El camino a casa (BL)

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Summary

Tras años de tener una relación fría con su progenitor tras el divorcio de sus padres, Lucas es forzado a dejar Argentina para convivir con la nueva familia de su padre en una ciudad extranjera, Londres. Que la familia esté conformada por una madre y sus cuatro hijos inmigrantes rusos lo hace todo aún todo más confuso. Que Lucas esté en el primer año de su transición de género lo hace todo aún más complicado. Pero, que Lucas se sienta raro cada vez que el mayor de sus hermanastros le dirige la mirada hace todo aún más raro.

Genre
Lgbtq
Author
Manuel R
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo: A veces la ficción no debería volverse realidad

En el primer día de clases en Londres de Lucas, ya a las siete y media de la mañana el cielo estaba nublado, el viento golpeaba contra la ventana de la cocina-comedor y la humedad estaba deshaciendo las puntas de sus finas trenzas.

—¿Dormiste bien?

Lucas levantó su mirada de sus tostadas con dulce de leche y su diario para mirar a su papá mientras se sentaba enfrente suyo, atando su corbata azul marino con facilidad.

—Si. — Lucas mintió.

No pudo pegar un ojo en toda la noche, por dos razones diferentes. Una fue por el latido inquieto de su corazón que resonaba en sus oídos, que no permitía descansar a su cerebro, y la segunda razón fue nadie más que Sergei, quien tiene algunas noches donde decide roncar como un oso, como si no compartiera habitación con él. Lucas le lanzó todas sus almohadas pero nada lo despertó. Al final, se levantó de su cama después de mirar el techo y de dar vueltas por horas en la oscuridad.

—¿Y vos pudiste dormir?

Mario suspira, pasando una mano por su cara.

—Si...Me acosté tarde igual.

Ambos se quedaron en silencio. Lucas comió con la mirada perdida con su padre haciéndose un café como ruido de fondo. Cuando terminó de comer, Lucas aprovechó su corto momento en privacidad para escribir un poco en su diario, una libreta de tapas de cuero marrón claro. Un regalo de su abuelo Salvador.

08/09/2018

Querido diario: A pesar de haber vivido estos últimos tres meses de mi vida en Londres, después de la boda entre Katya y mi viejo, todavía siento este suelo como algo extraño junto a su cielo casi siempre gris. A mi yo chiquito, le hubiera fascinado la idea de vivir aquí (a pesar de no saber la diferencia entre Londres y El Reino Unido), pero el yo adolescente se encuentra más desilusionado y solitario que nunca en esta tierra extranjera. Extraño a Mateo, extraño a mi abuelo, y a pesar de nuestros problemas, extraño a mi madre y prefiero su compañía a la de mi padre.

Lucas cierra su diario, y observa a su padre de cabeza a pies. Los hermosos rulos y la barba candado que él solía llevar durante su infancia fueron rapados desde que fue trasladado a Londres como asegurador de seguros hace cinco años, dejando su rostro marrón completamente liso y brillante. Perfecto. Al parecer ser un hombre de negocios serio es perder el buen gusto y la personalidad también.

Ellos aún no sabían de qué hablar a pesar de los meses viviendo bajo el mismo techo, en parte porque ambos son muy diferentes y ya no eran los mismos después casi cincos años de distancia, pero en parte también era que Lucas estaba frustrado, no, resentido con su padre, pero sabía que no le convenía mostrarlo.

—Está horrible afuera.—dijo Mario, abriendo la ventana de la cocina—. Llevate mi paraguas por si acaso.

Lucas asiente, llevando su plato a la pileta, disfrutando de la tranquilidad y de la pequeña charla a pesar de la incomodidad de las largas pausas, desde que vive con su padre muy pocas veces pudieron hablar en español. Porque eso es mucho más difícil de lo que parece en una casa con tanta gente cuyo único idioma que tienen en común es el inglés.

—¡Boris!— Un grito enojado resuena desde la habitación de los chicos más jóvenes, seguido por unas cuantas vociferaciones en ruso.

