Straight Boy | HYUNHO

Summary

Joven, castaño y apuesto. Minho atrae atención no deseada en la carcel. Cuando su compañero de celda le ofrece protección, Minho acepta la oferta, aún cuando él no confía en el hombre. Poco sabe él sobre cuanto esto cambiaría su vida. Cuando es liberado de la prision, Minho se encuentra a sí mismo necesitando y queriendo cosas que no debería desear. Minho es heterosexual. Él lo es. Él tiene una novia. Lo que paso en la prisión se queda en la prisión o eso es lo que Minho se dice a sí mismo. Hasta que se encuentra con su ex compañero de celda. Hyunjin. →Smut →Hyunjin Top | Minho Bottom Créditos de la historia original a @Alexandra Hazard en Wattpad.

Status
Complete
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Derecho a la prisión

La madre de Minho solía decirle que un día su rostro lo metería en problemas.

Parecía que hoy era el día. Manteniendo sus ojos hacia abajo, Minho siguió al guardia a su celda, sintiéndose incómodo y extraño en su mameluco nuevo. Como un criminal.

Minho casi se río de sí mismo. El era un criminal ahora, después de haber sido condenado a un año en prisión por conducir bajo influencia y herir a otra persona. Había sido un accidente, pero a nadie le importó.

Bueno, a él sí, y a Lia su novia también lo hizo, y su madre había llorado cuando la sentencia fue leida.

Minho tragó, grabando la expresión impactada de su mamá. Ella se veía tan pequeña y vieja de repente, y fue su culpa. Ella siempre se preocupó demasiado por él.

Empujó el pensamiento lejos, tratando de ignorar a los otros prisioneros golpeando contra las barras y mirando de reojo mientras él pasaba. Ellos gritaban obscenidades que hicieron a su estómago girar en nudos y a la bilis subir a su garganta.

Esperaba que no fuera obvio lo asustado que estaba. Él no era exactamente delgado y bajo, era más alto que el promedio, y tenía algunos músculos decentes pero no eran ni tan grandes como algunos de esos chicos. Fueron construidos como tanques. La verdad sea dicha, Minho estaba completamente aterrorizado, y una vez más, quería patearse a sí mismo por emborracharse y terminar en este lío. Cuando saliera de aquí, él nunca, nunca, se emborracharía otra vez si es que saldría de aquí en absoluto.

Él estaría compartiendo su celda con alguien que probablemente era más fuerte, más duro y más malo que él, con un criminal real.

El guardia lo empujó dentro de la celda. La puerta se cerró y trabó detrás de él, con un alto y de algún modo indiferente.

Minho se humedeció los labios, mirando a su compañero de celda.

El chico estaba tumbado en la litera inferior, sus ojos cerrados, por lo que Minho tuvo la oportunidad de estudiarlo. Era alto y bien construido.

Su cabello color negro y largo, nariz recta, cejas gruesas, piel naturalmente pálida. Parecía casi hispano, pero no del todo. Él probablemente estaría alrededor de los treinta, tal vez treinta y cinco como máximo.

—¿Has terminado de mirar? —El tipo dijo, sin abrir sus ojos.

Minho se estremeció. —Um, sí. Lo siento.

—La litera de arriba es mía.

Minho quería preguntar por qué él estaba acostado en su litera entonces, pero tuvo que morderse la lengua. Ser un culo-ingenioso no era probablemente una buena idea.

—Soy Minho.

El chico abrió los ojos. Eran oscuros y extrañamente intensos.

Su mirada recorrió a Minho antes de lamerse los labios.

—Encantado de conocerte, Minho. ¿Qué tan bien chupas la polla?

Minho se sonrojó, dando un paso atrás. —Soy heterosexual.

El hombre levantó las cejas, mirando vagamente divertido. —Todo el mundo es heterosexual aquí, Ojos miel.

—¡Tengo una novia!

El tipo no parecía impresionado. —La mayoría de nosotros tenemos esposas y novias de regreso a casa. —Él salió de la litera. Un depredador.

Parecía un depredador.

Con su corazón en la garganta, Minho dio un paso atrás.

Pero en lugar de abusar de él, el hombre extiende su mano para un apretón de manos. —Soy Hyunjin.

Desconcertado, Minho estrechó la mano con cautela.

—Probablemente ha sido un largo día para ti —dijo Hyunjin. —Ve a dormir. Nadie deambula durante la noche.

