Danza de deseo

All Rights Reserved ©

Summary

Gao Tu, un omega reservado y tímido, trabaja como secretario del poderoso empresario Wuelang Sheng, un alfa dominante, serio y completamente fuera de su alcance. Pero cuando la salud de su hermana empeora y los gastos médicos se vuelven imposibles, Gao Tu acepta un trabajo nocturno como bailarín de danza árabe. Bajo la luz dorada del escenario, con los velos y el ritmo envolvente, su verdadera belleza sale a la vista... tanto, que Wuelang queda hechizado por ese misterioso bailarín sin saber que es su propio secretario. A partir de esa noche, sus vidas se cruzan entre el deseo y la mentira, hasta que un secreto lo cambia todo: Gao Tu está embarazado. Entre el miedo, la pasión y el amor que ninguno planeó sentir, ambos descubrirán que el deseo puede nacer del alma.

Genre
Romance
Author
Romyna
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

El reloj marcaba las ocho en punto de la mañana, y la oficina de Wuelang Sheng ya hervía de actividad. El sonido de los teclados se mezclaba con el murmullo de los empleados, los pasos apresurados resonaban en el piso brillante, y el aroma a café recién hecho flotaba en el aire.

En medio de aquel caos perfectamente organizado se encontraba Gao Tu, el joven secretario de rostro apacible y modales discretos. Su aspecto era siempre el mismo: gafas de montura delgada, camisa clara impecablemente planchada y cabello negro peinado hacia un lado. No destacaba entre los demás, y sin embargo, era imposible no notar la calma que irradiaba cuando caminaba con sus carpetas en la mano.

A simple vista, parecía alguien común, invisible entre la multitud de trajes y corbatas. Pero quienes lo observaban con atención sabían que era el más eficiente del edificio. Jamás cometía errores, jamás levantaba la voz. Siempre tenía la respuesta exacta y la documentación lista antes de que alguien la pidiera.

Y, pese a su serenidad exterior, por dentro era un torbellino de pensamientos y emociones contenidas.

Trabajar con Wuelang Sheng, su jefe, no era tarea sencilla. El alfa era conocido por su temperamento impredecible: podía ser cordial y sonriente una mañana, y completamente frío o distante al día siguiente. Su estado de ánimo era un enigma que ni los más antiguos empleados lograban descifrar.

A veces, pedía a Gao Tu que se quedara hasta tarde para revisar contratos o preparar informes urgentes; otras, simplemente lanzaba órdenes secas sin siquiera mirarlo.

Pero Gao Tu jamás se quejaba.

No solo porque necesitaba el trabajo, sino porque -aunque no lo admitiera ni frente al espejo- admiraba profundamente a su jefe. Había algo en él, en su seguridad, en su manera de mirar el mundo sin dudar, que le resultaba magnético.

Aquella mañana, sin embargo, el ambiente era distinto.

Wuelang había llegado temprano, con un gesto relajado que sorprendió a todos. Acababa de cerrar un contrato millonario, y su buen humor se notaba en la forma en que saludaba a los empleados. Cuando pasó junto al escritorio de Gao Tu, se detuvo por un instante.

-Buen trabajo, como siempre -dijo, con una leve sonrisa que apenas curvó sus labios antes de entrar en su oficina.

Esa simple frase, insignificante para cualquiera, bastó para que el corazón del omega diera un salto.

No porque esperara afecto, sino porque no estaba acostumbrado a recibirlo.

Era una sensación cálida, fugaz, pero suficiente para iluminarle el día. Mientras los demás seguían corriendo con carpetas y teléfonos, Gao Tu permaneció quieto unos segundos, conteniendo una sonrisa que no podía disimular.

Sin embargo, la tranquilidad no duró demasiado.

Alrededor del mediodía, mientras clasificaba unos documentos, el teléfono sobre su escritorio comenzó a vibrar. Al mirar la pantalla, su expresión cambió al instante.

El nombre del hospital municipal apareció en letras pequeñas, y el aire pareció detenerse a su alrededor.

Con las manos temblorosas, respondió de inmediato.

-¿Sí? ¿Qué ocurre? -preguntó con voz tensa.

Del otro lado de la línea, una voz femenina -una enfermera a la que ya conocía por llamadas anteriores- le explicó con tono grave que su hermana menor había empeorado. Los médicos habían determinado que necesitaba una operación urgente dentro de dos meses, o su estado se volvería irreversible.

El problema era el dinero. Sin el pago anticipado, el hospital no podía asegurarle una cama ni el tratamiento postoperatorio.

-¿Dos meses...? -repitió Gao Tu, sintiendo cómo la garganta se le cerraba-. Pero... yo no tengo esa cantidad.

La enfermera guardó silencio unos segundos antes de responder, con compasión en su voz.

-Lo siento, señor Gao. Haremos todo lo posible, pero... debe reunir el dinero cuanto antes.

Cuando la llamada terminó, Gao Tu permaneció inmóvil.

Las voces a su alrededor se convirtieron en un murmullo lejano, como si el mundo se hubiera vuelto distante. El reloj seguía marcando los segundos, pero él no los escuchaba.

Solo sentía ese vacío que se abre en el pecho cuando no sabes qué hacer, cuando la vida parece más grande que tú.

Aquella noche, al llegar a su pequeño departamento, encendió su vieja computadora. La habitación era modesta: una cama individual, un escritorio lleno de papeles, una taza con café frío. Se sentó, abrió varias páginas de anuncios y comenzó a buscar desesperadamente algún trabajo extra.

Traducciones, ventas, limpieza, lo que fuera.

Pero los pagos eran miserables, y el tiempo... demasiado corto.

Las horas pasaban y la desesperación se volvía más fuerte.

Hasta que, de pronto, un anuncio llamó su atención. Estaba casi oculto al final de una página poco conocida.

> "Se busca bailarín exótico.

Buena paga.

No se requiere experiencia.

Presentarse esta noche.

Confidencialidad garantizada."

Gao Tu se quedó mirando la pantalla, sin pestañear.

Podía oír el sonido de su propio corazón latiendo con fuerza.

Sabía perfectamente qué significaba ese tipo de trabajo.

Sabía el tipo de mirada que recibiría, las manos que intentarían acercarse demasiado, la humillación que implicaría.

Pero también sabía que su hermana dependía de él.

Durante largos minutos, permaneció sentado, inmóvil, con los dedos sobre el teclado. Luego, respiró profundamente, cerró los ojos y marcó el número que aparecía en el anuncio.

-¿Hola? -contestó una voz femenina, firme pero no desagradable.

-Llamo por el anuncio... sobre el trabajo -dijo Gao Tu con timidez, casi susurrando.

Hubo un breve silencio al otro lado.

-¿Tienes experiencia bailando? -preguntó la mujer.

-No... pero aprendo rápido -respondió él.

-Pásate esta noche -dijo ella sin más-. El lugar se llama El Oasis. Ven solo. Pregunta por Madame Lin.

Y colgó.

El silencio volvió a llenar la habitación.

Gao Tu miró el reloj: las nueve y media de la noche.

Tomó aire, sintiendo cómo el miedo se mezclaba con la determinación.

Sabía que estaba a punto de cruzar un límite del que tal vez no habría vuelta atrás.

Pero no tenía opción.

Por su hermana, por su promesa, por amor.

Y mientras el sonido del reloj marcaba los segundos, Gao Tu decidió dar el primer paso hacia un destino que cambiaría su vida para siempre