si agradecer o maldecir el nuevo trabajo de su esposa. Hinata lo había buscado sin contarle a Naruto porque quería darle una sorpresa, y porque a ella misma le encantaba la idea. Al principio se lo tomó con calma, de hecho, no le puso mayor atención al asunto. Había visto otras veces a Sakura, pero teniendo la excusa para verla casi todos los días, le parecía casi tortuoso. Lo peor era que Hinata estaba muy contenta de que su esposo se tomara el tiempo de irla a dejar casi todos los días. Se sintió como el peor hombre del planeta, porque en el fondo sabía que su motivación principal no era hacer feliz a su esposa, sino verla a ella. A Sakura. Estaba adicto a la sensación que le provocaba su presencia, concluyó que en dosis pequeñas podía resistirlo con relativa facilidad, pero a estas alturas estaba intoxicado.

Supuso que en algún punto Sakura se hastiaría de su presencia y le pediría que no la visitara tanto, pero no fue así. Y se sorprendió así mismo encontrando mayor calidez en sus visitas. Y cada vez pensaba más en ella, al principio un par de minutos al día, luego horas, y días completos. ¡Si que estaba intoxicado! Al principio escuchar su voz y ver su sonrisa lo regocijaba como cuando era un niño, luego, comenzó a verla cada día más hermosa, y luego se encontró a sí mismo pensando en ella de formas menos tiernas. Sakura a sus ojos era apasionada y hermosa, lo había corroborado al verla trabajar con tanto ahínco. ¿La admiraba entonces? No quería ponerle nombre a lo que le pasaba. ¡Por Dios era un hombre casado! ¡Y con hijos!, y ella también ya le pertenecía a alguien más.

Con tristeza sopesó la opción de reducir sus visitas, pero a estas alturas era menos doloroso verla, aún con todos estos sentimientos a flor de piel. Además, siendo algo unilateral, estaba a salvo. Él jamás haría nada, porque ella no quería nada de él, más que su amistad, por supuesto.

Volviendo a la realidad, vio a Sakura acercarse a ellos. Sonreía con los ojos casi cerrados y a Naruto se le encogió el corazón. Su primer instinto fue saludarla con un abrazo, él ya la había abrazado antes, pero considerando que ahora se veían casi todos los días, supo de inmediato que no se trataba de un reencuentro que ameritara tanta cercanía.

- ¡Buenos días, Sakura – chan! – la saludó levantando una mano, en un saludo que se vio bastante forzado, casi reprimido.

- Buenos días, Naruto – le respondió, para luego dirigir su mirada a Hinata - ¿Cómo estás Hinata?, ¿Cómo están los niños? Ahí estaba, cínica de manual. Preguntándole a Hinata por cómo estaba su familia. Si hubiese sido más sincera, le hubiera preguntado qué tal iba su matrimonio.

- Todo bien, todo va estupendamente. Y por supuesto el trabajo aquí es genial – contestó con entusiasmo. Y era cierto. Todos en el hospital amaban a Hinata, y no era por ser la esposa del Hokage, ni por la procedencia de su clan, sino porque era realmente una persona tierna, dedicada, responsable y honesta. Y la honestidad era una cualidad que, no todos los presentes en la conversación tenían.

- Me alegro mucho – en verdad no se alegraba – siendo así, y lamentando interrumpirlos por supuesto, ¿me prestarías a tu marido un poco?, necesito hablar con él de asuntos del trabajo antes de que empiecen las formalidades y el papeleo – miró su reloj – aún nos quedan unos minutos.

- Por supuesto – le contestó Hinata con una sonrisa cálida, mientras devolvía la mirada hacia Naruto, buscando un segundo beso de despedida. Pero sus miradas no se encontraron, ya que al segundo el Hokage había dispuesto la marcha siguiendo a Sakura hacia su oficina – debe ser un asunto muy delicado pensó – y asoció la postura tensa de su marido y la rapidez con que se apartó de ella a alguna urgencia del hospital.

Cuando la puerta de la oficina de Sakura se cerró tras ellos, quedaban alrededor de diecisiete minutos para la primera reunión de la visita protocolar al Hospital, pero bastó un segundo para que a la peli rosada se le nublara la mente y olvidara cualquier cosa sensata que fuera a decir. Había perdido el sentido del juicio por milésima vez en todos esos meses.