—Sí, está bien —dijo inmensamente aliviado.

El tipo había estado probablemente sólo bromeando cuando dijo eso de chuparle la polla. Por supuesto que estaba bromeando.

—Yo no voy a joderte esta noche —dijo Hyunjin. —Buenas noches.

Minho parpadeó. —¿Pero qué? ¡No me estarás jodiendo, amigo!

Hyunjin sonrió. Fue una sorprendentemente bonita sonrisa, sus dientes blancos y parejos. Se acercó más a él hasta que no estaban ni siquiera a una pulgada de distancia. Minho tragó, muy consciente de que el hombre era más alto que él y mucho más amplio de hombros.

—Vamos a cortar por lo sano —dijo Hyunjin suavemente, mirándolo a los ojos. —Voy a follarte. Va a pasar y es mejor que tú te acostumbres a la idea. Tienes suerte de que estés conmigo. Yo no te voy a lastimar, no te obligaré a tomarme, y te protegeré de los demás, si chupas mi polla bien. Créeme, otros chicos no serán tan agradables como yo.

—Si no me vas a obligar, no pasará —dijo Minho, tratando de mantener su voz firme. —Lo siento, pero realmente soy heterosexual. Tengo una novia que amo.

Por alguna razón, eso hizo que Hyunjin riera. —Tienes suerte de que aquí es aburrido como el infierno y a mi me gusta un buen desafio.

Antes de que Minho pudiera decir nada, Hyunjin se subió a la litera de arriba y al ratito estaba dormido.

Minho se quedó inmóvil, mirando a la nada por un largo tiempo.

Apenas durmió esa noche.

La mañana siguiente llegó demasiado rápido para su gusto.

Pero no fue tan malo como él había esperado y temido.

El día transcurrió suficientemente normal. Sí, él recibió más miradas lascivas y fue más manoseado de lo que había sido nunca en su vida, pero no fue tan malo. Nadie trató de atacarlo. Nadie intentó... cualquier otra cosa.

Cuando su día de trabajo había terminado, era la hora de la ducha algo que había estado temiendo todo el día.

Una vez en las duchas, Minho no sabía para que lado girar. Él no quería que otros reclusos comieran con los ojos su polla, pero no quería darle la espalda a nadie, tampoco. Así que se lavó, torpemente cambiando y girando.

Había chicos manoseándose entre sí y algunos haciendo más que eso, pero los guardias no parecían interesados en detenerlos, mientras pareciera mayormente consensuado. E incluso si no lo era, no parecían demasiado deseosos de hacer nada.

Había un tipo grande en la esquina opuesta forzando su polla en la garganta de otro tipo.

Minho intentó duro no mirar en esa dirección. Su corazón latía tan rápido que pensó que iba a vomitar.

Vio a muchos otros chicos mirándolo con interés, pero nadie intentó nada. Minho sospechó que tenía algo que ver con Hyunjin, quien se quedó cerca de él, en silencio y con cara de piedra.

Decidido a que nadie iba a atacarlo, Minho se relajó un poco.

Fue un erroг.

A mitad de la ducha, lo sintió: una mano en su culo.

Minho se congeló y luego miró a Hyunjin. —Mantén tus manos para ti mismo —dijo entre dientes.

Minho podría no saber mucho acerca de la jerarquía en la prisión, pero sabía lo suficiente. Él sabía que Hyunjin tendría que demostrar quién estaba a cargo aquí si Minho le hacía parecer débil.

Hyunjin lo miró con calma, ojos oscuros ilegibles. —Tengo que demostrar a todos que eres mío —dijo en voz baja. —Si no lo hago, otros chicos tendrán ideas. Tu no quieres eso, ¿verdad?

Minho le clavó la mirada, pero por mucho que lo odiaba, el chico tenía razón. Si tuviera que elegir entre ser considerado el juguete de su compañero de celda y ser jodido a repetición, él sabía lo que elegiría.

Así que no se alejó, dejando que Hyunjin mantenga una mano de propietario en su trasero. Su rostro probablemente sería de color rojo.

Brillante era un duro golpe a su masculinidad. Se preguntó sí así era cómo las mujeres se sentían cuando los hombres las trataban como objetos.

Cuando el tiempo de la ducha finalmente terminó, sacó la mano de Hyunjin fuera, se vistió y se dirigió de nuevo a la celda rápidamente.