Lucas lanzó un suspiro cuando el sonido de pisadas de tacón resuena detrás de él.

—Buen día.—dijo Katya en inglés con un fuerte acento antes de dar a Mario un beso casto—. ¿Ya estás listo? pero aún falta una hora todavía.

—Dios bendice al que madruga. — Contestó Lucas sin pensarlo, ya de memoria de tantas veces oírlo de su abuelo a pesar de que la frase no tenía mucho sentido en inglés. Igualmente pudo sacarle una risita a Mario.

La pobre Katya no entiende la gracia pero sus labios forman una pequeña sonrisa para no quedar afuera. Era una mujer muy bonita, pelo rubio hasta los hombros y de ojos marrón claro, era alta aún sin tacones y era flaquita. Al momento de conocerla, el primer pensamiento que llegó a la mente de Lucas es que Katya era completamente lo contrario a su madre. Todavía no decidió si eso era bueno o malo.

—Dios debería meterse en sus asuntos—. La voz masculina de Sergei con acento aún más marcado (parecido a la voz de un villano de Disney graciosamente) resuena en la habitación —-¿Hiciste desayuno para todos, Lu?

Lucas pone sus ojos en blanco, dándose la vuelta y encontrando cara a cara al culpable de sus ojeras.

Sergei Kozlov era el mayor de sus hermanos, y se notaba, desde su alta estatura y musculatura hasta el hecho que es el único de ellos que al parecer tiene el permiso de poder tatuarse hasta el momento. También era el único de su familia con ojos celestes, tan fríos como su portador. Su cabello negro esta despeinado y lo unico que tenia puesto era una remera grande y calzoncillos, tenia el uniforme escolar en su mano lo que decia que estaba esperando su turno al baño.

—No, solo hice para mi— Evito sus ojos cuando le hablo, recogiendo su diario de la mesa antes de que alguien presente lo note y pregunte.

—-Eso es ser egoísta. —Sergei canturreo jocosamente, sentándose en una de las sillas para observar la pared con la mirada perdida.

—Estoy seguro que sabes hacerte unas tostadas con café.

—¿Qué estaba pasando con Boris y Lev?— Katya preguntó, refiriéndose a los gritos de antes.

—Boris tardaba mucho en el baño...a propósito. Lev me despertó para obligarlo a salir—. Sergei bosteza en mitad de la oración.

<<¿Cómo puede seguir cansado? >> Lucas no se queda a preguntar o para conversar. El se va por donde vino en dirección a su cuarto, la habitación al final del pasillo. En el camino, casi se choca cara a cara contra nadie más que Boris, que se hallaba medio vestido todavía, y por los rojos que estaban sus ojos se veía que durmió menos que él mismo Lucas.

—Ten más cuidado—. Ladro el chico, pasándole por delante sin darle momento para contestar.

A la vez de que miraba a Boris yendo a la cocina, Lucas escucha con incredulidad a Lev cantando Rolling in the Deep de Adele en la ducha. Con una impresionante pasión.

—No hay pibe cuerdo en esa familia...

Aunque, siendo honesto, Lev cantaba mejor que decente. Al menos alguien tiene un talento en esta casa.

Al llegar a su cuarto, Lucas cierra la puerta con cerrojo. Primero revisó su whatsapp por costumbre, y obviamente, no encontró nada más que los mensajes de ayer mandados por Mateo deseándole buena suerte en su primer día de escuela. Su madre odiaba escribir por teléfono, así que ella lo llamaba solamente.

Intenta no matar a nadie mañana xd Es el mensaje de Mateo que Lucas dejó en visto hace unas horas. Lucas empieza a teclear un nuevo mensaje hasta que recuerda que en Argentina eran casi recién las 3 de la mañana, y que su mejor amigo de seguro estaba soñando dulcemente por unas buenas horas más.

