Tomo 1; Ben
Desde pequeños, las personas aprenden, ya sea por las buenas observando a otros, o por las malas sintiéndolo, que hay numerosas y trágicas formas de morir, algunas más agradables o desagradables que otras.
Quizás puedas morir de una forma muy común, como por una enfermedad.
O quizás puedas morir de una forma muy rara, como por una enfermedad de uno entre un millón o incluso un billón.
Quizás puedas morir de una forma bastante indolora, como por la caída desde un edificio muy alto.
O quizás puedas morir de una forma dolorosa, como quemado vivo.
Pero de lo que estoy seguro es de que yo, Ben, tengo una obsesión algo extraña y tan aterradora como única: quiero morir de una manera diferente al resto. Por ello decidí crear a un monstruo y que este me mate, siendo la primera persona que muera a manos de un monstruo.
Para ello, planeo crear uno, el cual ya casi he terminado.
Es un monstruo perfecto: mide cerca de 4 metros, con tres ojos del tamaño de una naranja cada uno, capaces de ver en la oscuridad gracias a su poderosa visión térmica. Es capaz de encorvarse hasta quedar a una altura de apenas cincuenta centímetros, además de tener extremidades largas y delgadas, especializadas para recorrer mis entrañas cuando me mate.
Su cerebro está hecho para producir adrenalina y dopamina solo cuando asesina; mientras más sanguinario, mejor.
Y, por si fuera poco, se alimenta de humanos, incluso de los huesos.
Repito: es PERFECTO.
Pude obtener información mediante cuerpos humanos que yo mismo robé del cementerio, y su corazón ya late. Es cuestión de tiempo para que mi monstruo, al que llamaré “Ángel Verdadero”, dé señales de vida y me mate.
Estoy sentado en el salón, frente a él, observando el reloj con ansias de que despierte y me mate, torturando y devorando cada pedazo de mí.
No me importa qué consecuencias tenga esto.
Quiero una muerte única.
Despierta, hijo.