Hyunjin no regresó de inmediato.

Cuando lo hizo, Minho se tensó involuntariamente, apretando el libro que estaba tratando de leer y fallando en el intento.

—Relájate, labios sensuales —dijo Hyunjin con un bufido.

—No me llames así.

—Te llamaré como yo quiera.

Minho sintió una oleada de rabia impotente, pero no dijo nada. La verdad sea dicha lo ponía nervioso. Él era diferente de otros internos: Tranquilo e intenso de un modo extraño.

Él no levantó su voz, no alardeó como otros reclusos hicieron, pero por lo que Minho había visto ese día, Hyunjin parecía muy respetado, incluso temido.

—¿Por qué estás aquí? —Preguntó Minho, incapaz de reprimir su curiosidad.

—Maté ocho personas en un centro comercial —dijo Hyunjin, mirándolo a los ojos.

Minho parpadeó. —Estás bromeando, ¿verdad?

Hyunjin hizo un gesto de encogimiento que podría interpretarse en ambos sentidos. Minho realmente esperaba que él estuviera bromeando.

—¿Cuántos años tienes? —dijo Hyunjin arrepentido, mirándolo.

—Veintitrés.

Hyunjin lo observó durante unos momentos antes de meterse en su litera. Qué tipo extraño.

[...]

Los días pasaron, y la vida de la prisión no era nada como Minho imaginó. Por un lado, era mucho más aburrida de lo que había pensado nunca. No podía hacer nada de lo que quisiera. Todo lo que hacia era ser controlado y regulado, y estaba comenzando lentamente a volverlo loco. A veces estaba tan aburrido que sentía como si tuviera que hacer algo drástico sólo para escapar de la monotonía. Ahora podía entender por qué había tanta violencia en la cárcel: la gente tenía que entretenerse. Le alteraba y le daba miedo el que estaba empezando a identificarse con esos criminales.

Los otros reclusos mayormente lo dejaban solo, pero Minho no se hacía ilusiones sobre eso. Vio las miradas que otros hombres le dieron. Él era castaño, de ojos miel y demasiado malditamente "bonito" para no llamar la atención. Tanto como él odiaba tener que depender de Hyunjin, el tipo era lo único que mantenía a otros lejos.

Para al final de la segunda semana, Minho estaba ya tan acostumbrado a la mano de propiedad de Hyunjin sobre él en las duchas que simplemente la ignoraba.

Pero a pesar de que él sabía que todo el mundo pensaba que era la puta de Hyunjin, ser llamado así en su cara era una cosa totalmente diferente.

—Yo no soy su puta —espetó cuando Changbin, el hombre con el que había formado una amistad tentativa de algún tipo, lo llamó así en tono de broma. —Él no me está jodiendo.

Changbin le dió una mirada extraña y no dijo nada.

Minho no pensó nada de eso hasta que regresó esa noche a su celda y encontró a Hyunjin esperando por él. Y él estaba enojado como el infierno, sus cejas oscuras dibujadas en una línea, con los labios apretados juntos.

Hyunjin estaba sobre él antes de que pudiera parpadear. Él empujó a Minho contra la pared, presionando su brazo contra su garganta. —¿Quieres que te mate? Me hiciste quedar como un jodido mentiroso. ¿Es esa tu Gratitud?

Minho se humedeció los labios. —Lo lamento. No pensé que Changbin le diría a todos.

Hyunjin se burló. —Tú eres un bebé tan ingenuo. Nunca confies en nadie.

—¿Y debo confiar en ti?

Hyunjin sonrió. —Tú no deberías confiar en mí, tampoco. —su sonrisa desapareció tan rápido como apareció. Su rostro era sombrío ahora. —Si las personas te llaman mi puta, tú dices que eres mi puta. ¿Lo tienes?

—Jódete —Minho intentó empujarlo fuera, pero sólo terminó frotándose contra Hyunjin.

—Lo haré —murmuró Hyunjin en su oído, mordiéndolo.

Minho se sonrojó. —Vete a la mierda.

—Tú estarás rogándome pronto —dijo Hyunjin, presionando cada vez más contra él.

Su peso, su fuerza, su olor... Estaba abrumando los sentidos de Minho en un modo extraño e inquietante.

—Nunca.

Hyunjin se empujó alejándose.

Minho exhaló.

