Prólogo.
Dicen que hay encuentros que no empiezan en esta vida, sino que solo continúan.
Que algunas miradas ya se reconocen antes de cruzarse, y que ciertos nombres laten en el pecho incluso antes de decirse en voz alta.
Lyra siempre pensó que las cartas eran solo un puente:
entre el alma y su verdad,
entre el miedo y la intuición,
entre lo que se dice...
y lo que se siente de verdad.
Pero nunca imaginó que un día ese puente también la atravesaría a ella.
Porque hay destinos que se acercan en silencio,
como un presentimiento que no se explica,
como una melodía que se recuerda sin haberla escuchado.
A veces basta un gesto,
un susurro,
un cruce de energía casi imperceptible,
para que todo lo que estaba dormido despierte.
Y, de pronto, la vida entera cambia rumbo.
No por un hecho grandioso,
sino por esa pequeña vibración que nace en lo profundo del pecho,
esa certeza suave y peligrosa que dice:
"Ya lo conozco."
Hay historias que no se buscan.
Historias que el universo trae de vuelta.
Historias que no piden permiso.
Esta es una de ellas.