Capitulo 1
Mía
Salgo llorando de la cocina, me dirijo a la salida con mi madre gritandome cosas que no entiendo.
Estoy destrozada, como a podido pasar esto?
El no puede pasar cinco años preso, yo no puedo estar cinco años sin el que va a pasar con nuestros planes?
Tengo que verlo.
Dos meses después
—Mi nombre es Mía Jones vengo a ver al recluso Anthony Miller— le digo a la oficina del reclusorio.
—Llene este formulario y luego debe pasar a la revisión— me responde.
Estoy en el reclusorio donde tienen a mi novio, va a cumplir una condena de cinco años.
Lo poco que se es que algo salió mal en la entrega de cocaína los atraparon y ahora necesitan usarlo de "ejemplo" necesitaban a alguien a quien culpar, necesitaban a un pez gordo y tenían a dos en esos momentos, sacrificaron a mi novio, a mi Anthony.
Tengo dieciocho años, recién terminó la preparatoria, Anthony es tres años mayor que yo y nos conocimos cuando yo tenía diez, desde entonces babeaba por el, no me prestó atención hasta que cumplí los diesisiete y salimos a escondidas desde entonces.
Mi madre no quiere que me relacione con el, o con cualquiera que esté relacionado con la familia para la que ella trabaja.
Mi madre trabaja como cocinera para una familia importante de la mafia. Y Anthony es el mejor amigo del hijo de esta familia.
Cómo la cocinera de la familia desde hace muchos años, le tienen total confianza, la suficiente como para dejar que llevará a su hija a la mansión.
Desde mi punto de vista la culpa fue de mi madre por llevarme, pero tampoco podía dejarme en casa.
Anthony y David crecieron rodeados de lujos, pero también de las responsabilidades que conlleva mantener ese lujo, responsabilidad, peligro, sacrificios y culpa.
Ahora me encuentro aquí, sentada en un lugar espantoso, rodeada de reclusos y sus familias.
Las sillas son incómodas, las mesas son horribles, los reclusos me miran como si fuera un vaso de agua en medio del desierto me dan asco.
La puerta se abre y lo veo entrar.
Anthony lleva el pelo negro peinado hacia atrás, está esposado, el naranja se sienta horrible a su piel blanca traslucida, pero debo acostumbrarme a verlo así.
Sus ojos color miel, se ven agotados, tristes, decaídos, la alegria que desprendían alguna vez se a desvanecido.
—Hola amore— su voz suena ronca como si hubiera estado gritando, me duele verlo así.
—Hola Vita mia— le digo mientras intento recorrer su esprecion y su cuerpo con la mirada para ver si está lastimado.
David me aseguro que estaría completamente seguro dentro, pero esto no debió pasar en un primer momento asique sus afirmaciónes me importan poco.
—Se que es una pregunta estúpida, pero como estás?— le digo una vez que nos volvemos a sentar.
—Bien amore no te preocupes yo estoy bien, tu cómo estás?— me responde y siento su dulzura al preguntarme cómo estoy, yo estaría bien si el estuviera conmigo allá afuera, pero de que sirve quejarme ahora? El no va a salir y yo debo esperar.
—Bien, hablé con tu madre y vendremos juntas a las visitas, no pudo venir hoy porque tú padre estaba con algunos problemas, sabes que esas cosas no me las cuentan— le digo algo nerviosa se que tenemos poco tiempo.
Siento las miradas sobre mi, no puedo evitar mirar a mi alrededor.
—Amore no puedes venir, este no es un lugar para ti— lo dice sueve, sabe que me está destrozado el corazón una vez más.
Se me llenan los ojos de lágrimas, cómo puede pedirme eso?
—No voy a dejar de venir Anthony, asique acostumbrate— le digo intentando poner la voz firme como si eso fuera a hacer algo.
—Son cinco años amores, y tienes una vida allá afuera, no puedes desperdiciarlos aqui— toma mis manos con un poco de más fuerza.
—No voy a desperdiciar nada solo estás a una hora, ya organice con tu madre y voy a venir te guste o no—
—Tranquila amore, Te amo y te amare siempre no lo olvides si?—
—Un minuto— nos dice el guardia a nuestro lado con voz firme.