—Bien. Si tú no quieres mi protección, eres libre de hacer lo que quieras. Voy a dejar que la gente sepa que me importa un carajo si alguien te toca.

Minho tragó al recordar las miradas que otros reclusos le dieron en las duchas. Siendo pasado su culo de uno a otro no era su idea de diversión.

Podría odiar a Hyunjin, pero al menos era poco probable que el tipo lo forzara. No porque él fuera tan buen tipo -Hyunjin era un idiota-, pero era un idiota al que le gustaba jugar juegos mentales y que estaba dispuesto a esperar hasta que Minho le rogara que lo follara. Y ya que nunca iba a pasar, él estaba más seguro con Hyunjin. Probablemente.

—Espera no.

Hyunjin no se regodeó, pero Minho realmente no lo había esperado.

Hyunjin solo se acercó y dijo: —Ahora ve a dormir.

—Tú no eres mi jefe —murmuró Minho, frunciendo el ceño.

Pero él hizo lo que le dijo.

[...]

La siguiente vez en las duchas, el dedo enjabonado de Hyunjin se deslizó entre sus nalgas.

Minho se congeló. —Tu dijiste que no me forzarías —dijo entre dientes.

—No lo estoy haciendo y no lo haré —dijo Hyunjin, empujando el dedo dentro de él lentamente. —Tengo que tocarte para asegurarnos de que los demás me vean tocándote. Si no lo hago, ellos van a empezar a pensar que tú me has envuelto alrededor de tu dedo meñique.

Minho resopló él ni siquiera podía imaginar eso pero se obligó a relajarse. Hyunjin estaba en lo cierto, maldito sea.

El dedo empujó más profundo. No hacía realmente daño, pero se sentía extraño. Muy extraño.

El dedo salió, luego de nuevo se movió dentro. El rostro de Minho se volvió caliente. Tenía el dedo de otro hombre en su culo. No podía creer que tenía el dedo de un hombre en su culo.

El dedo rozó algo dentro de él, y los ojos de Minho se ampliaron, su boca abierta mientras un rayo de placer disparó a través de él.

—Dile hola a tu próstata —dijo Hyunjin contra su oreja por detrás, cepillando ese lugar de nuevo.

—P-para —susurró Minho, odiando lo insegura que su voz sonaba. En contra de su voluntad, su polla empezó a ponerse dura.

—Esto es lo único que voy a hacer —dijo Hyunjin. —Tu puedes masturbarte.

—Que te jodan —Minho dijo débilmente mientras Hyunjin movía el dedo dentro y fuera lentamente. Se cuestionó cómo muchas personas estarían viéndolos. Él no miró.

—Te gusta esto —dijo Hyunjin en su oído.

—No lo hace.

—Lo hace —dijo Hyunjin, frotándole la próstata de nuevo.

Minho no pudo contener un gemido. —Soy heterosexual.

—Por supuesto que lo eres. —Hyunjin empezó a mover el dedo rápidamente. —solo te gusta tener mi dedo en el culo.

Minho se mordió el labio para evitar a sí mismo gemir. —No.

—¿No? Bien. —Hyunjin le lamió la oreja y sacó el dedo fuera. —Vas a estar rogándome por esto pronto.

Minho cerró los ojos. Se sintió extraño. Vacío.

—Te odio —dijo, volviendo la cabeza para mirar a Hyunjin. Trató duro de no mirar la erección de Hyunjin.

—Por supuesto que sí, bonito.

[...]

Al día siguiente, su novia fue a visitarlo.

Minho la miró a través del cristal que los separaba y trató de encontrar algo que decir. Lia se veía adorable, como de costumbre, su cara en forma de corazón muy bonita y muy femenina. Ella también parecía muy fuera de lugar.

—¿Cómo... cómo estás? —Dijo al teléfono.

Minho sonrió con ironía. —¿Cómo crees?

—Tú... te ves bien —dijo Lia después de un momento.

Casi se echó a reír. Si ella sólo supiera. Si ella sólo supiera lo mucho que le hubiera gustado no verse bien. Si hubiera sido feo, nadie le habría regalado una segunda mirada. Si hubiera sido feo, Hyunjin -

Minho empujó el pensamiento lejos. No; No iba a pensar en ello. No ahora, no con su novia aquí.

—Gracias —murmuró, con torpeza. —¿Cómo van los estudios?

—Bien —respondió Lia.

Un incómodo silencio se extendió entre ellos.