- ¿De qué deseas hablar Sakura – chan?, ¿hay algún problema? – preguntó Naruto con evidente preocupación – de pronto te has puesto muy pálida.

- Yo… - lo miró con descaro, la mirada que le propinó el rubio al hacerle esas preguntas, con tanto interés y preocupación, le dabamil años de vida. Se preguntó a sí misma qué se sentiría que alguien con esa clase de sentimientos por ella, la tocara. Y sintió que se derretía de solo pensarlo – yo quería hablar contigo de un asunto. ¿Y si le pedía un abrazo? ¿Un abrazo se consideraría cruzar una línea?, ¿qué línea?

- Yo necesito que… - y de pronto, comenzó a llorar. No estaba realmente triste, eran lágrimas de pura impotencia y frustración, porque estos últimos meses su mente se había vuelto un caos, entre el placer que le proporcionaba las visitas y el contacto con Naruto, y lo dolorosa de sus circunstancias.

- Sakura – chan… - y la abrazó. Ni siquiera intentó contener el impulso. Y como si de una oportunidad única en la vida se tratara, la rodeó con sus brazos atrayéndola a sí mismo, más de lo que un abrazo fraternal ameritaba. Era puro y genuino deseo que ella sintiera la urgencia de su contacto.

Y ella lo sintió, lo sintió tan fuertemente que fue capaz de sentir el momento exacto en que la fina línea de lo aceptable se cruzaba. Era evidente que aquel abrazo era más que fraterno. Lo supo cuando ella misma rodeó fuertemente con sus brazos su cintura y albergó su rostro en su pecho, y lo notó en él, cuando su rostro se escondió hábilmente entre su cuello. Estaba segura de que Naruto deseaba hacer pasar ese contacto como un accidente, pero lo que ella sintió cuando los labios del rubio rozaron su cuello, la hizo darse cuenta de que su amigo había buscado este contacto totalmente consciente.

Era una descarada, pero él también lo era. Ambos se maldijeron al mismo tiempo al darse cuenta de que no había nada de unilateral en toda esta situación. No había nada de decente en esa situación.

Naruto sería un hipócrita si dijese que en aquel momento pensó en su familia o en su amistad con Sasuke. En el momento en que se dio cuenta de que Sakura también lo buscaba, se sintió como si todos los sentimientos que había dicho superar, lo golpearan con tal fuerza, a tal punto de noquearlo y hacerle perder la razón. La quería, la necesitaba, la amaba y la deseaba.

Sakura supo enseguida que tenía dos opciones, o se despegaba de su abrazo y fingía demencia, o se entregaba a lo que Naruto quisiese hacer con ella. Tampoco se acordó de su familia, ni por supuesto, de Hinata. Pero la verdad, era que ya había pasado demasiados meses en la misma encrucijada, y ella, aun cuando sabía que todo esto era inaceptable, seguía escogiendo la misma opción, seguía escogiendo seguir viendo a Naruto y alimentar sus propias fantasías, porque más allá de lo horrible de la situación, el sentimiento que le generaba la sola idea de saber que vería a Naruto al día siguiente, le encantaba.

- ¿Puedo besarte? – la pregunta le cayó a Sakura como un balde de agua fría y de agua hirviendo al mismo tiempo. Porque por una parte su pregunta trasladaba toda su ensoñación a la cruda realidad de que enserio iban a cruzar mucho más allá de la línea, a un punto casi sin retorno, y por otro, porque la pregunta la encendió por completo. Era casi imposible que Naruto fuese tan tierno y sexy al mismo tiempo.

La pregunta le salió a Naruto del alma, con una necesidad que le quemaba. Y ella supo por el tono urgente de su voz que, si despegaba su rostro del pecho de su amigo, éste atraparía sus labios sin esperar una respuesta. Y ella se dejaría, por supuesto.

- Quiero besarte Sakura – chan – continuó el Hokage mientras sus labios se despegaban del leve roce con su cuello para subir a su oído – Necesito besarte – finalizó con una voz ronca que a la peli rosada le pareció endemoniada. La situación era una pesadilla y un milagro al mismo tiempo.

Y de pronto, una espantosa voz surgió desde los parlantes y altavoces del hospital diciendo: “A todos los presentes, se les comunica que en cinco minutos comenzará la visita protocolar de nuestro Hokage, les rogamos reunirse en el Hall para dar inicio”.

Aquella voz también había sido una pesadilla y un milagro al mismo tiempo.