—Te traje esto, léelo cuando estés solo— le pasó una carta que he escrito.
Las últimas palabras entre nosotros solo son te amo, siento como se nos llenan los ojos de lágrimas a los dos.
Anthony
Me parte el alma verla así, sus ojos azules están tristes algo enrrojecidos se que a estado llorando, sus ojeras gritan que no a dormido en días.
Me recuento en mi cama, tengo dos compañeros en la celda, por ahora no molestan.
Pero no puedo confiar en nadie en este lugar, se supone que ellos son de confianza pero debo dejar claro que no necesito que me cuiden.
Abro el sobre que me entrego Mia.
Es una carta y una foto suya, recuerdo está foto se la tome yo.
Está sentada en mi moto, tiene mi chaqueta de cuero puesta, su pelo negro suelto hace resaltar aún más sus ojos azules, brillantes, con una sonrisa gigante de oreja a oreja, se ve feliz, se ve sexi.
Acaricio la foto como si estuviera acariciándola a ella.
Abro la carta.
Vita mia:
Cuando sientas que no puedas más recuérdame amore mío.
Cuando te sientas solo, recuerda mi mano sobre la tuya.
Volveré por ti amore y te esperaré todo el tiempo que sea necesario.
Cuídate para que volvamos a nuestro lugar en el lago, para que vuelvas a hacerme tuya una vez más.
Cuidate porque debes llevarme a tomar mi helado cada viernes.
Vuelve a mis brazos, porque voy a estar contando cada beso que me deberás al regresar.
Te amo vita mía
Mía
Solo ella puede hacerme sonreír en estos momentos, sabía que no dejaría pasar su helado de los viernes.
Un año después.
Hoy tengo visita, se que mi madre y Mia vendrán hoy y estoy ansioso.
Y se que debo decirle a Mia que no vuelva, nuestros enemigos aquí ya la vieron y tienen sus ojos puestos en ella.
Ya recibí las amenazas si no me convierto en su perro, van a hacer lo importante por lastimarla y no puedo permitir ninguna de las dos cosas.
Se que va a doler, se que se le va a romper el corazón, se que no me perdonará jamás por lo que le voy a decir.
Me siento en la silla de mala manera, veo que mi madre me levanta una ceja, me estudia, sabe que algo pasa.
Mía me mira con desconcierto.
—Ya no puedes volver Mia— le digo enderezandome en mi silla.
Ella frunse el ceño, sus ojos me estudian.
—Que dices?—
—Ya no quiero que vuelvas, ya no te quiero, creo que lo que teníamos era solo piel y en este lugar no podemos hacer nada asique no quiero que vuelvas no quiero volver a verte— mi mirada se desvia hacia mi madre por unos segundos y veo que me mira con incredulidad pero no habla.
—No estás hablando encerio, porque me alejas? Que te pasa?— me suelta con su voz entre cortada, se que está por llorar, sus ojos están vidriosos.
—Escucha esto no está funcionando, asique vete y no vuelvas, soy a prohibir tus visitas asique no te gastes en viajar porque no vas a poder entrar, voy a comenzar a recibir visitas de otras chicas— veo como su corazón se rompe cuando su primera lágrima cae.
Mi madre la abraza.
Vuelve a mirarme y entiende porque lo hago espero que Mia lo entienda algún día.
Dos años después.
—Lo siento hijo, se que esperas su carta pero pasaron algunas cosas y ella se fue— me dice mi madre mientras toma mis manos y me mira con lastima.
—Que paso?—
—Intentaron entrar a la mansión ella estaba con su madre en la cocina, recibió un disparo, nada grave apenas un rasguño, su madre se asusto más por el hecho que Mía supiera disparar, asique después de unos días le cambio el nombre y la mando a terminar la universidad a San Francisco—
—Esta bien mamá ella debía irse, lleva dos años escribiendome cartas todas las semanas y yo no he respondido—
Ella debe seguir sin mi, este mundo no es para ella.