Minho la miró fijamente, evaluándola.

La echaba de menos, echaba de menos su vieja vida antes de todo esto. Él la amó. Y sin embargo... Se sintió tan desconectado de ella. Ella pertenecía a otro mundo. Un mundo en el que él era sólo un chico promedio, que no obtenía manoseos públicos y folladas con los dedos de otro hombre.

Con su rostro caliente, Minho desvió la mirada y miró hacia abajo. —Tú no tienes que visitarme, ya sabes —dijo sin mirarla. —Tú no tienes que esperar por mí. Un año es mucho tiempo.

Silencio.

—¿Tu quieres que te espere?

Suspiró, Minho se pasó una mano por la cara.

—No tengo derecho de pedirte eso. Yo la cagué, ahora estoy pagando por mi estupidez. —Él le dio una sonrisa torcida. —Tú no tienes que esperarme, solamente si tu..

Sus ojos miel brillaban con lágrimas contenidas.

Ella asintió.

—Su tiempo se ha terminado —dijo el guardia, caminando hacia él.

Minho colgó y dejó que el guardia lo guiara alejándose, con el corazón pesado.

Se dijo a sí mismo que era lo mejor.

Lia no lo habría querido de todos modos si se enteraba de lo que había estado sucediendo.

Era lo mejor.

Se convirtió en una rutina. Cada vez que estaban en las duchas, Hyunjin deslizó un dedo en él, y para finales de ahora, Minho estaba tan acostumbrado a el dedo de Hyunjin.

Había comenzado a sentir como si un dedo no fuera suficiente. El como que quería más. Y él realmente quería venirse, pero se negó a masturbarse con el dedo de Hyunjin en él. Se negó a darle a Hyunjin la satisfacción.

Minho lo odiaba. Lo odiaba y odiaba que últimamente había llegado al punto de tenerla medio-dura cuando ellos iban a las duchas. Odiaba que a él se le pusiera dura como piedra al momento en que el dedo de Hyunjin tocaba el agujero de su culo.

Odiaba que él quería más.

Minho estaba tan frustrado sexualmente últimamente que se sintió como para golpear a alguien.

Preferiblemente un Hyunjin.

Se rompió dos semanas más tarde.

Estaban en las duchas de nuevo. Minho tenía la frente apretada contra la pared, mientras que Hyunjin empujaba su dedo dentro y fuera de su agujero. Era demasiado lento y Minho no podía soportarlo. Él empujó hacia atrás, gimiendo cuando el dedo de Hyunjin frotó con fuerza contra su próstata. Personas los estaban mirando, pero Minho no pudo obligarse a que le importara. Él estaba demasiado ido para que le importe.

Él gimió cuando Hyunjin empujó otro resbaladizo dedo dentro y comenzó a follarlo con ellos. Se sintió bien. Tan bien. Minho cerró los ojos y, envolviendo su mano alrededor de su polla, comenzó a masturbarse.

Trató de pensar en su novia, pero la gran mano de Hyunjin acariciando su estómago y culo lo hizo imposible.

Tenía los dedos de un hombre en su culo y le encantaba. Pero en ese momento, no le importaba cuan malo y sucio y gay era.

Minho gimió cuando los dedos de Hyunjin comenzaron a moverse más rápido. Él quería venirse. Él estaba ardiendo con ello. Acarició su polla, pequeños gemidos escapando de sus labios mientras Hyunjin torturaba su próstata. Él no era gay. No lo era. Pero Dios, se sentía tan bien.

Hyunjin metió un tercer dedo en él, y la quemadura hizo que Minho gritara y se corriera, temblando con todo su cuerpo, sus rodillas apenas sosteniéndolo.

Cuando Minho abrió los ojos, la realización de lo que acababa de suceder lo golpeó duro: Se vino con los dedos de Hyunjin dentro de él. Otro Hombre le había hecho acabar. Y todo el mundo lo vio.

Aturdido, Minho saltó alejándose de Hyunjin. Se enjabonó todo, tratando de ignorar los silbidos.

Se negó a mirar a Hyunjin.

[...]

Ellos no hablaron sobre ello.

Minho ignoró a Hyunjin, y Hyunjin le dejó ignorarlo.

La próxima vez que estuvo en las duchas, Minho se tensó, esperando que Hyunjin empujara sus dedos dentro de nuevo, pero no lo hizo.