Lucas tira suavemente su teléfono a la cama, frustrado nuevamente con la diferencia horaria que lo separaba de los pocos seres queridos que él mantenía en su viejo hogar. Su verdadero hogar. Ahora se encontraba en un departamento con su padre y cinco extraños con los que a pesar de los meses conviviendo en la misma casa, les seguía costando entablar una conversación no forzada, y la rara mezcla de lenguajes no ayudaba. Todo porque a su padre le agarró la necesidad de hacerlo parte de su nuevo matrimonio y su madre aceptó por la posibilidad de mejor educación en el extranjero.

—Bueno, bueno...No te pierdas, Lucas— dijo en un murmullo para sí mismo — Mejor no estresarse tan temprano.

Su uniforme lo esperaba en la cama, el saco y los pantalones formales de color azul marino ajustados a su medida le causaban un sentimiento de desazon. El escudo rojo oscuro del león orgulloso rugiendo bordado en el saco burlándose mientras Lucas lo mira con ojos cansados. Lucas suspira y empieza a cambiarse su cómodo pijama por el uniforme escolar de la escuela secundaria Westminster.

<> Lucas se dice a sí mismo. El plan que había armado tres meses atrás no había cambiado: Terminar secundaria y la educación superior, y después volver lo más rápido posible a Argentina. Volver a la casa de su madre donde sabía que sus abuelos, tías y sus pocos amigos estaban esperándolo.

Con delicadeza se pone su binder. A pesar de que Lucas tiene la suerte de tener pechos que entran en la categoría de pequeños, él podía seguir viendo ese horrible bulto en su pecho si no usaba el binder. Seguro era su paranoia pero era mejor no arriesgarse.

Al terminar de vestirse, Lucas se observa en el espejo para atar su corbata negra (estuvo practicando estos últimos días el cómo hacerlo por sí solo pero aun seguian saliendo torcidas). Los pantalones son de talla justa pero la camisa le queda un poco más grande, pero para Lucas eso está más que perfecto. Su piel marrón oscura muestra su creciente acné en el lado izquierdo, haciéndole recordar que necesita comprar la lista de productos de cuidado de la piel que su madre le envió hace unas semanas... pero primero tiene que animarse a pedirle plata a Mario.

Lucas suspiró derrotado. La corbata le salió torcida otra vez.

Mientras Lucas seguía batallando con la maldita corbata cuando alguien tocó la puerta.

—¿Puedo entrar?

— Si si, ya me cambié...

Sergei entra con confianza, entonando la melodía de una canción, ya cambiado al uniforme y con el pelo mojado. Sus ojos celestes brillando aunque su cabello negro revuelto intente taparselos.

—¿Cómo te bañaste tan rápido?

Lucas podía jurar que no habían pasado más de diez minutos desde que abandonó la cocina.

—Soy el ser más limpio del planeta, no había mucho que limpiar en primer lugar.

Por el reflejo del espejo, observo como Sergei recoge su propia corbata que reposaba en el marco de su cama.

—¿Te lavaste los dientes al menos?

Sergei dirige su mirada hacia donde él estaba, y Lucas puede ver por el reflejo de su espejo como el otro joven se acerca dando pasos largos mientras una media sonrisa se le formaba en los labios. Cuando paró al lado de Lucas frente al espejo, Sergei se inclinó, invadiendo su espacio personal para observar en el espejo. Lucas tiene que contar hasta tres mentalmente para no empujarlo automáticamente, el aliento calido de Sergei acariciando la parte trasera de su cuello.

—¿Y tú qué crees?— Sergei sonríe por completo, mostrándole a su medio-hermano su dentadura blanquecina rozando a brillante.

—Podría estar mejor...Tu aliento está raro—Era mentira, su aliento era tan mentolado que se notaba que Sergei casi se ahogó en lenguaje bucal, pero por obvias razones no va a tirarle un halago.

Sergei suelta una risa seca, exhalando profundamente en su rostro antes de retirarse de su espacio.

—Tu corbata está torcida.— Son las últimas palabras de Sergei antes de agarrar su mochila y dejar la habitación.

El resonar de la puerta cerrándose hace a Lucas dar un saltito asustado.

—Lo voy a matar.