Eso desequilibró a Minho.

Se dijo a sí mismo que se alegraba y lo hacía. Ser penetrado con dedos en público iba más allá de lo mortificante.

Él se alegraba.

[...]

Algunas semanas pasaron, y todo lo que Hyunjin hizo fue acariciarlo un poco. A veces, manoseó el culo de Minho y masajeó su agujero, pero nunca empujó los dedos dentro de nuevo. La peor parte fue, que Minho todavía tenía una erección, incluso cuando la mano de Hyunjin apenas tocaba su culo.

Eso lo confundió y le hizo enojarse con sí mismo. Y le molestaba que Hyunjin constantemente caminara alrededor sin camisa. Un fanfarrón.

—¿No tienes una camisa?

Minho rompió una noche.

Hyunjin solo lo miró por un largo rato, con los ojos brillantes. —Nunca te molestó antes.

Minho frunció el ceño.

La mirada evaluadora que Hyunjin le dio le hizo sentirse incómodo.

—¿Qué? —Dijo Minho.

—¿Quieres algo, Minho?

Minho. Su propio nombre sonaba extraño. Hyunjin generalmente lo llamaba algo ridículo, sabiendo lo mucho que le molestaba.

—No sé lo que quieres decir. —Minho giró sobre su estómago y decidió ignorarlo.

Pero Hyunjin no le dejó ignorarlo. Se tensó cuando sintió a Hyunjin sentarse en su litera junto a él.

Una gran mano tocándole el culo. —¿Quieres que te toque? —La voz de Hyunjin era tranquila.

Minho se humedeció los labios. —No.

Un dedo se deslizó bajo sus shorts y le acarició entre sus mejillas suavemente.

—¿Estás seguro de eso?

—Soy heterosexual.

—¿Quieres que te toque? —Repitió Hyunjin, como si no hubiera dicho nada.

Minho se mordió el labio y se quedó quieto.

Probablemente tomándolo como un sí, Hyunjin empujó sus pantalones hacia abajo.

Esto no está sucediendo, Minho se dijo a sí mismo. No podía estar pasando. Él no estaba acostado en una litera de la cárcel mientras que su compañero de celda manoseaba y extendía sus nalgas.

Estaba realmente sucediendo.

Minho mordió el interior de su mejilla cuando el dedo de Hyunjin rodeó su contraido ano. Luego hubo algo húmedo presionando contra su agujero. Minho se puso rígido. Una lengua. Hyunjin estaba lamiendo su agujero.

Sonrojándose, Minho susurró: —¿Qué estás haciendo? es asqueroso y gay.

Minho trató de empujar la cabeza de Hyunjin lejos de su culo, pero Hyunjin simplemente agarró sus nalgas con fuerza y, extendió sus mejillas, forzó su lengua dentro.

—¿Estás Loc-mmm... —las protestas de Minho se convirtieron en un largo gemido mientras Hyunjin jodía su agujero con su lengua, profundizando más y más, una y otra vez, hasta que no fue lo suficientemente profundo. Minho gimió y comenzó a empujarse hacia atrás a la lengua, queriendo más, necesitando más, su agujero palpitando hambrientamente alrededor de la lengua. Él gimió, empujando su culo más alto. Era sucio y obsceno, y tan malo en varios niveles, pero le encantó. Lejanamente, se preguntó qué diría Lia si ella lo viera ahora, retorciéndose en la lengua de un tipo como una puta. Se sonrojó ante la idea, pero no podía dejar de hacerlo. Así como no podía parar los gemidos necesitados.

—Por favor. —Él quería venirse. Quería algo más profundo en él. La Lengua se sentía increíble, pero no era suficiente. —Más.

De repente, la lengua se había ido. Minho jadeaba pesadamente, frotando su polla con fuerza contra el colchón, su agujero palpitante y vacío.

Finalmente, dos dedos lubricados empujaron en su agujero, y su culo inmediatamente presionó alrededor de ellos.

—Tú jodidamente naciste para esto —dijo Hyunjin con voz ronca, bombeando los dedos dentro y fuera de él.

Minho gimió mientras repetidamente rozaron contra su próstata suavemente; él lo quería más fuerte. —Más fuerte —dijo, empujando hacia atrás contra los dedos de Hyunjin.

Hyunjin se río entre dientes. —Te daré mi polla en un momento.

Los ojos de Minho se agrandaron. —Yo no soy gay.

Hyunjin sacó los dedos, y Minho se quejó, su agujero palpitando convulsivamente.

Tan vacío. Él nunca pensó que era posible sentirse tan vacío.

Se retorció, anhelando.

Hyunjin rodeó con sus dedos sobre su agujero. Minho intentó empalarse a si mismo en ellos, pero Hyunjin retiró los dedos, riendo suavemente. Al momento siguiente, Hyunjin rodó encima de él y Minho sintió algo resbaladizo tocar su agujero.

—Esta es mi polla —dijo Hyunjin roncamente. —Si tú lo deseas, vas a pedir por ello. No voy a joderte si no quieres pedirlo.

—Tengo una novia —susurró Minho. ¿Pero lo hacía? ¿Tenía una novia?

Hyunjin chupó su cuello, su aliento caliente contra su piel. —No me Importa. Tú puedes tener una novia, pero ahora mismo quieres mi polla dentro tuyo.

La cabeza de la polla acarició su agujero, pero no empujó dentro. Minho reprimió un gemido. Él lo quería. Él quería una polla dentro suyo.

Él lo deseaba tanto que estaba temblando por ello. Quería que Hyunjin lo jodiera. Él quería abrir sus piernas como una puta y mendigar. Dios en realidad era la perra de Hyunjin. ¿Qué le había hecho esta prisión?

—Te odio —dijo, con sentimiento.

—Seguro —dijo Hyunjin, colocando besos por todo su cuello y haciendo que su cuello cosquilleara. —Ahora pídelo.

Minho negó con la cabeza, pero su cuerpo tenía mente propia y ya estaba empujando contra la polla. Él abrió la boca cuando la cabeza violó su esfínter.

No dolió tanto como él esperaba, por lo que empujó de nuevo, gimiendo cuando la polla de Hyunjin se deslizó todo el camino hasta el fondo.

—Se suponía que lo pedirías —Hyunjin dijo entre dientes.

Minho dijo sonrojándose. —¿si?

—Descarada pequeña mierda —dijo Hyunjin entre dientes antes de comenzar a moverse. Él impuso un ritmo rápido, jodiendo en él sin restricciones.

Minho cerró los ojos. No podía creer lo bien que se sentía. Él estaba gimiendo y jadeando mientras se empujaba contra la polla de su compañero de celda, su propia polla goteando por todo el colchón.

—Eso es todo —dijo Hyunjin contra su oreja, lamiendo y besándola. —Eres mío ahora. Mío.

Minho gimió, empujando de nuevo en la polla de Hyunjin, deseándolo más profundo.

Sus gruñidos y gemidos hicieron eco en la celda mientras se movían juntos, follando cada vez más rápido.

Minho sabía que cualquiera podría verlos, cualquiera podría oírlos, pero el pensamiento lo encendió aún más.

No le importaba, no ahora.

Empujando una mano debajo de él, Minho envolvió la mano alrededor de su pene y comenzó a masturbarse. Era demasiado de una sola vez y el orgasmo golpeó a Minho duro. Él se vino con un largo gemido ronco. Lo dejó sin huesos, y él simplemente se quedó quieto mientras Hyunjin golpeaba en él un par de veces más antes de venirse con un gemido.

Descansaron así por un largo tiempo, todavía respirando con dificultad.

Hyunjin era demasiado pesado, pero Minho no quería que se moviera. Se sintió bien. Tan bien. Todavía podía sentir a Hyunjin dentro de él, pero su esperado enloquecerse no llegó.

Todavía no, al menos.

Por fin, Hyunjin salió y se puso de costado, tironeando a Minho contra su pecho. Probablemente parecía como que estaban haciendo cucharita, pero por supuesto que no lo estaban haciendo.

Simplemente la litera era demasiado estrecha. Pero Minho tuvo que admitir que se sentía bien sentir a alguien tan cerca después de meses de sentirse solo.

Tal vez estaba hambriento de contacto.

Tal vez así era como se sentía el síndrome de Estocolmo.

Puede ser.

Por ahora, Minho se negaba a preocuparse.

Él enterró su rostro en el brazo de Hyunjin y respiró.

—¿Todavía heterosexual? —Hyunjin murmuró a su oído, tironeando de él más apretado contra sí.

—Síp —dijo Minho, cerrando los ojos. Pero no lo empujó lejos.

Él absolutamente lo haría.

Luego.